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NUMERO 835 A B C. MARTES 17 DE SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 con tan absoluto olvido del armónico efecto que a los ojos debe producir la calle, que á lo mejor cortan en dos partes la visualidad de un hueco. No hablaremos de la disposición de plazasjardiñes, y monumentos públicos, ni de las perspectivas inoportíi: na y torpemente interrumpida p o r construcciones mal emplazadas. Ünsolo ejemplo basta para demostrar nuestra falta de sentido estético: lo ocurrido con las fuentes del Pirado, habiendo colocado p o r centros de grandes plazas, fuentes pequeñas de jardín, las de Cibeles y Neptuno, en vez de haberlas metido entre e 1 arbolado del paseo, y recientemente h a b e r puesto en éste dos pequeñísimas, fuentes, propias para jardiiicitos particulares, donde existe una buena f u e n t e monumental, como es la de las Cuatro Estaciones. ARTE. í PUBLICO A lgüien al leer este nuestro epígrafe de hoy, preguntará: ¿Acaso existe un arte, público e n necesaria oposición con otro que deberá llatnarse nz zdo? ¿No es- el arte uno solo y para todo el mundo? Y n o s o t r o s contestaremos que así como hubo un tiempo en qué al trazarnos la clasificación un tanto c o n c e p t u o s a de las artes se nos. marcaba división entre las artes, bellas y las útiles, como si la belleza no constituyese p o r su sola virtud la verdadera utilidad ó finalidad del arte así aho- ra, independientemente de la esencia de éste y como término sociológico más bieti: que estético se nos habla de arte público, ó sea de sus libres manifestaciones ante la multitud, que forzosamente difieren de las maní- Todo esto y muchífestaciones privadas, simo qué callamos pide! arte. Trátase en de remedio. suma d e l arte de la A l g o eficaz puede calle y. del arte, de la hacer el Ayuntamiencasa, uno y distinto, t o creando premios, diferencia y nomencomo tenemos enten clatura, acomodadas a didó se h a hecho en la vida moderna, cu- Barcelona á los autoyas necesidades- exres y propietarios de presan. las easas más artísti, Pero aunque, el uso cas que se construyan io justifique, no hubié- y exigiendo en toda: ramos escrito tal epílas de. la capital esa grafe, si no fuera el de cualidad. una revista extranjera Pero u n a sola enticuyo número primero, dad no podrá lograr lo EXPOSICIÓN DE TRABAJOS DE LOS ALUMNOS DE, LA ESCUELA SUPERIOR DE INDUSTRIAS, INAUGURADA AYER rebosante de buengus- que, por ser el mal ge EN: ESTA CORTE Fot. A B C to, digno. de la idea neral, reclama p a r a que lo ha inspirado y combatirlo fuerzas co 1 representa, tenemos ante los ojos y de la cual provocar medios p a r a l a vulgarización del ra dé formar parte el autor de estas líneas y el lectivas. Pide el caso, no una Junta, sino u n a Arte, para la educación técnica de los artistas, disgusto de ver que tan saludables intenciones Asociación magna, u n a I,i ga poderosa que u n a deseamos decir algo como, preliminar de otro algo que más de cercanos interesa á los ma- realizando un ideal artístico para el embelle- y los. propósitos dé algunos de sus compañeros para ese fin- de cultura á personas y entidades cimiento de la calle, combatiendo el mal gusto, i y los suyos se perdieron cual voces in deserto. que representen todos los intereses urbanos y drileños. Es que aquí ese materialismo, afeamiento é todas las aspiraciones artísticas. Nos hace falta I,o primero que al efecto nos importa co- los. sistemas de uniformidad (íjúe es la armo nocer es, que la revista en cuestión, titulada nía, estética necesaria y apetecida el mercan- insensibilidad estética combatido con éxito en aquí niaestra Aspciacipn. de Arte Publico 1; que L Art Public y recién nacida en Bruselas, no su- tilismo y el carácter meramente industrial cié Bélgica y- ea. otros países, constituye una en- demande uno y o t r o día á los Gobiernos y álós pone un esfuerzo editorial como tantos, sino las construcciones que