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HUMERO SÍ 4 A B C. MARTES 27 SE AGOSTO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 EL NUEVO PRINCIPE SOBERANO DE ANDORRA hr EL EXGMO. SR. OBSSPO D. JUAN BENLLOCH, CON EL CONSEJO GENERAL A LA PUERTA DEL PALACIO DE JUSTICIA DH ANDORRA LA VELLA vez dependerá del modo de distribuirse la poSantiago era moreno, tenía ojos negros, dien biación, hasta el- punto que aun las soluciones tes, brillantes, gruesos labios, nariz fina, tez satisfactorias para Castilla, por ejemplo, con pálida, bigote rubio y su boca siempre estaba! -sus pueblos agregados, habrán de modificarse sonriente. f para las regiones del Norte, en que predomina María trabajaba en el primer piso cerca de ¡i la vida céltica del caserío diseminado. Por esta la ventana; Santiago trabajaba enfrente, era un razón, el ministro recaba una gran indepen- verdadero trabajador. Permanecía en el esta: úencia, no sólo ante el Gobierno, sino también blecimiento desde las diez de la mañanaihasta I ante la opinión, para poder siri empacho des- las siete déla tarde. El primer día que se ha hacer lo que parezca malo, en cuanto tal re- bían visto, él se sonrió, ella se ruborizó, bajó los ojos é hizo una mueca encantadora. Ocho ss sulte. Necesito también amplias facultades para días después se devolvían sonrisa por sonrisa... ensayar mi proyecto por lo que toca á la cues- quince días más tarde se habían encontrado á í tión financiera, ó sea gasto de 1 municiones, al- ¡a puerta y los dos se ruborizaron. J quiier y aun compra. de terrenos para campos Pasado un mes se hablaban ya; seis sema- de tiro, transporte de alumnos y profesores nas después e l l a esperaba por la tarde. Y, en Í por vía férrea, para- ejercicios de; conjunto fin, á los seis meses ya estaban tan de acuerdo 4 otros extremos- qúa pudieran aparecer; así ellos, la familia y los amigoSjjjue sólo les faicomo para hacer posible, sin iniquidad, el des- taba el tiempo preciso para visitar al alcalde. tino á este nuevo profesorado de aventajado deciros lo que se: divirtieron en la boda es personal, cuyas condiciones preferibles tam- difícil. ¡Oh, qué linda fiesta! ¡Que alegres estabién está reservado á la experiencia revelar- ban todos! ¡Cómo reían! ¡Cómo bailaban! Esto, nos. Y no. puédo ni. debo determinar desde aho- sin contar con que cada vez que salían del ra irrevocablemente el estímulo qué se ha de comedor para ir á dar una vuelta los invitaofrecer á la juventud, para que á nuestras es- dos con los casados al frente, los transeúntes cuelas de ensayo acuda, así como tampoco la se volvían para decir: parte que en la tarea hayan de tomar los- ¡Qué parejita más simpática! maestros de las. escuelas primarias y el profeNo faltaban escépticos que se reían de la sorado de otras superiores donde convenga... flor deazahar. ¡Bah, loshaytan perversos... Advierto, por último, que el ensayo no es cosa Había que ver cómo trabajaban marido. y de meses, y que bien puede requerir algunos mujer. ¡Ai! pero es que ni Santiago ni María anos, 110 sólo para juzgar de su posible acepta- querían que su pequeñín fuese infortunado; ción por parte del público, sino del resultado querían que al venir al mundo tuviera su equique se obtenga en la valía militar de los 1 Cuer pos nutridos por el nuevo sistema; pues á ambas cosas hay que atender. A cambio de esta muestra de confianza, que reclamo como indispensable, ofrezco