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Hl igil r üf i pn DE AGOSTO DE 1907. N Ú M E R O EXTRA. 10 CÉNTIMOS) g B e Tafilete y iHHiia, SO, p r a l j Colegiata. S, p r a l iw JL ILUSTRADA. AÑO III. NlÍM. 800. ys US ya i 2 fmr JG 1 V VI Jr r f AGUAS Y BALNEARIO DE CESTÓN A GÜRAOIpNES MARAVILLOSAS ünic- para el hígado- IntestJinos- Riñones- Bazo TEMPORADA DE 15 JUNIO A 30 SEPTIEMBRE GRAr CONFORT- -EXCELENTE TRATO- -CLIMA SANO Médico- Director: E x e n t o Sr. D r D. A n r e l i o SSnxiquex Pedidos de informes y habitaciones al Sr. Director- Gerente del Balneario de Cestona (Guipúzcoa) Venta de aguas embotelladas, en el Depósito en Madrid. MOTORES DE G A S POBRE La MAYOR ECONOMÍA DE C O M B U S T I B L E Pedir el catálogo ílHstrado k INGENIERO B a r q u i l l o 5, M a d r i d Se desean agentes entendidos en proTinoias CARLOS DAL- RE Propiedades del agua Lanjarón- Salud. Es la mejor de mesa por sn sabor agradable. Es buena para los convalecientes por ser estimnlante. Es un preservativo contra enfermedades infecciosas. 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L I C O R DL P E k ¿45 DOS BARONESAS Tapas paia la enonaderaaoión de esta novela GBMTE MENUDA Tapas pamla enotiader- nación del tomo de 1907 LA MUJEfí Y LA CASA Tapas para la encuadeinaoión del tomo de 1907 CUPÓN O j l. i MUJER J A e i S A r VALE número 134 i VALE número 199 VALEnúmero 203 EN EL PRESENTE NUM. EXTRAORDINARIO incluimos el suplemento ilustrado de ocho páginas L A M U J E R Y L A pradores, PRECIO: DIEZ CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA C A S A que deben exigir iodos nuestros suscripíores y com- LOS GRANDES PINTORES VELAZQUEZ p a s a r o n los siglos y el nombre del gran pintor sevillano correrá con el triunfo cada vez rodeado de mayor aureola. Genio portentoso, élá 2 quez fué la primer autoridad de la fescuer ia naturalista, porque él hizo la naturaleza tai cual es; y de cuantos pretendieron seguir sUvS huellas ninguno le sobrepujó. Discípulo primero del gran Herrera y más tarde de Francisco Pacheco, D. Diego Rodríguez dé Silva y Velázquez, su nombre de p i l nació en Sevilla, siendo bautizado en la parroquia de San Pedro el 6 de Junio del año Corresponde, por consiguiente, á Sevilla la maternidad de tan notabilísimo pincel y la honra de que hiciera sus estudios artísticos en las escuelas de dos sevillanos ilustres: Herrera y Pacheco. Mas declaremos que ninguna de sus obras recuerda las de aquellos genios, porque conociéndose el discípulo, hizo á la naturaleza su única maestra, estudiando en ellapara dibujar y hacer color á su presencia. Tampoco, como equivocadamente creen algunos, trae á la memoria la escuela italiana, de la que no poco aprendiera en sus frecuentes viajes á la Ciudad Eterna y á otras poblaciones de la entonces nación de los Papas, porque, como dijo muy bien Augusto Comas, la escuela de Velázquez fué hija de la observación y de la práctica. ¡Ojalá nuestros modernos pintores supieran nacer otro tanto, huyendo de la tendencia á copiarse, sin obtener de lo observado fruto alguno que confirme la propia elaboración! felázquez, maestro de la escuela naturalista, es el primero que hace de la realidad fiel expresión, y así como Rafael se distinguía en sus concepciones por la elegancia, Miguel Ángel por la fuerza, Murillo por la dulzura y Rubens por el color, D. Diego, acertadamente llamado supremo naturalista, caracterízase en las suyas por la distineión sobria y sencilla. Y esta virtud, que tres genera 4o nes le han reconocido, obedece á la educación artística del gran maestro. En casa de Francisco Herrera, cárcel dorada según Palomino, supo adquirir la facilidad; en la de Pacheco conoció la perceptiva del arte, y cuando por designio de su voluntad estudió la naturaleza, consagrándola purísimo culto, pintó el modelo; siendo éste un aldeanillo, aprendía, en diversas acciones y posturas, ya llorando, ya riendo, sin perdonar dificultad alguna, y por él hizo muchas cabezas de carbón y realce en papel azul y de otros muchos