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NUMERO 815 A B C MIÉRCOLES 8 D E AGOSTO D E 907. OCHO PAGINAS. E p i C l O N i. 9 PAGINA rueda de segadores. La alegría de los resigna- bio inferior. -Él pueblo está ateirao y los guar- la hebra, ni menos de arrostrar el riesgo dejser dos se refugió á la sombra de la parra, junto á dias no dan pie con bolo. Xa otra noche estuvo cazados. Eran dos sombras negras que vomita- las pirámides trancadas de los almiares. en 1 Casino el lugarteniente del Zamarriya; del ba el monte y volaban á uña de caballo. En un Únicamente D. Rafael, como león enjaulado, cuartel de la, Guardia civil se llevó un magnífico abrir y cerrar de ojos cruzaron y se perdieron, (CUENTO) hacho! -voceó ala puerta del cortijo el ape- intranquilo y azorado por lá suerte del señori- rifle del teniente, hizo en varias casas la colecta kos de gañanes y segadores, de par en par de cuanto sé le ocurrió exigir, sin que ningún brillaron inmóviles, azorados, áfíor de cara... rador, mal encarado, impaciente, movien- to Paco, nó quería ni podía desceañsár. contribuyente desvalijado chistase, y después No acertaban á darse cuenta de lo que tenían ¡Más de ánimas ya, y sin parecer! do nervioso á todos lados la cabeza como lede buscar en balde á mi suegro y amenazar con á la vista, y en fuerza de restregones querían brel que olfatease la caza. ¿No ha venío entavía el zeñorito Paco? Cuando más encendida- estaba la jarana cor- que le haría una que fuese sonáa si anoche en convencerse de que no estaban aún bajo la in -No, zeñó- -contestó el zagal desperezándo- tijera; cuando las segadoras, sacando fuer- los Peñasquülós no depositaba 1.000 pesetas, se fluencia de su pesadilla. Todavía no. había despuntado el alba y él se, muerto dé sueño, sobre la rubia parva, que zas de flaqueza, remangados los brazos y reco- salió tan: campante de la población, y á todo cofingía un montón de oro molido arrojado sobre gidas y prendidas con alfileres las sayas, águi- i rrerde. su jaca, sé escabulló por las huertas. cielo mostrábase teñido de rojo intenso y un 1 las pedrezuelas de la era. -Ni tan ¡siquiera ze sade calzones turcos, habían cantado siguiriyas ¡Vayá un gachó! ¡Ese es un tío! -resolla- resplandor siniestro y. vivísimo como el de la 1 oye un mosquito por el lao de la cañeta. puesta del sol rastreaba bajo las encinas, cho- hasta enronquecer y bailado, á su. sabor el- ron admirativamente los segadores. pos y alcornoques, lla- ¡P o rb i chañes! -meaba en sus copas y, refunfuñó entre dien m mm -n m m con espeso penacho de. tes, rechinándolos de ¡1 humo, c o r o n a b a Ta inquietud y rabia, el ¡cumbre de Tomillares, hastialón de Paniuro. Elmonte de allá en- ¡A tnóo que tarda! frente ardía por sus D. Rafael está pasancuatro costados. Aque: do la pena negra y con lio hubiérase tomado un pelo se ajoga. Y la por: un volcán en pleverdá que tiée por qué na actividad. A jos nostr arno, porque descampesinos adormilapués de oraciones no dos se les figuró el inse puée andar por esos fierno. caminos á la buena e Dios. Del ventorro de- ¡Ñostr amo! ¡ZeMalasangre p acá poñorito! ¡Chachos! Arridría ocurrirle una esaba, c hay fuego ahí á borición. Y que er mola verita- -gritó desazuelo es capaz d haber foradamente el aperazalío der pueblo con dor, a p o r r a c e a n d o los brazos libres, zin puertas y ventanas y un cachorrillo ziquiera aplicando la punta de pa espantar alimañas! suzapatorro clavetea- N o hay cuidiao- -do á las p o s a d e r a s terqió el mulero, que enarcadas de los mosudaba á chorros, carzos más vencidos. -gado con el enorme ¡Arriba! que toíco Todornajo, rebosando de millares se va á jazeir fresco gazpacho para carbón, y anjoláa que los segadores. -El zeno v e n g a p acá la ñorito Paco anda en china. reondo por la campiña Corno un rayo vióse como Barceló por la