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792 sus labios contratóos por la parálisis sale de vez. en cuando un gemido para suplicar a l a enfermera: -Un baño... Un baño... ¿Me dejarán mañana darme mi baño? A esto se reduce hoy su aspiración. Como los niüos pequeños pide aquello que más perjuicio puede hacerla. Viejos abonados de la Opera madrileña... Recordad á la pobre cigarra, imprevisora y loca, en esta viejecílla encerrada en Sainle- Périne, que conserva aún la dolorosa coquetería de extender sobre sus hombros la rubia cabellera oxigenada. Josa JttAH CADENAS Paife, A B C. LUNES 5 D E AGOSTO DE 1907. OCHO. PAGINAS. EDICIÓN i. llamen al Juzgado, es el asunto de José, digáis PAGINA 4 CHILINDRINAS: POLÍTICAS E EN Fulgencio. -Perfectamente. la verdad. Alcaide. -Pues ¡vainos. (En la puerta. UsteTSUaORATO TELEFONO Vicenta. ¿í la verdad cuái es, señor? des primero. Fulgencio. -Que le visteis pasar por delante Fulgencio. -No, no, usted... ...VITORIA, 4, 5 r de vuestra casa el miércoles, 25. Justo, -Usted, usted... Para algo es usted el jpl gran chubasco que cae poco antes de coVicenta. -En eso no hay daño, ¿yué más tie- señor alcalde. ne que fuera el miércoles ó el viernes cuaildo Alcalde. (Aprovechándose de la Alcaldía en menzar la corrida hace temer á todo el mundo que la fiesta haya de suspenderse. le vimos... lo que da de sí... -Bueno, pues yo. No es así, sin embargo, porque momentos Fulgencio. -Si alguien llega á enterarse de lo MÜNICIFAX, antes de la hora señalada despeja y sale elsoL que hablamos ahora ó vaciláis en la fechante MANUBI LINARES R VAS Hay una entrada superior. embargarán inmediatamente. Preside el alcaide de esta capital. Vicenta- -No, señor. Primero, Calesero, gordo, colorado, y, como Fulgencio. ¿De manera que le visteis? todos los de la corrida, de la ganadería de Vicenta. -El miércoles. Aleas. v Fulgencio. (Sonriendo) ¿Estás. segura? EN M A D R I D Huyendo y mansurreando toma cuatro vaVicenta. -Como le estoy viendo á usteá en Con un calor de 45 grados ras, sin ocasionar ningún desavío. esto momento... DE. AYER y una entrada como para Bazán y Pepin hacen lo que pueden coa los Fulgencio. -Bueno. Vete. palos, y el manso pasa á manos de Algabeñs, no perder, da princ: pio la novillada. Vicenta. ¿Y el reparto, Fulgencio. -Perdonado. Yo lo arreglaré. Vete Tenemos de estrellas taurinas á Platerito, Se- quien luchando con las pésimas condiciones rranito y Posadas y tejieras seis animalitos d e de la res la pasa admirablemente, y cuando el tranquila. toro cuadra larga media estocada que le hace Vicenta. (Persignándose para despedirse) -Surga. rodar á sus pies. (Ovación. Dios le conserve, señor, para bien de los poEl primer novillo atiende por Violín y es n e! mismo despacho del mismo Ayunta- bres... Segundo, retinto, negro y bien puesto de pi, todo u n ciudadano pacífico para los mon- tones. miento famoso... es decir, famoso no, por; ESCENA CUARTA tados. que son bastantes los que administran de un Arremete furioso contra a caballería y toma DICHOS r SAMÓN Naturalmente, nosotros, que n o entendemos cuatro varas muy buenas, especialmente una modo parecido y la fama, entre muchos, toca á Ramón. -Preguntan- por usted, D. Justo y el eso de la desgravación de los vinos, manda- de Cantaritos. poco... D, Fulgencio, el inmortal y nunca bien mos tostar al manso. ponderado secretario, está ausente Ramón, señor alcalde. Bienvenida toma los palos y coloca un pat Fulgencio. -El alcalde, que espere. D. Justo, Lo que cumplen pronto y bien Armillita y aceptable. el oficial de la secretaría, descansa beatíficaque pase. Negrón, ganando aplanáoslos d o s m u d i a c h o s mente. Repite con otro bueno, y termina Pinturas tí Ramóa. -Mny bien. por s u valentía. tercio. ESCENA PRIMERA