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NUMERO 788 DE NUESTRO CORRESPONSAL ESPECIAL A B C. JUEVES i. DE AGOSTO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 ¡Es asombroso el calor con que acogen Iris wujeres éste tan manoseado a s u n t o de la alianza... RON 1 CAS DÉ LA EXPOSI- Yo tenía de CJON. LA SECCIÓN RUSA Rusia u n a idea eomple Lamente errónea; agrandado sin tasa en mi imaginación un país, más que grande de suyo; asombrado de. su potencia militar, que yo creía inmensa é insuperable; anonadado ante el valor táctico y positivo de su flota de guerra (hace pocos años la tercera del mundo) fiando siempre en la vitalidad de su agricultura y de sil industria; admirando, á sus hombres de ciencia, á s u s pensadores, á sus literatos. La Rusia de mis sueños era algo fantástico y fabuloso, algo enorme, desproporcionado, algo qne se escapaba al humano juzgar y al elocuente laconismo de las cifras, que sólo á me- dias. erán capaces de iluminar mi juicio. Yheaqiií que un día, sin comerlo ni beber- lo, cómo vulgarmente sé dice, me encuentro en Rusia, me detengo en Crónsíadt, admiro toda la guerrera fastuosidad de un puerto militar de primer orden, llego á Petersburgo. y, paseándolas calles de la capital moscovita, experimento la primera, eüormé, indescriptible decepción. Porque la vasta ciudad con sus canales ua. vegablesy. su Palacio de invierno con ¿sus templos suntuosos de bizantinas cúpulas tachonadas de estrellas, y sus cien jardines; con sus soberbios monumentos. y la. altanera arquitectura, fría, hierática, de sus mansiones señoriales; -con su Perspectiva. Neuisky, su Gran Morskcá a, su fortaleza, su catedral y sus astilleros, no era, no, ni con mucho, la ciudad qiie yo había imaginado. Poco tiempo después estallaba la guerra ruso- japonesa; yo era ¡rusofilo entusiasta y convencido, y me reí corno un locó los primeros, días. ¡Ahí esos japoneses, me decía, ahora. vaná ver Ib que es bueno. Ellos serán hombres dé corazón, sabrán sacrificarse, dispondrán de im material magnificó, harán los imposibles, pero el final no puede ser dudoso: hay cosas que no se improvisan. Les desastres cbntinüaflos de las armas rusas me dejaron frío. ¿Es decir, que aquellos prodiSEO DE URGEL. ENTRADA DEL NUEVO OBISPO SH. BENt. LOCH giosos acorazados, suma y compendio de todas; las perfecciones de lá; naval arquitectura, no tenían valor real más qué en las páginas del Quebrantado notablemente su poder, por re- te Emperador, qiie bien; ha menester q u e al: Brássey? ¿Es decir, que aquellas brillantes- do- cientes desgracias conmovida dentro de sí. guien le, salvé. taciones no eran disciplinadas ni se excedían misma por una sorda: efervescencia; minada, Porqué Rusia h a hecho las cosas sin pararse en- el cumplimiento del deber? Y el empuje por fanáticos y terroristas, agitada por lá lu- en barras; aparte de su instalación del Grand irresistible de los sotnias de cosacos, ¿dónde. qúe- cha incesante de judíos polacos y- finlandeses, Paláis (ya m e ocuparé de ella detenidamente) d a? Y; el valor y la capacidad de los genera- todavía hace Rusia: el. primer papel en este h a levantado á orillas del Garpha, junto, á la les, ¿porqué no se imponían? Fue mi segunda Certamen de Burdeos. Verdad que á él no han Casa. Blanca de los Estados -Ufeidos, un primoy dólo. rosa. decepción. concurrido naciones como Alemania é Ingla- roso: pabellón, una: casa de campo, construida Yo. no os hablaré del cOm oate de Tsu- shima, térra, verdad también que para Rusia, era. cues- á usanza campesina, con troncos d e árboles sutíiíi