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NUMERO A B C. JUEVES 5 DE SEPTIEMBRE DE 1907. OCHO PÁGINAS. EDICIÓN PAGINA 5 va vestigio alguno de las fortificaciones romanas, si bien se cree que las visigóticas que hoy ostenta se hallan basadas en las que fueron obra de los romanos. Nosotros, en cambio, tenemos en ellas inul- i a importante y artística revista Ilustración Militar, que tan acertadamente dirigen los notables escritores Sres. D. Juan de Urquía y D. Manuel Mcntilla, publica en su último número, correspondiente al día 30 del pasado Agosto, el retrato de nuestro Director y un cariñosísimo artículo referente á la labor periodística realizada por el Sr. tuca de Tena Su clarísima inteligencia, dice la Ilustración Militar, sus energías y prodigiosas actividades lleváronle á fundar el Blanco y Negro, publicación que es la primera de las de su clase en España y en el extranjero, sin que ninguna de las otras á que dieran vida el ejemplo de Luca de Tena, hayan podido superarle en arte, buen gusto, riqueza y originalidad. No pararon aquí las iniciativas de Luca de Tena. Fruto de ellas es el A B C, diario que á su independencia, notable información y á los trabajos que suscriben las primeras firmas del periodismo, de las ciencias, del arte y de las letras, une la nota gráfica de la más reciente actualidad, representando sus fotograbados de los hechos culminantes acaecidos en el día, un triunfo indiscutible, conseguido á fuerza de talento y sacrificios, compensados por el favor que merece á la opinión, el concepto üe su reconocida y competente autoridad. Luca de Tena, espíritu noble, independiente y entusiasta, consagra el poder de sus admirables aptitudes al mayor brillo del periodismo español, y sus fiestas en el palacio de Blanco y Negro, abierto á toda idea levantada y á cuanto constituya el mayor brillo del prestigio profesional, realizan una labor altamente laudable en provecho de tan utilitario fin, al propio tiempo que exteriorizan hasta qué punto su caballeroso propietario sabe cuuiplir con los deberes de esplendorosa hospitalidad. Nuestro director, sin cuyo conocimiento hemos transcrito los anteriores párrafos, se sentiPROBLEMA DE ACTUALIDAD: ¿QUJ EN GANARA LA PARTIDA? rá muy honrado al conocer el concepto que sus trabajos é iniciativas merecen á la Ilustración Militar, á quien agradecen profundamente las habitantes de Carcasona en particular, se mues- sos para su reconstrucción, con lo cual nos coredacciones de Blanco y Negro y A B C esta tran tan orgullosos con su recinto murado, que locará en actitud de igualarnos á Carcasona, prueba de cariñoso compañerismo. llegan hasta el punto de Colocarle á la cabeza que en punto á conservar sus murallas, por de cuantas fortificaciones medioevales existen triste que sea el confesarlo, nos lleva tina venen la tierra. Yo conozco ambas murallas, la ba- taja que dudo lleguemos nunca á rebasar. Allí ñada por el impetuoso Aude y la que modesta- en cuanto una piedra hace movimiento, en mente lame por el Oeste el claro Adaja (el cuanto una grieta se indica, acuden inmediaGuad- Aja de los árabes) ó río piedra, llamado tamente á su remedio, y de ese modo, con unos así tal vez por las que forman su lecho, 6 ya cuantos jornales y un poco de mortero, conserpor las substancias que sus aguas tienen en van sus murallas en tan brillante estado, que p s c m o Sr. D. Faustino Rodríguez San Pe- suspensión y que hacen que los peces sacados causan la admiración de cuantos las visitan, dro, ministro de Instrucción pública y Be- en las inmediaciones de esta ciudad, sin más mientras que nosotros necesitaremos algunos preparación que dejarlos secar sobre una tabla, miles de pesetas para reponer los desperfectos llas Artes. Mi respetable y antiguo amigo: No extraña- se conserven indefinidamente sin descompo- que nuestra incuria ha peitnitido que alcancen táusted, si tiene en cuenta el cargo de cronis- nerse ni alterarse, quedando como petrifica- cierta importancia. ta de Avila con que, por mis paisanos, me veo dos; curiosidad muy poco divulgada, si bien ¡Y que es grande lástima que no se acuda á honrado, y la circunstancia de representar á muy conocida en ésta región, y que para mí, tiempo á remediar lo que la -omisión provinlas Reales Academias de la Historia y de San que aproveoho todas las ocasiones de recabar cial de monumentos ha solicitado repetidas veFernando en la Comisión provincial de mo- para mi tierra todo aquello que pueda hacerla ces del ministerio del digno cargo de usted, y numentos de esta ciudad, que le dirija estas sobresalir de todas las demás y, sobre todo, si que es vergonzoso para España que no procumal pergeñadas líneas, significándole la grati- son extranjeras, constituye una especialidad remos conservar monumento de tal importantud que Avila siente hacia usted por el hecho que coloca á Avila, como ya lo