Fulgencio. -Adiós, tía Vicenta. Plalerito torea de muleta así como sí quisiera RAMÓN V VICENTA Bienvenida pasa de muleta con inteligencia, y aliviar al morito del asfixien, abanicándole con deja una estocada, que basta. ESCENA QUINTA Vieenfa. (Vieja, pobre y gruñona) -Alabado el telón, y cuando el chiquillo cree que h a lleTercero, colorado, bien puesto de agujas y FULGENCIO Y JUSTO sen Dios. gado el momento de poner término á sus bueRamón. (Encantado de pocter demostrar á alJusto. (Viejo, pulcro y casi 7 elegante) ¿Hay nos sentiniientos, se entra con un sartenazo con mucho poder. Toma cinco varas, hay cuatro caídas y u a guien los malos modales que con él emplean, novedades? que de todo tiene menos de bueno, pero que penco fuera de combate. sin moverse) -Hola, tía Vicenta... Fulgencio. -Ninguna... v mata, que es precisamente lo que se propone Africano y Perdigón cumplen con los rehileVicenta. (Que había empezado á persignarse Justo. ¿Y de ese mozo? el madrileño. tes, y Algabeño toma los trastos, y tras una faena en señal de, respetuoso saludo, suspende tan Fulgencio. ¿De José... Ninguna tampoco. Aplausos á Gregorio de valiente, en la que aguanta varias arrancapiadosa operación, aplicable ante D. Fulgen- Puede usted casar á su hija de usted con mí peligrosas, cio, pero no á Ramón... r- ¿No le está D Ful sobrino, cuando usted quiera. Segundo. Artomares, negro y recogidito de dasbicho dobla. entra dejando una atravesada. El gencio... Justo. ¡Pero es que José ha dicho que antes pitones. Cuarto, colorado, grande, y, como los anteRamón- -No... le parte el corazón de una puñalada... El Sr. Hilario abre el capote y ¡el delirio! Vicenta- ¿Puedo aguardarle? Fulgencio. ¡Dichos... Para seguridad de us- Verónicas, navarras, de frente por detrás y riores, bien armado. Bienvenida le da algunos lances, pero el biRamón. -Puede. Si desea ver al señor al- ted, meteremos al José en la cárcel... por pró- todo admirablemente. calde... fugo. El público le obsequia con u n a ovación in- cho no quiere engañar á nadie y se declara buey á los pocos momentos. Vicenta. -No me sirve. Justo. ¿Y el decreto de indulto? mensa; Toma tres puyazos y pasa á manos de A t Ramón. (Gozoso) -Ni á nosotros, nial Ayunfulgencio. -No rige con él. El novillo cumplió bien en la suerte de vatamiento. Quien hace y deshace, sobretodo Justo. ¿No... ¿Y eso? ras, y los espadas se lucen en emites, distin- gelilla y Pepito Bienvenida, que cuelgan tres par s de rehiletes. quien deshace, es el señor secretario. FalgencioSe ha publicado en la Gaceta el guiéndose los sevillanos. Vicenta. (Con los ojos relucientes) -Ese no día 28... y el 25 hau visto por aquí á ese mozo Piló pasa las moras antes dé clavar u n par Bienvenida trabaja por sacar ai toro de ias se dejaba ahorcar por mil pesos. la Vicenta y otros... malísimo, y luego, al repetir en su turno, deja tablas, pero no lo consigue. Aprovechando, da media estocada y el biRamón. -Creo que haría bien. Justo. (Escamado) ¿Pero los Tribunales le meidio, que no agrada al senado. Currito, por Vicenta. -Es muy listo. soltarán? no ser menos, coloca un palito solo y pasadito. cho se acuesta. El puntillero, á la primera. Ramón. ¿Listo... ¡Una capacidad de primer Fulgencio. ¡Quién lo duda! Es de justicia. Y vamos á ver al Sr. Hilario, el hombre del Quinto, colorado y de buena estampa. Toma orden! Para la nueva ley municipal y provinJusto. ¡Y entonces? telón. cia! ya estudió once trampas... Fulgencio, -Le soltaran dentro de tres ó cua- Sólito ante la res, pero desde honesta dis- cuatro puyazos, proporciona otras tantas cosVicenta. (Admirada) ¿Once... tro meses... ¡y entonces ya... Trabajamos por la tancia eiecuta una labor de muleta en la que taladas y mata dos jamelgos. Pepín y Bazán cumplen después de varias