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-NUMERO 842 ABC. MARTES 24 DE SEPTIEMBRE DE. 3907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 3. PAGINA 6 crear un Ejército en regla, á la devoción de un S u l t á n apoyado por el prestigio. cristiano nominediscrepante, Ejército que contase con los medios suficientes p a r a invadir desáe la costa: los territorios de las tribus levantiscas 1, castigando sus fecharías dende les doliese de veras, y esto con seguridad del triunfo; y, además, como ese Ejército no podría ser muy numeroso; requeríale! auxilio de una escuadrilla que pudiera transportarlo velozmente a cualquiera de los parajes de la costa anie nazados. ¿Policía o A u n q u é A B Ccuen ta para tratar los asuntos de Marruecos con c o l a b o r a d o r e s competentísimos algunos, discretostódos, es natural. que quede algo que espigar en el campo de mis aficiones. Reitero mi añr mación de que la Con. ferericia de Algeciras, ideada para salvar la paz europea, puesta en trance de muerte por el impetuoso Kaiser, fue una cantáridapara la cuestión marroquí, y además fueun: á cantárida aplicada sin las debidas precauciones atemperadas á la na, turaléza del- órgano á que se- aplicaba. 1 odo esto lo expuse hace años en un artículo de Nuestro I Tiempo, que me valió una carta del Sr. Sil- ruando me enteré, vela, que cuento como en sazón, de que A uno de los mayores todo lo que aquellos galardones, dé mi lar- ilustres diplomáticos ga labor de publicista. de carrera ó afición Todo lo confirma hoy que éü Algeciras funla experiencia, pue s cionaban á- media rienya tenemos á Francia, da habían ideado para que con nota de 2 dé prevenir el desasosieSeptiembre lia maní- go inminente del manoseado Imperio era festado á las Potenla famosa Policía de cias signatarias del los ocho puertos; sólo convenio de Algeciras me ocurrió pensar que que hay que renunciar el error de tan conspiá la inútil Policía, y cuos señores sería puformar un. Cuerpo franramente de palabra; y co- español para ocuque lo que ellos llamapación de la costa maban Policía, habría de rroquí. ser un verdadero EjétEnque la Policía, ni cilo con todos los elebasta, ni ahora se puementos n e c e s a r i o s de formar, estoy; conpara combatir al único íorme can los frailee. euemigo serio de las ses; pero e n 1 o d e 1 reformas civilizadoCuerpo franco- esparas, ó sea á las turbuñol me inclino más á lentas é independienlos deseos de Alemates tribus montañesas, nia los cuáles en subs- verdaderos claves deí tancia son que Fraüupo de los higlanders cia, al punto á que íiáti escoceses, que tan mallegado las cosas, debe gistralmentenos pinta correr la aventura de Macaulay en su Hisencargarse. del protectoria de la Revolución torado de Marruecos; inglesa. por ella solá ¿sólita, y No podía creer, ó al En la inauguración del nuevo local del Centro de Reporters judiciales, veríhcaaa ayer tarde Fot. A B C. sin más cortapisa que menos no queríacreer, J el magistrado Sr. Serantes; 2, e ¡magistrado Sr. Del Valle; 3, el gobernador civil, marqués del Yadillo; 4, el Comisario genera! Sr. Millán Astray. la de mantener el comque por Policía habría promiso áepuertaabierde entenderse efectiléi lU, tó; para. elr: égim vamente urna organización sedentaria, do- -tiempo atrás hubiera habido quien protegíera- traha ocurrido- e Casablanca, el más florecien- mercial, y garantías de trato europeo pava ioS os. tada de los simples elementos marciales, que se eficazmentei á los traficantes costeros, moros y te de los ocho puertos. los residentes en Marruecos de cualquier país Por último, sabe cualquiera que unpoaaa no q u e p r o c e d a n necesitan para reprimirmotines de turbas urba- cristianos, objeto á meriudo de amenazas y ata, nas, cristianas ó moras; porque aquellos señores ques de los montañeses rapaces y osados. Tam- es fuerza adecuada para medirse con ventaja Meparece queya. np es tiempo de hacer ur. debían saber, que los habitantes- de los ocho poco debía ocultarse al Areópago diplomático con huestes de jinetes numerosos, osados y co- Ejército sherifiánó, y. sin él la independencia puertos nunca han sido un apeligro serio para que al menor conato de reforma, los montara- diciosos del botín; huestes que, como un nu- del Sultán, es, absolutamente imposible, é el comercio europeo, además de ser los únicos ces, sin. encomendarse á Dios ni al diablo, sin blado, se reúnen en pocos días, y hoy aquí y imposible también. Ja civilización de Mu- subditos del Sultán prontos á obedecer sus ór- medir las consecuencias, se lanzarían á estor- mañana allá, descargan su furia devastadora rruecos. denes y á satisfacer sus arbitrariedades de todo bar toda novedad, y de paso á robar lo que pu- donde menos se piensa. Para prepararse á la género; y debían saber además que todas estes dieran y á maltratar á su sabor á cristianos, guerra contra los montañeses, implícitamente JÉNABO ALAS. condiciones de sociabilidad