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NUMERO Si 9 ABC. DOMINGO i. DE SEPTIEMBRE DE 1007- OCHO PAGINAS. EDICIÓN j PAGINA. C- LAS TIPLES DEL TEATRO DE LA ZARZUELA PILAR PÉREZ DOLORES MALDONADO Por fin, el 12- de Enero, que era el día feliz, el día bendito, ambos, de toda gala, fueron ala Comisaría, y después de haber puesto su firma recibieron temblorosos la cartera de manos de 1 funcionario. -El asunto estaba concluido. Habían invitad á comer, á Morín, reservándole una sorpresa, no. incomodados en el fondo, pero por el placer de humillarle un poco. Durante la. comida no hablaron d e nada; luego, á los postres, con. volubilidad, fe optá- ron la b uena nueva, lanzando gritos, de. alegría. Cerveau fue á buscar; la- cartera que estaba oculta en el armario de espejo detrás de los pa- ñ u d o s 4. partir de aquel instante, la- existencia del iuE. trim. onio no fue más. que una ¿olorosa y perpetua angustia. Todas las mañanas, ai vestirse, munnuraDa Oerveau: -Siempre que no se presente él propieta ripV. Y tGdasías tardes al volver de la oficina, su primei- apregunta era: ¿Sé: hapTeseñiá, dp? Líegai- on á ÍLácejsé odiosos al comisario dé Policía, por sus visitas- incesantes. A medida que avanzaba el tiempo, confiaban más en la Providencia, á la que habían puesto de. su parte, y coincidían en decir al mismo tiempo: ¡La: teíidremosS, V Por la noche no dormían. Se quedaban sentados en la cama. con la bujía encendida, forjaban castillos en el aire. Vacilaban entre una gr. anja. en el; Beauce ó una villa junto al mar. Ya habían encontrada el nombre ae ésta: Vi: Ia Lébriia En todo caso, tendrían un criado, adquirirían, servipió de. plata. Llegarían á ser muy viejos y MARJA SANTA CRUZ ELENA QUERO Fots. Waltcr, Reymundo, Alemany, Kaulak, Segura y Nfg- ¡Cuánto nos cuesta! No quedaba más que una semana para que concluyera el plazo tan impacientemente esperado. Cerveau presentó s u dimisión de subjefe. c Qué necesidad- tenía él de trabajar ahora que era rico? En la cuarta plana de un periódico vio: Se vende un chalet en los Petites Dalles Lo compró en diez mil francos y aplazó el pago para dentro de una quincena. ya no tendrían enfermedades. Y de repente, pensando en que el precioso hallazgo no les pertenecía aún y podía escapárseles en el último minuto, se enfurecían como si estuvieran bajo el golpe inmediato de una traición, de un fraude. A veces se estremecían y balbucían con lágrimas en la voz: ¡Pobre dinerito nuestro! Una tarde, en un momento de expansión, diio él á su esposa: Morin le rogó que no se molestará; pero en cuanto vió. -los pápeles, dijo: ¡Valores rusos. ferrocarriles, austríacos Esto ha caído hace seis meses, pobres amigos míos. Hoy apenas sacarán ustedes de ellos 300 francos. ¿No les había prevenido á ustedes? HENRI- LÁVEDAN (De la Academia francesa. BIBLIOTECA DE A B C O 1. A CASA DEL CRIMEN 5 imperiosa necesidad de. regresar á París y reconquistar en él mi libertad Pabló ine seguía maquinalmente, repitiendo sin cesar: ¿Quehacer? l Pregunta á la cual yo deliberadamente no contestaba. Deproutd, y al entrar en una arboleda, nos encontramos enfrente de un nombre vestido, con una- easaeá verde con vivos encarnados, y cubierta la cabeza coti tina gorra, de cuero charolado, con una visera guarnecida de cobre. Iba seguido de un hernioso perro de caza. N Al pasar