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NUMERO 79 J A B C. DOMINGO. 4 DE AGOSTO DE 1907- OCHO PAGINAS, EDICIÓN i. PAGINA 6 -Tí -í i VALENCIA. LA BATALLA DE FLORES LA E S P L É J N D I D A TRIBUNA, DESDE LA CUAL PRESENCIO EL FESTEJO S. A. R. LA INFANTA DOÑA ISABEL Fot. L. Pastor. ylas mozas allí son- suchas mozas, y los tunélaason mucho tunelas, y yertélaios la gracia por arrobas. y ríete de la canela en rama ante la canelitadéla Ronda; vida como la nuestra hay pocas vidas; ¡nergás como las nuestras hay muy pocas; y, pundonor como los pundonores de aquél distrito, rio íós busques, loca, que. puedes enfermar. de miopía. dfi, tanto: réb uscar, y 1 no hablo, en broma. Allí nos Vennimós Paco, el Chulo, étPeque Álcorcón; Iyuisala Sosa; el portero del cuatro, y la portera de la casa. contigua á latanona; el. perro del tendero y el tendero, consu costilla la seña Polonia; el barbero del seis, un rapa- barbas muy capaz de rizarle la pelota á un calvo; Periquito el Chirivitas, con sus cuatro, cuñas y su consorta; peques y grandes, perros y morrongos; botijos verdi- negros, sillas rotas y coro generar de grillos, grillas y codornices... Y de allí, ¡á la gloria! éste, que canta por el cante jondo; aquél, que ríe; la de allá, que llora; el botijo que va de mano en manó la mujer del tendero que se. asocia á los cuentos que cuenta el Chirimías; y ei tendero, que sufre y que se amosca; el barbero, que coge la sonanta, y al son de sus rasgueos, aulla coplas que le jalea la seña Cerila, que anda por el barbero medio chocha; la codorniz del tres que da seis golpes; la portera, que duerme; aquél, que ronca; una de las cuñas de Periquito que se lía á galletas con la. Sosa; Paco el Chulo; pidiendo á ca momento cigarros y cerillas, marca gorra la sed que se apodera del concurso; al botijo que 110 le queda gota: el sereno que increpa al auditorio y el auditorio que. se ríe y goza al escuchar, las frases del sereno que hace mutis, en medio de una bronca; allí se vive como no se vive en el propio London ú en Calahorra; eso es veranear con too el equipo; eso es vivir como en la propia gloria; bájate cualesquier noche que quieras, ú que estés aburrido, por la Ronda, y ú pasas una noche solazada ú dejo yo de ser I, ucio Gamboa. ANTONIO CASERO BIBLIOTECA DE A B C 318 LAS DOS BARONESAS 319 Y Mr. d Harblav le aconsejaoa que luese mejor para vos? -Sí; señor. i- ¿Quiéri: os lo ha dicho? -Mr mismo marido. ¿Quién preparaba las pociones y los medicamentos ordenados por el doc. tor d Harblay? -El doctor ha preparado algunos en su casa. ¿Y I O S O t r o s? LXYIl adame de Treves comprendió instintivamente que esta pregunta ocultaba un peligro. -Se encargaban en la botica de Ghantilly. ¿Quién; iba ábuscarlps? -Los criados, indistintamente. ¿Os. dejaba prever Mr. d Harblay la próxima muerte del barón? -No, señor, al contrario, me tranquilizaba. I a víspera de su muerte, todavía me daba esperanzas. i -Müy. pocos días después de la ceremonia fúnebre, ¿habéis dejado el chalet de I, amorlaye? -Sí, señor. ¿Adonde fuisteis? -rAí evéy, en Suiza, donde tengo, una propiedad. ¿Y por qué este cambio de residencia? -Tenía necesidad de estar sola. ¿Viajabais con un mudo? -Un antiguo servidor, sí, señor, el marido de mi nodriza. T ¿Habéis recibido en Vevey ál Dr. d Harblay? stuve enferma, muy enferma... Santiago Habert; sin tomar mi parecer, escribió á Mr. d Harblay para que fuese... i -El doctor no se hizo esperar yoscuro pronto. TM -Sí, señor. ¿Habitaba en vuestra casar. -Sin duda; ¿no: era- eso: natural? ¿Por qué habéis ocultado á todo el mundo, á excepción de vuestrovnotatio, que os: retirabais á Vévey? -Os repito que buscaba la soledad y el aislamiento. Aislamiento de corta duración, pues pensabais volveros á casar pasado el término legal... ¿Fue el Dr. d Harblay quien os dio el consejo? Leonidase estremeció. El secreto de su amor estaba descubierto. -r ¿eómosábíais que tenía intención de volver á casarme? -preguntó afectando una tranquilidad que no sentía. -Lo sé, señora, y esto basta, y quisiera saber igualmente si, en vista del proyectado casamiento, bs habéis creado compromisos. Responder afirmativamente, ¿no sería, comprometer á Luciano? ¿Y no le comprometería todavía más ocultando la verdad? Creyó lo contrario y balbució: -Soy demasiado joveri para; pasar sola toda mi vida; admití, pues, la. idea de un segundo matrimonio; pero no habiendo aún elegido, no he podido formar compromisos... El juez de instrucción movió la cabeza con incredulidad. ¿Teníais completa cpnñanza en Mr. d Harblay? 1- -Completa, sí, señor. ¿Le habéis hablado, de vuestros proyectos futuros- -No me acuerdo. -Interrogad vuestra memoria. -Sería inútil Según Mr. Ferouillat, la reserva evidente de Mad. de Treves en. sus respuestas impedía que se hiciese la luz. Resolvió apelar á los grandes medios. ¡Señora, estáis tratando de engañarme! -dijo bruscamente con tono se vero. ¡Yo! -exclamó Leonida temblando. ¡Pero lo intentáis en vano... ¡Tened. cuidado! Estáis jugando un juego peligroso. Al rehusar decir la verdad a la justicia, no solamente. no justificáis á Mr. d Harblay. sino que os arriesgáis vos misma á colocaros en una situación difícil. ¿Y cómo? -balbució la joven baronesa asustada. -Sabemos- -continuó el juez, -sabemos de la manera más positiva que el Dr. d Harblay, al mismo tiempo que asistía á vuestro marido, se atrevía á levantar sus ojos hasta vos, y sabemos también que vos mirabais sin cólera la ternura del hombre que había salvado vuestra vida con peligro de la suya propia. Dos letras de vuestro criado mudo han sido lo suficiente para llevar á Suiza al doctor, precisamente en el momento en q ue, gravemente enfermo, él mismo no. podía viajar sin peligro... ¿Qué sentimiento le hacía arrostrar la muerte; otra, y ez? El deber profesional me respoudeí ia quizá. No. señoxa, el deber no hubiese sido suficiente. Sólo un amor inmenso podía inspirar semejante sacrificio, y este amor, Mr. d Harblay lo sentía por vos. ¡AmorfataL Amor que ebía. perderle, ó más bien que ya le había perdido, pues el crimen estaba cometido; la, víctima yacía en la tumba, y la viuda del barón de Tréves podía casarse con el asesino de su marido. Leonida escuchaba completamente aturdida.