Wáí do y H. íí Eéáx -por la crítica militar de los tión vital p esentárse iignamente, porque, no perpuestos y decó ráda: pbr Douznovo con tostiempos presentes; pero sí os diré que la es- lo ignoráis, estos económicos: franceses han co- cas pintaras. dé. los mas abigarrados colores, ctiadíaqüe salió de Piierto Arturo debió: v, en- locado- elf ruto, dé sus, ahorros en empresas- mos- invitó á la gardm- fiaüy inaugural á todo lo cer a l a escuadra. de Tógo, y batido. Togo, due- covitas; pero asi y todo, os lo repito, Rusia, al- más distingiiido de Burdeos; formó á la. entra- flos. de ¿Tftar los rusos, el desastre, dé Tsu- sliiniaífciva, y despreocupada, deshaciéndole del, pá- v da l a s dotaciones. d e dos destroyers, enviados, no hubiera podido consumarse. sádo y. confiando en el Jponrerürvlia venida á para máy; oí séleinnídad deícasp; lá delegación Burdeos, y en Burdeos hace el primer papel oficial nu m erósísima, por cierí? i ácudió, v i s pese á quién pese. k tiendo reGatnados; esplendorosos uniformes; ¡Y cómo ha respondido él éxito á sus previ- vitoo- desdé 1 iParís. el- agtégado í návárde la E m V sin embargo, Rusia es una nación grande, k bájád: a; ün i traído ñ o sé de dónde consa ¡oh, lo qué es eso... Su territorio compren- s i e n e s y- de dos terceras partes del continente europeo l o s franceses son en el- fondo bons. enjarits; -gró- l a instalación, béndrjo el p a n y 1 a sal y pro y- una tercera parte del asiático, tiene 140 b i- como. los niños, gozan con: iin- juguetetnue- nunciójen ru so uria. sentida lática; de la. que, llones de habitantes, su agricultura produce vo, con lo que brilla, con lo- que reluce; y i el natúr aínienté, no entendí, una spla. palabra; s é en cereales cantidades inverosímiles, su indus- otro día, cuando se inauguró oficialmente el cambiar 3 nlos: discursos de rúbrica; s e descortria crece; su deuda disminuía antes de la gue- pabellón ruso, todavía hubo gentes, candorosas- chó el ctíámpagne; también d e rúbrica; se tomó rra y en sus presupuestos ordinarios, cerrados que. gritaban de buena fe: ¡Viva: Rusia Viva; té, se paséó. se murmuro, se escuchó la músi ¡i F Vi l i ¡h! ca, -y t u r centenar d e mujeres guapísimas, vessiempre con superávit, se. asignan á Guerra q g i! 1 ¡Vivan 992 millones de francos, y 301 á Marina, y 1.197 Francia! militares las naciones hermanas! ip tidas con un chic, indecible, nos alegraron la músicos tocaban, ora, la- Marsellesa, vista durante hora v media. á Vías de comunicación, y 933 á Hacienda. ora el Dios salve al Emperador, al pobre y tris- -v- -r F o t H POSIS. t pusia no ha querido presentarse. en, Burdeos como nación guerrera; en esta Exposición marítima, que contiene modelos de. todos los acorazados del mundo, no veréis uno solo: de barco, militar. ruso. Y es, que se trataba, de ganarse la confianza de los amigos, de inspirar á. los extraños inquebrantable fe en los propios, recursos, y así Rusia se nospresentacomoiina buena- hermana cariñosa y amable, cornouna ilación trabajadora y. próspera que, medra sitv i medida y crece sin tasa. Rusia reparte su cátá- i logo lleno de datos de su industria, de su ha! ciendá, de su agricultura, de sus minas, de su, riqueza; pecuaria, de su comercio. Rusia, os muestra sus escuelas, sus Universidades, sus Institutos científicos de todo género, sus, casas, navieras, su red ferroviaria, sus fábricas, sus fundiciones, sus pesquerías. Rusia os dice, en cuadros comparativos, cómo el Estado su- bviéAe- á las. necesidades de: ese ó- aquel establecimiento, de tal ó cual Centro docente. Y llena las