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NUMERO- 8.27 A B C L U N E S 9 DE SEPTIEMBRE DE 1907. -OCHO PÁGINAS... EDIOON i.5. PAG! NA 6 i; 1. i v n- -i. t t i FIESTAS DEPORTIVAS EN SAN SEBASTIAN. EL CONCURSO INTERNACIONAL DE LAWN TENNIS EN EL CAMPO DE- ATEGQRR 1 ETA muy acordes, en una carrera imaginativa á través del siglo del Renacimiento; y exhumamos las figuras de Isabel I, la fuerte y 4 a castiza castellana; de Carlos V, el que dio rumbo extranjero á España; de Juana laLoca, esa misteriosa mujer que vivió cincuenta años escondida, y que murió de una manera tan original, y los Comuneros, y el obispo Ocafia, una especié de methzquiano con báculo y espada... -Y cuando dé usted de mano á este trabajo, ¿descansará usted? ¿Es verdad que ha cerrado usted la serie de los Episodios... ¿No sería mejor que continuase, que se metiese en el último tercio del siglo pasado, que es tan interesante y novelesco? -Por lo mismo que lo es, pienso, efectivamente, continuar. Pero ahora me propongo envolver más en la novela á la historia, por lo mismo que esa historia está tan cercana á nosotros: se, entiende, sin embargo, que la parte novelesca no atañerá al fondo de los hechos, sino más bien á los accidentes y á las personas. -Prim... -A Prim le tengo muchas ganas. Quiero Fot. Irigoyerij de anhelo y de inquietud nacional... ¡Aquella muerte del hombre que acaso hubiese dado un rumbo completamente distinto á España 1 1- -Sí, quiero contar, novelar todo eso. Y también las otras figúrasela de Amadeo principalimente. Y el proceso de la segunda guerra civil... Pero en este momento llegó una niña al gabinete. a- ¡Benito... contar su muerte trágica, aquellos momentos lias campestres, besó á Galdós, me besó á mí 5 se puso á enredar en unos libros. -Es una niña de la casa de aquí al lado. Suele venir á revolver esto. ¡Una gran amiguita! Y la niña, companera inocente del gran novelista, tuvo la culpa de que las personas del Renacimiento, Prim y los facciosos, todos vol 1 vieran á ocultarse en su casillero de la Historia... J. M. aSALAVERRIA Entró, metiendo en la casa un olor á fioieci LA CASA DEL CRIMEN 35 polvo á las botas de cnarol. Después se dirigió á la Administración de las di ligéncias dé ¡Laffite y Caillard. ¿A qué hora pasapor Vesoul el coche que va áParísí c- -A las once de la noche El viajero no pudo contener un agesto de desagrado. UN AMOR EN PROVINCIAS La idea de seis- horas de esperaen la. Administración de diligencias de un pueblo representaba una: perspectiva poco agradable; pero como el mal no tenía remedio, era precisó resignarse. El viajero se dirigió al administrador. -Desearía- -le dijo- -un asiento de cupé para París. f- -lío puedo complacer á usted, caballero. ¿Porqué? 1 O e realizaron los hechos que vamos á referir en el año de 1851, época en cuu no había ferrocarril de Mulhouse á París, por lo cual dos empresas, la de Mensajerías Laffite y la de la calle de Nuestra Señora de las Victorias, se disputaban los viajeros. Había además las sillas- correos y varias empresas particulares que hacían el servicio entre poblaciones más ó menos importantes. Cabeza de partido del departamento del Alto- Saona, Vesoul está situado en la dirección de la Alsacia y Suiza, próximo á las aguas termales de Plombieres y de Luxeuil. En aquella época, y principalmente durante los meses de Junio, Julio y Agosto, era centro de extraordinario movimiento y además punto de partida ide todas las diligencias, y sus dos fondas, La Magdalena y La Cigüeña, no bastaban á contener los viajeros. La diligencia que había salido de Plombieres uno de los primeros días del mes de Septiembre de 1851, entraba en el pueblo, que recorría en parte hasta llegar á la Administración. Eran las cinco de la tarde, y el coche debía detenerse en Vesoul una hora antes de emprender de nuevo la mareha hacia Besancon. Los mozos de las dos fondas ya citadas se acercaron á las portezuelas, las abrieron y repitieron las frases de rigor en tales circunstancias: ¿Hay que llevar algún equipaje á la fonda de La Magdalena? ¿Hay que llevar algún baúl á la fonda de La Cigüeña? Un joven moreno y de elevada estatura que iba en el cupé, contestó. -Ni á una ni á otra. Luego, acercándose al conductor, le dijo: -Dad orden- de que lleven mi equipaje á la Administración de las diligencias que vayan antes á París. -Entonces, á la de Laffite y Caillard- -respondió el conductor, -que s í Porque el coche sale de Mulhouse, y es posible que estén tomados los asientos desde el punto de partida. ¿Y; si- él coche- viene CompletamenteH e n o? i -Entonces los viajeros de Vesoul tendrán que esperar á mañana para ir: á Parí? ¿Pero creéis- -7 preguntó el joyen- 7- que me veré obligado á suspender ini salida hasta mañana? ¡ííombre po Dios! Prometedme que habrá asiento... -Tranquilizaos, caballero- -dijo el empiea do. -Creo poder aseguraros que, bueno ó malo, tendréis asiento... Es muy raro que el coche llegue aquí completamente lleno. Algo más tranquilo con esta promesa, el caballero salió de la Administración y se dirigió a l a fonda de la Magdalena. El toque de la cánroana anunciaba á los viajeros que era la hora de al mor? ar. -las- primeras. 1 ¿Dista mucho de aquí la Administración? -U n o s v e i n t e pasos. El joven encendió un cigarro, vio descargar su equipaje, y consiguió iiorarse, merced á unos cuantos sueldos, de una nube de aiendigos desharrapados y hambrientos que le asediaban bajo pretexto de limpiarle, cuitando el Mientras nuestro desconocido logra satistacer las exigencias de su estómago, nos ocuparemos en dibujar ligeramente su figura. Siendo el protagonista de nuestra historia, tiene indiscutible derecho á esta prerrogativa. Era alto y moreno, de andar airoso y de noble- porte. Sus facciones, eran finas y regulares, niuy expresivas y de extremada movilidad, participando á la vez del tipo francés y del carácter italiano. La expresión, la mirada y la sonrisa eran francesas. La belleza de las- liu eas. de la nariz, el negro azulado de su cabello y barba y la finura de su color, recordaban el tipo tránstibermo en su mayor pureza; La mirada era franca y. simpática, y se convertía sin esfuerzo en apasionada. Nuestro héroe podía ser artista ó hidalgo. Quiza ambas cosas á la vez. Era su. traje de elegante sencillez, notable por el esmero en los detalles; La americana, chaleco y pantalón eran de una tela ligera de cuadros blancos y negros La camisa, de cuello bajo, ocultaba en parte la estrecha corbata de seda- anu-