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N U M E R O 824 ABC. V I E R N E S 6 D E S E P T I E M B R E D E 1907. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N 1. PAGINA 3 LA MUERTE DEL PERNALES EN ALCARAZ EL TENIENTE JEFE DE LINEA DE LA GUARDIA CIVJL D JUAN HARO LÓPEZ. QUE MANDABA LAS FUERZAS QUE MATARON A LOS BANDIDOS Fot. C. L. Molina. O F I C I A L En el ministerio de la Gobernación se C O M P L E T O h a facilitado á la Prensa el siguiente parte oficial relativo á la muerte de Pernales: Guardia civil, provincia de Albacete, línea de Alcaraz. Excelentísimo señor: A las doce y cuarenta del día de ayer se presentó en el caserío El Sequeral, término de Villaverde, punto en que se encontraba el oficial que suscribe, por tener en él su zona de vigfilancia, el paisapo Eugenio Rodríguez Campayo, conduciendo una carta del señor juez municipal de dicho pueblo, en que me manifestaba que habían visto aquella mañana por aquellas inmediaciones dos hombres desconocidos, á los cuales había encontrado Gregorio Romero Henares, peón guarda del distrito forestal y licenciado de la Guardia civil, que fué quien dio la primera noticia. Inmediatamente y sin desatender la vigilancia establecida, por si se trataba de u n a falsa alarma, salí con el cabo Calixto Villaescusa Hidalgo, guardia primero Lorenzo Redondo Morcillo y segundos J u a n Codina Sosa y Andrés Segovia Cuartero hacia el pueblo de Villaverde, en donde las autoridades de aquél y el denunciante reforzaron la noticia, adquiriéndolas yo también del punto donde se encontraban los desconocidos, que es el cortijo de Arroyo del Tejo, á unos tres cuartos de legua del indicado pueblo. Sin pérdida de momento y auxiliado de tres prácticos me dirigí al sitio indicado, y u n a media legua antes de llegar distribuí la fuerza, mandando al cabo Villaescusa y al fuardia Segovia con dos prácticos por la cúspide de la sierra, con el propóá. tó de cortar la retirada á los sujetos perseguidos; y el que habla, con los guardias Redondo, Codina y u n práctico, siguió á atacar defrentie el. punto en que, según noticias, se encontraban los sujetos. Había transcurrido u n a media hora cuando y estrechado el cerco y ambas fuerzas próximas á los bandidos, éstos se pusieron en marcha; pero la oportunidad del cabo y guardia de referencia en colocarse en el punto que les había ordenado, nos dio la fortuna de que dichos bandidos llegaran á ocho pasos de distancia de a CHide estaban emboscados sin ser vistos, y al darles el ¡Alto á la Guardia civil! contestaron con dos disparos y la voz del Pernales de ¡Vamos con ellos! desarrollándose entonces por ambas partes el fuego, del cual quedó muerto el Pernales. Continuó sosteniendo algo el fuego el Niño del Árakaly se dio á la fuga, volviendo á lo más elevado de la montaña en el preciso momento en que el que relata y guarmas que le acompañaban, con inmensas fatigas, daban acceso á U cúspide de la misma, con tal suerte, que desde ella vieron deslizarse al Niño dclArahal, que al. nbtar nuestra presencia hizo fuego en retirada, auxiliado por las escabrosidades del terreno, contestándole en la misma forma, y á los pocos disparos el bandido cayó, al parecer muerto, como a s! después se comprobó. Cumple á, mi deber significar á la respetable autoridad de V. E. que la cooperación de las autoridades de este pueblo, de los prácticos que nos acompañaron y vecinos próximos al lugar del suceso, es digna de todo elogio; pero el hecho de más mérito en esta honrosa jomada es la actividad, resistencia y valor sin límites acreditado por el cabo Calixto ViUaeseusa Hidalgo, que en el mismo tiempo