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HUMERO 792 A B C LUNES 5 DE AGOSTO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN t. PAGINA 3 i V i! i? i! l i i LOS SUCESOS DE MARRUECOS CASABLANCA. PUERTA PRINCIPAL DE ENTRADA A LA CIUDAD, DONDE HAN ESTABLECIDO LOS MOROS SERVICIO DE VIGILANCIA PARA IMPEDIR QUE SALGAN O ENTREN LOS EUROPEOS 0 E NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. Rittwagen. ABCEN PARÍS A CASA DE LOS Obsérvase en España un movimiento extra CÓMICOS ordinario en el número de Asociaciones de Socorros mutuos. Los carpinteros, los albañiles, los cocheros, los empleados, los dependientes de comercio, los camareros, todos, en fin, cuantos ejercen una profesión ó un oficio, se agrupan, y, ya agrupados, se les ocurre realizar ese ideal sublime de fundar un organismo que les preste ayuda y socorro, Nosotros los periodistas contamos también con nuestra Asociación. Estas Sociedades, pon regla general, persiguen los mismos fines: proporcionarnos un socorro cuando la enfermedad nos inrpide ganarnos el sustento, facilitarnos medicinas y asistencia facultativa, y el día que morimos, pagarnos el entierro. Esto último es esencialísimo en todas las Sociedades, y muchas de ellas se fundan con esta sola misión de asegurar á sus asociados un rincón de eterno reposo. Hay individuo que se pasa años y años pagando una peseta ó seis reales todos los meses, contento y satisfecho porque sabe que él habrá podido privarse de muchas cosas en la vida, pero, en cambio, el día que se muera tendrá su buen féretro, su cochecito de cuatro caballos, una corona de la Sociedad y un magnificó hoyo dispuesto para recibirle. Es muy curiosa esta preocupación que en España tenemos por asegurarnos bien nuestra última morada. Ricos y pobres no vacilamos en ingresar en esta clase de Asociaciones; los pobres para estar bien ciertos de que aunque no tengamos dinero a l a hora de la muerte, seremos enterrados; los ricos... por si vienen nial dadas y un día se lo lleva todo la trampa. La tranquilidad de todos en la vida consiste en asegurarnos el pedazo de tierra para la muerte. Estas Asociaciones primitivas, ae fines limitadísimos, tienen todas sus pequeñas ó grandes reservas que administran honradamente, justo es reconocerlo, y la casi totalidad de los ingresos que se procuran los destinan á los fines para que fueron creadas, porque sus gastos son insignificantes; se reducen á la impresión de una Memoria anual, al jornal de tres ó cuatro pesetas que percibe el cobrador y al sueldo del médico; Yo sospecho que debió ser un médico sin clientela el primero á quien se le ocurrió esta invención maravillosa de la Sociedad de socorros mutuos. Pero digo que estas fundaciones son primitivas porque las hay que cuentan con cincuenta años de existencia y no salen de su pasó, ni se aventuran á acometer nuevas empresas en provecho de sus asociados. Continúan proporcionándoles médico y botica, un escaso socorro algunas de ellas, y el entierro á la hora de la muerte, si la muerte fue natural, pues algunas niegan este último beneficio á los que sucumbieron violentamente. Y á cualquiera se le ocurrirá preguntar: ¿Es que los hombres no necesitamos socorro y ayuda más que cuando enfermamos y morimos? ¿Es que no puede llegar un momento en que hallándonos sanos de cuerpo y en disposición cié vivir largos años aún, no? ¿alten la fuerza, el entendimiento, la vista para continuar ganándonos el pan? Porque aquí de lo que se trata no es de asegurarnos la muerte, sino de vivir el mayor tiempo posible y en las mejores condiciones de comodidad y bienestar que nos sean dadas, ya que, aunque este picaro mundo es reconocidamente defectuoso, no hay, sin embargo, noticias muy positivas respecto á la existencia de tro mejor. El descanso en la vejez, después de una vida consagrada al trabajo, es cosa que todos los hombres tienen bien merecida exceptuando, naturalmente, á los políticos, pues la política es una de las: profesiones más descansadas y que más prolongan la vida á los que la ejercen. preguntarán ustedes la razón: que inspira es tas consideraciones. La razón hay que buscarla en la fiesta que ayer tarde celebraron los actores franceses en el magnífico parque de la Casa de retiro que poseen en Couilly, cerca de París. Estos señores cómicos tienen aquí un magnífico palacio, una posesión soberbia, donde gozan de todo género de comodidades, ni más ni menos que si se hallaran en un hotel de primer orden, situada excelentemente en un lugar sano y pintoresco y rodeada de parque y jardines. El actor francés puede sin pena ver acercarse los días negros en que la carencia de facul- tades comienza á hacer escasear