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NUMERO Si 9 A B C, DOMINGO i. DE SEPTIEMBRE DE JOO 7 OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 5 NOTAS MUNICIPALES pl precio del pan. La Compañía Madrileña de Panificación ha accedido á los propósitos y deseos del alcalde de abaratar el precio del pan, sobre todo el llamado de familias, y ha enviado al señor Sánchez de Toca una pieza de pan de tres kilos de las que, desde ayer, expende en los despachos. Dichas piezas de pan costarán una peseta. Además ha rebajado de 40 á 35 céntimos el precio de las piezas de un kilo. 1 os revendedores de billetes. Los revendedores de billetes de espectáculos públicos sé avienen ya á pagar el arbitrio municipal de 3615 pesetas anuales, fijado por la Alcaldía, además de la patente correspondiente. El total de los ingresos municipales por este concepto ascenderá á 20.000 pesetas. Si los revendedores hubieran ganado su causa, dichos ingresos habrían sido de 2.000 pesetas. LA REVISTA DE BOMBEROS y del material del Cuerpo de bomberos. Al acto, que resultó brillante y que demostró los progresos obtenidos en poco tiempo en la reorganización y composición del servicio, asi tieron los cuatro jefes del Cuerpo y el jefe superior. Los bomberos hicieron funcionar las escalas de salvamento. A pesar de lo temprano que era, presenció la revista bastante público. á las Ayer, paseo ocho de la mañana, se celebró en el de Atocha la revista del personal UNA VICTORIA DÉLOS PORTUGUESES fon TOLÉaKAFO LISBOA, 31, 8 N. i espachos oficiales! procedentes de Mozame des anuncian que las tropas portuguesas han conseguido una. brillante victoria sobre los cuamatos, el día 28 del actual. La batalla se libró aerea de Musilo, á variqs kilómetros dé la fortaleza de Tocadas. La Caballería cargó sobre los indígenas, cuyo número se calculaba en 7.000, sufriendo estos últimos grandes pérdidas. Las bajas de los portugueses consistieron en 10 soldados muertos y dos tenientes, y 29 soldados heridos. RUSJ A POK T B L C O I t U S A N H T E R R B U R G O Sí, O T. l i n a explosión. En las inmediaciones de la casa del arzobispo de Viatka estalló una bomba de dina? mita, resultando do niños muertos y uno herido. EL PANTANO DE CANDELARIO POR TKJ. KORAFO SÁBADO, 3 l ¿7. J óy han llegado a esta villa el ingeniero del Estado D. Antonio Alvarez Redondo y su ayudante para empezar á hacer el lunes próximo los estudios referentes á la construcción del pantano que tanto interesa á los vecinos de los pueblos de Béjar y Candelario. 1l -lis una carrera- -dijo. -Dentro... mira dentro- -le ordenó su mujer El la abrió con precaución. Varios atados de papel se escaparon de la cartera. Como él no manipulaba bastante deprisa, ella se lo arrancó todo de las manos. -Trae aquí, vamos. Y desdoblando al azar dijo: ¿Comprendes ahora? Son valores extranje ros... Yo no sé Ib que cada uno de ellos pueda valeren dinero; pero me atrevería á apostar que hay una bonita suma. -Síj sí, en efecto- -balbucía Cerveau embe becido; -es muy curioso... valores extranjeros... ¿Y has encontrado eso tú? -Te digo que en los Campos Elíseos. He puesto el pie encima; por un poco me eaigo. -Eso es, que alguno lo ha perdido. -Así parece. -Si quieres podemos llevarlo á la Comisaria de Policía, después de comer. -Hombre, yo no tenía intención de conservarlo- -respondió ella impaciente. Se sentaron á la mesa molestos, semejantes á personas abrumadas por una gran preocupación: Al mediar la comida, ella le dijo: -Morin, que está en Bolsa, viene á almorzar mañana. Tendría curiosidad porque nos dijera lo que valen estos papeles. Si esperásemos á mañana para ir á la Comisaría... Para esto siem pre es tiempo. Deseoso de serla grato, Cerveau consintió. Al día siguiente, Morin, después de oir la historia, examinó atentamente los papeles, y dijo: -Rusos... Ferrocarriles austríacos... Es excelente. Aquíhay lo menos por valor dé éuarenta mil francos. ¡Cuarenta mil francos! Los dos dieron ut salto. ¡Una verdadera fortuna! -Y sepan ustedes- -repitió el amigo, -que FELICITACIONES MUY BIEN, SEÑOR MINISTRO... tA LAS DOCE YMED 1 A... 1 ANTE dentro de algunos años eso valdrá el doble, yo SI QUERÍAMOS ACOSTARNOS PRONTO, SOLO PODÍAMOS VER LA SEGUNDA O LA entiendo de ello. TERCERA... I GRACIAS A Y. É. YA PODEMOS VER