tuvo que recorrer un trayecto mucho más largo y después se colocó, con el a r d i a q u e le acompaflaba, á cuerpo descubierto, aprovechando el sitio e n que empezaba e descenso de la tierra: por e permitió á los bandidos llegar á él ¿l a distancia dicha, sin olvi ar que todos dan por bien empleados los sufrimientos y des veltís que venían ocasionando éstos tristemente célebres bandidos y consideran haber ganado este galardón piara gloria del honroso unifonac q u e vestimos, sin tener que lamentar nada mas que u n a ligera rozadura en la parte superior de la cabeza del guardia segundo Andrea Segovia Cuartero, que se la debió ocasionar en la primera descarga el Pernales con u n a posta. GREGORIO ROMERO, PEÓN GUARDA DE LOS MONTES DE BIENSERVIDA, QUE DENUNCIO LA PRESENCIA DE LOS BANDIDOS Fots. F. Navarro. cías; u n a cadena de reloj, al parecer, de plata, con un guardapolvo, una navaja de rauelles, de grandes dimensiones, fabricada en Albacete; una petaca de vaqueta, basta, color avellana y labores blancas; u n a fosforera de latón, encarnada, destrozada por un proyectil; un peine blanco; u n a funda de revólver con tm ciuturón, todo de cuero color avellana, con un botón dorado. El aparejo se coiiiporie: una manta de lana blanca, de lictas; u n a almohada pequeña, blanca; dos pañuelos blancos, de hilo, sin marcar; u n a cartera de bolsillo, de badana encarnada, con cuatro billetes, de cien pesetas cada uno, que no se pueden describir los números, porque están machados de sangre, como igualmente la cartera. Noía. La escopeta del Niño del Arahal la abandonó en la fuga y no se ha encontrado; pero se continúa buscándola. -Villaverde i. de Septiembre de 1907. -El segundo teniente, aa Haro López. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL VILLAVERDE. LOS CADÁVERES DEL PERNALES (i) Y DEL NIÑO DEL ARAHAL (1) berle herido. Al Niño Pálido, por más que le hice fuego de revólver, como la distancia era de más de cien metros, no sé si le pude herir; pero cuando aquél huyó y los guardias que me acompañaban continuaron el fuego, puedo asegurar que en un disparo hecho por el Codina fué cuando se vio caer al bandido, y como el fuego de revólver ya era ineficaz, me limité á facilitar cartuchos al guardia Codina. Tanto éste como el Redondo me han dado prueba de ser excelentes tiradores. E 1 guardia primero Amallo Rodas Sánchez, y el segundo Benito Medina Bueno, del grupo del sargento Fernández Gómez, tomaron la pista de los bandidos en la cúspide del Collado del Tronco y la siguieron con actividad, de forma que á las dos horas de haber sucedido el encuentro se presentaron en aquel sitio. Igualmente el sargento de referencia siguió de cerca, con cuatro paisanos, á la pareja indicada, retirándose cuando tuvo noticia de que los bandidos habían sido muertos. También tengo que enaltecer el buen comportamiento del resto de la fuerza establecida en esta línea de vigilancia, pues he podido observar que, tanto de día como de noche, h a n estado animados del mejor espíritu, sin haber tenido nada que corregir. E 1 que debe ser el Pernales, por los documentos que se le han ocupado y coincidir sus señas con las facilitadas por la Superioridad, aparenta ser de unos veintiocho años, de 1,49 metros de estatura, ancho de espaldas y pecho, algo rubio, quemado por el sol, con pecas, color pálido, ojos grandes y azules, pestañas despobladas y arciueadas hacia arriba, colmillos superiores salientes, reborde en la parte superior de la oreja derecha, que la forma una rajita y ligeras manchas en las manos; vestido con pantalón, chaqueta corta y chaleco de pana lisa, color