lps contratos y, ¡si sus previsiones no le permitieron ahorrar para la vejez, sabe que no por eso sus últimos años estarán desamparados. Aquí, en su Casa de retiro, encontrará pan y hogar, vida modesta y tranquila, campos y sol, atenciones delicadas y firme y decidida protección. El expectro del hambre no tiene que atormentarle. Esta ayuda, este socorro me parecen un poco más humanos y, sobre todo, bastante más prácticos que la seguridad de que seremos bien enterrados á la hora de la muerte. En él Parque de la Casa de retiro de los cómicos, celébranse frecuentemente fiestas teatrales, semejantes á la de ayer en la que tomaron parte artistas de la Comedia Francesa como María Leconte; de Varietés, orno Mad. FariolBauge, y del cuerpo de baile de la Opera, como Margarita Maner. Estas fiestas son á beneficio de la Institución, y á presenciarlas acude numerosísimo y selecto auditorio. Los ingresos así procurados son los que principalmente sostienen la Casa de retiro, además de las rentas que los legados de algunos artistas ricos la proporcionan. Por los jardines, por el parque se ve paseando á muchos afeitados viejeciilos que todavía pretenden erguir el talle con aires de primeros galanes; en la manera de andar conóceseles la costumbre- -durante largos años de vida teatral adquirida, -de pisar los escenarios; cami- üan lentos, balanceándose cadenciosos, y se observa en todos ellos esa pulcritud innata en el cómico, y ese ademán un poquitín afectado que jamás, los que vivieron sobre las tablas, pueden abandonar. Los simpáticos vejetes recuerdan aquí placenteramente sus campañas artísticas, sus triunfos de otros días, hablan, riñen y murmuran, refieren anécdotas teatrales, se comunican unos á otros los chismecillos de bastidores que á sus oídos llegan, y gozan, en fin, de una existencia dulce y apacible, mientras alivian sus reumatismos, delicadamente cuidados. Es la Casa de los cómicos franceses una institución humanitaria, cuyo estudio recomiendo á la Asociación de Actores Españoles, puesto que éstos podrían contar, aunque más modestamente, con ingresos semejantes para el sostenimiento de una fundaeión análoga. Y es posible que si una agrupación cualquiera se decidiese á crear una institución á ésta parecida, otras agrupaciones siguieran después el ejemplo, reuniéndose las profesiones y oficios similares y formando organismos fuertes capaces de acometer empresas de esta magnitud en bien de sus asociados. De esté modo disminuirían esas microscópicas asociaciones españolas de médico y botica, dos pesetas de socorro y entierro de segunda clase. 1 J ientras presenciaba la fiesta de los córni eos, recordaba la visita que días pasados hice á Sainte- Périne, en automóvil; otra institución benéfica. Allí están recogidas es as pobres cigarras del arte, cantantes y actrices famosas un día, que pasearon triunfadoras su belleza por el mundo. Y entre aquellas viejecillas que pasean ayudadas de bastones ó apoyadas en el brazo de una enfermera, el nombre de una evocará sin duda lejanos recuerdos en los viejos abonados de la ópera madrileña. María Sasse, la genial cantatriz que arrebató de entusiasmo en Madrid á las damas aristocráticas, hállase aquí recogida, sin moverse de su cochecillo de paralítica, muerta en vida. Su belleza tuvo tanta celebridad como sus brillantes; triunfó en la vida y fue reina de la escena, princesa de las elegancias y lionne de la. moda. ¿La recordáis? Ella lo cuenta... Fue aquella maravillosa criatura que cantando un día en Madrid la Lucrecia, mereció que vosotros, viejos abonados del Real, la ofrecierais una corona de oro macizo. María Sasse gustó la embriaguez de todos los triunfos, y París entero recuerda la noche famosa en que, sorprendido el público de la Opera por la noticia del primer triunfo alcanzado sobre los prusianos, la genial artista suspendió la representación, y desgreñada, medio desnuda, loca de entusiasmo y alegría, paseó los bulevares entonando la Marsellesa, á la cabeza de la multitud que la escuchaba con inmensa emoción, con recogimiento religioso. Vibraba la canción en su garganta, vibraba su cuerpo escultural, encendido por el entusiasmo, y uantos la oyeron aquella noche famosa, aseguran que jamás el himno patriótico volvió MADRID. EN LOS VIVEROS á ser cantado así... BANQUETE CELEBRADO AYER CON ASISTENCIA DEL GOBERNADOR CIVIL (x) Pues aquí la tenéis, insignificante, hundida EN OBSEQUIO DE LOS REPRESENTANTES DE LOS GREMIOS ¡DE ESPAÑA en el cochecillo lie la conduce por los jardiEN EL CONGRESO INTERNACIONAL DE LA CARNICERÍA, EN HAMBURGO nes... Aquella sublime hermosura es hoy esta Fot. A B C pequeñísima cosa, envejecida, lamentable... De