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NUMERO 833 A B C. DOMINGO i5 DE SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAS. EDJC 1O N 1. PAGINA 3 fr í, ti. s fi. t 1 1 i 1 i j- ají A. 1 i J. í S 6 ííif: tí i LOS SUCESOS DE MARRUECOS. PREPARATIVOS DE LA ASCENSIÓN DEL GLOBO MILITAR sDÁR- EL ElDA EN EL CAMPAMENTO FRANCÉS DE CASABLANCA ot Rittwagen. he resignado el día que he visto que ama- Cuando Henriette, jala salida de un baile, jornaleros y tantas y tantas socaliñas como le bas á otro hombre. Entonces he reunido to- corre á casa de su amtote, y al tenderle los vaciaban el bolsillo, le compungían y le hacíaf: das mis fuerzas, toda mi voluntad para de- brazos se desliza y c e al suelo la soberbia huir á. todo correr hacia aquel su rinconcillo de campiña. jar de quererte. ¡Oh! Esto ha sido penoso y capa de terciopelo ajzul bordado en plata, la Allí vivía en paz y en gracia de Dios, sin HACUN SA V 1 E Cuando Francisco sólo gracias á mi carácter alegre he ido rea- que cubre su cuerpo la toilette que, apareció otros cuidados que los suyos propios, ¿eerr Desoíos, ingeniero de lizando esta labor sonriente, sin que tú mis- entoncesá la vista de los espectadores arran- ¿Saber? Teníase por abogado de secano y para, talento y hombre rico, se convence de que ma lo advirtieras. Es el privilegio que tene- có un murmullo. Porj espacio de diez minu- ello le bastaba su gramática parda, los dedos su mujer- -una linda coqueta- -no le quiere, mos los que reímos, que podemos sufrir por tos nadie hacía caso de l a escena, puestas para contar sin equivocarse, los ojos para ve: sufre horriblemente, porquela adora... Cuan- dentro, sin molestar: á nadie. Así ahora no: las miradas todas. en ¡aquellos: toles. y agre- lar como centinela p, or; su- sementera. do, más, tarde, descubre, que su esposa flirtea te encuentras. con un. marido furioso; ni. si- j manes JyU is. 2 VI. J ü aquel corzaje. dQ. pt ¡pobrecíca sementera! ¡Qué desmedrada; escon: él conde d Arvant -un. conquistador de quiera con un pobre diablo, siñp en presen- drería; que brillaba cómo las escamas de: un taba, aquel año! Mirándola sentado á la puersalón, -se- resigna porque Henriette no ha cía de; un- hombre sensato, leal y. resuelto, enorñie pescado. ¿Qué dijeron. los actores ta de su eubil, desañandóal sol, rodábanle por traspasado; los lírrütes dé. flirt, no ha llega- que te dice perfectamente- decidido, que! no; durante- í. aquellos diez minutos? Nadie lo las mejillas. dos lagrimones de desaliento que le escaldaban él rostro. do; á éonsum- ar lo irreparable... Y cuando, al. te quiere y que, se, propone pedir. el di- sabe; pero allí quedó ¡decidido el éxito... El año era. de prueba; no había caído en los final, del segundo acto sorprende el viaje: vorcio. r Y el triunfo de la I artista no fue menor. campos ni una- gota; que proyectan hacer Henriette- y el. conde, Pasadala indignación Henriette no, ocul- Teníais que haber oído á estas damas al salir por Semana Santa; el el sol hacía chirivitas j a polvo denso de la. carre en; eí, curso. del cual; ocurrirá fatalmente lo ta su alegría. ¿Es decir que podrá casarse detteatro, exclamar Entusiasmadas: tera, posado en los sembrados: acogotados, dá: bales una tonalidad gris de ruina... que aún no ha sucedido, entonces el marido con el conde? ¿No. tendrá que ocultarse para -Sorel, inmensa, ¿fehí ¡Qué, toilette! respira... ¡Porfin! Pero allá abajo, en los predios lindantes con amar al hombre elegido? Y ella también ¡JOSÉ JUAN CADENAS el arroyo que se perdía en la hondonada, esta- Porque desde el momento en que Fran- quiere ser generosa, quiere que Francisco París, Septiembre. bán los trigales que eran una- bendición; sus ciseo Déselos se entera de que su esposa no sea, feliz y le hace, saber