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NUMERO 796 A B C VIERNES 9 DE AGOSTO DE 1907. OGHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 A B C EN SEVILLA L VERANEO EN se E- -1 LA. fjiR i n a iYa lai fama g encargó que GIRALDA ndorosa Sevilla dedecirálas a esp e entes es por los veranos el- infierno en la tierra El fuego solar cae hecho brasas; el aire encendido azota las carnes y las quema; los ojos son cegados por la fuerza de una luz que es oro fundido, y los cuerpos se rinden y aniquilan padeciendo el martirio de una angustia dolorosa. En este verano, como en los que fueron, se hace muy pesada la vida en el paraíso de Abril, y á los sevillanos parécenos satisfacer por adelantado el pago de nuestras culpas en este lu- que él solo constituye todo un ga- f CAB. OI. VS. ET. ALO. YSIA. HISPN. REGES gar de expiación. FERDINANDVS. AMALIA. ALOYSIA. FILH Mas he aquí que un hombre, un solo hom- binete de trabajo? ANTONIVS. ET. XVDOVICVS. GENERI HANC. TVE. REM. VBIQVE. GENTIVM. NOBILEM VI. bre se ha redimido, aquel afortunado y feliz Empleando. este mueble, todos CAL. MART. AN. CONSCEND ENTES. mortal que tiene su morada bajo las campanas N 0 BIL. I0 REM. REDDIDERVNT. de la torre qtce ríe, feliz expresión del maestro, vuestros documentos estarán clasi- 1 la cual me hizo exclamar seguro de mi altó á los 60 metros de la tierra, vecino de las nuasiento: ¡Y hoy también se ha ennoblecido! bes. Y para conocer por mis propios ojos y po- ficados; y siempre al alcance de la Vino á nosotros un muchacho moreno, setencias la felicidad de ese, ¡por ahora, único gundo ayudante del campanero mayor. El salvado del rigor de ¡esta hoguera sevillana, mano, y así podréis trabajar fácil y supo decirme que las primeras campanadas se encaminéme á ¡verlo, no sin antes hacerme cómodamente. daban cuando aún el día no había apuntado, y acompañar de un buen amigo, para cumplir las últimas á las doce dé la noche, y que ducon las ordenanzas de la torre, pues nadie será Cuando tengáis que interrumpir. vtin trabajo, será suficiente; que bajéis rante el fiía no se cesaban de tocar... á coro, á osado á subir sin compañía, en prenda de que el rideau ó persiana para cerrar automátjcamerae todos los departa- sexta, á alzar, á maitines... la gracia del veno habrá suicidio, ó para, en el caso de que lo Mas cuando yo ponderábale hubiese, el que quede con vida responda ante mentos del hureau: cajones, casilleros, etc. rano en aquellas alturas que escalan al cielo y la Justicia como responsable editor. lo enteraba de la envidia que me hacía sentir Pasamos el umbral de la torre, y una buena el habitante del cuarto que teníamos á nuesseñora nos hizo saber que se pagaba allí, en la tros pies también supo decirme que aquél paportería, sin darnos tiempo ni aun para que la decía ceguera y que nada sabía de aquella luz deseásemos una buena tarde, y libres, corriy de aquel espectáculo maravilloso. mos gozosos tjor el fresco camino de rampas Cuando descendimos á la calle, Tina boca costaneras, mirando con horror desde los vennada de. aire ardoroso prendió brasas en nuestanales á los desventurados transeúntes del tros cuerpos, saeteándolos con crueldad. bajo suelo hecho horno. Volvíamos á satisfacer por nuestras culpas Es maravilla el panorama que se admira desAl levantar. el rideau encontraréis el anticipo á que fuimos condenados los hijos de lo alto, desde este alto, fresco como una plade Sevilla ya, acariciado por todos los vientos y besado el trabajo tal como Jo dejasteis. JOSÉ MUÑOZ SAN ROMÁN. por toda la luz. Se contempla la ciudad, toda blanca, como de loza y de cristal, hacinamiento El Burean Cosmos se desmonta instantáneamente, de casas alegres y azoteas floridas, sin que nos sea posible descubrir entre la urbana labor la con soto rentar algunos tornillos. I O S E S T A D O S U N I D O S