LA CUARTÁ 1 ¿QUIEN DORMÍA Luego añadió, riendo burlonamente: TRANQUILO SIN VER LA CUARTA? ¡Ah; diantre, si yo estuviera en su lugar. Cerveau, escandalizado, le interrumpió: ¡Oh, Morin... Acompañaban fi dichos señores Ips alcaldes de antemano á sufrir todos los reproches, á pa- -Después de todo, quizá tienen ustedes ra de los pueblos citados y otros individuos, que; decer todos los ultrajes. Pero con gran estupe- zón- -replicó el bolsista. fueron recibidos con verdadero entusiasmo y facción suya, ella se contentó con decirle: -La honradez es demasiado complicad; -Vamos, ya. estás aquí. Te esperaba con una para mí. obsequiados con un excelente lunch impaciencia... Y recogiendo su sombrero, se despidió coi Y luego, cogiéndole por el brazo, añadió: mucha frialdad y se fue. COLABORACIÓN EXTRANJERA- ¡Si tú supieras, Tengo que contártePor la tarde fue el matrimonio á la Comisa lo... ven. ría, hizo su declaración, y marido y mujer re Entraron en su cuarto. La señora de Cerveau gresaron tranquilos, contentos de sí mismos. cerró la puerta, repitiendo: Luego, las cosas recuperaron su orden habi e l Sr. Cerveau corda como wx ratón á lo lar- -Tú verás. tual y así pasaron monótonos ocho meses. go de la calle d Assas, i Y se echó á reír con una risa nerviosa. Hacia la mitad del noveno, la señora Cer Al salir de su oficina (era subjefe dé la Caja Cerveau exclamó: veau dijo radiante de alegría á su marido: de Depósitos y Consignaciones) le habían obli- -Me alarmas, Leonia, ¿qué tienes? ¿No sabes? He ido á informarme y la car gado a entrar ea un café. Allí había perdido- -No tengo nada; escúchame. Lo que me ha tera aún no ha sido reclamada. Aún está allí. cerca de tres francos jugando al dominó. sucedido hace tina hora es tan extraordina- ¿Y eso qué puede importarme? Por esto se apresuraba, porque sabía por. ex- rio... ¿Tú has leído novelas? ¿Cómo qué puede importarte? Tanto no 1, periencia que su esposa no estaba para bromas- -Si; pero ¿qué quieres deeii. pviede importar que si nadie se presenta de aqu á la hora de comer. Ante la puerta de su casa ¿No adivinas? Piensa un poeo por probar. á cuatro meses, como habrá transcurrido ya ui tuvo miedo, daban las siete y media. ¡Qué reci- -Acaba, te lo suplico; me impacientas. año desde que la depositamos, la suma es par bimiento iba á tener! -Es verdad. Nadie podría, adivinar. Pues nosotros. Subió le escalera despacio, porque estaba su- bien, cuando yo volvía del barrio San Hono- ¿Es posible? doroso y le faltaba la respiración. rato, al atravesar los Campos Elíseos, he aquí- ¡Y cómo! Al llegar al segundo piso, oyó toser hacia las lo que he encontrado. Y ella palmoteaba. alturas. Levanto la vista y advirtió que había Y saeó de las profundidades de su bolsillo, alguien inclinado sobre la baranda, con una con gran trabajo, una cosa negra é hinchada, luz en la mano y tembló más aún. que sopesó un minuto. Luego su cara tomó No obstante continuó subiendo, esforzándose una expresión de gravedad reflexiva, como si en disimular su terror bajo un disfraz de son- fuera á realizarse un acto solemne, y tendió el risa. objeto á su marido, con un gesto que signiM. DE DIEGO realiza sus machas y ricas existencia! Su mujer le esperaba en peinador, de pie en ficaba: de ABANICOS, SOMBRILLAS, PARAGUAS Y BASTO el descansillo. La lámpara de petróleo que sos- -Mira y aprecia. NES, á precios increíblemente baratos é invita al pútenía la hacía asemejarse á una vestal. Cerveau se apoderó del jeto y le dio blico aproveche esta verdadera ocasión. El Sr. Cerveau baió la cabeza, resignado ya vuelta: Puerta del Sol, 13, esquina á Monter LA CARTERA UD BIBLIOTECA n q t l c 6 1 A CASA DEL CRIMEN í -Temo no hacer nada de provecho yendo solo. Ya que he tenido la suerte de hallaron, quiero aprovecharme dé la feliz casualidad. -Sea como caeréis. Débil siempre, como lo había sido desde niño y como lo será mientras viva, Pablo necesitaba dejarse llevar, apoyarse, moralmente hablando, én otro; era incapaz de tomar por sí mismo ninguna determinación, por insignificante que fuera ésta. -Ya hemos llegado- -dije deteniéndome. -Desde aquí veo un banco donde voy á esperaros. Nó tardéis mucho. -No tengáis cuidado, que pronto vuelvo. Llamé á la puerta mientras Pablo iba á sentarse. Un criado que estaba en el jardín