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NUMERO 840 ABC. DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE Í 907 OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 escalón para obtener completase la máquimayores ventajas! A na por dentro y por mayor e x p l o t a c i ó n fuera. Nuestra piel es c o r r e s p o n d e mayor el segundo pulmón. respeto. Los baños diarias, salI m b u i d o s en este vo contraindicación imbécil criterio, apliespecial por determicamos nuestros esfuernados paáeciniientos, zos eii la vida privada y en muy pocos casos á buscar un aparente están l a s abluciones bienestar presente ó p r o h i b i d a s son de futurOj y todos nuesuna importancia extros anhelos estriban traordinaria. en acumular fortuna Kl ej ercicio verdadepara darnos aína bueramente higiénico es na y regalada vida duaquel en que el sisterante la yejez. ma nervioso se disciplina sin cansancio ceY mira lo que son rebral excesivo. Una las eosas. Yo he visto lectura prolongada, de hombres y mujeres, ¡as que. pudiéramos que podríamos llamar, llamar malsanas agota. de presa, aferrados á más que una galopasus, ambiciones como da, u n recorrido nv perros que roen un bicicleta ó una sesión hueso y enseñan los de esgrima. dientes al que se atre, Yo. doy una gran imve á acercarse á ellos, portancia á este delos cuales cometieron porte racional é higiétremendas iniquidanico, dirigido por un des ó escandalosas imi maestro inteligente y püdicias por habitar cc- loso. -palacios, poi: vestirse de ricos trajes, por do- En una sala de arminar, y m a n d a r y mas bien organizada cuando, parecía jue adquiere positivas habían c o n s e g u i d o ventajas el aparato losus deseos, la ironía comotor, Jos músculos del destino otorgaba se tonifican y obedeun cáncer del estómacen á la voluntad, y go. al q u e podía aliésta aprende á regula. íuentarsé con exquisirizar sus impulsiones tos manjares, cubría é inconsciencias, ejerde eczema incurable ciendo de verdadero- el rosfró. de la bella conmutador racional recalcitrante, dejaba del alma humana. solo en el mundo al Xa conciencia de la poseedbr. de extensas propia fuerza hace a 1 propiedades, y, lo que hombre más prudente era más doloroso, J a y más caballero. No lucha les había estruhay que confundir á jado, el corazón, agolos llamados espadatado su espíritu. ¡Qué LAS MANIOBRAS MILITARES EN GALICIA. INSTALACIÓN DEL CAMPAMENTO DE BÓVEDA. ARMANDO UNA TIENDA DE CAMPAÑA chines, petulantes y muertes he presencia. vanos, con los hom. Fot. Luzzatti. do, qué existencias tan ares q u e saben ma 1- bres precarias observé, en tanto que el vulgo las cia odiosa de los gecados masculinos, que no dres; también lo son de la juventud; pero reía- I nejar con nobleza la espada, de igual modo sólo contribuye á impurificar l o s cuerpos, jados ya por desgracia los vínculos familiares, que no es posible asimilar el ejercicio nobilísienvidiaba por de fuera! Xíbreíne ÍDios de renegar en absoluto de ías sino á pervertir los corazones, y en la vidala encendidos los apetitos por instintiva rebelión, mo de la caza, con las astucias y perversidades comodidades y ventajas de la civilización. Ya más grave é irremediable dé las impurezas es á diario fomentada, contra toda autoridad, las del bandolerismo. responsabilidades son más personales que an- En todas las reuniones donde se congrega lo he dicho otras veces. El dinero es tan nece- la del Corazón. Y ya qué, como te indiqué, y dé ello estarás tes. Ahora todo joven debe saber lo que más le la juventud al aire libre, la vida es más grata sario como él agua; pero ¡ay del que impurifica el- raanantial ó acumula estérilmente el precio- convencido, todos dependemos los unos de los conviene, entendiendo por conveniencia la per- y más sana. Huye en lo posible de los lugares otros, sacudamos con el posible tesón esa ti- fecta normalidad de las funciones orgánicas y cerrados, donde respirarás airé rumiado é ideas so líquido sin provecho para nadieT manidas, productos impuros de pulmones y ce- Xa juventud y el