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NUMERO- A n C. DOMINGO- 8- DE SEPTIEMBRE T 9 o 7 OCHO PAGINA EDICIÓN i. PAGINA 3 i- Í r- r, Sft i? Uí UN PUEBLO DESTRUIDO POR LAS TORMENTAS. ASPECTO DE UNA DE LAS CALLES DE UTJEL, DONDE SE HAN DERRUMBADO NUMEROSAS CASAS INUNDADAS POR LA LLUVIA TORRENCIAL, Y HAN QUEDADO SJN ALBERGUE DOSCIENTOS VECINOS Fot. Garrido. ¡Cuánta insubstancialidad en esas pobres gentes! A continuación habla de las muchas cosas que él aborrece, él, inteligencia adusta, homODO EXTRAÑO D E Si yo le dijese bre austero, raza de vasco, enconado aún más al lector q u e VER LAS REGATAS había ido á Las por la sobria contextura de Castilla, en donde vive. Habla de su aversión á Francia, á San Arenas con Unamuno, y. que había ido con el Sebastián, y á Madrid- -ese Madrid impuro, único ojgeto, de. verlas regatas de balandros, adonde nunca volverá... -Habla después de un el lector tendría harto derecho á reírse. Pero, e l m a r en fin, ríanse cuanto. quieran, el. caso es decir- -Pues á mí- -replico yo, -á mí és úha dé lá próbable viáje á América, Colombia, Venezuela, toda la parte central americana le merece siempre la verdad; y l a verdad ha sido que cosas que más simpatía me merece. Uhámunó y yo hemos visto las regatas, igual- -Elmar- -añade Unamuno- -es igual que la simpatía, por el puro. espáñoliámo de su vida y que pudieran v e r l a s dos recalci- música: inconcreto, vago, sugeridor; de senti- de su literatura; también lé interesan los chilenos, que vienen á ser los ¡vizcaitarras de trantes. i mientos- de renuncia. Hemos ido por el río abajo, sentados en un- -Pues con todo eso- -agregó yo- -el mar tie- i A m é r i c a modestotranvía. que- andadespacio y se para ne para mí no sé qué honda significación de Y luego. nos hiindimos en largas consideraá cada punto, en lugar de usar el. ferrocarril. ensueño y de nostalgia. Será acaso porque ciones, sociales, filosóficas, religiosas. Y, claro Así tardaretnos más tiempo dice Unamuno, siempre he vivido cerda del mar, porque he es, naientrás más nps hundimos en nuestras requién trae, sin duda, de Salamanca cierto odio nacido en su mismo borde; yo nací en un faro... flexipnés ultra- actúales, más nos vamos olvi- á la, velocidad de locomotoras, automóviles y ¿Ve. usted aquel promontorio desolado, agres- dando, de los balandrós. y de, la animada fiesta te, que avanza hacia lámar? Paes aqiíel esutjo náutica. Hasta qué, nos encontramos otra vez demás zarandajas. El caso es ir despacio y. lejos añade en se- de los paisajes que más me enamoran: soledad ien el tranvía, dé vuelta; aBíltab. Y así resulta guida, y yo asiento de todo corazón. Y una de tierra junto á soledad de Océano. Hundir- que vine yo á ver. las regatasy me he quedado vez que estamos acordes sobre este primer mo- se en la inconsciencia del pensatnientó, aban- isin apenas verlas. tivo, Unamuno y yo nos entregamos á ese gra- donarse al ensueño, olvidar la vida de los fé- Pero, en fin, á la, postre todoj es lo mismo. to placer de la conversación que tanto amaban nómenos y de los hombres... Muchas regatas dé balandros! me quedan aún los buenos filósofos de 1 Grecia, peripatéticos y- ¡NQ, -no! -exclama Unamitno vivamente; -por delante, mienteas que los Unamuno que, dialogúistas casi todos ellos. Eso es renunciar á la lucha, y la lticha es nues- me quedan por ver, seguramente que no; son Bl río se. Sucede ante nuestros ojos con sus tra vida. Yo quiero luchar siempre, luchar en muchos. Yál ohe: sac ¿do de original, es á. sacien pormenores: un vapor que smbe la corrien- todos los casos, y- sobre todo en la busca del bér: quelünainuno empieza á engordar. Si conte, un taller de herrería, un trozo de huerta, alimento espiritual. Yo quiero ser cómo el filó- tinuase engordando, ¡qjiién ¡sabe! es posible. una fábrica, un pueblo. Mientras Unamuno ha- sofo qme prefería estar buscando á su Dios entonces qué. aquel pendenciero, inquieto, torbla, puedo yo advertir que este padre dé la eternamente, sin acabar nunca de encontrarlo, nadizo y nebuloso Unámuno, se trocaría en inquietud española está acaso en un momento mejor ¡que alcanzarla verdad irrebatible de la otro Unámuno más ponderado, más transigencrítico de su vida. I, e encuentro más calmado, existencia de su Dios... Luchar, siempre lu- te y más sereno, y entonces es cuando su espíyitn f ai a ría, en la obra máxima y definitiva- -menos nervioso, con cierta laxitud de la vo- char. iuntad. Ya no se entretiene, como en otro tiem- -Sin embargo, sin embargo... ¿Tal vez no esa oDra que todos venimos anhelando. po, en lanzar sin ton ni son grandes paradojas; será todo un efecto materialista en lugar de J. M. a SALAVERR 1 A hasta creo que el tono de su voz es más hu- espiritualista? ¿Tal vez no dependerá todo más mano, menos irritable; y observo también que qiie de. simples y humildes efectos fisiológicos? el contacto de sus pensamientos