saRamón. (Con el orgullo, de, cuantos pueden felicidad de esos chicos y el fin justifica los hay unos pases efectistas, y estando el bicho pregonar una confidencia) -Eso me dijo... medios... con la cabeza- algo sesgada hacia la derecha; lidas en falso. Algabeño encuentra entablerado al manso y jjero yo tengo mejor idea formada del señor Justo. -Y á veces el fin. entra Serranito, con un pinchazo alto, saliendo lo pasa de muleta con verdaderas fatigas. secretario: seguramente sabe veintidós. Fulgencio. -No sepreocupe usted más... Otra cogido, volteado y derribado. Vicenta. ¡Es mucho hombre... cosa. Esta mañana hemos resuelto favorableSerranito se levanta y se dirige nuevamente Cuando cuadra el buey entra el de la Algaba, Ramón. -El amo, hija, el amo del pueblo. A mente la instancia de usted, y puede usted to- al bicho dándole otro pinchazo; pero le faltan agarrando una perpendicular, que se ahonda veces se queda dormido en las sesiones del mar del río toda el agua que necesite para los fuerzas y tiene que abandonarlos trastos y di- al intentar saltar al callejón. Descabella á pulso y oye palmas José. Ayuntamiento, y entonces los señores conceja- nuevos molinos. rigirse á la enfermería. El sexto, negro, acomete cinco veces á los les no se atreven ni á respjrar. y mucho menos yWo. ¿Habrá que aguardar la aprobación Platerito termina con el novillo d e dos pin- picadores oor otras tantas caídas y dos cabaá tomar acuerdos, porque ya saben que es tiem- de! ministerio... chazos y un descabello. llos muertos. po perdido. Cuándo duerme oficialmente, sueFulgencio. -Claro, pero provisionalmente... Tercero, Roñoso, negro y bizco del izquierdo. En los quites, Algabeñt y Bienvenida tiran da üa siempre alguna charada administrativa. Justó. ¿Y si me la niegan después... Vicenta. ¡Hacen buen papel... Fulgencio. -r- Le indemnizaremos á usted en unSé! arranca bien cinco veces á los piqueros, repertorio y entusiasman á las gentes con sus Ramón. -Regular... Lo más curioso de núes- poco más de lo que valgan las obras ejecu- dándoles sendos coscorrones y despanzurra alegiías y fiorituras. r dos jamelgos A petición del público tonian los palos ¡os tras sesiones es él acta de la sesión anterior: tadas... Bizoqui y Aransáez ponen los tres pares de espadas. Bienvenida clava dos buenos pares 5 en ella con sta, escru pulcramente red actado Justo. (Conmovido) ¡Es usted un amigo! Algabeño coloca sólo un palito por D. Fulgencio, todo- 16 que los señores con Fulgencio. ¿Un amigo... No vamos á ser reglamentó, y el edil manda variar de tercio. Bienvenida brinda á unos amigos y después Posadas hace uña faena ínuy. iiiteligente, descejaíes debieron decir... ...Aunque no lo hayan parientes. dicho. Justo. (Abrazándole) -El lunes compro la de cerca y- valiente, toreando por bajo como de un lucido trasteo, entra con una estocada Vicenta, (Escanda lizada ¡Eso es una men- piedra y empiezo los molinos. requieren las condiciones del buró, y suelta buena que tum a al bicho para siempre. (Ova, tira! Fulgencio. -No sé molesté usted en esa pe- una hásta. lá empuñadura en el sitio contrario. ción. Luego intenta dos veces el descabello, y el Retinan. (Indulgente con la ignorancia hu- quenez. Yo le enviaré Una cuadrilla de los tramana) ¿A usted se io parece ¡Claro! ¡Usted bajadores que han venido para la nueva ca- bichó tiene á bien doblar. (Aplausos á Faus. Uno. p n la Plaza vieja se han lidiado seis toros d ao conoce las prácticas parlamentarias... rretera provincial Miura, que han resultado buenos. Hnhx Vicenta. ¿tínton íes no es verdad que juran testo. (Dándole otro abrazo) -Gracias, graCuarto. Tobalilo, negro, flaco y descaradillo todos tomaron 33 varas por 21 caídas y nueve al tomar posesión. cias... Asi saldrá más barato... de