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MADRID, L U N E S 12 DE AGOSTO DE 1907. N Ú M E R O SUELTO, US! nm 5 CÉNTIMOS CRÓNICA UNIVER SAL I L U S T R A D A AÑO N Ú M 799. B B 2 É P O C A A TRAVESÍA DE LOS P I R I N E O S EM EL GLOBO NOFTE LCS AERONAUTAS SRE. S. RO. VIERO DE TEJADA (i) y S A L A M A N C A (2) iih LA BARQUILLA DEL NORTE 3. niplitud del campo y allí gozan, pródigos, de sus fecundos bienes. ¡Es el msia de desurbanización quien los guia... ¡El deseo de olvidar por un instante los beneficios presentes, rememorando aquella edad Miz que lloramos por iHuerta y que quisiéramos resucitar. Más... ¡ay! ¿Acaso al perforar los iDOsques al deslindar los campos, no lleva el hombre los gérmenes de la ciudad que teme y que abandona. Van formando legión los cómodos hoteles, é- intentan agruparse perdiendo su sagrada independencia por ese instinto de sociabilidad inextinto en el corazón de sus moradores; los pequeños terratenientes de la aldea tasan él panorama y ponen precio á los encantos del paisaje, y la codicia popular, excitada por el paso de la riqueza, llena los caminos 3lo s valles de pérfidas asechanzas mercantiles. Todos los modos ilegítimos de adquirir, sancionados por el Código, envenenan la calma del soñado ambiente! Es la transfusión de la sangre. ¡Allí pretenden urbanizarse, cuando nosotros procuramos olvidar la urbe que nos mata, ¡No importa, Indiferente á las vanas leyeh de los hombres, la Madre Eterna nos abre su amoroso seno... Sesteando á la sombra de los altos pinos que el viento acaricia y balrncea, el alma se engrandece y se purifica... El lecho es de mullido césped, el techo de transparente azul. Dan su perfume incomparable tomillos y romeros, y un silencio armonioso conforta y embelesa. Veloz como una flecha cruza un pá jaro á perderse en el espacio. Ea lejana fuente envía el grato son de sus notas cristalinas... Reposo, calma, misterio... ¡Una inmensa y recóndita alegría hace saltar al corazón, noacostumbrado á estas delicias... Y se siente con fuerza; intensamente, el ansia de vivir, que ennoblece y eleva los espíritus. Ms el triunfo de la Naturaleza. Es el nuevo y glorioso renacimiento. Vuelven las ninfas á alegrar el bosque con sus doradas risas. Eco repite besos y promesas, cantan los genios en las fuentes, y el viejoPan, de nuevo engalanado y florecido, sonríe, sonríe satisfecho de su gloria... AiNTONjo PALOMERO- mm lll lllr lry w M P O P L A S DELLUMES. MOROS Y GRISTI ANOS Cada cual en esta forsa tiene e! papel que Je dan: ¿Es Francia el primer galán? España, ¿es simple comparsa... (Paráfrasis mía) PASO DEL AERÓSTATO- POR EL PICO DE LA MALADETTA DESU RBAN) ZACl ÓN eíias la vida oficial termina en nuestras laboriosas ciixdades; cuando el padre Sol disuelve los negocios públicos con el vigor de sus ardientes rayos, liuyen los ciudadanos de sus casas y buscan en lugares escondidos la calma y el silencio... Es un paréntesis necesario en la actividad moderna. El tráfico de la ciudad, poblando su ambiente de ruidos y deseos, produce una febril excitación que agota y que consume. Y en estas marchas forzadas á través de los meses, de los días y de las horas, en pos de algo que huye siempre con insistente crueldad, el enorme gasto de energías, fatiga y desalienta. Hay que buscar un descauso reparador, una isombra amable que consuele y acaricie... ¡Un sedante rincón, blando 5 callado, que ofrezca imevas esperanzas al cuerpo 3 al espíritu go ees recónditos, inefables. Hay que huir del torbellino, si es preciso volver nuevamente ú continuar el diario trajín con el empuje que demanda, Y ante esta necesidad apremiante crece y se aviva el odio qiiC i- l coi r- v n oon- r gra á la ciudad, donde paljjita siempre temeroso y violento. ¡Cómo se envidia entonces la obscura existencia de quien pasa por el mundo sin pena ni gloria, contento con su suerte, puro y sencillo como los elegidos del Señor... ¡Quién pudiese vivir en aquella casita humilde que descubrimos desde la ventanilla del tren, cuando una nueva esperanza ó un desengaño nuevo nos hizo variar el curso de la vida... Blanto y lento, el humo de su chimenea ascendía á los cielos como una plegaria. I a paz flotaba en sus contornos. Y la dicha nos vio pasar, indiferente, tras la verde celosía de los árboles... ¡Huyamos del torbellino! Justo es abandonar la ciitdad que robó nuestra ventura, Droporcionándonos tantos sinsabores... Eos espíritus verdaderamente fatigados, los trabajadores constantes, víctimas de su propio esfue rzo, no buscan el reposo en las playas ni en las villas de moda, ¡terribles prolongaciones de la existencia aburrida, donde el triunfo de l a v a nalidad mata la calma amoicionada! Btiscaliío r- n plena Xaturaleza, por entre los campos risueños y los tupidos bosques, donde los igno- rados pneblecillos desparraman sus viviendas primitivas. Es el triunfo del fervoroso apostolado que emprendieron la Ciencia, el Arte y la Eilosofía en beneficio de la salud del hombre. Merced á esos tres gi andes cantores de la vida, hemos I encontrado los ocultos senderos que conducen j al seno dela Madre Eterna. Y ella nos recibe como á hijos pródigos, con amoroso jubiló, j ataviada con sus mejores galas. El aire puro y f plenamente respirado nos embriaga y vivifica: templa el paisaje espléndido nuestros sentidos 1 todos; y en el sosiego del ambiente se eleva el alma y se hace digna de percibir el ritmo mis- i terioso de los mundos. ¿Quién se acuerda entonces de la dudad, de sus menudos placeres, de las pequeñas ilusiones que revolotean á su alrededor 3 en ella se consumen, como mariposas en la llama? Se acrecienta el odio que nos inspira, y un deseo infinito de abandonarla para siempre se apodera de nosotros y nos conquista... Como las tribus errantes clavan, en el desierto stis tiendas para hacer un descanso en la jornada, los ciiidadanos modernos alzan sus hoteles en la Nada, ique no. escarmentamos! Ya estamos de nuevo en. danza, y d. ispmes, tosá meternos en una aventura trágica, que, á juzgar por ios indicios, nos pxiede costar muy cara. Ya, según dice la Prensa, nuestros soldados embarcan á bordo de, iin transatlántico y ya van camino de África. Ya corrió la roja sangre de algún bravo hijo de España, ¡Gloria y loor á los que fueron víctimas de esta jornada! Ya los patriotas al uso, los que se quedan en casa, los que embarcan á las gentes como el capitán Araña, se entusiasman y predican á gritos la guerra santa, y ya la marcha de Cádiz nuestros músicos ensayan, porque sus bélicos sones aún á mucnos entusiasman... Nada, ¡que no escarmentamos! Ya estamos de nuevo e n danza, decididos á meternos en camisa de once varas, entrando en esta aventura con el papel de comparsas.