vigor son verdaderos cau- ranía de los perversos y de los viciosos, hagá- psíquicas... El alimento, el ejercicio, el trabajo y el re- rebros ajenos. En tales sitios es donde anidan dales qué importa ahorrar. y acrecentar, no, lo monos independientes, y para ello conservemos la salud del- cuerpo, la tranquilidad del poso han de estar regularizados conveniente- la mayoría de los microbios patógenos; en mente. A: mayor perfección en la máquina, bien ellos, como dice Cajal, la voluntad se esterili. Es un contrasentido, que cuesta amargos dolores algún día, considerar racional tarea la Prometí decirte lo que, debíais hacer, y dón- ío sabes como ingeniero, mayores cuidados son za, el aparente reposo con que nos brindan es j una maraña sutil, semejante á invisible tela de de dilapidar alegremente las energías durante f bebíais, ir. los hombrecitos para convertiros. indispensables. El organismo mejor nutrido no és el que in- 1 arácnido que nos inmoviliza y nos agota; 1 de l los primeros años de la vida. en nombres útiles y- obtener un ¡a saña longevigurgita t mayor; cantidad de alimento. sino el allí se sale en cuadrilla para ejercitadlos sii Una vergonzosa. tolerancia, de. los. padres, y e iiígoras imffi puestos derecho s juveniles; allí s é forjan los educadores, disculpa, con ceño sonriente, los sé considera cómo üa arte encaminado k- qui- ozárán, de grandes energías comiendo á toda planes astutos para conseguir la futura; buena llamados pecadillps de la juventud. No pocas veces los pecadores, con un cinismo tarlo que estorba: ¡tumores y dolores, erideíe- ñora: excesi- vameníe, haciendo copiosas; liba- vida que, como habrás comprendido, no se objactancioso, suelen acusarse. en público, sobre zar huesos ó entuertos, y las gentes quieren ciones; abusando de las bebidas espiritosas, tiene por tales caminos. todo a n t e! a prole degenerada- ó enferma, de que cumplamos conteste oficio pronto, bien y íumahdó y excitando su cerebro con substanTen ideas propias, no te nutras de las ajenas, las faltas verdaderamente punibles, desde el barato. Pero la ciencia demuestra que vale más cias; estimulantes como el té ó el café. No ha- procura no perder la alegría, y como reconoz- punto de vista médico, cometidas por. ellos. prever que curar, y en tal sentido, iniporta gassemejarite cosa. Come átushoras alimen- co que todo joven aspira á algo más que hacer Sus familias consideran étetas canalladas como másser un, sanp discipliiiado. que un obediente tos bien condimentados; masca y. leé con len- gimnasia y excursiones alpinas, también he tiíüd; ordena tu tiempo y procura evitar que de hablarte algo de las legítimas ascensiones males necesarios. Todos han hecho lo mismo, e n f e r m o se dice. Todos rio; por fortuna. ¡Qué sería de la Paira conseguir la buena vida es condición iel sueño Sea inquieto ó. escaso. Para estar sano hacia el ideal, alimento precioso del cprazórf Humanidad si así fuera! precisa emprenderla desde niño. Responsables ¡es indispensable madrugar, aprovechando las humano. Yo te ruego que protestes contra esa toleran- de la primera y segunda infancia son los pa- I primeras horas de la mañana, en la limpieza EL DR. FAUSTO. olvides. v espíritu. i BIBLIOTECA DE A B C 74 LA CASA DEL CRIMEN 75 No se daba en la ciudad comida oficial ó reunión importante á la cual no fuera invitado. íba á todas partes, y en todas ellas era recibido con distinciones tales, que demostraban lo mucho que. valía y el alto concepto que de él tenían formado. Xas invitaciones continuaron después de su matrimonio. Algunos las dirigían sólo al médico, sin acordarse para nada de María Móuica, como si no existiera. Mauricio las rompía y juraba no volver á poner los pies en las casas de las familias que se las enviaban. Otras iban dirigidas al señor y á la señora de Mauricio Chesnel, y éstas eran aceptadas. María Mónica suplicó á su marido que no la presentara en sociedad- ¿Por qué? -le preguntó. Y ella alegaba la falta de costumbre, la timidez, la turbación que se apoderarían de ella al entrar en