materializan, afean é fermedad social (lo decimos sin hipérbole) tan Municipios el necesario saHeamieatp, artístico terrible y digna de curación como la que co- de las poblaciones, que, proteste oporíitiiiamenté que es órgano oficial de una útil Asociación insensibilizan la vida. No, ha limitado su acción esta Sociedad bel- rresponde á. la, higieriev t a s pmefrasde lo- ne- d é l o s delitos d é i e s á estética, hartóÍErecuentes llamada Instituto internacional de Arte público, que á su vez. debe su origen á una buena ga á sus intereses nacionales, sino que con loa- cesitados que. nos hallamos de un saneamiento y. hasta ahora impunes, que fomente la produciniciativa, por virtud, de la cual, se agrap. aron; ble, aspiración universal h a organizando y, cele- estético es el sinnúmero de fachadas prosaicas ciótLártística urbana, yíeufiav- ue; haga activa y. pobrísimas. qué; delatan en. los propietarios hace pocos años las voluntades de varios hom- brado y a tres Congresos internacionales. y continua pxop. a gañ; dap ¿f. a: d spertar e a a u e s bres amantes de lá cultura y; convencidos de Viniendo ahora á lo de casa ¡cuánto h a y que; más que en. los. arquitectos la falsa idea de que tra soeiédad él sentido estético y el buen gusto. que una parte no. pequeña de ella está repre- hacer, soberano Apolo, en estas descuidadas y el arte es unlujo, corno si con idénticos mate tímWÚM tfÑiMM 3 A: sentada por el arte, y especialmente por sus materializadas poblaciones españolas y en- este riales no pudiera, ¡hacerse una obra artística; -públicas manifestaciones. El fin de esa Asocia- desdichado Madrid, dejado dé tus. divinas nía- son los miles dé artefactos que suelen afearlas, jéión es- definir, defender y propagar los intere- nos: y entregado á las de industriales que están: entre ellos ciertas muestras, dobles que en. hoses públicos del arte, popularizar sus ejempla- cumpliendo el programa mercantilista y anti- rrible ángulo S. oledizo se destacande los bal- A los señores fotógrafos de profesión y á tes, señalando su importancia moral, económi- estético, contrario justamente a l del Instituto, coñes, como. si, una banderola metálica, pero! los aficionados que envíen á la Redacción ca y social por medio de concursos, exposicio- belga! artística, no surtiera aún mejor el mismo efec- dé A S O fotografías sobre algún asunto de úes, conferencias, reuniones, publicaciones y Un político de buenas iniciativas y de amor to; y por no hablar de los infinitos y amenaza- interés y de palpitante actualidad, sé les aplicaciones de general utilidad; reclamar de a l a cultura, D. Eduardo Vinceriti, á. su paso dores hilos que cruzan sobre, nuestras cabezas, abonará 0 JEZ PESETAS porcada prueba los Poderes públicos la que pudiera llamarse reciente porla Alcaldía de Madrid, creó una los mástiles férreos que los sostienen, de base qué publiquemos. Al pie cada fbiografía se indicará el él saneamiento artístico de las poblaciones; Junta dé Arte público, de la cuál tuvo la hon- desproporcionadamente gruesa y colocados nombre de su autor, de HTERESA BIBLIOTECA DE A B C OÍS LA CASA DEL CRIMEN 61 bríat descubierto con espanto que su, reconocimiento hacia el h o m b r e q u e le hatiía devuelto la salud se convertía rápidamente en amor; pero no pensaba Sólo l a idea de que: puctiera haber, en Mauricio otra cosa que un amigo ó uja hermano, le hubiera parecido la más completa y l a más inverosímil- de todas las locuras. El médico no participaba d e e s t a ilusión. Veía con claridad cuanto pasaba en el alma de María Mónica; leía, en su corazón como ea un libro, abierto; contaba, por decirlo así, las pulsaciones de aquel corazón con su doble experiencia de nombre y d e médico, y juzgó que había llegado el momento d e tablar. en ello. Esperando este día, había previsto hasta Ios, más insignificantes detalles. A a n q u e no habíapasado de la edad en que el hombre se encuentra en la plenitud de l a vida, 1 Máuricio entendía que su