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NfUMERO 800 ABC. MARTES i3 D E A ü O S r O D E 1907. O C H O P A G I N A S E D I C I Ó N Í. PAGINA I OS b A L Y AJES RIDICULOS Enrique Oedenkove, hijo de un industrial de los Países Bajos, es el fundador de u n a colonia de naturístas, establecida en las cercanías de Socorno, á orillas del la o Mayor. Oedenkove tien e treinta y c u a t r o años y ama la Naturaleza, detestando todo lo que es producto de eso que llamamos nosotros civilización. A Oedenkove le encantan el aire, el agua y el sol, se alimenta con frutas y se entretiene en hacer gimnasia y en cultivar la tierra. Hasta hace cuatro años Oedenkove vivió en París, bebió ajenjo, durmió en los hoteles, fumó opio y les hizo el amor á todas las ninfas de los restaurants de Montmartre. Pero su sahid se quebrantaba, n o podía subir aprisa u n a escalera, no tenía apetito, su color era el d e una aceituna, iba con demasiada ligereza hacia el fin y se detuvo prudentemente. De sus labios salió un anatema. ¡La civilización! -dijo. Todo e s t e cúmulo de cosas deslumbrantes y perjudiciales acabará conmigo. Entonces r e c o r d ó que una parte de su vida, la más hermosa sin duda, se había deslizado en plena Naturaleza. Su resolución desde aquel instante fué inquebrantable. E n los labios de Oedenkove floreció una bella sonrisa bucólica. CercadeSocomo, junto allago Mayor, Oedenkove h a establecido su vivienda campestre. Como no es un desheredado de la fortuna, compró una gran extensión de terreno, llamada Monte Verita, y allí vive hecho un salvaje, corriendo desnudo por entre los árboles, bañándose en el agua fresca y rumorosa, de los arroyos y alimentándose con frutas y legumbres. Si le viera el evangélico Tolstoi le abrazaría como al más noble de sus discípulos. A Monte V) árital ai id 9 U gando luego otros hombres, seducidos por el q e m p l o d e Oedenkove. Son también amantés de l a Naturaleza y desprecian profundamente los usos y costumbres de la actual sociedad europea. Conviene, sin embargo, hacer u n a prudente aclaración á fin de no extraviar el juicio de nuestros lectores. Para vivir en Monte Verita no basta despreciar la civilización y adorar la vida campestre. A más de eso, es necesario alg ú n dinero. Los salvajes de Monte Venta pagan al propietario de la colonia cinco francos diarios, cantidad que les da derecho á un sencillo hospedaje y a u n a frugal comida, dispuest a con arreglo al más puro vegetoriano. CHIPIONA. LA COLONIA ESCOLAR DE SEVILLA EÑ LA PLAYA Un periodista francés ha entrado en la colonia, sorprendiendo á los salvajes con el objetivo de su máquina fotográfica. Luego ha dicho cómo se llaman todos ellos. Sabemos que hay allí una doctora parisién y una modista belga, un industrial de Hamburgo, un ex ayudante del emperador de Rusia, un negociante americano, el pintor berlinés Tidus, fun viejo actor de la corte de Baviera, dos escritores franceses y un tipógrafo. S i hemos de creer las noticias que llegan hasta nosotros respecto á la vida de Oedenkove y de sus compañeros, no hay nada más hermoso. Reinan allí lá paz y la alegría; una alegría plácida que no se turbó Jiasta ahora por n i a g ú n acontecimiento- deBagi aáablc. Nosotros quisiéramos que esa placidez y esa alegría fueran eternas; pero la naturaleza y el carácter de algunos de los compañeros de Oedenkove nos infunden serios temores. En Monte Verita viven, como sabéis, una doctora y una modista. Estas dos mujeres tienen pocos años y un aspecto agradable. Ante ellas pensamos en la posibilidad de una tragedia. H a y que decir también, para desprestigio de los que se titulan naturistas, que casi todos se hacen servir la comida en mesas al estilo europeo, y que las mujeres llevan unos trajes pudorosos á manera de túnicas, como los que hacía vestir á sus modelos Puvis de Chavannes. Otro detalle que habla muy mal en favor de los naturistas es que se dedican la mayor parte de ellos á trabajos propios de gente civilizada: las mujeres cosen, y