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V NUMERO 834 Á B C. LUNES ¡6 DE SEPTIEMBRE DE Í 907. OCHO PAGINAS, EDICIÓN i. PAGINA 6 ti 3 t 1 t v S f 4 LA PRIMERA ASCENSIÓN DEL GLOBO MILITAR DIRIGIBLE INGLES- MULLÍ SfcCUNDUS EN FARNBOROUGh (Ds The G. upbtc) cional se circunscribe solamente á los sucesos de gian tamaño, de heroicas proporciones? Sin duda que hubiese sido mejor haberles vencido a loS yanquis hace años, en alta mar, con buques valerosas y formidables, entonces el honor nacional habría quedado limpio, la Histona española tendría un nuevo timbre, grandes extensiones de tierra serían nuestras todavía, y el decaimiento en que ahora nos vemos se hubiese trocado en un gran vigor espiritual, en una fuerte eonñanza en nosotros mismos. Pero á estos términos de gran vencimiento, ¿cómo se llega? El vigor espiritual, la confianza en uno mismo, ¿cómo se adquieren ó recobran? No hay otro medio que el trabajo, que la constancia, que el deseo constante de llegar. Es decir, que así como un zapatero llega á su- blime zapatero por medio de la asidua labor! Muestras huertas estaban admirablemente lay de la ambición bien sostenida, también un bradas, pero las abandonamos, y nos hicimos pueblo llega á ser sublime pueblo poniendo pobres, nuestios telares daban algún dinero á en práctica aquellas virtudes De manera que Castilla, pero los rompimos y nos quedamos España, que fue un tiempo sublime zapatero muy pobres, nuestros marinos cruzaban los perdió su habilidad por negligencia, por olvido mares en todos los rumbos, pero perdimos el v por falta de amoi al oficio, y ahora necesita tiHo y apenas navegamos ahora; nuestros solrecobrar su habilidad, y el único modo de re- dados, cuando desembarcaion primeramente cobrarla es cultivando un riguroso aprendi- en Italia, fueron el pasmo de los suizos los zaje iranceses, los italianos, por su recia y hábil Aprendizaje de todo, tanto de Apolítica como táctica de combate, pero se nos olvidó luego de guerra, como de mar, como de labranza, ü oficio Aprendamos, pues, de nuevo aprender con tesón y humildad á labrar mejor Y para aprender bien es necesario un poco la tierra, á gobernarse mejor, á navegar con de estímulo; y nada hay que estimule tanto más inteligencia, a m a n e j a r el fusil con como el honor y el gusto de la victoria ¡Demás desenvoltura Eramos grandes oficiales, y jadles, pues, que enloquezcan un poco esos ahora necesitamos ser pacientes aprendices uxfhmen Que disparen cañonazos, como si acabara de ganarse un combate naval eltriun o del combate naval puede ocurrir luego como una lógica consecuencia de este triunfo inocente de ahora Porque los malinos no se improvisan, no se improvisa nada en el mundo: los marinos se hacen así, como por juego, y s afición y el culto á la mar van creando el há bito, la fuerza y la experiencia Ayer vencimos á los yanquis Inocente triunIO, mezquina revancha de una derrota tan feIOZ y tan pronto olvidada Pero todo es empezar Ojalá pudiéramos algún día apaiecér frente á las costas de aquellos hombres, y gritarles Henos aquí otra vez 3 a somos maes tros en navegar y en combatir J. M- feALAVERRIA BIBLIOTECA D E A B t 58 1 Como todo el mundo, el ex cirujano mayor había oído hablar de V virtud inquebrantable de María Mónica, y siempre que en presencia sin a se aludía á esta virtud movía la cabeza sonriendo- ¿Qué es eso? -le preguntaban- -Nada- -contestaba. -Entonces ¿por qué sonreís? -Porque me asaltan antiguos recuerde- ¿Pueden saberse -Sólo tienen interés para mí. -Pero ¿se relacionan con María Mónica esos recuerdos? -De ningún modo Como era natural, no se insistía, y el médico guardaba el secreto de su sonrisa. El hecho es que Mauricio Chesnel, materialista como Broussais y como lo son gran número de cirujanos que, á fuerza de registrar en el cuerpo humano sin tropezar nunca con el alma, acaban por dudar de todo, excepción he cha de los sentidos y de la acción; el hecho es, decimos, que Mauricio Chesnel no creía en la virtud de las mujeres en general, ni en la prudencia de las costureras en particular, y especialmente en la de María Mónica. -Esta joven es bella- -se decía, -notablemente bella, y goza