no producen Si usted demanda la lucha, ¿acaso no será por- OOPLAS DEL DOMINGO. aquella sacudida: de sorpresaó de indignación... qué su cuerpo es robusto, y la sobra de salud En una palabra, creo que Unamuno y a no exige: sobra de ¡lucha para atemperar las ener- E N LA VIRGEN DEL PUERTO siente, tantos deseos de epatar. El, mismo Un- a- gías corporales? En cambio yo, esclavo de mis ¡Jl cuarto la raja, munia advierte el cambio, puesto que me dice nervios miserables, miro con ansia aquel proni sube ni baja! sonriendo: montorio y aquella conjunta soledad de tierra- ¡A cala los doy, á. cala! -No hago nada, no leo nada. Gomo estoy y de Océano, en donde quisiera sumirme, como ¡Melones, el melonero! descansando, no tengo tiempo para trabajar... en una gran ola de ensueño contemplativo... ¡Muchachas, que se va el tío! ¡Hum, ya asomó la oreja! Duermo mucho, pa- -El mar es como la música- -añade Unamu ¡Quién los quiere, que los quemo! seo mucho y engordo; he aumentado cinco ki- no tercamente. -Los ingleses no son músicos, ¡Vaya un melón, señorita! los de peso y esto empieza á alarmarme. y por eso tienen los mayores poetas líricos del ¡Vaya un melón, caballero! ¿Pero no lee usted nada? ¿Ni siquiera pe- mundo. ¡Ya quisieran más de cuatro N riódicos? -Pero los alemanes... diputados ser tan güenos! -Nada... ¿Qué? Miste qué melón, señora, ¿No lee usted tampoco á Maeztu, que le- -Los alemanes son músicos, poetas y filótómelo por gusto á peso; e s t á a t a c a n d o e nl a Correspondencia? sofos, todo á lá vez. Por donde resulta que es almíbar, no. lo huela, -Tampoco; no sé lo que dice Maeztu. Yo le todas las afirmaciones cerradas, en este bajo que es de chúpate los dedos; conozco mucho á Maeztu... mundo dé lo relativo, son atrevidas y se escano lo hay mejor pa la bilis, -También, también le conozco ye... pan, ala realidad. ni pa Jos cortos de genio; Pero hemos llegado ya al puente colgante, y Un súbito cañonazo, rompe, la calma de la la niña que no tie navio ana ráfaga marina nos da en el rostro. Delante bahía. Los balandritos se estremecen y colo come y la salen ciento; de nosotros está Portugalete, engalanado con mienzan á correr y dar vueltas, como corceles es gloria pura, señores, banderas, colgaduras y farolillos de colores. de pura sangre que presienten la lucha. Uno pa los sustos es muy güeno; Los palacetes de las Arenas están asimismo de ellos, especialmente, se tumba sobre la bor ¡son procedentes de ttn saldo engalanados, y en fin, la Naturaleza ha puesto da de tal modo, levanta la proa con tal arropor cesación de comercio! también sus galas al servicio del Rey: brisa gancia, que parece quiere devorar el espacio y ¡Que se ha vuelto loco el tío; suave, mar tranquila, cielo dulce y ligeramen- saltar hasta el mismo horizonte. iQue lindo, quién los compra, que los vendol! te entrevelado. Los balandros se preparan á qué alegre todo eso... ¡Dulcíñcos refrescantes, correr la regata, dando previas bordadas por Y vuelve á decir Unamuno: y, qué h acen el pie pequeño A B C EN BILBAO la bahía. Suena un grito en la escollera: ¡Viva i el Rey! -En efecto, el Rey vuelve de visitar la fábrica de los Altos Hornos, y avanza presuroso en su barquito de vapor para acudir á tiempo á jugar la regata. ¡Viva el Rey, viva el Rey! -se oye gritar en todo lo largo del malecón de Porhigalete: -A mí- -dice Unamuno, -á mí no me gusta ¡A la ganga y al derroche Járuba y ánimo, pueblo! y es el mejor alimento pa los gastrónomos; vayan pasando, que se va el tuerto; no los quierenlos tiro, aunque los recoja luego! ¡Vaya un. melón más hermoso! ¡Vaya. un melón. más esbelto! ¡Quisieran tnuchos melones deleyitaser, como éstos! ¿Cuánto vale? -Cinco ríales. ¡Ay, hijo, por ese precio se compra un jamón. -Es claro; y la da un cólico luego, y, qué lástima de joven, cpn; perdón del caballero. -Es mi hóyio. ¡Servidor! -P o r muchos años. ¿Qué. precio, es el último? -Pues, miste, pa no andar, gastando tiempo y, hablando en tonto, lo mismo que lo hacen en el Congreso, una peseta, y ni en broma me quite usté de ahí un céntiir. -Uno no, pero cincuenta, sí señor. ¿Qué estoy oyendo? ¿Usté sabe lo que ha dicho, desdichada? ¡Yálo creó! -Vamos, calle usté señora, si; cada melón que vendo me cuesta llenar de lágrimas dos docenas de pañuelos, ¿cómo por un par de ríales le voy á dar yo á usté esto? ¡Hijo, pues guárdelo usté en an fanal pa recuerdo! ¿Lo toma usté á chufla? ¡Claro; ¿Y qué dice el pollo á esto? ¡El pollo no dice pío, porque delega en mí! -Bueno, no nay que atufarse, señora, como le veo ahí tan quieto, sin decir palabra... -Es que no habla porque yo no quiero. ¡Pues sí que es una desgracia; ¡Pobre señor! -Efrigenio, ¡ahuecandíbilis! -Cuando tú lo dispongas, lmcero. ¿Hace el melón en ochenta? ¡Hace... calor! -Oiga, cielo, ¿hacen los tres ríales? ¡Nacas- -Venga usté p aquí, tormento. ¿Y á un hombre de pastaflora ¡Dicenpapa, mama y ¿ate,