los hombres pintan y escriben. Para eso no debe uno irse á un bosque y presumir de salvaje. Aunque el repórter nada nos dice, es posible también que lean periódicos y que discutan acaloradamente sobre los últimos sucesos de Casablanca. Un naturista fumando cigarrillos y leyendo el Petit Journal, es tan ridículo como un aristócrata que le escribe cartas de amor á su cocinera. E s n a lástima- tte- eses amigos de Oedenkovic uo, tieiigtgi Mea de riditSKlorPiectao íeS que se corrijan mucho para que el buen propósito inicial no fracase. En esa cuestión no hay que admitir términos medios. O la civilización ó el salvajismo con todas sus naturales consecuencias. FRANCISCO IRIBARNE INFORMES TAURINOS f orridas que faltan. He aquí las corridas de toros que restan por celebrar en el mes actual y en Septiembre y Octubre próximos. Agosto. San Sebastián: día 15, toros de Muruve, para Fuentes, Bombita y Machaquito; día 18, ocho reses de M i u r a estoqueadas por ocherito. Regaterin, Mazzantinito y otro diestro aún no designado; día 25, Puentes, Bombita y Machaquito y comúpetos de Parladé. Bilbao: Día 18, toros de Parladé; día ig, reses de Muruve; día 20, eornúpetosde Miura, y día 21, bichos de Concha y Sierra. En estas cuatro corridas actuarán de matadores Fuentes, Bombita y Machaquito. A l m e r í a Día 27, Castellones, para Bombita y Machaquito; día 28, Saltillos y esos espadas y Relampaguito, que tomará la alternativa. L i n a r e s Día 29, Bombita, Lagartijo y Bienvenida, y reses de Muruve. Valdepeñas: Día 29, cornúpetos d e Becerra, estoqueados por Bombita y Machaquito; día 31, reses de Clamara, para Fuentes y Relampaguito. Septiembre. M á l a ga: d í a I, bichos dé Santa Coloma y Bombita y Machaquito; día 2, los dos citados diestros y reses de Guadalest. San Sebastián. Día I, toros de Guadalest y Fuentes, Cocherito Fot. Olmedo. y Regaterin de matadores; día 8, Fuentes y Bombita y reses de Pablo Romero; día 15, cornúpetos de Becerra y de espadas Bombita v Bombita III, que tomaran la alternativa. Villarrobledo: día 4, Bombita y Bombita III se las entenderán con reses de Flores. Albacete: día 8, Minuto y Machaquito y toros de Nandín; día 9, los mismos espadas de la corrida anterior y Corchaito, que tomará la alternativa, estoqueando toros de Anastasio Martín. Salamanca: día 11, Veraguas, para Bombita, Machaquito y Cocherito; día 12, toros de Pablo Romero, estoqueados por Bombita y Machaquito; día 13, reses de Miura y de matadores Bombita Machaquito y C ¡ec 6 gritgn. tr- vaimdoHa: i i S p í f w a s d e i l í Navánro, estoqueados por Fuentes, Bombita y Machaquito; día 21, los mismos espadas y reses de Vulagodio; dia 22, bichos de Carrero, para Fuentes y Machaquito; día 23, Fuentes, Bombita y Machaquito y comúpetos de Valle. Sevilla: día 28, toros de Pérez de la Conoha, y Bombita y Machaquito; día 29, Miuras y esos dos diestros; día 30, Saltillos, p a r a los dos y a citados espadas y Bombita IIl. Octubre. Zaragoza: día 13, reses d e Zalduendo y Fuentes y Machaquito de matadores; día 14, toros de Miura y Fuentes, Machaquito y Pepete. BIBLIOTECA DE A B C 342 LAS DOS BARONESAS 343 Esta impresión se tradujo por reprobador murmullo, al cual el presidente del tribunal se vio obligado á imponer silencio. La pobre Mad. d H a m l a y hizo derramar lágrimas. Tuvo rasgos sublinües, gritos salidos del corazón. Pero si estos rasgos hicieron que se compadeciese á la pobre mujer, el crimen cometido por el hijo de semajantemadíe, aparecía aún más odioso. Luciano había respondido á todas las preguntas fríamente, eon la tranquilidad de un hombre cuyo honor y cuya vida no estuviesen en peligro. Había dicho la verdad; pero y a sabemos que esta verdad carecía de verosimilitud y no podía convencer á los jiiec s, mal predispuestos, y á un público cuya convicción estaba hecha. Su abobado, uno de los primeros nombres del foro de Paris, no se foijó ninguna üusión sobre lo que pasaba en todos ó en casi todos los ánimos. El abogado vio la causa, si