pitones. caballos muertos. Ramo -Sí, hijí, sí. Juran antes y juran desFulgencio. -Y la piedra que haga falta se la Seis puyazos, cinco caídas y cinco caballos Gileriio mató al primer novillo de un pincha pués... y algunos no hacen en toda su vida mandare á usted de la mía. muertos vemos en el primer tercio. zo, media atravesada y otra media delantera, más que jurar, pe o eso no empece. Í É ¿De la de usted... Con par y medio de Negrón y otro tanto oyendo un aviso. En el cuarto fue cogido y Vicenta. (Repitk ndo como un eco) ¿No em- Fulgencio. -De la carretera. de Armillila se varía de suerte y hay su conato volteado al dar una estocada contraria, resulpece... Justo. (Con otro abrazo, uiás apretado de bronca para el usía por mandar cambiar de tando afortunadamente ileso. Ramón, (Desvanecido de júbilo, por tober ¡Ah. J perfectamente tercio antes que Negrón entrara á banderillear Manolete despachó al segundo bicho de meempleado una pa abra qué su interlocutora no ESCENA SEXTA la última vez. dia estocada superior. En este toro, al dar uii ha entendido) ¡No, mujer, no, no empece! Y Piálenlo torea ayudado por los suyos y mete pase, fue alcanzado y volteado sin consecuenDICHOS, RAAIÓPÍ este es uno de los pueblos más felices en ése el estoque perpendicular; luego deja media cias para el físico. Al quinto le finiquitó de Ramón. -El señor alcalde se incomoda... terreno, porque como D. Fulgencio se las echa muy buena, que es lo suficiente para que Toba- una buena y un descabello. de liberalj no Cohibe á nadie en la libre expre- Fulgencio. ¿Para qué le hace usted esperar, lilo pase á mejor vida. (Palmas) Mqchaquito, de Sevilla, dio fín del tercer nosión del pensamiento, y cada uno dice lo qtte Ramón? Ramón. (Con ei mas legítimo asombro) ¿Yo? se le ocurre. Quinto. Pandereta negro y con. buenas villo de uu gran volapié y de una estocada eá lo- alto y un descabello al sexto. Vicenta. (Que conoce sus contemporáneos) ¿Para qué le hago esperar yo; armas. Fulgencio. -Ande, no sea pesado. La entrada ha sido buena y la tarde caluro ¿Y si no se les ocurre? Primer tercio. Seis varas y tres defunciones. sísima. -ESCENA SÉPTIMA Ramón. -En ese caso dicen lo que Se le ocu- En quites, uno superior de Posadas. rre á D, Fulgencio; FULGENCIO, JUSTO J El. ALCALDE Segundo tercio. Par y medio de Currito y Vicenta. ¡Ah... Alcalde. (Incomodado) ¡Señor secretario. uno del Alano. J ay gran animación por ver al diestro mejiS Ramón. -lgual que en las elecciones: cada Platerito brinda á un amigo que ocupa una a cano Vicente Segura qtie, en unión de Fulgencio. -Hola, tío Pintos. ano vota por quien le agracia más, y anadie Alcalde. (Furioso) (No hay tío Pintos que contrabarrera del 3. El toro anterior también Minuto y Gallito, estoqueará seis toros de Vert se le obliga ni se le molesta. valga! ¡Soy el alcalde! ¿Por qué ha roto usted se le había brindado á otro amigo. agua. Vicenta, ¿Y el milagro de tos diputados y de una credencial que yo he firmado? ¡Se da de brindis! A la hora de empezar la corrida la Plaza estálos concejales, adictos siempre? Fulgencio. ¿Y por qué la firma usted sin con- En el primer pase es alcanzado y volteado llena. Ramón. -Por ese mismo principio liberal que sultarme? el espada, sin que por fortuna pase del susto El primer veragüeño toma cinco varas por estableció D. Fulgencio. El pueblo vota á quien consiguiente. Alcalde. ¿Soy el alcalde ó no soy? otras tantas caídas y dos defunciones. le parece, y el secretario pone en las certificaEl madrileño se desconfía y torea de cualFulgencio. -Vara presidir las procesiones, la Minuto, después de una brega valiente, da ciones á quien, le da la gansa... y todos sesión del Ayuntamiento, para firmar loque le quier manera para un metisaca en los Países media atravesada