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N U M E R O 3io A B C V I E R N E S 3 D E A G O S T O D E 1907. OCHO P A G I N A S EDICIÓN i. n PAGINA T LOS SUCESOS DE MARRUECOS RA 3 AT. V 5 STA. GENERAL DEL MUELLE Y ALCAZABA Fot. Nahqn. A B C EN SAN SEBASTIAN pMOClONANTE INTERVIÚ Deboá unafe CON EL REY l i z casualidad d teberteCon; versado con él Rey; ¡nunca pude yo aspirar á un honor tan. grande! Aquí podría yo hartarme de sanidad y. hacer un buen número de considerae oHes p e rsonalés que- indujesen al lector á celebrar mi destreza; -pero como el- asunto es niu- y- serio y las- cosas qué van á, decirse sonde alta- trascendencia para él país, evitaré todo preámbulo y procuraré transcribir fielmente el pensamiento de nuestro 1 Monarca. El- hecho 1 ocurrió de este modo: El campo es, entre todas las cosa? del Universo, la qtfe yo ama más; llevado por esta devoción al campo, ayer mañana salí de la ciudad y me fui can etera adelante hacia el pueblecillo de Igueldo, que está sobre una montaña ceícía del mar. Cuando en un recodo de la carretera topé con un carruaje. En el carruaje había dos lacayos graves y tiesos; más lejos estaban la Reina madre, vestida de negro, y la Reina Victoria, toda vestida de blanco; y algo apartado de las regias señoras, estaba D. Alfonso. El lugar era desierto y tranquilo, y sin duda la Real familia había querido huir del trajín palaciego para gozar allí libremente del encanto, campesino. Pero apenas salí de mi primer asombro, caí en otro inmediato, y fue que vi al Rey sacudiendo insistentes bastonazos sobre una mata de madresélvas qúe crecía en él talud del camino. Probablemente deseaba el Rey alcanzar un ramo de aquellas flores silvestres para ofrecérselo á su madre y á su esposa, fino obsequio que en aquella ocasión tendría más valor que el de una joya. Tanto se esforzó el Rey y tales fueron sus bastonazos, que finalmente el ramo de madreselvas cayó al suelo. Cayó, para fortuna mía, á mis pies; de manera que no tuve más trabajo que coger el ramo y presentárselo al Monaica. El Re tomó las flores, sonrió y dijo: -Gracias. Después, ufano de su hazaña acercó las fl rés á su nariz y las olió detenidamente Ya se iba á. marchar, cuando, volviéndose, rae preguntó: -Caballero, ¿es usted del país? -Sí, señor- -respondí. -En ese caso conocerá usted las variaciones del tiempo; aquí en la patria del vicario de Zarauz todos ustedes son algo meteorólogos. ¿Es verdad? r- Sí, es posible. -Pues bien; esta tarde salgó, de. expedición en- automóvil y el cielo se está, cubriendo de nubes; necesito. que usted me diga si: lloverá ó si hará buen tiempo. Turbado como estaba por. la presencia del Monarca, yo no supe qué responder; me acordé de los buenos tiempos cortesanos y pensé que debía yo contestar galantemente: Señor, hará el tiempo que V. M. mande... Pero al momento me repuse y respondí sencillamente: -Creo que el día se piasará sin lluvia: mi kuniilde opinión es que V. M. podrá pasear en sw automóvil esta tarde. -Gracias, caballero, por el buen, augurio. Pasearé, ea: automóvil... se alegrará; usted? Y al decir esto, el Rey se sonrió y ine miró con. insinuante. raalicla. Yo rae turbé hasta la raíz del alma y balbucí con torpeza: -Se; 3o r, yo no podré mepos de alégratme. Mi deber es alegrarme por la dicha de mi Rey, -Entonces, usted... ¿Usted qué es? ¿Monár. quico, republicano, socialista? Ante el amable tono del Monarca, y. se. drAejdc por la juvenil franqueza de sus palabras; me serené completamente, -y entonces fue cifrando nié propuse sacar eL mayor partido dé- aquél felizincidénte. -Señor, yo; no soy, ni republicano, ninio. nárquico, ni. soci- alista; soy un escritor: ¡Ah! ¿Conque usted es escritor, acaso; periodista? -Soy un modesto escritor con algunps resabios de poeta y algunos puntos de sociólogo ó de filósofo; qxriero, pues, decir que me h pasado muchas horas sobre los libios y otr. at muchas horas pensando locuras en la soledad Un hombre de esta especie, ¿cómo quierí V. M. que se enganche á ninguna fracción po- lítica positiva? Los libros son varios, contra dictónos, removedores de lodo oimiento sóli LAS REGATAS DE ALICANTE í ír. tí? tí? IlilIiB YOLA cALFONSO Xlll DE LA MATRICULA DE ALÍCANTÉ. VENCEDORA EN EL CAMPEONATO DE ESPAÑA U Fots. P. López COPA DE ORO, DONADA POR S. M. EL REY PARA PREMIO DEL CAMPEONATO