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NUMERO 841 A B C LUNES 2 3 DE SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 pasan rápidamente, haciéndonos reir ó conmoviéndonos, produciendo cierto cansancio mevi table en la pupila. Esto quiere decir en romance que has tenido varias novias, mejor dicho, qué has usufructuado distintos noviazgos, entreverados por algún que otro amorío de los que ya hablé. más ó menos escabrosos y dramáticos. Respecto á las novias, que es lo interesante, 10 necesito que me jures que té interesaron sobre manera las elegidas. Es la frase sacramental. Pero ¿estás seguro de que las habías elegido? -Sn distintos momentos psicológicos, en un. salón, en una jira, ai salir de un teatro, en un bailé, en cualquiera de los escenarios donde ocurren estos lances, sentiste grandísima simpatía por una muchacha que te pareció humilde ó modesta unas veces; ptrás apetitosa y picante; simpática y atractiva siempre. Pusiste en juego tus artes de seducción (nadie deja de creerse seductor á tus años, ni muchos después) y una de dos: ó procuraste tiranizar ó fuiste tiranizado. Es un precepto, generalmente seguido por los novios, que juzgan el mayor grado de sumisión como prueba del mayor cariño y se inventan todo género de pruebas, fíngense celillos y enfados, durando la comedia mucho después de la- terminación de lasv ilusiones. El interés ó el amor propio mantienen vivos en su mayoría los noviazgos al uso. En ocasiones la vanidad herida ó el despecho irritado conducen á muchos desgraciados ó desgraciadas por malos caminos. Todo ello depende, á ini juicio, de la falta de sincera lealtad en los afectos. Novia, en su natural etimología, significa la recién casada, la que da palabra de matrimonio, y esa palabra no debe pronunciarse á tontas y á locas. Si del trato honrado, de la identidad de guatos y caracteres, de la mutua irresistible simpatía brota el verdadero amor; importa cuidarlo como llama sutil que alumbrará y caldeará el corazón Sin abrasarle ni requemarle. Un afecto de esta índole, cuando nace en dos seres parejos, (la comparación de la mediana- anja tiene mucho, de exacta) no debe despreciarse ni envilecerse. Yo he conocido muenos jóvenes que han tenido el acierto de escoger su futura compañera cuando estaban empezandp sus estudios. Uno y otro nomalgastaroh el tiempo en devaneos, sino que emprendieron él noviciado que precede- al. nuevo estado, sonrientes, -gozosos, con ensueños sanos, con esperanzas racionales, estimándose mutuamente con ese cordial respeto de una amistad, eterna, atentos á su porvenir, sin desprenderse jamás airadamente dé sus respectivas familias, y fueron felices y tuvieron muchos hijos, como los protagonistas de los cuentos de hadas. Lo que en el animal es un instinto, en ei hombre es un acto de racional discernimiento. Procuremos obrar como personas, si bien la fidelidad, el mutuo amparo y. el perfecto amor suele verse resplandecer en no pocos seres que calificamos de inferiores. Si no sientes el amor, no lo finjas. Es un peligroso juego en el cual puedesrj; ugarte la vida, la razón ó el honor. r Si te encuentras física y moraimente predispuesto y dispuesto á abordar el magno problema, no llamesnoyia ala que no pueda ser tu esposa y ten muy en cuenta los elementos necesarios para. plantear y resolver el referido problema, que será él tema de mi próxima carta, vulgarísima sin duda, como todas las anté. riores. Yo te aseguro que procuraré abreviarlas para no abusar de tu paciencia. E LD E F A U S T O Época feliz de la vida en que se vislumbran empresas caballerescas y difíciles; alentamos ensuefiosluminosoSj. acáriciainosjesperanzasque á muchos parecen ridiculas ó quiméricas, sentimos heroica fe en nosotros mismos. Es el ñorecimiento de la energía anímica, precursora de grandes obras. La simpatía se difunde como un perfume, el amor surge su orillante llamarada. Infelices los que no sienten esas cosas eásu interior, bien porque el medio ambiente no es favorable, bien por falta absoluta de tales emociones. Son seres incompletos y anormales, criados en