Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NUMERO 810 A B C. VIERNES a 3 DE AGOSTO DE 1907 Í OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 beri. Las modernas amazonas ostentan esta te rrible divisa: Liga femenina contra el matrimonio He ahí un feminismo. en verdad, consecuente. Hasta ahora no era por cierto el bello sexo el enemigo mortal del himeneo. Las teorías: más subversivas no pasaban los umbrales del hogar, que durante tanto tiempo ha sido ó; su reino ó su prisión- -como mejor quiera llamársele. -La necesidad de un abrigó y una protección atraía á la mujer á la morada, nido de la familia légalmente constituida. Así, pues, la Liga de las mujeres belgas al declararse contra el matrimonio, á dos pasos de los banquetes ofrecidos por las futuras esposas nos da la más alta expresión del feminismo, y desde ese estricto punto de vista merece alabanzas por su lógica. Esperemos, pues, que haya vivido algún tiempo para hablar de su sinceridad. Pero en todo caso, hay que convenir que está en un todo conforme con las reivindicaciones femeninas. Vean ustedes por dónde la igualdad de sexos se nos presenta de tina manera inesperada y bien extraña. Los hombres rebeldes alyugd del matrimonio, es seguro, que no contaban! con la competencia femenina en el ejercicio de su natural antipatía. Y helos ahí de un solo, golpe, arrojados de sus. posiciones, Desde el momento en que el feminismo rechaza el anillo nupcial, símbolo de esclavitud y de seguridad, las mujeres quedarán bien pronto fuera del dominio del hombre, á menos que... ¡oh, Natura! ¡Natura! como decía Moliere en aquellos hermosos tiempos en que la palabra ma- trímonio hacía sonreír á las muchachas sol teras... cuyas advertencias y planes no han sido seguidos en España, por desgracia nuestra. Yo, que nada soy y táli poco valgo, estoy orgulloso por haber conocido aquella figura excepcional, y creo un deber sagrado dedicar á su memoria estas líneas. Ni entonces esperé nada ni ahora apetezco cosa alguna. Creo que aporté hace veinte años mi granito de arena á una obra patriótica malograda. Ahora que las tempestades políticas levantan un verdadero simoun en África, bueno- será hablar de estos recuerdos antes de que la tromba nos sepulte por: completo. La ausencia del P. Lerchundi en Tánger constituía para mí una gran contrariedad; me tranquilicé al pensar que hallaría allí á mi fraterq u e ti solo constituye t o d o un ga- f nal amigo Felipe Ovilo, esperándome con los brazos abiertos. bínete de trabajo? f Y desembarqué en la gran dehesa de reses. Empleando este mueble, t o c o s bravas, compuesta de berberiscos, negros, ára bes, y moros, cada uno con su carácter propio vuestros documentos estarán clasi- y distintivo, como, ejemplares dé un Museo de historia natural, y entre ellos la raza hebrea ficados, y siempre al alcance de l a i mezclada, jamás confundida en aquella masa, ¡y por ultimo, con ínfulas de señor, pero pósimanó, y así podréis trabajar fácil v i I tivo aspecto, de convidado á la fuerza, el ele: cómodamente. mentó europeo. la puerCuando tengáis que interrumpir un trabajo, será su ciente q u e bajéis ta Al ascender la rampa quexonduce á ijadea. n- de mar, por donde sé, despeñaban, el rideau ó persiana para cerrar; automática- lente t o d o s los departa- tes y tumultuosos, tipos de todo género que nos asediaban zarandeándonos, imaginé que mentos del burean: cajones, casi líeros, etc. entraba ep. el escenario de uií gran teatro, durante Un intermedio. rMuda, pero