pasa; sombrero color ceniza, ala plana flexible, con un letrero que dice: Fj ndsco Valero, en Cabra botas corinto, con un letrero en las gomas que dice: Cabra, Sagasta, 44 camisa y calzoncillos de lienzo blancos, calcetines escoceses, faja de estambre negro. E 1 que aparenta ser el Niño del Arahal s de unos veintiséis años de edad, 1,61 metros de estatura, de pocas carnes, pelo rubio, barbilampiño, cara afeitada, viste igual que el anterior y el sombrero y botas con las mismas señas. Tengo el honor de ponerlo en conocimiento de la respetable autoridad de V. E. adjuntándole relación de las autoridades, prácticos y vecinos que h a n auxiliado, como asimismo inventario de las caballerías, armas, municiones, diñero y efectos ocupados, á la vez que lo hago ai señor coronel subinspector del tercio, excelentísimo señor director general del Cuerpo, excelentísimo señor ministro de la Guerra, gobernadores civil y militar de esta provincia y capitán geheíal del distrito. Dios, etc. Villaverde, i. de Septiempre de 1907. -El segundo teniente. J u a n Haro López. -Excelentísimo señor ministro de la Gobernación. A 1 Pernales se le ocupó un macho castaño obscuro, con señales de rozaduras en la cruz, dorso y cinchera, cicatrices en el encuentro derecho; pelos blancos en el costillar del mismo lado, de unos diez años, siete cuartas y cinco dedos sin hierro. Una escopeta de dos cañones, fuego central de retroceso, mecanisiño empavonado, un rótulo dorado en la parte superior y centro de los cañones que dice Berna con unos números y señales en los cañones próximo á la recámara, que no son inteligibles; los cañones de 75 centímetros de longitud, punto de mira de metal blanco, caja de nogal con un rameado en la garganta, cantonera de hierro; porta- escopeta de cuero color avellana con una hebilla y dos botones dorados, canana de correa con dos hileras de cartuchos, 45 de ellos cargados con bala y postas del 12; u n revólver sistema Smith, de seis tiros, cargado, y 15 cápsulas que llevaba en la chaqueta, funda color avellana con u n a correa para ceñirse. Unas tijeras grandes, u n anteojo de larga vista sistema antiguo, un reloj sistema Roscof con una inscripción en la esfera que dice: Regulador Paten F. E. una cadena para el mismo, de metal, dorada, con un colgante redondo, incrustado en cuatro piedras de acero; un canuto de hoja de lata encarnada que contiene mondadientes de menta; un espejo de bolsillo redondo, u n a espuela de hierro oxidado con una correa, unas alforjas listadas, grandes, que contienen una bota de vino; un par de calcetines escoceses, un saquito de algodón con hilo, bramante, dos pepinos y varios pedazos de pan; un aparejo redondo con dos ropones y una manta encarnada con estribos y correa; un saco para pienso, un albardón de lana relleno de encañadura, u n a cincha de cáñamo, un cabezón con bocado sencillo, un morral de pienso, un costal pequeño estrecho con unos cuatro celiemines, de cebada, u n a cartera de bolsillo color avellana, de cuatro bolsillos, tres billetes de cien pesetas números 487- 932,245.921 y 160.471; una carta sin firma y sin importan cia, u n a carta con u n sobre que se dirige á doña Carmen Morales González, calle Alcoba, Estepa, participándole á su madre q u e tiene un hijo más, firmándose Francisco IQos; otra carta en un sobre sin dirección, proponiendo á u n a tal Mariana que asista á u n a entrevista para llevársela al campo y firmándose José Pernales, u n almanaque de bolsillo, u n a pequeña libreta en blanco, un peine n gro, un raspador y u n a pluma para escribir. R ELATO A B C EN PARÍS E l corresponsal d e u n diario parisiense