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NUMERO 814 A B C MARTES 27 DE AGOSTO DE 3907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 3 x LOS SUCESOS DE MARRUECOS CASAELANCA. LA RECOGIDA DE CADÁVERES DE LOS MOROS MUERTOS DURANTE EL BOMBARDEÓLOS ENCARGADOS DE ESTE SERVICIO SE VESAN OBLIGADOS A PONERSE EN LAS NARICES PAÑOS EMBEBIDOS EN DESINFECTANTES PARA PODER RESISTIR EL HEDOR DE LOS CADÁVERES (ÜzLIUustratior. nitentes cultivadores de la conversación! El tereses idénticos. ¿A qué reproducir la entre- de la tierra andaluza, resistentes y sODrios, socrupier ha. dicho por milésima vez su sagrada vista que andadmprésa hasta en libros que tra- ñadores y poetas. frase ¡hagan juego, señores! pero ya no que- -tan de la cuestión de Marruecos? Se comentó Sí, yo quise y quiero á esa raza vigorosa, dan pesetas, nadie quiere ya jugar; y un paño mucho, fue un pequeño ésito periodístico que creyente, amante de la tierra que pisa, y. ño gris cae sobre las mesas, se duermen los caba- mp satisfizo bastante, pu yo no aspiraba á olvidaba con cuánta facilidad se llama fanático 1 OS TZIGANES Estos tziganes son unos llitos, vanse los crupiers. Una postrera botella dela menor distinción, siquiera, á que me diesen á todo aquel que no siente eomo nosotros, esJU- -hombres que tocan el vio- champaña se ha abierto repentinamente con las gracias de Real orden por haber servido á cépticOs y blandos en el querer y en el pensar. lín en un rincón de la terraza del Casino, entre gran estrépito, y al conjuro del taponazo se ha España, según habían dicho. Observé con cuánto tino un gran pueblo el salón de los caballitos y el comedor. Pero no oído la ultima carcajada. I as damas y sus gaFui á Tánger con mis queridos amigos Mar- poderoso, pero dotado de una astucia y un teson hombres únicamente; les acompañan dos lanes han dado fin á su devaneo. El último tí, Ovilo, Campillo y Bendaña, estos últimos ya són inquebrantables, procuraba ahondar difemujeres, una que toca el violoncello y otra que escote- se acaba de ocultar bajo un chai de muertos, por desgracia; recorrí los antiguos rencias y provocar recelos entre los marroquíes color crema. Acabóse todo; ahora podrán los campos de batalla, conocí á la judía Tamo, idea- y los europeos. Agazapado como un leopardo toca una especie de fantástico piano. Tocan, tocan y más tocan, desde muy tem- pobres esclavos, los dulces violines, reposar lizada por Alarcóii, al cual dirigí varias cartas desde las rocas españolas espera la ocasión que se publicaron en el periódico mereciendo la propicia para conseguir sus fines. Las demás prano hasta muy tarde, y sus chaquetas rojas, también. como una llamarada de fuego, destacan brionaciones, ansiosas de apoderarse del rico botín Pero no... t o s violines no quieren descansar. aprobación del insigne veterano. samente sobre el pálido color de los vestidos Se han olvidado del sitio, de la hora y del sueDespués ocurrieron muy curiosos episodios, de minas, tierras feraces y estratégicos puerfemeniles. La música de sus instrumentos des- ño, y parecen haberse, transportado y desva- desde las reclamaciones furiosas de Francia tosy no apetecían otra cosa sino el oro que puetaca asimismo de entre el ruido áspero de las necido. Siguen sonando todavía, ahora que po- hasta el cómico saínete de la isla del Perejil; de obtenerse á poca costa, y fomentaban el co- voces, los gritos y las carcajadas, y sobre el drían callar. I, a vehemencia del largo día, la se celebró la Conferencia de Madrid y, más tar- mércio de armas y baratijas útiles ó agradacrujido de los platos, sobre el vozarrón del multiplicidad de las emociones, han sugestio- de la deplorable explosión de Melilla, hasta bles al rey y señor de aquellas tierras envidia crupier que grita autoritariamente ¡hagan jue- nado á los violines de tal modo, que suenan, llegar á la famosa Asamblea de Algeciras, pre- bles y envidiadas. go, señores! los violines de los tziganes levan- suenan y más suenan en el profundo