Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NUMERO 836 A B C. MIÉRCOLES 18 DE SEPTIEMBRE DE 1907. QCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 JUope de Rueaa, mea podrá, como dicen, venir el tío Pac con la rebaja, porque la Recopilación en metro en donde su sobrino Juan de Figueroasácó áluz sus obras, no llega ni con mucho á lo que conocemos de t o p e de Rueda, en quien, por otra parte, nadie hallará lo que el insigne hispanista Fitzmaurice- Keliy en Sánchez de Badajoz: un élément grossier, pour ne pas diré obscene, tout personnel. Y, especialmente, nadie, por osado é injusto que sea, podrá negar á este Lope sevillano el mérito de haber sido quien Tiquismiquis regional stas i A la puerta, de un caíé veraniego y ¡5 en torno de un velador inmediato al mío hablaban de nuestro antiguo teatro cuatro jóvenes; para d e c i r l o con más verdad, sólo uno, porque los tres restantes a p e n a s si hacían otra cosa que asentir con monosílabos y exclamaciones á lo que decía el otro. El disertante nó soltaba en secreto su peroración; antes, para L q u e lo admirásemos los vecinos, se entonaba muy á lo orador empezó á poner la farsa parlamentario, en día en buen uso y orden buena, de lleno. Yo, que ha porque la repartió en actos bía empezado por oir, haciendo introito en ella, V acabé por escuchar. que ahora llamamos lóaTn t y porque faé, en sabiOrador y asentidodísima frase de Cerr e s habían leído en v vantes, el p r i m e r o A B C, á no dudar; que e n España las u n o s excelentes arr sacó de mantillas- -tículos intitulados ffl á las obras teatrales- -teatro andaluz, de su y las puso en toldo y redactor jefe y mi esti lás vistió de gala y mado amigo y colega aparieñcia 0 Todo el Sr. P é r e z Rojas; esto, sobre que Diego pero, á la. cuenta, hú- Sánchez de Badajoz Dieron de leerlos muy, anduvo casi siempre á la ligera, cuando da- en zancos prestados, ban por cierto! que en quiero decir, imitanellos afirmaba su audo, no sólo á Gil Vitor, que la labor teacente, sino además á tral de Lope de Rueda quien se terció; ejem había sido el germen pligracia, á Andrés de de nuestro teatro na n y jne, cómico franción ai Protestando contra. esta supuesta SIMULACRO DE SALVAMENTO DE NÁUFRAGOS EN SAN SEBASTIAN. LOS BOMBEROS TRAYENDO A TIERRA EL CABLE SALVADOR cés de la centuria décimaquinta. afirmación, el elocuen. Fot. Frederic. te locuente sacaba, á Y volviendo á otra relucir nombres y másparte la proa, ¿por qué nombres y obras y más obras; pero, cosa rara, no es voz, bino ex voz ó vestigio y restuelo de zando por admirable sendero las corrientes decís y cómo probáis- -hubiera yo preguntado todas y casi todos extremeños, de donde colegí voz, por donde, en punto á lógica pulmonar, creadoras de la escena patria y mejorando el al joven orador y á sus amigos- -que Diego que extremeños serían él y su auditorio. Sola- que es la que más se estila y prevalece, soy arte escénico conocido, hasta tal punto, que Sánchez de Badajoz nacip en Extremadura? mente dos nombres forasteros sonaron allí: los de hombre perdido. Permanecí, pues, silencioso y Lópe de Vega, Cervantes, Agustín de Rojas y ¿Deferís acaso al Diccionario ¡histórico, biográfico, Juan de la Encina y Lucas Fernández; mas sus volví á mi casa lleno de tristeza, meditando en otros preclaros ingenios afirmaron que las co- crítico y no recuerdo qué cosas más, de vuestro obras fueron calificadas de balbuceos teatrales, qúe ya no tengo voz... ni voto; en que estoy médias no fueron anteriores á Lope de Rue- paisano Díaz Pérez? Si fuere así, dígoos que harto rudimentarios junto á la labor de Lope de casi incomunicado con las gentes. da, ni nadie las. representó é hizo como aquel vais en harto mala compañía, porque Díaz PéRueda, mientras que se aupabán hasta el cuerno Quédeme reinando, como dice el vulgo an- varón de gran entendimiento y humilde cuna rez, que, como regionalista al uso, todo lo buede la luna las gentiles farsas de Diego Sánchez daluz, en lo sucedido. Á estar en voz, jo habría Y estas últimas palabras, que. el Sr. Pérez Ro- no lo atribuyó á su tierra, hizo á Diego hermade Badajoz, prefiriéndolas alas de Encina y afir- dicho