Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NUMERO 826 A B C. DOMINGO 8 D. E SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PAGINAR EDIClfW. PAGINÉ ó LQSSUCESOS DE MARRUECOS. EL EX GOBERNADOR DE CASABLANCA SIDI BU- BECKER (X) PRISIONERO A BORDO DEL TRANSPORTE FRANCÉS JSHAMROCH Fot. Photo Nouvelles. gríal el tónico más poderoso; de ías energías da grandeza. No nos cansamos de contem- nas de Italia, que tan brillantes éxitos pro- Patria. ¡Quiero creer, necesito esperar! Hará un plar esa inmensidad de agua surcada por toda porcionan. Olvidar estas playas hermosas de año reflejé en estas mismas columnas mis imn e r v i o s a s No se ue ti neft esté cielo y este mar que clase de embarcaciones. Nos estaríamos mi- clima incomparable, tan adecuadas para reali- presiones de viaje por Sanatorios y otros cen zar fines higiénicos y regeneradores, es un cri- tros de protección infantil. Ahora debo permaq t p ¿0 é g TSq í- ii- ái t iblep ¿rÍ 0 áD; éé -sctótóettlegan rando el firmamento. necer junto á las ebras emprendidas, qué nbs las; criaturitás- enfermizas, tristes y acongojaDe aquí tomaron rumbo las carabelas para men de lesa humanidad. das por. el dolor, con sus rostios d: é viejécfllos descubrir América; aquí han tomado tierra loa Yo vine con propósito de acudir más tarde permitirán alojar, dentro de poco más enfermiprematuros, y á los; pocos días sus ojuelos bri- primeros campamentos de la salud. al Congreso de Bruselas y acaso al de Berlín. tos; quiero- que se terminen y espero consellan, ríen, gritan, corren, y cantan. Tan feliz ensayo debe repetirse y multipli- Tengo sobre la mesa las invitaciones del go- guirlo. La alegre corneta del campamento me ordeVenimos los demás abrumados por los des- carse; su indudable éxito constituye para mí bernador de Brabante, del presidente del Conengaños y las- penas, insomnes; y dispépsicos, una satisfacción inmensa y bendigo á esas bue- greso y de otras distinguidas personalidades na continuar la campaña de tantos años; los devorados por una angustia secreta inexplica- nas almas que se han interesado por los niños para asistir á Raouts y Garden Pdrty. Gran. ho- gritos jubilosos de los niños me; lo mandan nor, sería para, mí él estrechar las. inanos de ¡Gentes felices, hombres buenos, personas olble que, ríos, amarga la existencia, y en breve d e l a s e s c u e l a s tiempo sentimos una tranquilidad interior, Estos campamentos deben convertirse en eminentes colegas, defender con entusiasmo las vidadizas ó indiferentes, ayudadnos todos en una paz, un contento, una beatitud orgánica nuevas- ciudades de Santa Fe, semejantes a l a conclusiones enviadas, ver cosas nuevas, gran- nombre de España, por amor á los niños, poj t que nos conforta y rejuvenece. que creó junto á Granada Isabel la Católica. des y bellas, gozar de espectáculos cultos y de el amor de Dios! De día, la brisa constante refresca nuestro Es doloroso que teniendo Madrid una Sierra cuadros grandiosos; pero no voy, decididamenMAKUEL DE TOLOSA LATOUR. rostro, que se cm Le y tuesta á la luz solar. De tan sana y hermosa, no se hayan organizado te, me quedo. Acaso sentiría hondo desmayo al noche, el cielo se muestra en toda su espléndi- colonias de montaña semejantes á las alpi- observar los progresos realizados fuera de mi Chipiona, Septiembre, J 907. BIBLIOTECA DE A B C 30 LA CASA DEL CRJMEN 33 se propuso ridiculizarlos en su Don Quijote, v sin embargo, Don Quijote es un Joco sublime, pero no una figura grotesca. -Todo eso es bueno para dicho y para publicado, pero no prueba nada. -Tanto mejor, porque yo no lo pretendo. Me mueve un sentimiento y no un cálculo. llamad como gustéis á este sentimiento. I lamadle curiosidad; no por eso desistiré de mi empeño. He inventado con frecuencia conclusiones de novelas y desenlaces de dramas, y así- encuentro fácil llegar hasta el fín de esta tragedia representada sin bastidores y sin apuntador, y de- la cual conocemos el epílogo sangriento. Siquiera una vez en mi vida habré sido descubridor de un drama real y positivo. -Haced lo que gustéis y prometedme que me daréis cuenta de vuestros descubrimientos. -Con sumo gusto. Nos separamos, llegados á París, después de estrecharnos las manos Al día siguiente volví á Maisons- I afñte. Entré solo en el chalet de las Lilas, cuyas llaves me había entregado la víspera Domingo. Contemplé de nuevo, y durante largo tiempo con religioso respeto el retrato de Margarita. Esta contemplación excito más el vivo deseo que me animaba de llegar al descubrimiento de la verdad. Por otra parte, mi excursión matinal tenía un objeto determinado. Con un cortaplumas muy afilado, que llevé de intento, corté un pedazo de lienzo que contenía un ramo de margaritas. Guardé el retazo en el portamonedas y regresé á París en el acto. Había yo oído hablar con mucha frecuencia de un almacén de la calle Vivienne, cuya especialidad era de tejidos antiguos y modernos. Entregué á uno de los más inteligentes y activos empleados del establecimiento el pedazo de tela persa y le recomendé que procurara averiguar su. procedencia. Aceptó el encargo y se obligó á contestarme en un plazo de dos días. Cumplió su promesa. El día convenido, mi criado lo hizo entrar en mi despacho. -Caballejo- -me dijo, -malas noticias os traigo: la tela persa cuya muestra tengo, ha sido encargada con un dibujo ad hoc. Se han hecho unos cuantos metros, que fueron entregados á la persona misma que facilitó el dibujo, hace ya- cinco años. Hoy día no hay en París ni un centímetro, aun cuando pagarais por él 2.000 francos; pero de aquí á cuatro ó cinco semanas se os podría fabricar una tela exactamente igual. El empleado consideraba como un fracaso lo que era para mí un resultado magnífico, inesperado, sorprendente. Esta noticia simplificaba mucho mis gestiones, que indudablemente iban á conducirme á algún descubrimiento importante. ¿De modo- -pregunté- -que este tejido ha sido reconocido por el fabricante que lo ha proporcionado? -Sí, señor. ¿Cómo se llama el fabricante? -Aquí tenéis sus señas. Y el comisionista sacó de su cartera una tarjeta, que me entregó. Una hora después- éntraba- yo en la tienda. X e l fabricante respondió á mis preguntas con suma afabilidad. íf- Se compulsaron los. libros, y de su examen resultó que la tela persa ñanía sido pedida por D. Enrique Varner, y remitida á su casa, calle de Pro vence, núm. 9, en una época que concordaba con la de la llegada del matrimonio á Maisons- Laffite. No me había engañado: tenia en mis manos ei hilo conductor. Me dirigí apresuradamente al núm. 9 de la calle de Provence y pregunté á los porteros si habían conocido á Enrique Varner. Hacía cuatro años que estaban en la casa é ignoraban cuanto había pasado antes dé aquel tiempo Tampoco sabían el nombre de los porteros á quienes habían reemplazado.