Desde 1890 a 1900, red de calles que se cruzan y entretejen, por Se le traslada con tociafacilidad, pues rueda sobre bolas -l a población de la ser ellas tan estrechas y tortuosas que han meAmérica del Norte llegó á aumentarse en 14 recido fama. Y los jardines y huertos costeros, millones de almas. Al comenzar el presente siy el río como un reluciente y recamado ceñiINSTALACIONES COMPLETAS glo, las estadísticas dan á los Estados Unidos dor, y las mil torres parroquiales, pregoneras DE ESCRITORIOS un censo de 76.303.387 almas. T a l cifra se ha. de una fe no extinguida, y las. mil chimeneas acrecentado enormemente en los seis años y anunciadoras de un progreso industrial rediPRESUPUESTOS GRATIS pico transcurridos merced á los núcleos aporvivo. i PÍDANSE DETALLES tados por l a corriente emigratoria. Los montes lejanos se muestran á los ojos P o r millones h a n llegado allá de Rusia j u azules y reverberantes, y los pueblecitos de la FABRICA EN NUEVA TORK díos y gentes afiliadas en las religiones disi campiña y de la sierra, los unos que escalan CASAS JEN LONDRES Y PARÍS dentes. Y en cantidad considerable tambiéa las montañas, los otros que se acercan al río, h a n emigrado tchecos, húngaros é italianos parecen invencibles flotas de barcos veleros principalmente, d e forma q u e á l a h o r a d e ahoque platea el sol. Aquí el Alcázar, recinto soNuestro gran álbum ilustrado se envía contra 20 ra sé puede calcular la población norteamerilitario que atesora maravillas de arte y suncéntimos en sellos (gastos de correo) cana en u n o s 86 millones de habitantes. tuosidad en ornato, con bellos jardines de arraDe ellos, 14 son católicos, según Mons. H a r yanes, naranjos, claveles y violetas: allí el casty, y cuentan con 12 arzobispos, 90 obispos y tillo vetusto de la Algaba; más cerca el severo 15 sacerdotes. asila y ensombrecido patio monacal como un oasis entre las casas que humean, y el bosque de DIRECCIÓN DE AGENCIAS: ¡BUEN PASTOR, 2 ACCESORIO, SAN SEBASTIAN A R Q U 1 M E D E S I N É D I T O E n u n palimpalmeras en la plaza de San Fernando flore r p- sesto de SB FAeitlTAN- eÁTÁLOGOS, CABALLERO- DE GRACIA, NÚMS. 3.0. T 3 2 MAPRID. ciendo como entre murallas de roca viva, y la Constantinopla ha descubierto un sabiodanés, COMPAÑÍA DE MÁQUINAS DE ESCRIBIR OLIVER plaza de toros, lindera con el río, y la venta Helberg, un importante manuscrito que se atride Eritáña, esperando ser reputada algún día íMi- o- p. á Arquímedes y que está dedicado al fapor monumento nacional. Y por donde quiera, Tocando con las campanas vive en un ancho alta y fuerte, amaoie y conlortáüora! ¡Oh di- moso matemático y- filósofo griego Eratosun caminillo polvoroso que conduce de aldea aposento el primer ayudante del campanero choso mortal que el destino elevó Sobre todos theny. Del método es su título, y trata de la en aldea á los lugareños, y sendas amigas que mayor, y éste es el hombre que al principio he los- sevillanos agraciándolo con. el fresco mise- aplicación dé la mecánica á resolver ciertas guían á los trabajadores hacia los cortijos, ca- reputado por el más venturoso y he envidiado ricordioso que viene en la marea, trayendo to- cuestiones de Geometría. sas blanquísimas que parecen salinas dé los con- todas las. veras de mi alma. La vivienda es das las caricias del mar! La tierra cocida de la Es muy de notar que en este trabajo se depuertos. suficiente á albergarlo con comodidad, y por vega de Triana está muy lejos de él, y áqUel termina el empleo, sorprendente y extraordila puerta abierta al Mediodía, la. luz del cielo bochorno congestionador que nos acomete por nario, de un método equivalente al cálculo inTodo ello se ve desde lo alto de la Giralda, digno refugio dé un poeta que á la fuerte y po- la llena á raudales, y el; viento, todo salud y doquiera. A su casa la besa el sol en