poner todo celo en la prueba, empezando por rebuscar con tin candil los que en ella hayan de colaborar. Ofrezco igualmente dar cuenta con cierta periodicidad y con absoluta veracidad y Eranqueza, del curso de la experiencia, para yue, debidamente informados gobernantes y opinión, hagan á mí y á mis sucesores y continuadores las observaciones que á nosotros puedan aprovechar. Comprendo que parecería más gallardo y más tradicional presentar un proyecto detallado; renuncio. á la gallardía y la tradición y emprendo una senda poco trillada en el arte de gobernar: senda algo trabajosa, pero que conduce seguramente al objeto. y yo, como aspirante á adivino, digo lo que he supuesto que habrá dicho, ó dirá el ministro. Hubiera podido dar alguna opinión respecto alo que debe hacerse, en tal ó cuál aso; prefiero, y sobre todo deseo, que, las co- sas vayan en la marcha de un verdadero ensayo, coii la amplia libertad material y moral 5 ue tiene un investigador en su laboratorio. JENÁKO A L A S CASA DE ffLA VALL O SEA CASA DEL CONSEJO Y PALACIO OE JUSTICIA DE ANDORRA LA VELLA DONDE TOMO POSESIÓN EL- NUEVO PRÍNCIPE Fots. Clavero! 1 0 completo; querían que al niño no le faltase 3 nada. Rudo es el trabajo; lo sabían por sí mismos; pero muy animosos, deseaban que el bebé no fuese obrero. Así es que para su futuro hijo ponían á contribución la salud y sacrificaban su vida aquellos honrados jóvenes. Un domingo, Santiago volvió del taller después de mediodía... y ya era padre. ¡Ah, qué loco! Había que verle, iba y venía, corría, cantaba, se comía á. besos á la madre del pequeñín, y en cuanto á éste, faltó poco para que le. ahogase á caricias. Llevó más de diez testigos para hacer la inscripción en la Alcaldía. En cuanto la parturienta selevantó, se reanudó el trabajo con más. ardor. ¡Diántre, ya eran tres! t t En an año bebé se hizo un niño hermoso, pero, muy hermoso y muy divertido. Santiago decía que se parecía a ella. María, que ge parecía á él. Y como era tan lindo el chiquitín, un domingo de sol le llevaron á casa de un fotógrafo, á. quien Santiago, dijo: I I n día, cansados de una vidaque no propor- -Ya sabe usted, hada de economía; un buen donaba más que disgustos, que no proretrato, y tarde usted lo. que sea preciso. metía más que molestias para el presente y la miseria para el porvenir, se incomodaron más p l retrato, de un perfecto parecido, fué. pues- aún y resolvieron separarse. to en un cuadró y colgado á un ladp. de la Todo estaba decidido. El la dijo: chimenea, parejo con el retrato en miniatura, -Yo soy hombre, trabajo, gano para vivir, con colores finos, de la abuela. me llevo lo que me pertenece y te dejo todos Una tarde, cuando Santiago entró, María le los muebles de la casa. dijo que á bebé le dolía la garganta. El corrió- -Yo no los quiero; los muebles son de usted, yo no quiero nada dé usted. -N o dices más qUe tonterías; yo te lo dejo todo y basta. ¡No! no quiero nada más que una cosa y la tengo... me iré á vivir con mi madre. ¿Qué cosa es esa que tienes? ¡El retrato de bebé! Y le enseñó el cuadrito. í- ¡Ah, no; eso no! ¡Coge todo lo que quieras, todo, la casa, el dinero, pei o bebé es mío! II- -Oh, no tendrás el valo; r de arrebatárselo ásu madre. i Santiago se impresionó ante el acento con que María dijo estas, palabras. -Al menos. antes de partir, déjame yerle. -Pobre chiquitín- -dijo la. tuadre con los ojos llenos de lágrimas y