envía h o y desde S a n Sebastián u n telegram a poca banal como dicen p o r aquí. Verán ustedes: No es p a r a n a d i e u n misrerio n o y q u e el R e y y Mr. M a u r a están lejos d e hallarse de acuerdo respecto á la intervención de E s p a ñ a en Marruecos. Alfonso X I I I es abs o l u t a m e n t e partidario d e u n a cooperación m á s efectiva y visible con Francia; pero e n c u e n t r a en Mr. M a u r a u n a resistencia obst i n a d a á t o m a r la m e n o r iniciativa. H e aquí u n corresponsal bien enterado. Claro e s q u e si sabe lo q u e piensan el R e y de E s p a ñ a y Monsieur Maura las d e m á s cosas q u e h a averiguado serán rigurosam e n t e exactas. Pero, en fin, lo esencial es q u e este señor corresponsal coloca y a al Rey en oposición con s u Gobierno y, por consiguiente, en vísperas d e u n a crisis m i nisterial. Y en s e g u i d a agrega: Es m u y difícil saber á q u é inspiración obedece el presidente del Consejo, c u a n d o m u c h o s de s u s colaboradores inmediatos llevan s u reserva h a s t a la abstención. Se l u d i r e m o s á usted, s e ñ o r corresponsal. N o importa q u e a l g u n o d e los i n m e diatos colaboradores del Sr. M a u r a n o piensen como él, p o r q u e así como en París n o se m u e v e u n papel en n i n g ú n Ministerio s i n permiso de Clemenceau- -en otros tiempos n o s e disparaba u n cañonazo en E u r o p a s i n el consentimiento d e Francia, -así también en Madrid n o s e agita u n a hoja ministerial sin q u e lo autorice el Sr. Maura. Continuemos: Yo s é d e m u c h o s q u e deploran q u e habiendo estado el Sr. M a u r a en París n o s e h a y a creído en el deber de ir á hacer u n a simple visita á Mr. Pichón. ¡Hombre, por Dios! ¡Ir á ver á P i c h ó n en A g o s t o! ¿Y la veda? P e r o escuchen u s t e d e s u n a noticia: lyas determinaciones d e Mr. M a u r a n o satisfacen á t o d o este p a r t i d o colonial, organizado con estrépito y a y u d a d o al principio, el cual v e h o y al G o b i e r n o obstinarse en la inacción como sistema. ¿Saben u s t e d e s algo, p o r casualidad, d e todo ese partido colonial q u e n o s adjudican ahora p o r si n o teníamos bastante con los partidos q u e disfrutamos? ¡Qué verdad es q u e todos los días se aprende u n a cosa nueva! ¡Y q u e d e fuera v e n d r á quien n o s la descubrirá! Sin e m b a r g o esto s e v a á concluir. Y a lo anuncia e l bien informado corresponsal, cuando dice: Es posible q u e esta actitud cambie: yo creo saber, en á e c t o q u e Alfonso X I I I TOCOMENTARIOS Á UN TELEGRAMA A 1 iVíííe del Ara tal se le ocupó u n a yegua castaña clara, crines entrecortadas, en la tabla izquierda del cuello un hierro que parece tma S, rozadura en el cuello izquierdo, pelo blanco en el costillar izquierdo, unas rozaduras en la parte superior del mismo costillar, ligeras rozaduras en la parte superior del costillar derecho, en ambos ijarea y parte baja del vientre señas de castigo con espuelas, en el anca izquierda otro hierro como el del cuello, cola cortada por la proximidad del Maxle, herrada y cerrada, siete cuartas y dos dedos; u n a canana con 30 cartuchos con bala y 19 además A 1 referido Pernales le dispararon el cabo Villaescusa y guardia Segovia á la vez, quizá I nventario de las caballerías, armas, municio- que llevaba en el bolsillo de la chaqueta, metiun poco antes el guardia, sin que se pueda nes, dinero y efectos ocupados á los bandi- dos en u n saquito de tela. U n revólver sistema Smith, núm. 9, cargado con cinco cápsulas vaPrecisar el que le mató, pues los dos creen ha- dos Pernales y Niño delArahal