no perdida de antemano, por lo menos mtiy comprometida. No por eso renunció á luchar con su energía habitual, con a uel fuero irresistible, al cuil había debido más de una victoria imprevista é inverosímil. Si s a í í a m a l de su empresa, como desgraciadamente era probable, por lo menos d q a r í a bien puesto el pabellón y conseirvarfa intactos los rayos de su aureola. Insistió sobre la declaración cuuegada al doctor por Mr. de Tréves, y que equivaldría á un desquite, si, por desgracia, no se hubiese perdido. Le parecía m u y admisible (jue el barón Max, convencido de que la mor dedura de un perro rabioso tirae consigo fatalmente, en plazo mas ó menos largo, una horrible muerte, se hubiese envenenado para huir de una crisis dé hidrofobia. Desgraciadamente, el negocio de la cartera perdida hizo sonreír á los jueces, que no tomaron por lo serio esta parte de la defensa. Cambió sus baterías, disculpó el error cometido por Luciano al escribir la fatal receta núm, 1.249, acepto para Luciano la responsabilidad de la catástrofe, resultado de este error, y pidió qiie fuese presentada al Jurado esta cuestión: ¿Es culpable el acusado d e haber cometido homicidio por imprudencia, sin intención de dar la muerte? El fiscal replicó brevemente; después los jueces se retiraron á la sala de sus deliberaciones. AHÍ pasaron media hora; tan fáciles les parecían de resolver las cuestiones propuestas. Después de esta corta svispensión, el Jurado y el Tribunal reaparecieron en sesión, y el jefe del Jurado pronunció el veridicto de culpabilidad sin circunstancia atenuantes. No restaba al Tribunal sino aplicar el texto de la ley, lo que hizo, y el presidente declaró á Luciano d Harblay condenado á la pena de muerte. E n el momento en que pronunciaron la sentencia, dos gemidos sonaron en la sala, y dos mujeres se desmayaron. Estas mujeres eran Mad. d Harblay y I cla de Tréves. la viudp- s la víctima LXXIl mes había pasado desde U n Tribunal extraordinario. que Luciano fuera condenado á muerte por eJ Mad. d Harblay sucumbía á la desesperación. Un solo pensamiento devolvía un poco de calma á la pobre madre; se decía: -No sobreviviré á mi hijo... iré á réunirine allá arriba con el inocente que va á morir... Leonida de Tréves, atacada por la enfermedad, de la cual hubo de morir en Vevey, se consumía lentamente. I E n el momento en que conducirnos cérea d e e l l a á nuestros lectores, la joven estaba tendida en un sofá de su cuarto. Santiago Habert, de pie frente á este sofá, tenía baja la cabeza, su rostro expresaba inniensa tristeza. H a n desechado la instancia, y Luciano rehusa el recurso de indulto, que parecería l a confesión de un crimen que no h a cometidoí. -murmuró Leonida con voz débil. -Pasarán diez días, y la sentencia inicua será ejecutada y el mártir subirá al cadalso... ¡AhliDios nos abandona. El mudo hizo u n signo afirmativo. Mad. de Tréves prosiguió: ¿Has continuado, sin embargo tus pesquisas? Nueva afirmación de Santiago Habert. ¡Esa cartera que no se encuentra... Y, sin embargo, la carta de Max, que sería su salvación, existe, estoy segura. La pantomima del mudo respondió: ¡También yo estoy seguro... ¡La cabeza del inocente va á caer y nada podemos hacer por él los que le a uamos! Santiago hizo un gesto de violenta negativa. ¿Esperas todavía? -El marido del ama de Leonida significó estas palabras: -No desespero completamente. ¡Apresúrate entonces, apresúrate! ¡El tiempo vuela y y a ves que agonizo... ¡Si quieres devolverme la vida, salva á Luciano d Harblay... El mudo escribió en su pizarra. Orad. -Explícate... -Meneó la cabeza y salió del cuarto. En las sesiones del Tribunal, Santiago Habert había oído al abogado de Lutiano hablar de aquella declaración de suicidio, firmada por el barón Max, v que, si fuese posible enseñarla, demostraría la inocencia del acusado. Aunque este medio de defensa. no hubiese encontrado en el auditorio sino incrédulos, Santiago no ponía en duda su existencia, y se había jurado recobrarla