sonriendo ante el retrato. Santiago se adelantó haqia ella para mirar por encima del hombro, y c on el corazón angustiado, y enjugándose lofe ojos. conlas manos endurecidas por el trabajo: ¡Pobre bebé... ¡Si estuviese aquí... -Si estuviese aquí, tú habrías sido más razonable. ¡Con aquellos oiitos encantadores qtie tenía... -I,o s tuyos, igual. -Si, c a s i casi; p e r o t e n í a l a boca igual que tú. á buscar al médico; se dio al paciente la fórmula recetada. Toda la noche ella ó él tuvieron al pobre niño en brazos. Por la mañana bebé, expiró sobre las rodillas de su padre. ¡Ah, si hubiéraisvisto á María ante la cuna de su hijo! ¿Por qué me le habéis llevado, señor? ¿Pero qué habrá hecho el pobre querubín? Ya sabéis que mi marido y yo, si nos, hubierais pedido nuestra vida, os la habríamos dado. ¡Dios mío! ¿Qué queréis que haga sin mi hijito? Y cuando los funerarios vinieron á robarle su hijo, ¡qué horrible escena! Desde que el pobre pequeñín fue llevado al cementerio, el hogar quedó entristecido. María lloraba, lloraba sin reposo; Santiago, sabiendo que ya no podía encontrar alegría en su casa, volvía tarde. El matrimonio reñía, se incomodaba... Como aquella carita sonrosada, sóbrela eual se encontraban los labios dé mujer y marido, no estaba allí, pasaban días y semanas sin qu desapareciera el enfado. -P a r e c e q u e s o n r í e todajivía. -E s t úsonrisa... cuandol t ú sonreías, COLABORACIÓN EXTRANJERA E l i RETRATO p n un proceso de divorcio muy ruidoso, dijo el presiden te. del tribunal, dirigiéndose, á la- demandante: ¿Cómo ha podido usted abandonar su casa después de dos años de. una vida feliz, después de liabér gozado dé la ventura inefable ae la maternidad, teniendo un maridó que la adora- a á usted y que; adoraba á su hijo? Si la mujer olvidaba, la madre debía, acordarse. L. a señora X, respondió: -Era cuando tú estabas ¿conmigo. -Cuando t ú estabas alegre; me: gustabaper manecer en casa. V -Pero y o n o lloro más 1 qué porque estoy acmfsola. -Si hubieras lloraao corimigo... -Yo lloraba durante el Bía. Cuando tú volvías, 110 quería llorar... estafea triste... no podía reir. i. -Pues bien, entonces- -y; Santiago rompió en sollozos- -no es razón caira arrojarme así. -Pero, si yo no te echo sii eres tú quien me abandona- -retiuso llorando- María. ¡Yo! f Y üs visto el segundo retrajo, señora X. Ya DEL CONGRESO ESPERANTISTA DE CAMBRIDGE J ve usted que estaba en un, error al sonreír. GRUPO OE DELEGADOS ESPAÑOLES. DE DERECHA A IZQUIERDA: E L CORONEL Aquél dolor, en lugar de separarles á i aria er. a rubia, tenía ojo verdes, dientes h. ROMÁN AYZA, DE VALENCIA; EL. CAPITÁN D. JULIÁN HERRERA, D. RAFAEL des, debía haberlos unido paría siempre. uste blancos, labios rojos, orejas sonrosadas, MEJORADA T D MANUEL SAISZ, DE BURGOS, Y EL CAPITÁN DE ARTILLERÍA D. JOSÉ PEROGORDO; OE MADRID Fot. World s Graphic Press XEXIS BOUVJER. iiejüíás frescas y cejas y pestañas negras. -Precisamente porque yo no era madre. ya; nuestro hijo había muerto. -Este dolor, en vez de separar á ustedes, debería haberlos unido para siempre. Estas palabras hicieron sonreír á la señora X, i: quién yo me permito dedicar la siguiente historia. Y Santiago estrechó á- su inujer con efusión, con cariño. í I,o s dos lloraron y todo se ¡olvidó. Por fin, Santiago, colgando el retrato en la parei, dijo, mirando con nialijcia á su mujer: -Está muy bien; pero nbcesifcaría una pareja.