paredes de su instalación: con las obras y los retratos de sus estudiantes, sus maquinistas, sus doctores, sus ingenieros, los: que, en suíma, valen; los que son, los que trabajan, los. que ¿triunfan, ya que hasta la fecha no han triunfado, sus guerreros. Rusia hace, en. Burdeos una: labor, de paz á la que nadie puede escatimar elogios... Y ahora suenen, las músicas, venga otra vez el Dios salve al Emperador y vengan también las notas. enérgicas, varoniles, vibrantes de la Marsellésa; y entusiásmense cuanto gusten estos buenos franceses. i: BURDEOS. EXPOSICIÓN MARÍTIMA EiL PABELLÓN DE RUSIA ¡Ah! i ¿P L ero, no; lo sabéis S u entusiasmóse h a moderado mucho, y y a n o es aquel ciego entusiasmo q u e impulsaba a las mujeres 4 abrazar. y besar- álos marinos moscovitas. rPícaro dios Éxito I Burdeos, 1 2 S, 7, 907. DE MENDiVJl BIBLIOTECA DE A B C 314 LAS DOS BARONESAS 315 JBl jardinero de Vevey. I a doncella particular, de Leonida. Én fin, varios criados del chalet de tamorláye. Leonida de Tréves fue la primera que compareció en el gabinete del juez. Fue llamada al tribunal de Beauvaís al mismo tiempo que su suegra, Jor e de Nerville, Santiago Habert y Pedro I ion. La joven viuda esperaba con indecible impaciencia este momento. ¡Por fin iba á saber la verdad! Xo que había que defender era la vida de Luciano d Harblay, si estaba. acusadó de un crimen capital, lo que le parecía casi increíble, pues ya no dudaba de su inocencia. Procuró dominarse y entró en el gabinete con aparente calma. No habiendo pasado todavía un año de la muerte de Max, Leonida llevaba- el luto riguroso de la viuda. El, velo, caído, ocultaba parte del rostro. El juez de instrucción estaba sentado de espalda á la luz, detrás d é- ü a e s critorio cargado de legajos, disposición tomada para permanecer én discreta sombra mientras que la fisonomía de los. acusados y de los testigos, se encontraba en plena luz. Al lado del escritorio sé veía una mesa, y delante de esta, mesa estaba un escribano. Mr. Feróuiliat: se incorporó para saludar á. Mad. de Tréves; luego, señalando con la mano una silla, le dijo: -Señora baro. nesa tened la bondad de sentaros... Leonida devolvió el saludo inclinando ligeramente la cabeza, y se sentó. Elniagistrado continuó. -Os ruego que levantéis el velo; La joveíi obedeció. ¿Os llamáis? -Leonida, baronesa de Tréves. ¿Vuestro apellido de familia? -Desfontaines. ¿Vuestra edad? -Veintitrés años. 1 1- ¿Sabéis señora, para qué os he llatnadof La joven pareció vacilar un poco antes de responder; la emoción aumentaba y la dejaba sin aeción. En fin, después de un nuevo esfuerzo de energía, balbució: -Sé, caballero, que se trata de la muerte de mi marido, muerte que se cree ser resultado de un crimen, ó, por lo menos, se supone. -No se trata de una suposición más ó menos fundada, señora- -replicó el juez. -El crimen es cierto... probado... indiscutible. Leonida se estremeció. ¿De manera que no tenéis duda. ninguna... -dijo con voz apenas perceptible. ¿Mr. de Tréves ha sucumbido á un envenenamiento? -Sí, señora... Os repito que el crimen está probado y es mi deber pediros que ayudéis á la justicia á que se haga luz. ¿Y cómo puedo hacerlo? i t H Mad. de Tréves, al oír este nombre, se levantó corno empajada ¿or fuerza irresistible, -Ayudándome á confundir al criminal. -No le conozco... -Perdonad, señora; le conocéis. ¿A quién, pues, acusáis? -Al Dr. Luciano d Harblay. Mad. de Tréves, aloireste nombre, se levantó como empujada fiprjuerza irresistible. ¡Acusación engañosa, caballero! -exclamó. ¡El Dr. d Harblay es un hom-