está por sus cia, y que si dejamos pasar el tiempo sin arrede haber sabido encontrar en uno de los rinco- murallas, muy por encima de la famosa Carca- ñlar lo que hoy, á menos coste, podemos hacer, nes del presapuesto las 6.000 pesetas que ha sum, rival arquitectónico- militar de la no me- egará tal vez el día en que se ¡necesitarán dedicado á la restauración de unadelasinás nos insigne Anula. grandes sumas, y, por consiguiente, mayores importantes puertas que, cual la del Alcázar, Pocas, muy pocas líneas bastan para enca- sacrificios para realizarlo, cosas son que no puecontienen esas murallas que hacen de la ciu- recer las- murallas y puertas que constituyen den ocultarse al claro juicio y patriotismo que dad de los caballeros, uno de los ejemplares las fortificaciones medioevales de la ciudad es- en usted todos reconocemos! de arquitectura militar de la Edad Media más pañola, y para llevar á usted el convencimienY para que usted se conveiaza, si es que ya notables que hoy existen y que si usted, mi to de la superioridad de éstas sobre las de la ciu- no está persuadido dé la razón con que sosrespetable amigo, no lo achacara á exageracio- dad francesa, y el gran servicio que ha presta- tengo la superioridad de las murallas de Avila nes de amor local, yo llegaría hasta asegurar- do usted, facilitando los medios de impedir que y la inferioridad de su conservación, permítale que las murallas de Avila, por su disposi- el notabilísimo arco, que ya se derrumbaba, si- me que le presente una, especie de balance ción, por su mano de obra y por los materiales guiera el camino de los dos torreones, uno de comparativo con las de Carcasona, y de segude que están formadas, constituyen un ejem- los cuales vino á tierra el invierno pasado, y ro anotará usted un valioso saldo á favor de plar único en el mundo. qué, si mis súplicas pueden influir algo en el la ciudad castellana. Comprobado está que Caicasona no conserSabido es que los franceses en general, y los ánimo de usted, se apresurará á arbitrar recur- LAS MURALLAS DE AVILA cinerarias en la puerta de San Vicente y una en la del Carmen (amén de otra en el muro de la casa- fuerte de los Dávilas) que ponen bien de manifiesto la época romana en que fueron labradas aquellas piedras, que luego vinieron a ser empleadas en las murallas y edificio mencionados. El recinto antiguo de Careasona es ovalado, y el nuestro forma casi un rectángulo que responde maravillosamente al terreno sobre el cual está emplazado y al que sirve de foso natural el río por una parte y por la otra el acantilado de la roca granítica que le sirve de fundamento. Las defensas se hallan tan bien estudiadas, que sólo la puerta del Alcázar s la única que se encontraba á plan terreno, puesto que la de San Vicente, que hoy aparece de fácil acceso, se hallaba, como las demás, sobre escarpadas cuestas de penosa subida, siendo muy de notar la mayor altura que alcanzan los torreones y lienzos de muralla que caen sobre aquella parte donde el foso natural es menos profundo. También carece la muralla de Carcasona de vestigios árabes, que las de Avila presentan, no sólo en la fila de dos ladrillos que desde el torreón de la Mancebía hasta el de la Muía y los arcos mudejares que casi todos éstos conservan por su parte interior, sino que en alguno de sus cubos hay piedras en que la medía luna y la estrella de Salomón, caracterizan su anterior destín de piedra tumular musulmana ó judaica. Hablan los de allende el Pirineo de un Carlos Martel, que lanzó la morisma de Carcasona; ciudad que tuvo condes particulares; que fue reconstruida, según Viollet le Duc á fines del siglo xi ó principios del x n por el vizconde Bernard Atton, muerto en 1130; que por los años 1247 debió á su reaonquistador, San Luis, grandes obras de mejoramiento, que continuaron bajo el reinado de Felipe el Hardi, que reconstruyó mucha parte de ella, trabajos que: han proseguido incesantemente hasta el siglo pasado y su año de 1810, y siendo muy de notar las obras que el gran Viollet le Duc en 1850 dirigiera. Nosotros, en cambio, tenemos comprobado que en tiempo del conde D. Ramón de Borgoña y sólo en un espacio de nueve años, desde el de 1090 al 1099, el romano Casandro y el francés Florín de Pituenga, utilizando los ricos materiales de las canteras vecinas (porque ha de saber usted, mi respetable señor íniuistro, que las murallas de Avila son de pórfido, así como suena) realizaron tan portentosa labor, que parece haber sido hecha en un sola día y por un solo hombre, tal es la igualdad del corte y colocación de sus irregulares piedras, y no describo el ¿morro, ó sea el fortificado ábside de la catedral- -que sirve de escudo á la ciudad, con el retrato del. rey niño que en su recinto fue guardado- -porque su relato alargaría sobremanera las dimensiones de esta carta. Sólo sí debo consignar que si allá hubo Monarcas que restauraron, acá tuvimos una Reina Católica y un Felipe II que hicieron lo propio; si allí hubo un San Luis, aquí tuvimos un San Segundo, unos Santos Vicente, Sabina y Cristeta y una Santa Teresa, admiración de ARA regalos xeeomendamot la casa F. VILLA, Carretas, 11. 