terreno infecundo y malsano. El hombre normal no puede, no debe ser egoísta. Ríete de esas filosofías tenebrosas y crueles que procuran transformar la sociedad en un asqueroso pantano de reptiles. Sus autores han sido unos desgraciados, débiles, impotentes, egoístas, devorados por lá tristeza amarga, consumidos por la envidia ponzoñosa. Ellos negaron la amistad, el amor la abnegación, la. caridad. No supieron ni llorar ni reír. Y la risa y el llanto son inevitables. Acepta el. dolor con viril energía acoge la alegría con infantil regocijo. Esa misteriosa ley. de afinidad sexual que rige al mundo es la generadora del amor juvenil. Por un inexplicable contrasentido, se trata de evitar en los jóvenes las nobles tendencias amorosas en los primeros años, mientras que en las jóvenes se favorece y. fomenta el noviazgo. Se ahuyenta á los primeros de todo lo que puede originar compromiso formal de matrimonio, -que siempre parece prematuro ó peligroso en el hpmbre. Se le incita correr por el mundo considerando estas correrías como el tínico medio de adquirir formalidad y experiencia, de lavida. A ellas todo enlace, por muy disparatado qué parezca, se acoge con satisfacción, es preciso colocarlas cuanto antes; las pobres muchachas emprenden, medio aturdidas, enloquecidas á veces por la edad, esa carrera de obstáculos en busca de la posición social, en la cuál no aspiran á ser auxiliar y compañera del; hombre, sino una eterna protegida. Y si al menos la protección fuera, eficaz, si los que la rodean con el llamado btien fin reunieran acondiciones estimables, las, amasen como deben ser amar das... r; ÍH ii t t t í í Ni f Ellas adivinan que la belleza ó el dinero son 1 las redes con que pueden atrapar á sus pretendientes, y fingen, de la manera cómica qué referí en: mis primeras cartas. Xa que no finge, la que es. sincera, la que creé cuánto- la dicen, sufre decepciones, es una infeliz, según lá frase consagrada, y suele conservar de. por vida el culto de un ingrato ó de un perverso. Un escritor distinguido que firma Saj, sen- dómino que oculta un respetable religioso, ha estampado esta frase en uno de sus libros: En todohombre hay un sátiro en acecho. I3 n toda mujer una bacante dormida. La afirmación es cruel, pero exactísima. Observa, en virtud de lo expuesto, qué maña se dan en espolear á los satiriilos inconscientes, para que, bien aleccionados; se entretengan luego en despertar á las infelifces bacantes, con gra- n espanto dé ciertas personas qué protestan escandalizadas, euándó son verdaderos agentes provocadores de estos desórdenes. Ño conozco nada más odioso que la maledicencia callada, que tolera en público con pudibundez respetuosa las villanías humanas, lisos falsos hombres de bien que fustigó Tainayo, los cuales se aprovechan ocultamente de las debilidades ajenas y alardean de puritanismo intransigente en público. Recuerdan á esos falsos caballeros, atentos, generosos, delicados ante las cortesanas, brutalmente inso- i. i í 5 i 1- l t PEATÓN DE LOS CORREOS TERRESTRES DE CASABLANCA lentes aníeTa mujer propia honrada y suinisa, exagerando la nota de la intransigencia. Desprecia esos menguados, huye de las mujeres que niegan á toda hora la virtud de las demás, ansiosas de robar el honor ajeno para cubrir las faltas del propio. Pero á todo esto nos hemos alejado de las pobrecitas novias; no hablamos palabra de los interesantes noviazgos. Al llegar aquí no te veo, pero adivino que te ponesserio. Si estuvieras cerca de mí exclamarías: 1 Fot. H. Gnffin. ¡Ah, dtictor. no toquemos ese punto; si us ted supiera! No pretendo saberlo todo ni mucho menos; pero no quisiera que te fraguases la ilusión de que lo que te ha pasado ó te pase á ti, sea cosa extraordinaria y nunca vista. El mundo, querido mío, es un gran cinematógrafo con un número determinado de vistas, que se repiten con desconsoladora frecuencia para los que andamos cerca del aparato. Para el público son todas nuevas é interesantes, unas borrosas ya otras fuertes de color, todas BIBLIOTECA DE A B C 80 LA CASA DEL CRIMEN 77 meter un crimen, dejar á Margarita en