salir del casón al señoaiar. Se trae mucho rito Paco, apenas oyó aquel, es más conoció lo de la finca de sü. y estimao que la ma y suegro, y en menos no hay quien le tiente que se persigna un er pelo de la ropa. cura loco, aparejó su caballo, lo montó de- -Ezo como la luz... un saltoy desapareció, -asintió Pañduro; -á campotraviesa, haciñ pero ¿pa qué buscarle dondesu novia estaría ti e S pies ar gato... quizá en peligro. Bueno, muchachos, yo me voy pá entro. Es- ¡Paco! ¡Pacooo! -tar, al acecho. clamó en balde su pav I, a n o c h e entraba dre desde el balcón eneáliíiáda. bochornotratando de retenerle sa, pero con el claror y enfrenar aquel ímde las más diáfanas de petu de locura. Suero. El vaho de la tos. segadores quetierra abrasaba como dáronse como idiotiplomo derretido. l, a zados, m i r a n d o con lana avanzaba en crepánico el incendio. ciente, y ya á aquella Una porrada de miles hora, a u r e o l a b a las de duros que se per cumbres. En los tinaos día... I, a huella de los FORMIDABLE EXPLOSIÓN ios bueyes revolvíanbandidos, enroj ecida y DOCM 1 TZ SUR ELBE (ALEMANIA) LA FÁBRICA DE DINAMITA DESTRUIDA RECIENTEMENTE POR UNA EXPLOSIÓN se inquietos y mostra- Fot. i ramous. negracomo la sangre, QUE OCASIONO MAS DE CINCUENTA VICTIMAS ban m e l a n c ó l i c a la ahondaría mas en los fosforescente mirada, espíritus que en las- -Pero si tu suegro está en I os Molinos- -ar- tierras asoladas y calcinadas. Pregoneras de su como si presintieran que á otro día serían lle- fandango, vino á interrumpir aquella juerga pa vados á las ferias de la comarca para pasar á cífica al aireí libre el trote largo de- un. caballo güyó D. Rafael. venganza ineludible eran las llamas. ¿Quién extrañas manos. Descansaban las, yuntas, fati- queallápoKél lado de los viñedos, sorteando -Pues ya lo sabe él; no hace una hora, des- resistiría, quién delataría? gadas y sudorosas del ajetreo dé la jornada, la cañada, asomaba; pués dé pelar la pava; con Fuensanta, entré á Por, humanidad, por amor á su Fuensanta, que había sido ruda y: asfixiante. I ejbs aún, no era posible distinguir al. ga- contárselo tod. b. elseñorito se jugaba la vida, metiéndose de sollardo y arrestoso jinete, que se jentrábá ál -Y él, desdeluego. petón en aquel círculo de fuego y llegando heBronceados como gitanos, rendidos como si- -Cá, óo. señor. Con más brío que un chaval roico hasta el caserío de Tomillares, no sin rehubiesen caído del cielo, libre la testa del som- punto por los olivares y sé metía por los barbrajo de palma que les daba aspecto: de guaji- bechos con serenidad de despreocupado y bi- que se pasara el día derribando toros, dio- un ventar el caballo en aquella carrera de vértigo. brinco, y abriendo la íespitaá su coraje, dijo, ros, dejando ver por la abertura desabotonada zarrías de vencedor. ¿Para qué? de. laraída camisa el escueto- costillaje, segaSe alzaron itodos súbito como movidos por inyectados en sángrelos ojos: ¡Canalla de se- r. Cuando se disponía á escalar la casa y salvat dores y mozos de trilla, sentados á lo moro en un resorte y quedaron perplejos, frunciendo, las, cUestráorés y criminales! ¿És que voy á traba- á la. mujer en que tenía puestos sus ojos, la el suelo caldeado, y empuñando en su diestra cejas, desojándose para mirar á aquel ternera. jar por ellos Que vengan á mí en persona con Guardia civil se abalanzó á él y lo ató codo lá, clásica cuchara de cuerno, se disponían con río que se les venía encima, sobré un potro je- esáSflétariías qúé yo les daré buena ración de con codo. I, a sombra del bandido había, vendaplomo pasque fabriquen monea. ¿Buscan yes- do los ojos á los guardias que creían ver al Zaavidez á refrescar sus. fauces y engañar el es- rézáno que bebía; los- vientos. tómago con la parvedad nocturna. Allí, á la ¿Quién zerá? -tartamudeó el manijero, ca- ca? Pues yo