moderna estarían judíos y alguno que otro acreedor fiel, maho- declarada en el Convenio de Algeciras, era premucho más adelantadas al presente, si desde metano; como efectivamente al pie de la le- ciso ante todo, sin dar paso previo alguno, BIBLIOTECA DE A B C 1 Ot X. fi. CASA DEL CRIMEN Parecía la virginal divinidad de la juventud y de la primavera. I a litania del Sueño de una noche de verano no era, con seguridad, tan bella- ¡Miradla! -dijo en voz baja la señora de Chesnel al eomandante. ¡Ya la veo! -contestó el Sr. de Ferny en igual tono. Y añadió en su fuero interno: ¡Pobre madre! Si yo fuera joven y rico, realizaría vuestros delirios; pero oh! ¡soy un viejo! Y suspiró. Mientras tanto, Margarita, con las manos llenas de flores, se había detenido en el centro de la sala y miraba alternativamente á su madre y al viejo oficial. ¡Ah! -exclamó riendo. ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Se conspira en contra mía? Ausente de aquí, se habla en alta voz, tan alta, que desde el jardín oía la de mi madre. Llego, y todo calla... ó mejor dicho, se cuchichea y se me señala con el dedo... Si os molesto, indicádmelo y me vuelvo al lado de mis flores. ¡Hija querida! -dijo María Mónica enternecida. ¡Cuánto te amo! ¡Abrázame! ¡Era mi único deseo! -exclamó Margarita arrojándose en brazos de su madre y llenando de besos sus mejillas y su frente. Después, dirigiéndose al anciano: -Y vos, comandante- -dijo con encantadora sonrisa, ¿no queréis que os abrace también? Y sin aguardar respuesta, echó los brazos alrededor del cuello del veterano y besó sus escuálidas mejillas. El comandante palideció, presa de indefinible emoción. Ni la madre ni la hija advirtieron la emoción ni la palidez. Margarita prosiguió: -Ahora que he abrazado á todo el mundo, mirad mis flores. ¿Os parecen bellas? ¡Qué color! ¡Qué perfume! ¡Ah, qué grande es Dios y qué bueno al crear lasilores! Siempre que las corto siento pena: se me figura que están vivas y que sienten los tijeretazos que las doy; pero luego reflexiono que se deshojarían en sus tallos antes que en el agua fresca, que las riega y alarga su vida; y además, ¿no morirán contentas después de haber ofrecido á mi madre sus vivos colores y dulces perfumes? Y Margarita se puso á arreglar en sus vasos, con exquisito gusto, su colección de rosas. Así transcurría la vida de las dos mujeres en la choza que hemos descrito. Los meses se sucedían unos á otros. María Mónica esperaba siempre impaciente el marido señado para su hija, y al cual atribuía anticipadamente tantas y tan valiosas cualidades como las supuestas á los príncipes de Las mily una noches. Margarita ni esperaba ni deseaba nada: ya lo hemos dicho. Acababa de cumplir dieciséis años y medio, y sólo pedía á Dios que le conservase mucho tiempo á su madre y que no cambiara su tranquila y pobre existencia. Este doble deseo, tan sencillo y tan modesto, no, debía ser oído favorablemente. Una mañana, al abandonar el lecho la Sra. Chesnel, se sintió mas débil que de costutnbi e. Estaba también más pálida. xvi 1 matrimonio de la obrera había sido un capitulo. de novela llevado á la vida real. María Mónica no se había dado cuenta de que este capítulo constituía una circunstancia excepcional y poco probable, aunque verdadera. De la excepción había resultado la regla. Esta falta de lógica es más frecuente de lo que se piensa. ¡Pobre madre que, en los tiempos que corrían en pleno siglo xix, contaba para llegar á un brillante matrimonio con la juventud, la belleza, la virtud y ¡a educación de una niña pobre! Ignoraba por completo la época en que vivimos y el culto de Su Majestad el Dinero, y con la esperanza de un porvenir quimérico gastaba sin reparar, no por ella, sino por su hija, los restos de la corta herencia. de Margarita. Iba ésta á cumplir quince años y medio. Desde aquel día, la Sra. Chesnel dejó de enviarla áí colegio. Ya era tiempo. Algunos meses más, y hubiera faltado dinero para pagar! os maestros. ¿Qué importa? -decía la madre viendo que se agotaban sus últimos rectusos. -Antes de un año se habrá casado Margarita. Hacía dos años que María Mónica había abandonado la habitación que ocupara después de la muerte de su esposo, y se había instalada en una casita situada al fin de la callejuela comprendida entre la calle del Breuii, el campo y el río. Habitación humilde, que aumentaba su presupuesto en la cantidad de 200 francos al año, permitiéndole en cambio el goce de un jardín que le proporcionaba legumbres y algunas frutas. Este jardín era la alegría de Margarita, que, pasaba en él todos los momentos que le dejaba libre el trabajo; lo cuidaba mejor que hubiera podido ha- cérló el jardinero más con- ciénzudo. Merced á sus incesantes cuidados, Margarita había con vertido en un pequeño paraíso el miserable jardín que hemos descrito en uno de los capítulos precedentes. ...ú De la misma manera que había sido transformado el jardín, gracias álos