1 BUOTBCA DB ABC 21 iderecfta. El gendarme dio tres golpes en la puerta. -Los que estaban en la habitación debían dormir un sueño profundo, pues no despertabaíi. íío contestó nadie. Abrió, pues, pero á los pocos pasos retrocedió r nniado antg l a sistá de aquel espectáculo. El comisario retrocedió también. Yo no sabía qué hacer. Quería ve: r, quería enterarme de lo ocurrido. Me adelanté, y entonces vi... ¡Ah, señores, qué horror! ¡Su recuerdo me ¿Streme. ee! Me fijé en qtie Domingo estaba horriblemente pálido en aquel momento. ¡Ea, valor! -se dijo de pronto. -L pasado... pasado. Muchas veces he contado el suceso, y nunca me ha causado tanta impresión, quizá porque nunca lo he referido en el lugar mismo de la catástrofe. En el centro de la habitación había un charco de sangre coagulada. D. Enrique, tendido de espaldas encima del sofá y la cabeza caída sobre el pecho, yacía muerto de una cuchillada en la garganta que casi se la había separado del tronco. Tres pasos más allá yacía doña Margarita. Tenía clavado en el pecho el cuchillo con que había sido acuchillado su marido. Un surco de sangre manchaba el vestido de seda gris, y formaba como un arroyo que iba á confundirse con el charco de sangre que había en el centre de la alcoba. Margarita tenía los cabellos sueltos y en desorden, los ojos abiertos, ya vidriosos, los labios violáceos. Parecía una figura de cera, ¡pero qué hermosa! Aún me parece que la estoy viendo. Domingo, calló y ocultó su cara con las manos. Pablo y yo participábamos de su turbación y respetamos su silencio; que duró algunos minutos. -Y ahí tenéis explicado- -dijo bruscamente- por qué nadie quiere alquilar el chalet de las Lilas, -Continuad- -exclamé. -He concluido. Y qué: sucedió después? -Nada. ¡Cómo nada! ¿No hizo pesquisa ninguna la justicia? -No es muy largo de contar. El comisario levantó acta; el procurador imperial llegó después, acompañado del juez, con sus gendarmes y alguaciles Procedióse: al registro en las casas del pueblo, y fueron detenidos por sospe chosos media docena de vagabundos. ¿Y nada se llegó á descubrir? -Nada- -dijo Domingo. ¡Ah! sí, algo se descubrió, pero que embrolló más el asunto. ¿Y qué fue? -Que el doble asesinato no había tenido por objetó el robo. ¿Y cómo se lle ó á descubrir esto? Yin T omlngo abrió la puerta. Entramos en un vestíbulo cuyo piso estaba cubierto con maderas pintadas de blanco y negro. Domingo puso el pie en una de ellas. -Aquí estaba la pobre galguita- -me dijo; y añadió: -hay una cosa que siempre me ha sorprendido. -Ikasta el momento en que lanzó el aullido de agonía, Gibby no ladró como debía hacerlo un animal que se ve perseguido ó maltratado. ¿Y qué consideración sacáis de esa observación? -Que el pobre animal conocía á su matador, y, sin embargo, D. Enrique y su mujer no recibían ninguna visita. -Con efecto- -dije yo, -esto es tan extraño como todo cuanto al asunto se refiere. ¿Quién puede ser ese misterioso asesino que mata, pero sin robar, y contra el cual no ladró Gibby? ¿Y á qué causa obedece este crimen cometido, al parecer, sin motivo alguno? ¡Ah, señor! ¡Ya tendréis cana la cabeza cuando os hayáis preguntado esto tantas veces como yo! Subimos la escalera. -Ved el salón- -dijo empujando una puerta. El decorado era sencillo, pero revelaba mucho gusto. Las sillas y las mecedoras estaban cubiertas con una tela persa, gris pálido, con ramos de flores, lilas y madreselvas. Sobre la chimenea había un precioso péndulo Luis XIV, dos candelabros de la misma época y dos vasos del Japón. Un mueble de Boule servía de pendant á un piano de ébano con incrustaciones de cobre. La mesa del centro ostentaba un tapiz turco de vivos colores; del techo pendía una lámpara china. En los lienzos de la habitación veíanse cinco ó seis acuarelas pintadas con maestría, pero sin firma. El tono de las acuarelas recordaba el estilo de Decamps. Todo, en fin, en este salón respiraba juventud y alegría, á pesar del polvo que cubría todos los muebles. Entre luego en el comedor. La mesa, los aparadores, las sillas, todo era de madera tallada. Cuatro bodegones al óleo adornaban las paredes. -Subamos al piso principal- -dije á Domingo. Momentos después me encontraba en la alcoba donde se había representado el último acto de la tragedia cuyo prólogo y cuyas peripecias no se conocían. Descubríase desde las dos ventanas de la alcoba el encantador paisaje de que ya se ha hecho mención. Mi primer cuidado fue llegar hasta el centro de la habitación é inclinara hacia el pavimento. J 1 ¿Que miráis? -murmuró Domingo. ¿Las manchas? Se na cepillado la