el amane- tegral, previsión admirable de la ciencia griederosa luz del día escribiese sus versos y al frescura, llega á regalarlo con el- don que máá. cer, primero que á todas las de los demás, y su ga sobre problemas que, dieciocho siglos desrepique de oraciones los lanzase á la ciudad, en se codicia por los sufridores vecinos de la. hir- último halago, á la tarde, es para la torre, vis- pués, habían de resolver en definitiva y poi vierite ciudad. iOh habitante de esta, mansión tiéndola de oro y de pedrería. análogos procedimientos Leibnitz y Newtou ofrenda de amor Y á las gentes que supen no se íes oyen palabras de rencor ni de odio, esas crueles palabras de á ras de tierra. En lo alto todas las voces son de. bendición y de alabanza: de bendición á la Naturaleza, que se muestra á los ojos exuberante; de bendición al Cielo, que ha creado tanta maravilla. Arriba todo es asombro y reconocimiento. Quise ver al morador de aquella cima fresca y luminosa, á aquel águila ciudadana, y no encontrándole en su nido, subí hasta las campanas, hasta las Santas. María, Justa, Rufina) Cecilia, Cruz, Inés. 25 voceras de la alegría y del fervor. Encontréme con que debajo de la gorda se leía esta inscripción latina; mes MAPAMUNDI BIBLIOTECA DE A B Cs 338 LAS DOS BARONESAS 339 LXXI 1 i a baronesa viuda y Mr. de 3 erviHe esperaban con impaciencia el día de la N sentencia. Leonida se aislaba en su dolor de tal manera, que desde el día de la prisión del doctor, Jorge no había podido sino dos ó tres veces verla. Toda alusión al pasado, toda tentativa de consolar á su prima, la- rehuía. Esperaba. í El momento favorable llegó. La sala de lo criminal acababa de dar su fallo, y Luciano, quince días más tarde, debía pasar al Tribunal extraordinario. -Ya no debo tardar más... Las circunstancias van á servirme... Hay que coger la ocasión por los cabellos... A continuación se encaminó á la habitación de Leonida. -La señora no está visible- -le dijo la doncella. -Lo estará para mí... -La señora, al darme la orden de no recibir, no ha hecho excepción ninguna. -Sin embargo, la hará... Id á decirle. que estoy aquí, que insisto en verla y añadir que se trata de cosa urgente. -Pero, señor... ¡Id pronto! -replicó Jorge imperiosamente. -Vuestra señora sentiría que o me hubieseis obedecido. La doncella desempeñó su comisión. Leonida, persuadida que se trataba de una cosa urgente, dio la orden de que hiciesen entrar á Mr. de Nerville El primo de Max, diestro comediante como sabemos, había sabido dar á su cara la expresión de profunda pena. Fue á sentarse al lado de la joven, la cogió las manos afectuosamente, al mismo tiempo que se apoderaba de él verdadero terror al verla tan pálida, tan cambiada, tan abatida. -Leonida... querida Leonida. -murmuró con voz conmovida. ¿Sufrís mucho? -Sí, mucho... -replicó Mad. de Trev a. -Sufro hasta el punto que quisiera morir, y sin embargo, es preciso que viva. ¡Viviréis! -exclamó Jorge. -Viviréis y llegará día en que vuestras penas no sean más que Un recuerdo. La joven meneó la cabeza con manifiesta incredulidad. -Habéis insistido en verme... ¿Qué me queréis? -Vengo á hablaros de Mr. d Harblay. ün relámpago brilló en los ojos de Leonida. ¿Han reconocido su inocencia? -preguntó impetuosamente. -No, querida prima. La cabeza de Mad. de Tréves cayó sobre el pecho. Jorge continuó: T 1 i t i r t ¿Han reconocido su inocencia? ¿reguntó impetuosamenfct. -Lo juzgarán dentro de quince días, y estamos obligados á ir á declarar al Tribunal extraordinario. Leonida ocultó su rostro entre las manos. ¡Oh! ¡El escándalo... el escándalo... -balbució. -Querida prima, escuchadme por favor y no osdejéis abatir... Sí, convenge en ello, el escándalo será grande... La causa tendrá un eco formidable... La posición social de la víctima, la del acusado, la de los testigos, las circutistaa-