que, Paulina, -una carrizos casi podían tapar á un hombre. Aquele quiere, hasta el día en que la ve dispuesta joven secretaria que el ingeniero tiéñe: á sus llo sí que era un cosechón. ¡Y no poderles roá olvidar sus deberes, cayendo en brazos de; órdenes, lé aína. Podría casarse con. ella. bar la vecindad del agua en provecho; de. su peusu amante, tiene tiempo, sobrado de matar ¡Quién sabe! tY. no llover! en su pecho el amor que por Henriette sen- Asíse proponen ambos: esposos rehacer N O POR MUCHO ¿Qué haría? Ign su magín bullíanle las ideas tía. Así, pues, cuando descubre la traición de nuevo el castillo de naipes de su felicimás estrambóticas; andaba desganado y corcoque contra él proyectan la mujer y. el hasta dad, emprendiendo nuevos rumbos... Chavado por la cavilación; apenas saboreaba MADRUGAR. hoyode aceite, cuando más se corría á mojar un entonces platónico amante, ni se enfurece cua tro sopas en el dornajo rebosante de salmorejo ni se indigna. ¿Para qué? Ya no quiere á su c u n s a m e Surge, no obstante, una diticulfrad. El conó á paladear unas migas que se le atraganta- mujer. cejijunto. caviloso, más cargado de ban como pedruscos. de no se aviene á cargar legítimamente- cbn v agoniosas preocupaciones que del peso de Por eso, tranquilo y sonriente, con alegría lo que se disponía á robará traición; más Se había quedado en los huesos y rara érala sana é ingenua, habla á Henriette de sus claro: no quiere por esposa á la que buscaba los años el. cuerpo, sierapre receloso y cada vez noche que conseguía pegar los ojos. más apegado á aquellob surcos de sus: pegujapropósitos. ¿Quiere partir? ¡Partirá! ¿Ama al para amante, fundándose en que sus creenPero el tío Joseíco no cejaba en sus trece de dé su conde? ¿Podrá irse con él? ¿Quiere ser libre? cias religiosas- -todos estos malvados son; res y á aquellas tapíaé resquebrajadas tío Jo- encontrar remedio al atraso de su sementera. cho il; cortijero; ¿tal éfafee que se era el L, o será completamente. Pero nada de rui- por regla general, muy temerosos de Dios, -séíco, el labrantín más podicioso y desconten- El no adivinaba cómo habría de hallarlo, mas de seguro toparía con el busilis, porque no era do ni de escándalo. Un sencillo divorcio lo le impiden desposará una mujer divorciada. tadizo de la vega. arreglará todo y se buscarán pruebas y- tes- El conde dArvant no se niega á dar una Dijéráseqiie era un piístico, viendo sus ojos cosa de estarse mano sobre mano, cuando por tigos que áélsólo perjudiquen á fin de que reparación al esposó ofendido, y, como es á todas las horas del día clavados en. el cielo; la sequía pertinaz de los dos años anteriores Henriette obtenga todas las ventajas. De todo un caballero, irá al terreno si. así se le. dijérase qtte era un avaro, ruin, un Juan- roñica, pesaba sobre él y sus cultivos un pacto á retro. Un día amaneció con el entrecejo (desarrugapor sus contilmas contarriñas, por el angustióeste modo ella podrá casarse con el conde exige. so clamor de sus ansias nunca satisfechas en do, la desdentada boca sonriente, los ojos coy ser feliz, puesto que le ama, y Déselos: re ¡Un duelo! Francisco Déselos ha penépocade la recolección. municativos y brillantes y carminosas las mecobrará su libertad siguiendo cada cual su sado en dar un final tan trágico no- sirdes- la Para el tío Joseíco todo él mundo se eace- jillas apergaminadas. Había soñado y en sueá rumbo en la vida, después de deshacer el y con razonamientos rraba; en aquella porción de terreno á que con- ños había dado con el intríngulis desuníala error que cometieron al unirse... CHacunventura matrimonial, al conde de que debe sagraba sus afanes y cariños, que verdeaba con ¡Cómo le iban á envidiar los otros labrantines! enérgicos convence sa vie... I, a Naturaleza era