ceñudamente, aquella coinparsería pintoresca nos decía que líes estorbábamos. Nosotros, con cierto miedo mal disimulado, declarábamos que estábamos allí por derecho 8 Sescrsíono árideau, mas Wo- més ¿er aquel Sultán misterioso, encargado de explotar el espectáculo á modo de empresario Querubini. Una de las advertencias que me hicieAl levantar el rideau encontraréis ron fue qué no- me achicase. Si un bárbaro de aquéllos me atrepellaba con su burro, sin deel trabajo tal como lo dejasteis. cirme ¡balaki (cuidado) garrotazo á cualquiera DESPUÉS de los animales, y adelante. Más que amigos El Burean Cosmos se desmonta instantáneamente, de la empresa, resultábamos los extranjeros MEDITACIONES. CAMINO DE TÁNGER. CÓMO CONOCÍ abonados exigentes, dispuestos á exigir toda con sólo retirar algunos tornillos. clase, dé indémnizacianes y cambio de progra- AL P LERCHUNDI, LO QUE ME PARECIÓ MARRUECOS. Se le traslada con toda facilidad, pues rueda sobre botasma á las primeras de cambie. CRISTIANOS Y MOROS. EN BUSCA DEL EMBAJADOR Los moros de la contaduría, representantes FRANCÉS dé la tal empresa, nos trataron con suma defe ¿Quién no ha contemplado desde lejos, al INSTALACIONES COMPLETAS rencia, gracias a. niís buenos amigos. paso del tren, una dehesa de toros bravos? El amir ó bajá dé entonces, que por ciertose DE ESCRITORIOS ¿Quién no ha admirado en. la plaza el gallardo parecía extraordinariamente, á mi ilustre clienempujar del astado bruto y el sereno valor de PRESUPUESTOS GRATIS te el insigne Alarcón, me. obsequió con tres talos toreros? zas de té aromático, de sabor inexplicable, pero PÍDANSE DETALLES Por muchos arrestos que tenga el aficionado, no ingrato; tomé en un cafetín una borra espe- 110 se entra en una torada ni se baja al redonFABRICA EN N U E V A YORK sa calificada de café; oí las canciones morunas del sin cierto pavor. Algo parecido me ocurrió CASAS EN LONDRES Y PARÍS que ya conocía por la Exposición; en mi cali. cuando, entre mis amigos se hizo público el dad de médico pude verjel rostro de la mujer viaje. Unos decían: No se aventuré en el. inenferma de un moro; vi. bailar moritas de acuaterior, ni menos vaya, solo por aquellas, tierras; Ttiueüro gran álbum ilustrado se envía contra 20 rela, entré enúna escuela, me asomé á la mez. son salvajes, traidores y malos; acuérdese de quita y ala cárcel, y en poco tiempo me contacéntimos en sellos (gastos de correo) la- guerra de África. Otros afirmaban: Allí gié x de la especialísima y dulce manía que verá la representación de nuestros hermanos asalta á todo explorador de ocasión, quiero dede raza, son bravos, pero nobles; en el fondo cir, que me sentí africanista hasta la medula. muy buenos. Respetan á quien les respeta. Pregunteá nuestros, comerciantes y frailes. Y en- DIRECCIÓN DE AGENCIAS: BUEN PASTOR, 2 ACCESORIO, SAN SEBASTIAN El problema marroquí era niás sencillo que una insustancial adivinanza dé revista ilustratre el ¡No sefíe! y el Vaya descuidado! mi espíSB FACIUTAM CATÁLOGOS, CABALLERO DB GRACIA, NÚMS. 3 o Y 3 2 MADRiD da; había qué escribir ún libro, con: impresioritu vaciló, y me decidí por preguntar con inCOMPAÑÍA DE MÁQUINAS DE ESCRIBIR O D V E R nes y fotografías y moros coronados, que asonisisten cía, sr habría Levante y si á las alturas bra g ál mundo, qiae compitiese con lQs remede Trafalgar. no. haría el mar. una- de las suyas, temiendo más, l a s a conocidas angustias del alas, echado algo atrás, descubriendo una fren- gor de una inteligencia sagaz y