les daréjlumbre. El que se hace de marriya y los suyos en todas partes y en ninpuerta del cortijo, bajo el emparrado que mi- vilosóy sin resolverse á echar por la calle dé niel. J. sí Y decía bien. Con ésa plaga no se pue- guna lo encontraban. mosamente maduraba enormes racimos, ofre- en medio. de vivir, íiá gangrena ño se curá sino á fuego. I, a cara agitanada del mozo, sus patillas, su Bien; pero aisladamente... Milagro será; que mársellés, su caballo, su rifle... No cabía duda... cíase ya el gazpacho con su penetrante tufillo- ¡Estaría güéno que juera: el Zamarriya talde ajo 3 sus rodajas de pepinos. mente en presona! -apuntó tímidamente a me- con tales bravatas no le, cueste la torta un pan ¿Cómo iba á dársela á ellos... Aquel era el iná tu suegro. Acuérdate- adel secuestro de don cendiario, uno déla cuadrilla, y lo habían pes. -Esta noche sabe á gloria, cabayeros- -insi- dia voz uno de los segadores. Oir estoy escaparías mujeres hacia la coci- Marcos y dé la muerteferoz que dieron á los cado ín fraganti, cuando asaltaba el caserío nuó, incitándoles con guiño expresivo elma; para robarlo. nijéro, que, hinchendo su cuchara: reluciente na todo fue uno. Por la negra honrilla no las hijos dércondey. A la resistencia desesperada, natural y legíen el lebrillo azul vidriado, rompió el fuego siguieron para guardar la pelleja los hombres, Todos los qiie escuchaban pusiéronse refle. exclamando: -Amos con él y sin reparo, p ha- que buenas ganas -se es pasaban. Ni siquiera: xivósi pornb decifjapésadumbrados y medro- tima del señorito Paco, los del tricornio, afe 1 requirieron las escopetas, extrañados deque sos. Sólo consérV- aba él ánimo entero el señó- rrados en su error, le amenazaron dejarle tieso, cér fuerzas. En los candiles ennegrecidos y aceitosos, los huraños guardianes del cortijo, que ladra- rito Paco, qüé, levantada la cabeza con altivez, echándose las armas á la cara. ban hasta al vuelo de una mosca, permanecie- i relampagueando de rabia los ojos, los brazos Un cuarto de hora más y los tres hubieran colgados en el emparrado, chisporroteaban los enjarras y erguido el cuerpo en actitud proyo- perecido abrasados por no hallar salida. mecheros reavivando sus luces, que envolvían sen callados. A salvo y en marcha por la carretera, decía Muy luego sacábalos de su estupor y atolon- cativa, parecía desafiar a toda- una: cuadrilla en un nimbo rojo los rostros cetrinos y los torsos desdibujados, que oscilaban en la sombra, dramiento el jinete, parando en seco delante debándoléros que Saliese de los olivares ve- luego el cabo: ¡Vaya un díita! ¡Qué servicio el de hoy, de ellos su caballo correntón. de los trabajadores. Del brazo llevábaselo su padre para adentro ¿éh? -Ala paj é Dios, cabayeros- -dijo al grupo Mientras, los mastines, ahitos y vigilantes, ¡Camaráa! De primerísima. Ya tenemos el daban vueltas como centinelas alrededor de la el señorito Paco, echando pie á tierra y des- á punto que en él- firmamento plateado las eshilo- -repuso él guardia. trellas marcaban la media noche. cortijada. De vez en vez, sus recios ladridos colgando del arzón su rifle bien provisto. -Pues no se nos enredará la madeja, porqué: Con alarmante estridor cerráronse las puer- Dios guardaste, zeñorito- -respiraron á ponían en guardia á la gente, en pie de un salto, la escopeta entre las manos, el índice en una aquellos: hombres que acababan de quitar- tas del cortijo y, por unos momentos, todo éste... éste cania... ¡Vaya si canta! RODOLFO GIL cayó en quietud silenciosa de- muerte. el gatillo, los ojos clavados en el macizo ne- se un gran peso de encima, I OS segadores se habían tendido á la larga gruzco de los olivares de enfrente -Tiée usté más arma que un caballo- -se Mas no había por qué sobresaltarse. Ya era atrevió á reconvenir al recién llegado el ape- sobré el muelle lecho