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NUMERO 828 A- B MARTES. S O S É S E P T l M i l E- D E OCHÓ PAGINAS. EDICIÓN i, PAG 3 NA 6 LAS -PRA- CTJ CAS H GRUPO DE JEFES Y OFICIALES QUE ASISTEN A LOS EJERCICIOS OBSERVANDO EL TIRO CON EL ANTEOJO DE BATERÍA OBSERVACIÓN DE LAS. PIEZAS DESPUÉS DEL FUEGO Fots. Goñi. PIEZAS DEL 4. LIGERO HACIENDO FUEGO CON GONIÓMETRO- V- i EN ULTIMO TERMINO EL CASI TAN DE LA BATERÍA EN LA ESCALERA DE OBSERVACIÓN cajoso, y luego. son. olvidadas y casi ménospréciadas, pbr la opulenta pareja... la mujer, ohsr cara, amahtísitna, que une su suerte á la áejtri hombre ambicioso, y se vé p ostér- gsda, -de intento, cuando éste luce en sociedad triunfante y admirado; lá anciana sirviente: qué cría, educa y hasta alimenta á- los hijos de sus amos y consume. el tesoro. de- sus años de juventud y sus mezquinos ahorros para que. los niños sean felices, y cuando parecen Serlo la dejan morir énim hospital; todas esásHistoriassémi- nove: leseas por lo conmovédpras, preñadas dé amarguísimas enseñanzas, ponen de relieve eL inmenso número dé jnadricitas, desconocidasy admirables. de la. prostitución, en. la mujer, admiten en éílaycbmó en el niño, tendencias naturales á la inmoralidad, y han dadoá luz. ía palabra in a íálémo coñia casi pretendenponercle relieyé: Ib delincuescente, voluble, irritable del carácter íéméñínorüspguran qué lá mujer es inferior jal hombreen Jo que respecta al desarrollo sentimental y que la función materna perjudica al desarrollo intelectual: Con todo el respeto que me merecen estos ilustres amigos, no puedo compartir, su modo de pensar. Y gracias que consideran la Criminalidad, nativa, menos, frecuente en la mujer que en el hombre, inclinándose aquélla con mayor frecuencia á la; prostitución qti al c t o s famosos criminalistas; Lc; nbf v Ferrero al hacer sus estudios acerca del delito y los qué lá llevan por el primer tenebroso ca- tos inoportunos; pero, sobre todo, en mírai mino deesa profesión anormal que, cómo dice bien la moneda de afecto con que nos brindan, Richard, tiene su escuela, sus grados inferio- pensando qué vale más una de cobre legítüBia res y su aristocracia; profesión que, él. Estado queptr a de: orosfals tietie la villanía de reconocer, por una regla Por intuición las, verdaderas mááréciíás, mentáéión siempre odiosa, y hasta en susahorradoras y económicas casi todas; saben abismos y: encrucij adás hallarás también ma- distinguir perfectamente las monedillaé. ÍDibs drecitas (yola. s. he yisto) tan accesibles a la. pie- te libre de estimar pecaminosa una pasión dad y al sacrificio como la inmortal ífenV crea- honrada y sincera, semejante á las que indida por nuestro Galdós. qué. Ésos fríos de colazón que tanto abundan ¡Ay, Pepe, yó quisiera. que. pensaras despa- suelen compadecer á quienes las sienten, con cio en- éstas cosas, qué contribuirán á qué seas el gesto egoísta de quien, envuelto én p iéíés y aterido por dentro, contempla á los pobres desmás hombre, mas digno, más cabal! Repara qué. lá modestia yerdadera, lo mismo, abrigados, pisando valientemente la nieve; A muy pocos se les. ocurre darles abrigo én: el hombre que. én lá mujer, ho- éstriba en pan y cariño. Hazlo tú. rimen. tiájar los; ojos y hablar quedo y ...espantarse de Medita un momento acerca dé quiénes son todo, sino. en saber sentir hondo sin. aspavienEL DR. FAUSTO 33 dar rápidas vueltas alrededor dpi banco en. que estaba sentado, el viajero, como si quisiera llamar la atención de éste con sus repetidas cabriolas y- ladridos provocadores. El joven no salió de su abstracción. Contrariada, sin duda, la galguita, es- trecho el círculo donde giraba, multiplicó los movimientos y ¿por último, colocó entre las piernas del viajero su hermosa cabeza. El joven era. aficionado á los perros. Recibió con agrado la prueba de simpatía que acababa de darle la gal guita blanca, y olvidando su interrumpido monólogo, aparició al encantador ani iñal, cuya alegría se manifestó