varonil, reco- dos dé; Amicis, q tiélpn 0i M, i: éfi, punto las. -pensasen mareo que. toáps íbs peíigros de. la tierra afri- te espaciosa y dando al rostro alegre, de sano giendo los menores detalles exteriores con ins- afirmacionesgr de. los. üé- no completacomo, nosotros y, -én fin, que perdícana. color, aunque avejentado por una barba gri- tintiva diafragmación de la pupila. La mano mente el miedp; ála torada ályér con qué manEn el mismo muelle donde debía embarcar- sienta y rala, cierto aspecto patriarcal y hu- deliraile, fuerte y gruesa, tendíala cordialmen- sedumbre recogían los ochavos, con aparente me é. los pocos días vi por casualidad el des- milde. La movilidad de su entrecejo servía ad- te, apretando efusiva al estrechar la nuestra, regocijo, aquellos moros de paz, entre los cuales embarco de ja embajada. Entre, los graves se- mirablemente á la expresión singular del ros- y el beso que en ella imprimían los labios, más era yo uno mas y bien pacíficp por cierto. ñores que la componían destacábase la figura tro. Unas veces las líneas bien dibujadas de que por intuitivo respeto al anciano, era por Con estos arrestos me presenté ante el emde un fraile franciscano, bajo dé cuerpo, abru- las cejas acentuaban la mirada infantil y bon- amorosa confianza al padre de almas. bajador- francés, que esperaba mi visita. inado; con. una enorme capa de color café (que dadosa de l o s grandes ojos, candidamente Tal se presentó por vez primera ante mi poostentaba las eincó cruces rojas de la Orden) abiertos; otras, se fruncían al entornarse los bre persona el gran P. Lerchundi, mi amigo enMANUEL DE TOLOS A LATOUR cubierta la cabeza con un sombrero de anchas. párpados, como si tratasen de atenuar el ful- trañable más tarde, experto consejero siempre. Cádiz, ipoy. F. MORA mes hdiscreeiones. propio, como amigos predilectos de la empresa, de VEINTE AMOS I I La Compañía COSMOS 354- -Allí va él á morir... Aquímoriréyo. ¡Dios me hará la gracia de llamarme á sí, en el momento mismo en que el verdugo asesine á Luciano inocente! Bieron las cinco. Era día claro. r- Ya debía estar todo concluido- -pensó Jorge. ¿Por qué este retraso? ¿Qué esperan? En este momento mismo y como respuesta á la pregunta que Mr. de Nerville aca. ba. ba de dirigirse, producíase en la plaza un verdadero tumulto. La muchedumbre daba grandes gritos, y prescindiendo de la consigna, se esforzaba acercarse á la horca. Al mismo tiempo resonaba este grito repetido den veces. ¡Paso! ¡paso! Un gendarme, excitando á su caballo á fuerza de espolazos; hendía definitl- vamente la pía humana para acercarse á la escalera donde estaban los auxiliares del verdugo. Dirigióles algunas palabras, hizo volver su caballo, y partió á galope. El condenado no parecía. El clamoreo de la multitud, enervada por la larga espera, se cambiaba en imprecaciones y en alaridos. De pronto Jorge se puso pálido. Los brazos rojos de la guillotina acababan de desaparecer. Estaban desmontando los maderos de la justicia. ¿Qué es lo que pasaba? Ruido de pasos apresurados Qyóse en los peldaños de la escalera. La puerta se abrió violentamente y Santiago Habert se precipitó en el BIBLIOTECA DE A B C -cuarto. LAS DOS BARONESAS 355 de vuestro cuarto. En fia, vuestra visita nocturna á la farmacia de Godelot, donde habéis falsificado la escritura de un registró. ¡Niego! ¡Y yo afirmo! -dijo Marieta adelantándose... ¡Tú íne engañaste, infame! ¡Has querido enviar al patíbulo al Dr. d Harblay, por; quien daría mi vida! Yo le he