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NUMERO 808 ABC. M I É R C O L E S 21 D E A G O S T O D E 1907. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N i PAGINA 6 B A R C E L O N A LA FESTA MAJOR D E VALLVlDRERA EL ORFEÓN CATALÁN, DIRIGIOO POR EL MAESTRO MILLET, CANTANDO EN EL BOSQUE EL PUBLICO A RUPADO ENTRE LOS PINARES, OYENDO CANTAR AL ORFEÓN CATALÁN Fots. MerlettI. niendo á dar fe de sí mismos al planeta y á los glesa, después de alternativas, hábilmente ex- hasta en el privado, se consienten ahora las pueblos en él esparcidos. plicadas por Reparaz, en que todo nos fué ne- propiedades baldías apoyadas en meros títulos Grande es nuestro atraso pedagógico; pero gado y se declaró prescrito. Si España h a de históricos. H a y que legitimarlas con uua labor en ningún linaje de estudio ó disciplina se renacer y venir á más próspera existencia, ne- activa- -y esa nacional, no exclusivamente gusiente tanto esta inferioridad como en aquella cesitará de esa puerta abierta á su impulso ex- bernamental- -que las fecunde y devuelva á la PINIÓN S O B R E El libro de D. Gonza- materia, enseñada casi siempre de corrido y terior, que constituye al mismo tiempo un pro- paz y al disfrute de los hombres. Si no se quieM T R R T Í Fr n 5 Reparaz, Política con superficialidad aterradora, por sistemas de blema inexcusable de seguridad interior para re ó no se puede dar ese contenido de cultura MARRUECOS j recitación more psitacco ó á guisa de papagayo, el continente y para las islas del Atlántico y y mejora, el desplazamiento militar, siempre salido casi en el mismo instante en que la sin claro- obscuro, sin relieve, sin hablar á los del Mediterráneo. Ahí puede encontrarse tam- discutible, pierde entonces todo fundaraeuto ó cuestión marroquí ofrecía una de sus mil con- sentidos, sin incrustar en las jóvenes inteli- bién una compensación ó desquite de las últi- carácter de legitimidad. tingencias, dando lugar á los sucesos de Casa- gencias una gráfica justa de los países, d é l a mas mutilaciones. No son meros convenciona ¿E s t á E s p a ñ a e n momentos d e aceptar blanca y á una agitación antieuropea general cual se desprenda aquella impresión que de- lismos diplomáticos ni fórmulas del lenguaje tan sagradas obligaciones? Tal es la perplejien todo el Imperio. Este libro ha sido y conti- jan en el alma los organismos animados; sin cancilleresco. Es la realidad y la experiencia de dad que, así la lectura del libro de Reparaz núa siendo muy leído en Barcelona. Es una depositar en el juicio aquellas características cuanto ocurre en el orden internacional lo que como los sucesos de África, despiertan en lad obra de gran densidad y robustez de pensa- que separan unos pueblos de otros, unas ciu- habla en esa argumentación tan sólidamente personas de reflexión propia. Entiéndase bien; miento, de exposición clara, vigorosa y á ratos dades de otras, unos continentes d e otros, desarrollada en el libro. no es que no debiera, no es que no conviniera adusta, en la cual, á propósito de las relacio- constituyéndolos en uíiidades vivas al p a r q u e Pero... Pero uno vuelve la vista á otra reali- á todos sus fines é intereses en lo porvenir; se nes históricas entre España y Marruecos, se delatan su recíproca personalidad, su peso es- dad y se halla con un país donde no existe trata de si puede ahora y de si hay ideal que juzga de pasada, con ci iterio realista, casi todo pecífico, y, en resumen, su potencia. El méto- opinión alguna respecto del problema. I os tra- empuje esto y pueda nutrir la corriente con ío más importante de la política nacional en do continúa intacto y todo lo contrario de lo bajos del Congreso geográfico y de la Sociedad caudal pleno. Los sucesos se han adelantalas últimas centurias, y especialmente en la que un día y otro se viene pidiendo: poco li- de africanistas no trascendieron más que á sus do; la fruta parece madurar antes que el conbro, mucho tablero, mucho mapa, mucha piza- propios autores. No palpitan ansias de expan- valeciente se sienta con ganas de probarla. No pasada. Sería curioso examinar la influencia de los rra, mucha vitrina, mucha visión directa de sión; no se tiene fe en nuestro Estado. Los existe una opinión verdaderamente tal en este emigrantes españoles toman con preferencia punto, como en tantos otros que aún de más estudios geográficos en la formación de esa las cosas sensibles por imágenes. familia de espíritus que con más valentía, proDe esta última especie es la geografía de Re- la dirección de Argel y de O r á n y es presumi- cerca nos afectan. El país continúa sin pulso. fundidad y sentido positivo han planteado el paraz. De esta misma especie la historia que ble que siguieran tomándola aun después de Doblemente meritorio es, por tanto, el vigoroproblema