acudió á mi encuentro, y abriendo de par en par la puerta, me dijo que las señoras habían salido para ir á París aquella mañana, y que no volverían hasta la noclie. ¡Ah! ¡ah! -exclamó Pablo al verme ir á buscarle y decirle lo ocurrido. -Si hubiera seguido vuestro consejo, ¿dónde nos hubiéramos podido encontrar? He hecho ni uy bien en esperar aquí- -No hay duda, puesto que la suerte favorece vuestros proyectos. Ahora ocupémonos sin descanso de vuestro asunto. ¿Deseáis alquilar una casa? -No; una quinta, amigo mío; nada más que una quinta modesta. ¿Cuántas habitaciones necesitáis? -JNluy pocas; ¿Cuántas? -Un comedor, una sala, un gabinete para alcoba mía, una cocina, bodega y dos alcobas más, una para mi cocinera y otra para mi criado. No necesitó más. Tan sólo tengo una exigencia: que el jardín sea mayor que toda la casa. Hice un gesto de extrañeza al oir a mi amigo trazar el plan de la pequeña casa que deseaba tener. -Lo que pedís es difícil dé encontrar- -dije al cabo de un instante. ¡Bah! ¿Y por qué? -Porque los que construyen aquí casas por especulación quieren alquilar- las, cosa muy natural, y por lo mismo las hacen bastante grandes para que pueda instalarse una familia. La quinta de vuestros sueños es una excepción, y no sé si la encontraremos. ¡Bah! En buscándola despacio... -Allá veremos... ¿La queréis amueblada ó sin muebles? -Sería insigne locura pensar en traer aquí muebles. Eso representa un capital. Quiero una vivienda amueblada. -Un marcha, pueí. Aquí no faltan. Con efecto, al cabo de unos minutos, un tartelillo colgado junto á la puerta de un jardín nos indicaba una casa para alquilar. El jardinero de la cus- i i; i mediata era el encargado de enseñar la finca, y á él nos dirigimos. ¿Cuántas piezas- tiene? -preguntó. Pablo. -Salón, comedor, dos alcobas y dos cuartos para los criados- -contesU i mobiliario es bueno. Caoba y damasco de lana, enmaderado y encerado. i. seres de cocina, etc. Pablo me miró. A. excepción del gabinete para alcoba suya, la casa realizaba eu ideal. ¿Cuánto? -Tres mil francos. Pablo dio sm salto. ¿Qué habéis dicho? -exclamó, como si no huolera oído bien. -Tres mil francos... y no es caro. Pablo miró con asombrados ojos al jardinero. ¡Este hombre está loco! -pensó entre sí; y dándome con el codo, me dijo fámonoál ¿No quieren los señores ver la habitación? -preguntó el jardinero. ¡Que os haga buen provecho! -contestó Pablo colérico. Y me obligó á seguirle á la fuerza, dejando al jardinero extático con labrasA salida de mi compañero. 1 res mil francos! -repetía Pablo, sacudiéndome el brazo. ¡Tres mil franeosl ¡Dos alcobas, tres mil francos! ¡Tierra inhospitalaria, te maldigo! -Querido amigo- -le dije sonriéndome, -calma, que si no, vais á enfermar. Estas palabras produjeron un mágico efecto. Pablo se tranquilizó como por encanto. -Ante prehensiones tan exageradas- -me contestó- -he perdido mi sangre fría. ¿Y quién hubiera podido conservarla? -El precio de tres mil francos por una habitación modesta, es indudable mente exagerado; pero debo haceros presente que los alquileres en Maisons Laffite están por las nubes. ¡Concedido! Pero todo tiene sus limites, y es inaguantable la exigencia de ese jardinero, que con la mayor tranquilidad nos dice tres mil francos, y añade: ¡Y no es caro! ¡Tres mil francos... ¿Y- por qué no cien mil... Una vez en camino de pedir... Ib mismo le daba. -Veamos; aquí hay otra casa para alquilar. -Llamemos, preguntemos, y si se nos vuelve á hablar de tres mil francos, renuncio. Vimos la habitación, que era mayor que la anterior, pero su precio no era tres mil francos, sino cuatro mil. Pablo creía estar soñando. Vimos diez casas; en todas el precio era. precisamente el mismo. Invertimos dos ó tres horas en la peregrinación. Estábamos rendidos, y lo que es peor aún, desanimados ¿Qué hacemos? -murmuró Pablo. -Mi médico me ha ordenado los aires de Maisohs- Laffite, y no otros... Es necesario que me yengá á vivir á MaisonsLaffite, aunque 110 puedo resolverme á pagar un alquiler de tres mil francos por un verano. ¡Sería arruinarme! En tanto que mi compañero lanzaba sus quejas al aire, tuve una idea: conducirle, sin que pudiera sospecharlo, hacia el camino de hierro. Estaba cansado de la exploración que acabábamos de hacer sin resultado, y sentía una