una perezosa empecatada casarse con Henriette. EV ingeniero es hom- destellos de esmeralda! en plena primavera y se dormía, había que Henriette se sorprende al escuchar á su bre que tiene tal fuerza de voluntad: que si que corno un tapiz de oró se tendía en los años y, cuandodespertara y se estirase. zarandearla Y eso haría prósperos ante sus ojillos grises, en que la ale- para que esposo. ¡Oh! No es posible que aquel hom- ha comenzado por convencerse así mismo de él. Pero el secreto, la revelación milagrosa, para bre que descubre que su mujer no le quiere que no quiere á su mujer, no es extraño que gría fosforecía un inátante y la pesadumbre él sólito. Fuera insensatez descubrirlo á nadie. como pico y que se dispone á arrojarse en los brazos convenza al conde también para que cargue ahondaba las varadasdé minero. Dicho y hecho. Diligente, se echó fuera de Sólo en de San Juan y San Midel otro, sea sincero en sus propósitos. ¡El, con ella. uel asomaba por el pueblo y sentíase como su choza con honores de casa, se inclinó con que había jurado matar á su esposa si la creY así termina la comedia. Henriette será era acorralada y presa entre los barrotes de ardimientos juveniles, sobre los surcos, que parecían sembrados reyese perjura un día! i la condesa d Arvant; Paulina, la joyén se- unajaula. el trato; con las gentes derro- más y comenzó la faena, de alpiste que de trigó, de punta punta, Indignábale Sin embargo, Henriette se convence al cretaria, será ta señora de Déselos... Y vueldoblando sus energías con la esperanza del ña y su indignación entonces no tiene lí- ta, á rehacerse todo: hogar, afección, amor... chonas de la villa, y. laj dicha ajena le agriaba éxito. el ánimo de ver cómo j aquellos vagos señorimite, porque ella había hecho las cosas con ¡Chacum savic! tingos, que en su vid i habían empuñado la Con cierto minio que 1 0 remataba la prisa, 1 sigilo, cubriendo las formas, bien persuadiazada ni el arado, se codeaban con él y le mi- sin agobios de cansancio, fue tirando délos da del dolor que causaría á su esposo si la tallos uno por uno, sacando las raíces casi á I acomedía de Guidies y Gheussi básase raban con aires de superioridad en el casinillo, flor de tierra, para dejar los trigos á la altura descubría... ¡Y he aquí que su esposólo saen qué sus pulmones s asfixiaban. bía, la espiaba sin ella advertirlo... y no le en el socorrido tema del divorcio. No No tenía hogar, no había creado familia, no que codiciaba el deseo. importaba! ¿Tampoco valía ella que no me- tiene, pues, interés para nuestros traduc- la deseaba. Todos los amores que podía sentir- -No puedo más; al fin acabé- -rugió, con. su alma, seca eomo los espartos de la sierra, los gestionado él rostro y enrojecida la mirada, al recía un poco de sufrimiento? ¡Aquel hom- tores. Decidieron el éxito de la obra. estrenada había puesto en aquella tierra de pan llevar, caer la noche. bre era un monstruo! Y se desplomó delante de su choza como heanoche en la Comedia Francesa la escena que bien pudiera ser suya por lbs sudores que- -No- -la dice Francisco dulcemente. -t rido por un rayo. Iva fatiga le ahogaba y aca ¡en que Fraticisco descubre á, su le había costado. Yo te he querido y he sufrido mucho. He ¡Justificada al pueblo. bó por rendirle. En tantas koras no había pafucilado cuanto rne ha sido posible por vol- mujer... y: una elegantísima toilette qué vestía A. quelló no eraestabaélsu aversión sacadinero: rado un instante. Todo lo quiso hacer en un para iaás; que un Cecilia Sorel ver á ganar tu cariño, por no perderte, y me la renta, la contribución, los Censamos, las día y apenas había suspendido el trajín para DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL c A B C EN PARÍS f igualas del matasanos; las exigencias de los