de una gran reputación. ¿Qué prueba esto? Que es más hábil que las demás, ó qxie es hipócrita como pocas. Sí, sin duda alguna Para interesar su corazón es indispensable hacer grandes méritos, y esto es precisamente lo que no puedo hacer Mis ocupaciones y mi posición me prohiben constituirme en asiduo galanteador de una costarera. ¿Qué pensarían mis clientes si me viesen requerir de amores á María Mónica? Se reirían de mí, y tendrían razón para ello. ¡Y si esto fuera todo En las pequeñas ciudades la maledicencia está á la orden del día, y pronto me creerían un hombre inmoral ó un libertino. Xas tres cuartas partes de las puertas e cerrarían á mi paso y tendría que renunciar al matrimonio, que realizaré sin duda alguna, porque no hay familia respetable de las que visito que me niegue la mano de su hija, si yo se la pidiera No hay que pensar más en esta obrera. Estoy enamorado, pero eso ¿qué importa? No debe de sei mucho más difícil extirpar un amor todavía no muy arraigado, que cortar un brazo ó una pierna. Así discurría el médico, y su discurso demostraba hasta la evidencia que, si era cierto que conocía en sus menores detalles la organización del cuerpo humano, ignoraba en cambio la inicial en los místenos del amor El amor no se extirpa como un molar ó un incisivo, y los esfuerzos que se emplean para desterrarlo del corazón sólo sirven para hacerle más fuerte é indestructible Mauricio Chesnel notar ó mucho en adquirir esta verdad. El sentimiento que experimentaba por: MaríaMónica, y al. cual 110 había dado importancia en un principio, se transformó enbréve en una pasión completamente caracterizada, y el: médieo comprendió que necesitaba á toda costa interesar el corazón de la bella obrera, -Es pobre- -pensó; -no: resistirá á ofrecimientos tan brillantes com los 59 que yo la haga. La llave de oro abre todas las puertas: la de la virtud de María Mónica no estará cerrada más tiempo que las otras. Por otra paite, la hermosa niña procurará conservar íntegra su reputación, y yo deseo tanto como ella guardar el secreto. Así lo comprenderá y sabremos ocultar á las mira las más inteligentes el misterio de nuestra unión Resuelto á poner en práctica su plan, Mauricio Chesnel se decidió á hablar; pero antes era preciso evitar ciertas dificultades materiales. El médico no podía ir á casa de María Mónica sin dar pretexto á la maledicencia para hacer comentarios. ¿Cómo llegar hasta ella para explicaise y entenderse? Ya hemos dicho que Mauricio encontraba casi todos los días á la obrera en casa de sus clientes; pero estos encuentros duraban algunos segundos, y siempre ante testigos El médico buscaba en su imaginación, poco abundante en recursos de amor, alguno que resoh íera el problema, pero no daba con él y empezaba á desanimarse I, a casualidad vino en su ayuda de un modo inesperado- -Mi querido doctor- -le dijo un día la mujer de un consejero de la Prefectura, ¿habéis visto alguna vez en mi an tésala una obrera? Mauricio, que ígnoiaba la intención que envolvía la pregunta, DO pudo contener uu mo imiento de sorpresa. -No recuerdo- -contestó. -Parece imposible que no os hayáis fijado en ella; es una linda joven, de maneras distinguidas, hermosos ojos, negrofa cabellos y modesto poite María Mónica, en fin, la hermosa María Mónica, la persona más hornada de la tierra; todo el mundo la conoce en Vesoul. -Quizá peio yo no soy de Vesoul. ¿Y puedo sabei por Lqué me habláis de esa joven? -Porque está enferma. ¿Gravemente? -preguntó con inseguro acento. -Creo que no. ¿Qué enfermedad padece? -No puedo decíroslo Ayer debía venir á trabajar á mi casa, y Li esperamos en vano Esta mañana, convencida áe que ya no venía tamjjoco v conociendo lo exact 1 que es eu el cnmtA 1 tn. 1 s. nlo de sirpalabra, envié; á mi doncella á: sú casa y ha encontrado á! a joven en cama y con calentura. María Mónica combate su dolencia, según he. sabido, con fuertes dosis de no sé qué tisana que ella se ha prescrito, listo puede ser peligroso, ¿rio es verdad, ¿octorí -Muy peligros sí; señora, por ligera, que sea la iadisposición. -I ¿a obrera ha 1 dicho que se sentía bien, que. su indisposición erainsigñifi LA CASA DEL CRIMEN