naturales con que granjeó la certeza en el retratar. Cean Bermúdez dice que por esto llegó Velázquez á ser tan excelente en las cabezas, y á tal maestría, por todos los críticos alabada, se opone la afirmación del propio maestro, aseurando lo favorecían los que alabaron sus caezas, pues él desconocía quien las pintara bien. Es del caso recordar que el pintor de Felipe IV dedicó bastante tiempo al estudio de cosas inanimadas, como frutas, aves y peces, seres sin vida, en los que el artista no vence las dificultades de relación que existen entre las variadas partes del organismo humano. Y haciéndolo así, dice Cean Bermúdez, demostró gran talento; porque, prescindiendo del rigorismo del maestro, siguió el camino más corto para conseguir la perfecta inanición de la naturftl za. f Mas tarde, pintó las figuras vestidas, aunque, res para él tan queridos, fueron, suficientes á al decir de un crítico, cayera sin querer en al- volverlo de su acuerdo. guna dureza. I a llegada de Pedro Pablo Rubens á Madrid, las excursiones que con aquél hiciera al p r n 1622 dejaba D. Diego Velázquez la ciudad monasterio de El Escorial, viendo y admiran donde nació y dentro de ella sagradas afec- do cuanto allí había, las descripciones sugesciones y amistades verdaderas. A la corte vino tivas del nuevo compañero, todo ello fué la encontrando paisanos como los de Alcázar, que gota de agua que necesitaba el vaso para rele obsequiaran, y personajes como D. Juan bosar y Velázquez se decidió al fin por. pedir Fonseca y Figueroa, que lo protegieran. Gra- licencia al Rey, que le fué concedida, fmás por cias á esto, las puertas de las colecciones, en- pesadez del peticionario que por gusto de la tonces conservadas en Madrid, fueron abiertas Real voluntad. Para que en Italia no fuera tratado como adpara D. DiegQ, que estudió en ellas cuanto quiso. Por aquellos días hizo el retrato de don fVenedizo ó curioso, le concedió S. M. 400 duI uis Góngora que, por ser de poeta ilustre, le ados de plata, á más del sueldo de dos años, hubo de encargar Pacheco (más tarde padre y el Conde- Duque de Olivares 200 ducados de oro, el retrato de S. M. fundido en una medalla político del pintor) En los últimos días de aquel año, Velázquez y cartas muy expresivas para los embajadoregresó á Sevilla, durando bien poco su ausen- res, ministros y otros altos personajes de la cia de la corte, pues por gestiones de Fonseca Corte pontificia. Así embarcó en Barcelona, con rumbo á Itaregresó á Madnd, consiguiendo del Conde Duque de Olivares, privado de S. M. el señala- lia, el gran pintor D. Diego Rodríguez de Silmiento de una ayuda de costas de 50 ducados. va y Velázquez, á los treinta años de su vida. Algunas crónicas aseguran que Pacheco, ya s u e o de Velázquez, lo acompañó, presintien- I u a c t o en la nación italiana fuer? obsequiado por la manera de hacer de su liijo político do sería largo de contar. Sí diré que en cuanto bueno le esperaba por la Corte, mucho jjVenecia se hospedó en casa del embajador de más habiéndose interesado t) or la suerte del España, agasajándolo grandemente; que en gran maestro el alto señor arbitro por entonces Ferrara le hizo extremos de recibimiento el dé los destinos de España. cardenal Sachetti, y que en Roma el Papa UrHospedado en casa de D. J u a n de Fonseca, bano V I I le dio íalojamiento en el Vaticano, hizo Velázquez, con grande cariño, el retrato permitiéndole estudiar d e aquellas galerías de Olivares, y tal obra fué la piedra angular de cuanto le vino en gana. la fama, que con grande estrepito- dióse á preUnas fiebres tercianas le hicieron sentir la gonarlo como a l primer pintor de aquellos nostalgia de la patria, y aunque el conde de días. Monterrey le proporcionó cómodo hospedaj Al elogio que las personas Reales y los graiv en el palacio de Médicis, y á desterrar la afecdes servidores dedicaron al retrato del Sum ción dedicó sus buenos deseos, D. Diego, una Uer de cortina, se unió el quedar Velázquez at vez restablecido, decidió regresar á España, no servicio