que les brindaba la paja- INNOVACIONES EN EL el chirriar de una carreta que rodaba por el rador, apresurándose á salirlé al encuentro. -zade la era; pero nó dormían. El eco monótono SERVICIO DE CORREOS: sendero del altozano, ya una caravana de cín- ¡Por vía é, los moros! ¿Cómo z atrev ostéá an- é intermitente del cuclillo les- sonaba á agüegaros, ya el rumor que levantaban las caballe- dar por ezos Caminos, cuando er Zamarriya y ro espantable; el revuelo de las aves en el garías dé otro cortijo que retornaban del pueblo. los zuyos no respetan ni la intemerata y le dan llinero los encogía, no atreviéndose á sorprender á los gúmeros, y el, continuo carlear de los Hasta el ruido del viento éntrelas hojas agu- un zusto ar mismízimo Niño é la bola... -No seáis fáltaseos- -respondió el jinete, mastines, el rumor de las aceñas que arrastrazaba el olfato de los perrazos y los hacía aullar en. las tinieblas. picado en su amor propio. -Ksos desgrasiaos ba hasta ellos el viento y los ruidos lejanos que Pronto la alarma que levantaran los alertas saben á quién atracan y con quién se gastan alza en los campos la noche, los tenía en vilo, contenida la respiración, aguzado el oído por caninos, la aquietaba y adormía la presencia los dineros. -Pero ¿eres tú? -le interrumpió D. Rafael si se percibían pasos extraños... de los tricornios que iban de pasada, y más Iva leyenda flotaba como niebla en aquel amtarde, la voz de un mozalejo que, sacudiendo corriendo hacia su hijo, abrazándole nervioso miedo y sueño en larga caminata, perdíase en y ensanchando los pulmones. -Merecías no sé biente dé horno y llenaba con lá claridad déla ¡a entraña de los carrascales, y canturreaba en qué... Al diablo se le antoja arriesgarse por las luna la campiña y la serranía. Su sombra agiañoranzas de ansiedad las tristezas de sus amo- Angosturas... ¡Te entran unos avenates... ¿Cómo gantaba en proporciones fantásticas los árboríos aldeanos. Su úitima copla, con aire de tien- has tardao tanto? ¿Te has tropesao con esos fa- les y los hombres. I, a miseria y el trabajo pos- trabán al fin a aquéllos ppbretucos, mal entre o, llegó clara y vibrante hasta el grupo de se- sinerosos? ¿Hay por ahí novedaes? -Calle usté, padre, ¡la mar! pero á este cura tenidas SUS hambres; mas en el interno malesjadores: Tíe mandatto hacer un freno ni un guisopaso. Voy siempre toor! camino real tar- cpngénito, que roe como un gusano las para domina eí querer, hazañas relatadas de braveza ó de generosidad y nadie me corta el resuello. y no he enconírao un maestro- -Como que el mocito es majo como dengu- imaginaria del bandido, azote de la comarca, quemelosepajazer. FACSÍMIL DEL CUPÓN DE RESPUESTA no y terne como el que más, y lo. mismito se tra- espoleaban á lá rebeldía los corazones resignaA poco ia claridad de la luna cayó de Heno ga, montando, seis leguas de un tirón, que dos y convertían entre sueños los bieldos en PAGADA (DOS TERCIOS DE SU TAMAÑO) sobre el cortijo, y el eco de la copla, en el silen- atraviesa á un mosquito de un tiro- -rezongó trabucos; p L CUPÓN DE RESPUESTA Como conse cio plácido de aquella noche que convidaba á el manijero. cüencia de a INTERNACIONAL iniciativa del velar, animó á los cortijeros. lia casera descol- -Cuéntame, cuéntame- -dijo impaciente don na hora después, realidad y no sueño era el paso de los caballistas por las cerca- office de la Gran Bretaña en el Congreso postal gó y desempolvó la guitarra, y las mózuelas, Rafaela su hijo. hecha la refacción en el interior, bajo la cam- -Pues náa- -siguió el señorito, pronuhciaii- nías del cortijo, á unos sometros de la era y de de 1906, celebrado, en Roma, se ha resuelto. la CÍh 0 S. LA SOMBRA DEL BANDIDO pana de la chimenea, corrierpuá unirse ala do con gesto de indiferencia y desprecio su la- la casa. No iban en vena de detenerse y pegai