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A. B C. MIÉRCOLES 4 DE REPT 1 FM par- í DI 5 PAGINA AS FIESTAS Db 3 ÍL 3 AO. ASP OTO DE LA RÍA MIENTRAS SE CELEBRABA EL CONCUASO JE NATACIÓN tendiente absolutista, quizá porque las otras eos favorecían á Isabel II. Á 1 agente ele Ma: rotp ¡que fue, á París á pedir v -al Gobierno; de t u i s Felipe sú intervención, en el arreglo entre cristinos y icarlistas para venir á hacer- las paces, contestó el mariscal duque de Dolméria, presidente del Consejo de. ministros, en ios- siguientes términos, reducidos á su substancia: Que el Gobierno francés tomaría con. gusto parte en el arreglo, peiro á condición de que lo mismo Maf oto por los carlistas, que Espartero por los lib erales, aceptasen f ormalmentela intervención francesa, la cual- se encaminaría á ób- tener la abdicación de D. Carlos dé. su primogénito, la retirada á Capoles de la raina Crisuna, el matrimonio de dicho primogénito con isabel II, reinando ambos (como Isabel I y Bernando V, ó como Guillermo 3 Maiía de Inglaterra) bajo una regencia que se designaría de: -común acuerdo Se conservaría á las provincias forales sus fileros, á los jefes y oficiales carlistas sus empleos y se dejaiía á las Cortes restablecer ó abolir la ley de sucesión llamada Sálica. Oae Inglaterra hará cuanto, pueda para lesear J la paz, menos lo que sea ó parezca interven cion extranjera en asuntos interiores espineles, como lo sena que Inglaterra sola, ó en unión con Francia, garantizase á los carlistas ti cumplimiento de futuro convenio, porque tal arantía sería desprecio para España, é ilusoria ó peligrosa para Inglaterra. Por lo demás, tampoco era propicia á que le obligase al Gobierno, reconocido por ella, á admitir ni regente ni Soberano, otros que los que la Cons acución. vigente (la del 37) reconocía, ni mucho A- l Gobierno inglés se le hicieron avances menos, á que se impusiera al Parlamento espa t -más autorizados, tanto por la proceden- ñol la obligación de respetar los fueros íucecia, como por el rango de los intermedial ios. gramente. jRalmeiston contestó en i estimen lo siguiente: Fot. Mariis- -tH brnparaadó. arabas: actitedes, 110 iiay; m. ás reV medio, que- reconocer que, casado, -nienos en- aquella- época, la. péijida MM. éa. zo? 3: 1 y á cían nuestros. padres, abuelos de muertos, ministros actuales) se portaba coa- más, desinterés. que la campechana y- simpática Francia, y. todos ios síntomas son cíe que en estos días la comparación da el mismo- resaltado, por lo q. ue respecta, á Marruecos. iagiaterra, pidió nuestra entrada en la parte dé la entente- angio- francesa que interesaba á nuestra dignidad; no. na sido culpa de ella si en. Algeciras. nos dejauiü; alucinar, q uedandó expuestos á ayudar graiis á los fraacéses para, sacar las castañas del fuego. j NAl! O ALAS 81 BLIOTECA DE A B C S 5. A CASA DEL CRIMEN 19 E an las diez; hacia un frío como si estuviéramos en Diciembre, y espesos nubarrones cubrían la luna y las estrellas. Xa obscuridad era completa, hasta el punto de que temí- extraviarme, -y eso que conocía el parque palmo á. palm. o; mi perro me acompañaba- y no- nos separábamos un instante. ¡Pobre ani- malito! 1 De pronto, oigo aullar á la galguita de la señora en, el tono. niás lastimero. ¡Malo! -dijepara mí. -l apobre Gibby: ha hecho una ae. las suyas y, don- Enrique la ha pegado. Sin embargo, debe haberla castigado mucho, para que se queje de esa manera. ¡Un animal tan pequeño, tan delicado! ¡Es una cruelcladr Transcurrió mrrhinuto. (I, a gal- guita cesó de aullar. Entonces empezó rni perro á ladrarcon todas sus fuerzas, lo mismo que hace, un- cuarto de. hora, cuando llegamos aquí. Solté la carcajada y me dije: -y -I, os animales se defienden y protegen unos á otros mejor que los hótn: res ¿Porque castigan á Gibby se queja aii perro v 1,0 cierto, es que Gibby y mi perro se conocían, y siempre que se encentra ban en el parqué se daban tinas de correr que no acababan nunca. Ivlamé á mi. perro. No m e obedeció. Parecía que le habían clavado. en el suelo, y lloraba y gemía como si le matasen. Me vi obligado á atarle al. collar la correa del fusil y á tirar de éL porque se negaba á dar un paso, y seguía ladrando como un condenado. llegarnos a l a casa, y le encerré en la perrera. Eri toda la noche. no cesó de aullar, arañando la puerta como si quisiera salir... Mi mujer me preguntó; ¿Qué tiene el peixo? Hay que hacerle callar ó reminciar á dormir. Grité, le intimidé, di con un. látigo en la puerta. déla peirera, pero todo fue completamente inútil. No conseguí hacerle: callar. Al día siguiente, á las ocho de. la mañana, me disponía á saK á recorrer el parque, cuando la prima de mi mujer se presentó á nosotros llena de espanto. ¡Domingo! -me dijo: -tengo miedo. ¡Qué cosa tan rara! ¿Qué? -Ha debido ocurrir una desgracia muy grande en el chalet de la I ilas De prontome acordé dé los aullidos de Gibby y de los ladridos de mi perro- la noche anterior. ¿Una desgracia? -le. dije. ¿Y cuál? -No lo sé. ¿Y qué té induce á creerlo? -En primer lugar, que: no. he. podido abrir la verja. ¿Pero es que ha sido. forzada; la cercadura? -No: la llave juega bien, pero han echado el cerrojo por dentro. ¡Es particular! ¿Has llamado? -Sí. -i- -No han respondido. He. llainado, he gritado, he. golpeado la puerta más c! e; tin cuarto de hora, y nada, Gzbby, que ladra siempre como una loca euando oye llamar. no ha ladrado üna véz siquiera. Sentí que un sudor frío me corría. por. el cuerpo, y tanta impresión- nie cau- 1. só la noticia que dije sin. sabér lo c ue hablaba; -Será que han salido los reñóres. -Entonces, ¿q u i é n- l a- echado- elcerrojó por dentro? -Es verdad: Vamos allá e -segiiida. yerémps qué es lo que ha ocurrido. Solté al perro, que se ha- c bía c a l m a d o algtín tanto desde el amanecer, y, acom- panado dé mi prima, rae di- rigí presuroso hacia ni chalet de las Lilas ¿Y no han contestado? A medida que nos íbamos acercando, el perro aullaba tristemente y cuando llegamos delante de la verja volvió. -á -ládjrar- con más faerza que la tarde anterior. Aumentaba mi inquietud, 3 empecé, como mi prima, á tener miedo. I,l ainé, grité, golneé... nada, nada, nadd... -Hay que d e r r i b a r la veija. -aijonn piima, pálida cómo utt cadáv er. -iCJna verja ñe hierro... Jmposible! -p- a entonces, salta por la empalizada. -Eso ya es más fácil- -le contesté; -pero si ha sucedido algo, como empiezo á temer, no quiero sei el úni co y el primero en descubrirlo y cercioradme Je la lesgracia. ¿Qué hacemos?