de la Real Casa, por cédula expedida sin antes visitar en Ñapóles á Ribera y retraen 6 de Abril de 1623. tar á la reina de Hungría. Declarado D. Diego pintor de moda, hizo el retrato de S. M. llevándose la palma sobre los otros existentes, complaciendo de tal forma al g r a n d e fué el contento del Monarca al ver de Conde- Duque, que éste ofreció recoger los an- vuelta á su pintor favorito, y no menor del teriores, prometiendo sería el único que re- Conde- Duque. Para obligar más al artista, le tratase á S. M. El retrato valió á su autor el instalaron un estudio en la mejor galería del nombramiento de pintor de Cámara, el trasla- palacio, mandando el Rey hacerse una llave do de su casa y familia á Madrid, con una ayu- para cuando quisiera verlo trabajar. De esta ya de costa de 3.000 ducados, pago de sus obras fecha son el retrato del príncipe D. Baltasar de Y adealas de médico, cirujano y botica. Más Carlos y el del Rey á caballo, para una estatua tarde le fué señalada una pensión de 300 duca- en tamaño natural que, fundida en bronce, se trató de erigir en los Jardines del Buen Retiro. dos, que no disfrutó hasta el año de 1626. También datan de la misma época el notable retrato del duque de Módena, el crucifijo de lU o es la envidia pasioncilla ruin de nuestro San Plácido y el retrato del general de la Ar siglo: nació con el primer hombre y mori- mada D. Adrián Pulido Pareja, de cuyo parerá con el último. Por gusto del Monarca y mu- cido cuenta Cean Bermúdez que el Rey precho más de su privado se hubiera encomenda- guntó al general cómo permanecía en Madrid, do á Velázquez el proyecto de un monumento estando despach ado para su destino, y que no con motivo de la expulsión de los moriscos obteniendo contestación reconvino á Velázpor Felipe III, pero la envidia de los demás quez por el engaño. pintores de cámara, manifestada ya en murEl mejor de cuantos retratos hiciera fué el muraciones públicas, obligó al Rey, poco ami- del privado del Rey, protector decidido y engo de disgustar al talento, á ordenar compusie- tusiasta de Velázquez, el Conde- Duque de Olira cada pintor de su Real nombramiento un vares, cuya figura á caballo tantas veces se ha cuadro del citado asunto, y cuentan que don reproducido por grabados y litografías. Diego ganó la partida empeñada, quedando I a caída del Conde- Duque y el destierro de sin premio los trabajos de Nardi, Carxés y éste, hizo tomar alientos á los envidiosos del Carducho, sus colegas. gran pintor, mas el Rey siguió brindándole I a obra premiada por el Jurado se colgó en igual afecto, y en la jornada á Zaragoza se hizo el salón grande del regio alcázar y S. M. con- acompañar de él. cedió, como extraordinarias recompensas, á Al regreso de esta excursión, Velázquez pinD. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, el tó un nuevo retrato del Monarca y de su hertítulo y ejercicio de ujier de cámara, con sus mano D. Fernando en trajes de caza, y los de gajes; primer peldaño de la escalera palatina la reina Isabel de Borbón y príncipe Baltasar, que subiera nuestro artista, llegando hasta la primera á caballo y el segundo en briosa aposentador mayor. jaca en actitud de galopar. Desde esta fecha (1627) Velázquez confunde Y con estas obras salieron también de su pinsu personalidad con las exigencias de los res- cel los retratos del inmortal satírico D. Franpectivos cargos, tanto más celebrados en él, cisco de Quevedo, del arzobispo de Sevilla cuanto que el inmortal pintor sabía lucir su cardenal Borja, de D. Nicolás de Córdoba y gallarda persona y apuesto continente en las otros de personajes y damas no menos ilustres. fiestas de Palacio, admirándolo las bellas por su hermosura y discreción y los caballeros por JUl ás tarde, el Monarca pensó en la creación su talento. -de una Academia pública de Bellas ArKTo cansábase el Rey de obsequiar al ilustre tes para la capital de la nación, y al objeto de sevillano, temeroso de que los deseos de adquirir lo necesario, ordenó á Velázquez su éste de partir á