á aquellos generosos jóvenes, generosos jas encerró entre comillas, están calcadas so- no de Garci Sánchez de Badajoz, y á entrammando que superan asimismo á los pasos del para lo de su patria chica, pero demasiadamen- bre las que escribió Lopede Vega, ¡casi nadie! bos, nacidos en aquella población, dándose por lamoso batihoja hispalense. Y ¡claro! hubo ala- te cicateros y tacaños para el resto de España en el prólogo de la parte XIII de sus obras tan bien enterado de sus vidas, que hasta debanzas á montones, muy dentro de justicia, y aun del mundo, corno si Dios no hiciese salir dramáticas. Huelga, pues, señores míos, ese terminó los años en que hubieron de venir al para aquellos extremeños meritísimos llama- el sol para todos, yoles habría dicho: esto que mal reprimido enojo y mundo: en 1479 el autor cómico, y en 1475 el- dos Torres Naharro, Díaz Tanco de Fregenal, voy á escribir aquí, ó cosa muy parecidas n o h a y motivo; ínoliay; motivo- trovador, tan famoso por su locura, amorosa jRomerp dé Cepeda y otros, todo. esto á vueltas como por sus canciones. Y como ya se eviden p a r a tanta desazón; Ante todo, jóvenes amables que dirigís vuesde lana fervorosa profesión de fe- region alista, tros pasos al templo de- Minerva, esas pala- porque mi amigo en eso de. las corrientes cia documentalmente, con pruebas irrefraga. en Iá cual metieran baza; y aunT baraja ente- bras, que se: lleva el viento, -están íundadas creadoras de la escena, patria y én aquello bles halladas por mí, que Gárci Sánchez: de ra, los que hasta entonces habían sido, mera sobre ese viento mismo. Porque lo primero es otro de mejorando el arte escénico conocido Badajoz, aunqu. é origaíig. de. Extremadura por asentar que el Sr ¡Pérez Rojas, que es la misma aludió implícitamente á todos los autores có- la línea paterna, nációieñÉE 0 dé madre eciauditorio del disertante. ...Escuchando las cosas, cositas y cosazas que discreción hecha hombre, no ha escrito en par- micos anteriores a Lope de Rueda, y es claro que jana, ayúdenme ustedes á sentir... la definitiva se dijeron allí en ésta á modoNde batuda ora- te alguna que la labor teatral de Lope de Rue- al par y también á vuestros ínclitos paisanos pérdida para Extremadura de este ilustrísinio toria final, más de una vez me tentó el pensa- da fue el germen de nuestro teatro nacional Torres Naharro, Vasco Díaz de Fregenal, etc. hijo, y la muy posible, y puede que inminente, miento de pedirles la venia para tomar vela en Por tanto, esta rotunda negación mía, ponién- A menos que vuestro enojo provenga de tomar del otro. aquel entierro... dé cuanto no había tenido la doos en la imposibilidad de afirmar con prue- á mal que no los citara nominatím. y con reY cuando yo, al llegar á este punto de mi pedicha de nacer en Extremadura; pero siempre bas lo contrario, echa por tierra todo ese bri- calcada advertencia de ser extremeños, para rorata, viese al fin arrazonados y razonables, me tuve á raya. Ellos eran cuatro, y yo uno; 1 liante diseursa y todo su coro de monosilábi- que no pierda pizca vuestra región ni gane pues supongo que ya lo estarían, y hasta un si eran ellos jóvenes, y yo viejo ó casi viejo; ellos cas muestras de asentimiento y aplauso. Dijo, ardite, prohijándoselos, otra comarca alguna. es no es corridos, á los jóvenes de mi imagina Demás de esto- -habría yo añadido, -por lo do auditorio, diríales para terminar: tenían envidiablemente llenas y sonoras las sí, elSr. Pérez Rojas que Lope de Rueda inisendas voces, mientras que la desdichada mía ció la verdadera comedia española, encau- tocante á superar Diego Sánchez de Badajoz á Amemos, como es natural y justo, á todas 1 t 1 f t i i -I BIBLIOTECA D E ABC 68 iA CASA D E L C R I M E N 65 M a u r i c i o e n m u d e c i ó a n t e l a e x p r e s i ó n d e p r o f u n d o d o l o r q u e s e d i b u j ó en. el p á l i d o r o s t r o d e l a o b r e r a i- r María Ménica entreabrió s u s labios en dos ocasiones. E n ambas, su v o z s e 1 n e g ó á obedecer á su voluntad. Al fin m u r m u r ó con. v o z i m p e r c e p t i b l e -No o s c o m p r e n d o ¿Qué p r e t e n d é i s d e mí? -Sí, y aún me parece