saludó, y reconocí en él á uno de los guardas del parque, á quien había visto diferentes veces en. la. casa, cuyos dueños eran amigos míos. -La Providencia, en. forma humana, se aparece en nuestro camino para sacarnos del apuro- -dije á Pablo. Después, viendo que Domingo continuaba andando y estaba ya á unos vein: pasos de nosotros, le llamé. El- guarda; soldado veterano, se acercó y tos saludó militarmente. -Le expliqué Ib que buscábanlos hacía unas cuantas horas, y le pregunté si ¿abía de alguna morada que pudiese convenir á mi amigo Pablo. ¡Ya... ya... -dijo. -Ya comprendo. Este caballero desea gastar poco. ¡Lo menos posíble! -T- rexclamó Pablo. -Me habéis comprendido perfectamente. ¡Es difícil! ¡Es difícil! Aquí, por la habitación más sencilla, piden un ojo -Habrá- excepciones, sin embargo. o conozcom á s que una: Pues aprovechémosla. ¿Cuál es? -Unáquikta. pr. ecipsa; únayerdadera joya. Tiene entresuelo y piso princi pal. Está edificada en el cé, ntro de. un; gran jardín. Tengo encargo de alquilarla si hay quién la tome. Las vistas sonhermosas y está amueblada como úirpalacio; v deTa cara. mado en multitud de modestos cásenos, suntuosas y. bellas casas ó quintas elegantes. Estos edificios pertenecen en su mayor parte á parisienses, rieps, En las lindes del parque, especialmente ppr la parte que da al Sena (que es precisamente la más pintoresca) apenas se vén algunas quintas, diseminadas entre las frondosas arboledas y sobre verde alfombra de menudo césped. J V -Pero ¿cuánto cuesta? pregutitó Pablo con ansiedad, ¡0. B. -co: ntestó el guarda; -En xuatito al precio... el que queráis pagar. Hasta, si es. preciso, puedo- darla gratis eí, primer año. -U A ese precio: la toino dijo eon viveza mi compañero, sorprendido de ¿gueriíiésperádo ofrecimiento, tanto como lo había sido antes de los precios exagerados -Eso lo decís ahora- -contestó el guarda, -pero pronto os volveréis atrás. ¿Por qué? ¿Es acaso malsana la habitación? 1- -Es ía méjpr de Maisons- Laffite y más seca que la palma de la mano. -Alguna razón grave habrá para que supongáis que yo variaré de opinión. -Ciertamente. ¿cuál? Domingo no contestó, pero se dirigió á mí. -Caballero- -me preguntó, ¿habéis oído hablar del chalet de las Lilas? -Nunca. Y es un bonito nombre. ¿Cuál es el chalet que así se llama? -El que yo tengo encargo, dé alquilar, -Y que yo alquilo desde luego- -exclamó Pablo. ¿Sin verle Esta aparente anomalía tiene, sin embargo, suexplicación: la. distancia que hay desde este ladro del bosque al ferrocarril, y lá clase del -terreno que hay que atravesar es suma. mente molesta, en verano por el polvo y en invierno por el lodo. Dada esta explicación, sigamos relatando nuestra Tiistoria. ¿Está mu 3 lejos la casa adonde vais de visi? ta- -preguntó Pablo. -A cinco minutos de aquí no más. -Entonces os acomp hasta la puerta. queréis entrar conmigo? Y viendo que mi compañero no c o n t e s t a b a añadí sonriendo: ¡Hay tres niñas casaderas! -No, no- -dijo Pablo; -prefiero esperaros fuera. Supongo que no faltará un banco de piedra, como los que veo por aquí. -Los hay por todas partes- -le contesté. -Mejor que mejor. Así ¿orno así, necesito descanso. ¿Por qué no aprovecháis el tiempo y empezáis entretanto á ver ca sas? -Porque deseo separarme de vos lo menos posible. -Nos reuniremos en cuanto haga mi visita.