silencio cursora de esta desdichada empresa policíaca Gran emoción experimenté al visitar en Matan sus penetrantes quejidos y parecen llorar de la noche. Cantan yo no sé qué poema tristí- en que estamos empeñados. rruecos nuestras- escuelas y ver á niños espayo no sé qué ocultas penas de esclavo so- simo, arrebatado, que parece un vals y que Ni entonces ni ahora pretendí descubrir nada. ñoles, árabes y judíos aprender nuestro idioñador... parece igualmente una melopea. Y éLviolón- Mi patriotismo acendrado me ha permitido es- ma; al entrar en él hospital y dispensario don- Sí, en efecto, los tziganes son como uno? es- cello consigue á veces redoblar su quejido y tudiar con cierta sosegada tranquilidad mia- de con igual celo se curaba á los desgraciados clavos en medio de nuestra dorada civiliza- sobresalir por encima de los violines, y enton- chos hechos históricos, y observo ahora que enfermos de todas las comuniones; al percibir ción; son los descendientes de aquellos que en ces llega l a música á su más alto momento de no andaba desacertado en mis juicios. los primeros ensayos de un barrio obrero para el tiempo de la Roma imperial, cuando los pa- emoción. Y la luna parece haberse detenido á Las Potencias- en Tánger me recordaban los nuestros emigrantes; al observar, en fin, que los, tricios cometían toda suerte de bestialidades, lo lejos, en la concavidad de las dos monta- pretendientes de la Marcela, de nuestro Bre- adelantos modernos iban siendo introducidos pulsaban citaras y timbales y entretenían la ñas, cuando se iba á dormir... tón de los Herreros; todo se pasaban de lis- al amparo de nuestra bandera. beodez de los señores. También los tziganes De repente han callado los violines, como si tos. El predilecto no sabía obtener los favores Él P. Lerchundi tenía un plan civilizador de necesitan entretener á los modernos señores, salieran de un espasmo. I,o s rojos tziganes se de la dama, á quien soñaban poseer y domi- trascendencia suma. Le amaban todos por su no ya con cítaras, sino con suaves violines. Y han marchado á descansar. La lana se ha acos- nar los falsos amantes. bondadosa tolerancia. Protestantes, judíos y mientras las cenas se suceden, mientras el son- tado definitivamente. Españoles y moros, á despecho de las gue- moros acudían á. él para oir; su. consejo, para rosado salmón circula por la mesas, mientras rras de conquista y de expulsión, tienen idén- que repartiese limosnas. Sus discípulos indíge- J. M. a SALAYERRIA el champaña burbujea en las copas, los violiticos hervores en la sangre; no en vano han nás le atendían con abnegado respeto. El; creía nes de los tziganes suenan y parece que susconvivido durante largos siglos. Desde D. Ro- un deber imperioso fomentar la fraternidad enpiran. drigo hasta nuestros días, España, con claro tre los españoles y los moros, y decía: NuesSon como aves rojas que vuelan y cantan en instinto, ha barruntado el ¡peligro más allá del tra misión estriba, no en convertir infieles á la todos los lugares de placer. Van y se detienen Kstrecho. Ya no. pueden desembarcar los pira- fuerza, sino en hacerlos vivir y obrar cómo en los bulevares de París, en la cornisa de la tas desde sus cárabos y galeras, pero adueña- cristianos... El día en. que los preceptos. del Costa Azul, en Biarritzy en San Sebastián, da de la costa marroquí, cualquiera Potencia, Evangelio imperen en las conciencias y se pl- como pájaros enamorados del brillo, de las lude allí puede surgir nuestra definitiva ruma. vide la odiosa pena del Talión; cuando nos ences y del ruido. Son los compañeros de la ruleLos ensueños de conquista de D. Sebastián y tendamos mutuamente por medio de nuestros ta, de los- caballitos, de las coeotas y del cham- LA FAMOSA INTERVIÚ. -f- RECORRIENDO EL PAÍS. INCI- Carlos V se han desvanecido para siempre. La respectivos idiomas; cuando les enseñemos paña. Dejan caer las perlas de su música so- DENTES DE ANTAÑO LAS P O T E N C I A S Y ESPAÑA. famosa frase del gran Doria al