español en sus varios aspectos, des- figura en su interesante libro, el cual deja en una conquista en regla de las zonas que para so esfuerzo del Sr. Reparaz para reanimarlo y de D. I Ucas Hallada hasta Hacías Picavea y el ánimo de los lectores un sentimiento de con- la penetración pacífica se nos han señalado. acelerarlo. Costa, ¿a geografía, estudiada substancialmen- vicción, confundido con otro sentimiento de 1,0 que hay que hacer en África no lo puede MIGUEL S OLÍ VER te, les condujo á una noción exacta de la rea- duda y aún de incredulidad. Tal es el estado hacer un Estado ni un grupo oficial: lo ha de lidad. Casi todos los reformistas y agitadores actual, en Cataluña, de la opinión ilustrada hacer un pueblo. Para hacerlo, ese pueblo ha E M I G R A C I Ó N OBRERA del alto patriotismo en 1898 habían sido los acerca de este punto. I a influencia ó expan- de sentir apetito. Las armas pueden abrir el POR TELÉGRAFO iniciadores del Congreso geográfico, de la So- sión española en África responde á la historia, camino; pero después hay que llenar ese hueco ZARAGOZA, ao, 5 T. ciedad geográfica y del africanismo, allá por á la geografía, á la Naturaleza. Casi puede de- con substancia, con meollo de vitalidad, de co- A pesar de las disposiciones adoptadas por 1883. Es que la geografía puede considerarse cirse que es un acto de defensa peninsular. Hay mercio, de civilización. Dijo ya Cáriovas, tra- las autoridades, sigue siendo en mimero como ciencia de ciencias, como las ciencias to- que conservar nuestros derechos históricos, re- tando de este punto en un discurso memora- alarmante la emigración obrera de esta capital das en acción, analizando, comparando y vi- validados ahora por la convención franco- in- ble, que ni en el derecho internacional, ni á Panamá. A B C EN BARCELONA O BIBLIOTECA DE A B C 350 LAS DOS BARONESAS 351 A las ocho y treinta minutos, Santiago se detenta en Beauvats en una osada, -No h a y más que nueve leguas á Beauvais por el camino real, Stop las andará en menos de dos horas. Saliendo inmediatamente de la estación, volvió á montar y soltó la rienda ql cob irlandés, que partió como un rayo. A las ocho y treinta minutos, Santiago se detenia en Beauvais en una posada, conducía el caballo á la cuadra, le hacía dar á su vista doble ración de avena, y salía de la cuadra llevando el objeto deforma oblonga envuelto en una manta En este momento un carruaje se detenía á la puerta. Una cabeza de mujer apareció en la portezuela. El hostelero estaba en la puerta. ¿Me hacéis el favor de decirme dónde es la prisión de Beauvais. -le pregütitó la desconocida. -En la plaza Grande, señora; al fin de esta calle. -Gracias. -No hay de qué, señora. El vidrio volvió á subir y el carruaje partió. Santiago Habert había escuchado maquinalmente. Al oír hablar de la prisión, se estremeció y trató de distinguir la cara oculta por un velo; peiro éste era demasiado tupido y nada vio. No seguiremos ni- al mudo ni á la desconocida, y volveremos al lado de Leonida y de Mr. de Nervitle. Durante e) trayecto de Chantilly á Beauvais, no se había cambiado ni una palabira entre Leonida y sil primo Mr. de Nerville. El tren se paró en la estación. -Hemos llegado, querida prima- -le dijo Jorge. Mad. de Tréves bajó, y Mr. de Nerville tuvo que sostenerla hasta la salida, donde había muchos coches. Uno de ellos, una carretela antigua, se acercó. Leonida tomó asiento en los empolvados cojines, y el cochero recibió la orden de parar en el hotel de l Oise. Las habitaciones estaban preparadas. ¿Los señores comerán, sin duda? -preguntó la fondista. -Mi primo comerá- -respondió Mad. de Tréves. -Yo no tomaré ínás que un caldo y una copa de Burdeos, que tendréis la bonda d dé hacerme servir en mi cuarto. La fondista ayudó á Leonida á subir al primer piso y la introdujo en el cuarto alquilado para ella. Al atravesar el umbral, Mad. de Tréves dirigió la vista a l a ventana con Ana especie de, terror. El ama de la casa había seguido la dirección de su mirada, que interpretó á su manera. ¡Ohl La señora puede estar muy tra, nquila- -dijo vivamente. -La señora verá todo lo mejor del mundo, y quedará complacida... Es un poco caro; pero á lo menos los curiosos no gastan en balde su dinero, y es lo principal... Levantarán la horca precisamente enfrente. Leonida, al oír estas palabras, vaciló, cerró los ojos y se sintió próxima á caer. Jorge corrió á ella, la hizo sentar, y con un gesto obligó á la fondista á retirarse. La buena mujer obedeció, sin comprender u n a palabra del efecto que acababa de producir. -Y bien, querida prima, ¿cómo os encontráis? -preguntó Jorge haciendo respirar un f r q u i t o de sales inglesas á la joven baronesa. -Mejor. H a sido una debilidad pasajera; ya estoy bien... Ahora, amigo mío. dejadme; os lo ruego.