pagado hoy mi deuda de agradecimiento, salvándole... Por lo que toca á los cuatro cuartos que me has prestado, no por seEvirme, sino para comprarme, te los pagaré á ti ó á tus herederos. No los necesito ya... Hé tenido una herencia. Jorge rechinaba los dientes y apretaba los puños de rabia. El sentimiento de su impotencia le aturdía, se sentía perdido. -Llevad á ese hombre... -dijo el procurador de! la República á los gendarmes, que no se hicieron repetir la orden. -Luciano... ¿dónde está Luciano? -preguntó con mortecina voz Mácl. de Tréves. -Aquí estoy- -exclamó el doctor entrando y dirigiéndose á Lepnida con los brazos abiertos. Al verlo, la joven pareció recuperar sus fuerzas. Dio dos pasos hacia adelante, sus manos toearon? las del joven, cayó sobre su pecho y se desmayó en sus brazos. -Mr. d Harblay- -dijo el magistrado, -bajo mi responsabilidad tomo el dejaros en libertad durante la revisión de vuestra causa. Caminad con la cabeza alta, pues la hora de la rehabilitación se acerca. Curad á Mad. de Tréves. y sed feliz. La expresión de su fisonomía era tan resplandeciente, brillaba en sus ojos talrelámpago de triunfo, que Leonida, sin saber nada, pero adivinando una felicidad inmensa, se lanzó á él dando un grito de júbilo. A este grito respondió una exclamación de espanto. Jorge de Neryillé retrocedía aterrorizado á la vista del procurador de. la República, acompañado del juez de instrucción y seguido de dos gendarmes. Detrás de ellos venía una mujer joven, vestida con elegancia y andando apoyada en dos; muletas. Esta muj er era Marieta, Muntel. -Gendarmes- -dijo en voz dé mando el procurador de la República, -en nombre de la ley, prended á ese hombre. ¿Prenderme á mí? -balbució Mr. de Nerville. ¿Con qué pretexto? ¿Qué he hecho yo? ¿De qué: me acusan? -De haber envenenado á vuestro primo el barón de Tréves y de haber intentado asesinar al Dr. Luciano d Harblay, en la tercera calzada de los estanques de Cpmrnelle s- -replicó el magistrado. ¡Mentira! ¡Calumnia! -Tenemos las. manos llenas de pruebas... ¿Qué pruebas? -La cartera robada á vuestra. victima desmayada... El rifle americano de que os habéis servido... El dije perdido en el lugar del ciiraen... La estricnina robada por vos en casa, del doctor y enconcrada, con la cartera, en un tnueble Un instante después no quedaba en el cuarto sino Luciano, Leonida y Santiago Habert. En la plaza había desaparecido el patíbulo. La muchedumbre se había dispersado. Tocamos al término de nuestro trabajo. -Habíamos dejado á Santiago Habert despertándose bajo la vieja haya donde Jorge de Nerville se pusiera en acecho para asesinar á Luciano d Harblay. Los ojos del mudo, fijos en el césped, habían descubierto la cápsula de cobre de un cartucho quemado; después, otro cartucho intacto, cuyo regatón de metal estaba muy oxidado por la humedad del suelo y la intemperie de la estación. Sorprendido de la forma de estos objetos, los examinó más de cerca y descubrió, grabado en hueco, el nombre muy conocido de un armero americano de Nueva York. Este descubrimiento podía tener importancia, pues ni guardas. ni cazadores furtivos se servían de armas de procedencia americana Santiago JHabert continuó sus investigaciones, y se estremeció al ver prendido en una rama seca de una encina un dije de oro roto formando sello, con una Jy una N grabadas en ónice. ¡J... ¡N... ¡Las iniciales de Jorge de Nerville! Terrible duda germinó en el cerebro del mudo, que se dirigió hacia Lamorlaye por el camino de Coye.