un salón. -Valéis más que todas las mujeres que os rodean- -contestó inmediatamente el médico. -Sois más bella y más encantadora... no haréis mal papel en ninguna parte. Cedió la mujer y acompañó á su marido. En otra ciudad que no fuera Vesoul, la humilde costurera hubiera obtenido 1 tm gran éxito. Su belleza, su gracia, su elegancia natural no tenían rival. Su timidez y su turbación no eran ridiculas, y se dominaba lo bastante para 110 pronunciar palabra alguna que denunciara ló insuficiente áe su primera educación. Pero sé vio de repente dentro de un círculo de mujeres más ó menos jóvenes y bonitas en su mayoría, algo pretenciosas, y todas la habían visto trabaja r en su antesala; muchas llevaban trajes hechos por ella, y no perdonaban á la modista, 3 a sin igual, que las eclipsara por su belleza, superior á la suya, por su innata distinción y por la elegancia de sus tocados. A todas estas causas de sorda animadversión contra la. joven esposa, conviene añadir otra. I, aniayorparte délas damas iban á pie á los banquetes y álos bailes. Xa señora Chesnel, por c con trario, iba en el coche de su marido, preciosa berlina condueidápor dos caballos traídos de África y guiados por un cochero con librea. ¡Ella! ¡Una ex modista! ¡Horror! ¡Dios sabe con qué refinada cortesía fue recibida María Mónica por aquellas buenas almas! ¡Dios sabe qué hipócritas cariciasy cuántos besos de Judas la prodigaron! Después, inopinadamente y con aire sencillo, en presencia de testigos, cualquiera de ellas, con la sonrisa de la simpatía en los labios, disparaba contra María Mónica una flecha envenenada. Casi siempre partían estas bruscas agresiones con motivo de alguna cuestión sobre asuntos de tocador. Ya se la consultaba acerca del coste de un vestido ó de la forma de un corpiño, y las preguntas se hacían, no á la mujer de gusto, sino á. la costurera; ya, en el intermedio de dos figuras en un rigodón, exclamaba una de sus encarnizadas enemigas con voz que Se oyera de un extremo á otro: ¡Dios mío, querida señora Chesnel, qué traje tan elegante lleváis y qué bien os sienta! ¿Os le habéis hecho vos misma? María Mónica bajaba la cabeza ruborizada y Mauricio se mordía los labios de rabia. Otra noche, en un baile de la Prefectura, discutíase sobre modas en un círculo de señoras: -No sé cómo ni á quién encargar mis trajes- -dijo de repente una de las señoras, -y voy á yerme obligada á pedirlos á París. I uego añadió, dirigiéndose á María Mónica: -Sin verdad, mi querida señora Chesnel, que si no tuviera el placer de contaros entre mis amigas, no me consolaría nunca de haberos perdido como costurera. Era, en fin, muy raro que Mauricio y su mujer no oyeran en todas las reuniones alguna impertinencia de este género. María Mónica las oía tranquila é indiferente. No se avergonzaba de haber vivido de sü trabajo, y hacía bien; pero veía sufrir á Mauricio y tomaba una gran participación en aquellos disgustos, de que era única aunque involunta: ria c a u s a í v El médico esperó algún tiempo que la guerra cesara 3 que los enemigos 7 de María Mónica, renunciarán á sus iñcesanteá ataques, siempre iguales en el fondo, pero distintos en la forma. Esperaba en vano. En provincias son raros los asuntps pftecidós á l á maledicencia, y es preciso no dejar escapar los que la casualidad envía. Por otra parte, todas esas señoras, al herir sin tregua ni descanso á la hija del pueblo, querían demostrar de este modo su superioridad sobre; ella. s Mauricio fue el primero en cansarse de esta lucha desigual, y en la que él y su mujer recibían todos los golpes sin poder ni aun defenderse y devolver herida por herida. Resolvió vivir en un completo retraimiento y rechazar toda invitación que se le hiciera. Ésta resolución podía ser fatal para el porvenir de Mauricio. El mun do no quiere perder sus víctimas. A semejaüza délos espectadores de los sircós romanos, quiere que el gla. diador herido. de muerte caiga sonriendo. Condena con extremado rigor al que, para substraerse álos dolores del martirio, abaridcna la lucha.