la orfandad? El soldado que abandona su puesto en él momento del combate es un cobarde. ¿Qué nombre daríais á la madre que abandonara á su hijo? María Mónica oyó entre sollozos aquél lenguaje inflexible y vigoroso. vDespués cogió las manos del anciano, y á pesar de su resistencia las colmó de besos y de lágrimas, balbuciendo: -Queréis que cumpla con mi deber, y me indicáis el camino que debo seguir. Gracias, amigo mío; gracias en nombre de Mauricio, en el de Margarita y en el mío. Tranquilizaos. Tendré valor... tendré fuerzas... viviré. Dejemos pasar muchos años, Margarita había llegado á la edad en que la niña se transforma en mujer, así como la crisálida se convierte en mariposa y se desarrolla rápidamente. í a falta de recursos de la Sra. Chésnel parecía obligarle á dar á Margarita una educación modesta y á conservar íntegros los intereses de la humilde herencia de su padre. María Mónica procedió de otro modo. Así que creyó bastante desarrollada la inteligencia de la niña, colocó á su hija en el mejor colegio de la ciudad. En él recibió Margarita la educación clásica y además toda clase de estudios cuya utilidad podía parecer problemática en la modestísima posición que el porvenir le reservaba. Tuvo, pues, á costa de grandes dispendios, maestros de música, de inglés y de dibujo. Admirablemente organizada paira las artes, hizo rápidos progresos, y todos los años, el día dé la adjudicación de premios recibía numerosas coronas que inundaban de alegría el corazón de la madre. Xps indiferentes con ironía, y el comandante con tristeza, se preguntaban el resultado práctico de aquellos éxitos. Creía ei comandante que María Mónica seguía una senda equivocada, y que no reservaba á Margarita, en premio de su talento, más que pesares y decepciones. Sin embargo, para obrar como lo hacía la Sra. Chesnel, hallaba en su ferviente amor de madre razones, malas tal vez, pero de conveniencia. -Yo- -se decía, -simple obrera, sin educación y sin otro dote que algo de tiermosura y mucho de prudencia, hice una boda que no podía soñar. Margarita será mucho más bella que yo, y ninguna joven de la aristocracia le aventajará en instrucción y en talento. Es verosímil, es casi probable que se presente para ella un partido brillante, y cuando menos, el que se case con ella no tendrá que avergonzarse de la nulidad de su mujer, como debió suceder con frecuencia á Mauricio por mi causa. Así razonaba la Sra. Chesnel; razonamiento falso, pero contra el cual no tenemos fuerza ni valor de protestar. Las gentes. pusilánimes y que leen muchas no velas acaban por persuadirse de que los acontecimientos más novelescos son también los más frecuentes en la vida. Separáronse dos ó tres personas del grupp y entraron, en la casa. Un profundo silencio reinaba en la calle. La mujer del médico no podía apartar su vista de las manchas sangrientas del paño colocado sobre las angarillas, y bajo el cual se dibujaban vagamente 3 as formas de un cadáver ya rígido. Rompió el silencio una voz que dijo: ¡Desgraciada mujer! A pesar de haber sjdo pronunciadas en voz baja estas palabras, María Móxuca las oyó, ó mejor dicho, las adivinó. Momentos después yá no había duda alguna. Llamaron á la puerta. ¡Ah! -exclamó la Sra. Chesnel, abandonando la ventana y haciendo n esfuerzo para llegar hasta la puerta. No lo consiguió: vencida por una repentina debilidad, cayó de rodillas sobre el pavimento de la sala. ¡Estoy loca, ó mi marido ha muerto! -exclamó. La pobre mujer no estaba loca. Tirado y airastrado por su caballo, Mauricio, muerto á consecuencia de la caída, había sido hallado á tres leguas de Vesoul. Gentes del pueblo que le conocían habían- hallado el cadáver y lo conducían en las angarillas cubierto con un paño blanco. T ristefuélasitua ción en que á la muerte del médico quedaron María Mónica y Margarita; halláronse en un doloroso aislamiento y en un estado de estrechez muy cerca de la miseria. Esto se explica fácilmente. En la época en que Mauricio era el médico de moda en la ciudad, ganaba mucho dinero; pero g a s t a b a sin tasa ni medida, lo cual no íué obs-