pronto. -Pero, entonces, ¿qué ya áser de, mí? He podido vivir gracias á mis ecoflomías: ahora es preciso ganar el sustento. ¡Y mi habitación que está sin pagar! ¡Dios mío! ¡Dios mió! ¿qué hacér? -L o q u e o s h e ofrecido: u n a m o f sin. límites y absoluto. -Pero ese amor, ¿no es el que un marido, ofrece ásu; mujer? -E s- t a m b i é n el que un amante ofrece á su adorada. ¿Q u e r e i s q u e lo sea vuestra? -Quiero que seáis la. dueña de mi vida, mi júnico: tesoro, mi única dicha. María Mónica, inclinada- la cabeza sobré eípeeho y; con los ojos bajos, guar- daba silencio. Mauricio continuó: ¡Q u é existencia la vuestrahasta hov! ¡Qué triste soledad! ¡Qué incesantes trabajos y qué mal remunerados! -No. será así en adelante. Lejos ó aerea, -sabéis que hay un corazón que late al compásdel vuestro. Los días pasarán veloces: el trabajo, en vez- de ser una necesidad del momento. para. vos, tendrá todo el atractivo de una distracción, si es que pensáis seguir trabajando. María Mónica levantó bruscamente la cabeza. -Y para vivir sin trabajar- lijo interrumpiendo- á Mauricio- ¿cómo arre glarme? ¿Qué hacer? ¿No estoy yo aquí coa mi fortuna, producto de mi trabajo? ¿Acaso no estará siempre mi mano llena y abierta para vos? ¿De modo que me ofrecéis dinero? -continuó María Mónica con extraña entonación. ¿No tenéis amigos? ¿No me tenéis á mí? MaríaMónic se rubojizó. ¿Qué queréis; decir, se- ñor Mauricio? -murmuró. -Quiero decir que si necesitáis alguna c o s a os acordéis dé; mí. ¿Acaso dudáis de fia; sinceridad de m i s ofertas? ¿Dudár y o Yo no, dudo... Sois bueno, mruy bueno. para conmigo, s- ¿Luego aceptáis... María Mónica hizo un moyimiento con la cabeza. Rehusó: -dijo. T o d o euant ítte pertenece es vuestro y podéis usar de ello ávuestro ¡antojo y sin escrúpulo; ¡Ab. -exclaraójla obrera con amargura, y. mientras gruesas y abundantes lágrimas surcabán- ¿sus mejillas. ¡No era bastante que pensarais en hace de mí vuestra querida! ¡Faltaba que me ofrecierais dinero! ¡No os contentabais con la deshonra de una mujer... ¡Necesitabais hacerla despreciable! -Pero. -intentó decir Mauricio asombrado. María Mónica no le dio tiempo para continuar. -Señor Mauricio- -dijo, -acabáis de hacerme en un momento más daño que el que he sufrido dtirante mi vida. Me habéis insultado sin razón, y si: alguien hay en. latierra de quien no lo esperaba, sois vosf tás i d e n á a vez s e h a n atrevido á dirigirme palabras de amor y á hacerme vergonzosas proposiciones, pero ¿qué me importaba? Los que tan poca estimación me demostraban al hablarme así, sólo me inspiraban indiferencia ó desprecio. Oía á los jóvenes corrompidos y á los viejos libertinos con lástima y con piedad, pero sin cólera y sin que sus frases me hiciéransufrir. Pero vos, á quien creía bueno, delicado y leal... vos, á quien quería y respetaba como á hermano y más- aún. ¿me habéis demostrado tanto afecto para perderme? ¿Me habéis salvado la vida para que la vida me sea odiosa? ¿Os habéis apoderado de mi alma para herirla con vuestras injurias? Señor Mauricio, ¡por Dios! ¿qué os he hecho? Yo no solicité los cuidados que me habéis prodigado durante mi enfermedad, cuidados que me obligaron por el reconocimiento, y que debían costarme tan caros. ¿Por qué ahora queréis ponerles un precio infame? ¡Yo esta- -7 ¿Que rehusáis... ¿Por qué? -Porque es preciso devolver lo que se acepta! ¿Y cómo- podría yo reintegraros de las cantidades qué. meadelantarais? ¿Eso importa poco. -Para vos tal yéz, Sr. Mauricio... pero no para mí. Aceptar un dinero que notia: de ser devuelto, es recibir una limosna. ¡Qué extraño nombre; dais á las cosas! E 1 nombré que les; es propio. ¿Llamáis limosna al regalo que un novio hace á su prometida? -Eso es muy diferente. Los novios serán pronto marido y mujer, y entre marido y mujer todo es común. ¿Y los de un amante á su adorada? -También es diferente. ¿En qué? -No lo sabré explicar; pero me figuro que el amor cambia el sentido de las cosas, y debe cambiar también el de las palabras. Y tenéis mucha razón. Pues bien, ¿por qué no habéis recurrido á aquél cuyo corazón os pertenece? ¿Decís por qué? -7- Por una razón muyséncilla ¡cuái?