Emperador, di- prácticamente los beneficios del progresó, no bre el mantel de todas las liviandades. Y en NUESTRA MISIÓN BN MARRUECOS. -LOS PROPÓSITOS ciéndole que los únicos puertos de Marruecos habremos conquistado el suelo; pero dominatanto que las ricas mujeres sonríen, abriendo son Junio y Julio, demuestran los peligros de remos en los espíritus. Fuerza es convenir en DEL R. LERCHUND) los ojos aterciopelados, temblando el blanco intentar desembarcos en aquellas inhospitala- que el insigne religioso estaba en lo cierto. escote, los violines suspiran y lloran lo misIU ü j? eraúd me recibió en la embajada cón: rias costas en todo tiempo. El desastre, ahora Por la fuerza no se educa, instruye ni civiliza mo que unos amantes desdeñados, ó como pá- excesiva cordialidad, presentándome á su ama- como entonces, será inevitable. á nadie. Creer por otra parte que se avasalla ble familia, sentándome a s a mesa y esforzánjaros prisioneros. Los moros, por su parte, aun. suponiendo que más fácilmente, á los ignorantes que á los insdose en manifestarme de todas formas que no nos odien (y el odio es un amor al revés) sin- truídos, es un error deplorable. ¡Oh, las risas y las voces de los que cenan, qué agriamente rompen la calma de la noche! podría, que no sabría ocultarme nada, que se tieron siempre secreta atracción por la tierra Murió mi insigne y amado amigo, con el doY la voz vehemente de los violines, ¡oh, qué desabrocharía ante mí, frase equivalente á ladonde vivieron sus antecesores, y yo había ob- lor de que sus iniciativas no fuesen debidanuestra: abrir el corazón. Y, en efecto, con apa- servado que nuestros frailes, nuestros médicos mente secundadas por quienes debieron hacerdulzura y qué tristeza, qué humilde melancolía tienen en la hora última de la noche, cuan- rente sinceridad, con habla verbosa y rápida y nuestros comerciantes eran más queridos y lo. Desde entonces trataron de imitarle mudo la luna se recuesta en las montañas y el refería mil cosas queino venían á cuento, mu- respetados que los extranjeros. chos extranjeros; pero los resultados no podían chas de: las cuales me reservé; eludía con saalba tardará poco en aparecer! Aprovechar tan instructivas simpatías, favo- ser idéntieos. Entretanto nosotros hemos ca. Es más de media noche. y todos se han gacidad las preguntas concretas y el ritomello recerlas, estrechar los vínculos de afecto, tal minado sin rumbo ni plan, arrastrando por el dormido en la ciudad. El mar se ha dormido de aquella música de palabras, el. motivo de debía ser y era por aquel entonces nuestra mí- suelo los sables, haciendo resonar las espuetambién, y apenas suenan las olas. Las mon- toda su charla era persuadirme, como todos los sión en Marruecos. Cuántas vecesal visitar los las, encogiéndonos de hombros y mirándotañas se han embozado en su capa de sombra, diplomáticos ó aficionados á la diplomacia eu aduares, recordaba nuestras aldeas campestres, les de soslayo; separándonos de día en día Marruecos, y duermen. A lo lejos, en el horizonte, en el tán, á quien de que e l era amigo íntimo del Sul- con sus chiquillos desnudos mezclados con de aquella raza á quien debiéramos tener al conocía desde 1867, se lecho que le preparan dos montañas, la luna hacía en el Imperio sin que él loque nadaque animales domésticos. Las madres trabajaban lado y ahora se nos coloca de frente, ceñuda y desciende perezosamente y pronto se acostará, j su misión era pacificadora y, por. supiera, que sordamente como nuestras campesinas, y en agresiva. último, y dormirá cansada. Todos están dormidos, ex Francia no realizaría nada sin contar con su sus tribulaciones invocaban también á la VirMANUEL BE TOLOSA LATOUR cepto las últimas nrujeres y los últimos gala- querida hermana España, por ser nuestros in- gen. En aquellos rostros morenos, serios, de Cádiz, Agosto j 907, nes que pasean á lo laríjo do I.i terraza, ¡impemirada honda, veía un reflejo de los hombres A B C EN SAN SEBASTIAN VEINTE ANOS DESPUÉS n i