por una nueva serié de saltos. i- ¡Qué preciosa! dijo él; desconocido, acariciando de nuevo á la galguita. ¿Te has perdido y deseas tomarme por amo? Si es así, haz que yo lo comprenda y no tendré inconveniente, en llevarte conmigo. V Ignoramos cuál hubiera sido la respuesta. de la gal- BIBLIOTECA D E A B C guita e n lós tiémp os. eá. v w C LA CASA DE! CRIMEN 3 a üa galguita empezó ae nuevo sus vueltas y sus cabriolas; que Interrumpía de vez en cuando para colocar su. cabeza sobre las rodillas del viajero. Por segunda vez, y ya más próxima, se oyó la w z que decía: Gibby. J. ¡Eh, Gibby. ¡Aquí... aquí pronto! ¡Vamos... Gibby- -oi- io el- viajero, -obedece La galguita movió la cabeza; parecía decir: -No: la obediencia no es mi virtud principal El viajero Ib comprendió así y sonrió ¡Yálo veo! Oyóse un tercer llatnamiento. Gibby se refugió entre las piernas del joven, de quien no parecía dispuesta á separarse. ¡Diantre! ¡Este animal es insufrible! -exclamó el hombre que por tres veces había llamado á la galguita. -Será preciso castigarla, con energía, Margarita. Sólo así podremos evitar sus correrías. Otra voz, de mujer ó de niña, pronunció algunas palabras, que el viajero no oyó clarámentel A corta distancia vio, en la penumbra producida por el crepúsculo y por la espesura, dos personas que se dirigían hacia él. ¡Yá! dijo. -Solo falta ahora que estas gentes me tomen por ladrón de la galguita, suposición poco agradable. ¡Caballero! -añadió en voz alta. -Si el animal que buscáis és una perrita blanca, preciosa, con un collar, rojo, está sobre mis rodillas, de donde nó parecéquerer Separarse. ¡Gracias, caballero! -contestó el hombre. -Pronto dejará de molestaros ése picaro. animal... ¡Ah bribona! ¡Gíbpy... ¡Gibby- -dijo, la mujer con dulzura iiif Este nuevo llamamiento venció la resistencia de la galguita. Abandonó de un salto el asilo que había buscado y corrió al encuentro de ios recién venidos. que hablaban. lbs. animal. es (tpmo. dice lia Eóntaihe) indudáble. tnente; húbie- ra dicho: v f L r, -Niniehe perdido, ni me he: extraviado. Vivo en iuna, buena. casadonde me cuidan y mequieren como merezco, 1 y no es poco decir; -si me he ácereacio á ti, joven, desconocido, ha sido sencillamente porque me agradas mticho y te lo demuestro á mi manera. Acábabael joven de formular su pregunta, cuando. se oyó una voz varonil é imperiosa que decía: ¡Gibby. J. GibbS v v a galguitá oyó, como el viajeío, él llamamiento, perorioreveió intención; i t- acercarse á su dueño, que la llamaba. ¡Hola! -dijo el viajero. ¿Nos llamamos 2i5 amiga mía? I, á galguita contestó dando un salto rápido y significativo. ¿y por lo visto no estás dispuesta é volver hoy. á casa? -continuó el joven. ¡Pícara! -dijo el amo blandiendo, el bastón. ¿Por qué no obedeces -T- Os suplico que no la peguéis- -murmuró la joven con tono de súplica. 1 P. ero- Gib y estaba, ya fuera de todo peligro. Alver levantado él palo sobre su cuerpo, en tres saltos se puso bajóla salYaguárdia, deljbvéh. Este la. cogió, se levantó y se dirigió hacia losdueños. de la galguita. -Permitidme, caballero- -dijOj- -que interceda en favor de este pobre animal. No le castiguéis: por haber cedido al sentimiento. de simpatía que, involuntariamente lé he inspirado. Tengo, él gusto de dejarla en ruanos dé estaseñorita, y estoy seguro de que, una vez en ellas, no intentará la fuga, -Margarita os agradécela atención- -dijo el caballero; -y puesto que habéis mostrado interés por la culpable, la perdono por esta vez, pero que se guarde de volver álae andadaSi Y dirigiéndose á la. joven, añadió: -Biferentes yeces os he advertido, Margarita, que no salieseis con Gibby sin. llevarla sujeta por el cordón. Sabéis, cbmoyo, que es insoportable. -Solo olvidaré- -niuruiuro la llamada Margarita, que se había ruborizado al escuchar la palabra señorita pronunciada por el viajero. El hombre délbastón era un anciano, cuyo aspecto, sin seí precisamente distinguido, no tenía nada de vulgar.