y una buena. teñios. Bajos. manden, sí; para mandar no. Segundo, negro; seis varas y una víctima, Vicenta. (Admirada) ¿Sabe usted que eso k Alcalde. (Un poco intranquilo por su pasada Sexto y- ultimo. Rondillo. -De las seis veces Mal pareado por los chicos de Gallito, pasa el está muy bien, tío Ramón? energía) -Está bien; lo pensaré. que se arranca á los piqueros, les desmonta bicho á poder de éste, quien, tras pocos pasess Ramón. (Satisfecha) ¡Muy Heu y es muy liFulgencio. -Eso tampoco. por ío menos que cuatro y mata dos caballos. pincha una vez y termina con una tendenberal, tía Vicenta- J no lo sospechen. El cargo de alcalde en este Posadas coge los rehiletes, y tras lucida pre- ciosa. Concejo es incompatible con la fantasía. Al paración clava dos pares superiores. (Ovación. ESCENA SBÍGÜKDA Tercero, jabonero. Segura da unas verónicas nombrarle á usted, ya le advertimos que se le DICHOS, FULCUNOfeO Termina el tercio Bizoqui con un par des- y es aplaudido. Ocho sangrías, siete volteretas y tres penquicidios. Vicenta. (Persignándose ahora por completo) evitarían todos los quebraderos de cabeza... y igual. Vicente Segura torea sereno y confiado para Alabado sea Dios... Venga sobre lo de Con- uno de ellos es el de pensar las cosas. Posadas da fin del ¡toro y de la corrida, toAlcalde. (Sofocado y aturdido) -Lo recuerdo, reando desde buen terreno; en la faena sufre media ladeada, ua pinchazo y un descabello. sumos. Cuarto, castaño. Con bravura y poder toma Fulgencio -Vayase usted, Ramón, y que no lo recuerdo... una colada peligrosa. Un pinchazo, otro sin Justo. (Interviniendo conciliador) -Y entre llegar, una estocada atravesada y un, desca- siete puyazos por cinco vuelcos y tres caballos entre nadie. amigos, estas pequeneces no deben tomarse bello. Ramón. -El señor alcalde ha preguntado. muertos. con calor... Siga usted de alcalde, tío Pintos. Minuto hace una lucida preparación y pincha Fulgencio. ¡Nadie! Bueno. Alcaide. (Agarrándose á un clavo ardiendo) -Decididamente estos muchachos han equi- en buen sitio. Luego da una superior. (OvaRamón. (Marchándose) -Está muy bien. Si ustedes lo desean... don. vocado su carrera. ESCENA TERCÜRA Fulgencio. (Caritativo) luchísimo, hombre! Lo mejor de la novillada, los brindis del PíaQuinto, castaño. Ocho varas toma, demosFIH. GEWCSO Y Alcalde. (Ya saliente) -Por complacerles, se- íérito. trando mucha bravura el veragüeño. Vicenta: -Mire, D. Fulgencio, que mi hombre, guiré en la Alcaldía- Gallito termina con el toro de un pinchazo, DON SILVERiO Justo. -Vamonos á casa y probaremos su vicon perdón de la cara de usted ao puede pamedia tendenciosa y otra media bien dirigida, nillo. gar ese reparto. PARTE FACULTATIVO Durante la lidia saliendo prendido por la m? nga derecha, pero del segundo toro sin que tuviera que lamentar otras consecuenFulgencio, -Cuando usted quiera, señor alFulgencio. -Y lo sé. ha ingresado en esta enfermería el matador cias, y calde... Vicenta. -Y nos embargarán. Alcalde. (Muy fino) -Cuando usted quiera, Hilario González, Serranito, con una herida por Fulgencio -Seguramente; El sexto acomete siete veces á los piqueros asta de toro, de unos cinco centímetros, en la y les mata dos caballos. Vicenta- Ay, señor, por el aliña de sus di- señor secretario. y ingle derecha, que interesa la piel aponeurosis Fulgencio. (Amable y sin abusar de su fuerfuntos... Segura concluye con el toro y la corrida de al vientre y no penetrante al parecer, cuya le- un volapié superior, que es premiado con abunza) -Cuando usted lo disponga. Fulgencio. -Pero tiene bueaf. arreglo. Alcalde. (Aún escamado) ¿Le parece á us- sión le impide continuar la lidia. Vicenta. -Diga, señor. dantes aplausos. Fulgencio. ¿uetu marida, y tu, cuando os ted que lo disponga ahora?