posición no le consentía hacer á l a obrera, á quemarropa, una deesas declaraciones bruscas formales, p r e cisas en el fondo, calurosas en, la forma, á semejanza de las que formulan los hombres experimentados y los estudiantes de tercer año cuando tienen imaginación. Según él, y no nos atrevemos á afirmar que se equivocaba, la confesión del amor que siente m i hombre serio debe tener algo de seria. Había pues, llegado- el día elegido p o r Mauricio Chesnel para declarar á María Mónica su atrevido pensamiento. Hacía dos días que la obrera había entrado en el período de la convalecencia, r N Cuando el médico entró en su cuarto, estaba sentada en u n sofá regalado por él á la pobre niña mueble muy sencillo que parecía, sin embargo, la última palabra del sibaritismo más refinado. Incorporóse. al v e r entrar á Mauricio, y le ofreció su mano sonriendo. -Buenos días, mi salvador- -dijo. 4- ¿Por qué me habláis así? -preguntó el médico. -Porque tengo la evidenciare que he estado más enferma de lo que m e habéis hecho creer. La debilidad que siento m e l ó prueba, y estoy convencida de que os debo la vida. ¡Qué tontería! -contestó Mauricio, como dando á entender á María Mó- nica que su opinión no distaba mucho de la verdad. Quería aumentar por todos los medios la suma de reconocimiento con que pagaba la obrera sus atenciones. -En fin- -continuó, -que hayáis estado m a s ó menos enferma, nada importa, puesto que y a os encontráis buena, ¡Buena... ¡Oh, n o del todo! Creo que n o recobraré jamás las fuerzas perdidas. -Os equivocáis. -Es tanta l a necesidad que tengo de verme completamente Restablecida y en disposición de volver a hacer mi vida ordinaria... ¿Cuánto tiempo creéis eme me falta para lograr tanta dicha? -No podéis pensar en emprender de nuevo vuestro trabajo hasta dentro, deunmes. v mente desnudas y sin otros muebles que u n g r a n d e y antiguo armario, u n a mesita de pino y dos asientos de madera. Sobre la mesa había algunos objetos de: cocina. E n el fondo veíase otra puerta. Mauricio llamó en ésta, como había llamado en laprimera. ¿Quiénes? -preguntó u n a voz débil. -El médico- -contestó Mauricio. -Entrad. v. Mauricio abrió con mano temblorosa y entró en un cuarto que ofrecía un notable contraste con la habitación que acababa de abandonar. Triste y lúgubre el uno, -alegre, radiante de luz el otro. Esto s e explica. X a ventana de la primera pieza daba á un patio estrecho y. sémejante á u n pozo. I, a de la segunda recibía la luz de la calle, ó mejor dicho del cíelo, porque enfrente sólo había jardines. Cubría las paredes un papel común, pero de bonito colorv. sembrado de flores encarnadas y azules. Adornaban la habitación litografías iluminadas representando asuntos piadosos, y cuadros que explicaban las aventuras de Matilde y Malek- Adel. a cómoda, la mesa y las sillas eran de nogal pulimentado, y tan brillante que parecía barnizado. El pavimento, pintado y cuidadosamente limpio, brillaba. E n la chimenea veíase u n acerico de conchas, y ramos de flores artificíales en dos vasos de antigua loza italiana, siñ: valórpara la obrera, y que hoy se pagarían á muy alto precio en un Hotel de Ventas. Entre los floreros había colocada u n a estatua de la Virgen, de escayola pintada. El lecho, de nogal como el resto de los muebles, estaba cubierto por largas cortinas de algodón, blancas como la nieve. 1 María Mónica estaba en el lecho, animado su rostro con la fiebre, suelto el negro cabello y esparcido sobre el almohadón blanco, -t a n bella, que Mauricio Chésnel quedó encantado. -Caballero, agradezco mucho vuestra visita; pero n o h a b í a llamado al m é dico. -1 0 sé, hija mía, y hacíais mal. ¿Cómo habéis sabido mi enfermedad? -rMe h a informado u n a persona qiae se Interesa mucho por. ycr, -í, á señora ¿Yes ella quien os envía? -La misma. -Pues b i e n caballero; pronto vaís á ver que la querida y buena señora s e alar- y -v. mes! -repitió t r i s t e m e n t e l a obrera. v. i