Italia, ya mostrados repetidas traslado á Italia. Nuestro pintor aprovechó la veces, se realizaran, abandonándolo. Por tal ocasión para visitar los principales centros arcausa, el año 1628 le hizo merced de la ración tísticos (Milán, Bolonia, Padua y Venecia) y al de la Cámara y de 92 ducados anuales para un regresar á Roma fué recibido en audiencia por vestido, concediendo á D. Juan Rodríguez de Inocencio X, al que retrató, causando tal adSilva, padre de D, Diego, tres oficios de escri miración que el Santo Padre le regaló una mebaño en la capital de Andaluda. Mas ni los dalla de oro con su busto, pendiente de una cadel mismo metal, permitiéndole retratara á au persona, ai las i ie á los altos empleados de la servidumbre pontificia. Dolido el Rey de la ausencia del artista le hizo regresar. Acompañaron á Velázquez Jerónimo Ferrer y el escultor Domingo die Rioja, dedicándose al vaciado de los proyectos de estatuas antes citados; proyectos que se colocaron en varias dependencias del Palacio, por haberse desistido de crear la Academia. Sus ocupaciones palatinas, una vez nombra do aposentador mayor, no apagaron su amor por el arte. Desempeñando tan alto cargo pintó su célebre cuadro La familia, al que Jordán llamó Teología de la Pintura cuadro vulgarmente conocido por Las meninas, del que se cuenta que, habiéndolo visto S. M. tomó u n pincel tintado en vermellón y pintó sobre el pecho del retrato de Velázquez, personaje principal del cuadro, la cruz de Santiago, de cuya Orden se le concedió hábito por Real cédula de 12 de Junio de 1658. Sus deberes palatinos lo entregaron en ia nos de traidora enfermedad. Como dor asistió en Irún á los grandes festejos que se celebraron con motivo de la entrega á Luis X l V de ia infanta María Teresa. Al regresar de aquella ciudad fronteriza, Velázquez sintió los efectos de la afección que hubo dé herirle mortalmente el 7 de Agosto de 1660. Q é que estas líneas nada añaden de gloria á la indiscutible del pintor de la verdaid, y tengo por cierto haber escrito lo que eruclitos y críticos conocen de sobra; pero recordándolo y divulgándolo se rinde tributo al genio. SEDAÑO mm EL VERANEO DE LA CORTE I 3 T. A las ocho de la mañana han zarpado de este puerto los cruceros Chitóse y Tsukuba, en uno de los cuales van el ministro del Japón y su esposa. H a llamado mucho la atención que dichoa buques no hayan hecho las habituales salvas de despedida. Desde el Club Náutico se dispararon varios cohetes. A las nueve se presentó á la vista del puerU el vapor- escuela argentino Presidente Sarmiento, que saludó á la plaza al pasar la barra. Una hora más tarde, al fondear, volvió á saludar con una nueva serie de salvas, y entonces le contestaron el Castilla y el Extremadura. Seguidamente desembarcaron algunos marinos del barco argentino. A las dos de la tarde han subido á Miramar el comandante y varios oficiales del Presidenta Sarmiento, los cuales cumplimentarán al Rey después que almuerce S. M. iiirfWW p j s t a noche se celebrará en el teatro Prind. pal, por la compañía de I ara, una función en honor de los marinos argentinos, y mañana serán invitados á almorzar por el S. ey el comandante y varios oficiales. iiiwi p r l Rey, el infante D. Carlos, el duque de Ca labria y el príncipe D. Jenaro de Borbón salieron esta mañana de Palacio, á las nueve y media, y se dirigieron en automóvil al Club Náutico, en cuyo muelle embarcaron en la escampavía Guipuzcoana para trasladarse Imego D. Alfonso al balandro Dios salve á la Reina, y el infante D. Carlos al suyo Isabelita. Hasta las dos de la tarde duraron las regatas, en cuya primera vuelta el Rey mantuvo el primer puesto. El resultado fué el siguiente: Primer pemio. De honor. Copa de la Reinsí doña Cristina al balandro Dóriga, de San Sebastián que también ganó en la prueba de ayer. Segundo. El Prihcesa de Asturias, de Bilbao. Tercero. El Arcachón, del puerto de este nombre. Cuarto. El Isabeíttth de San Sebastián, d o infante D. Carlos; y Quinto. Bios salve á la Rénat de Bilbao, del Rey.