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NUMERO 787 A B C. MIÉRCOLES 3 J DE JULIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN j. PAGINA ó DE SOCIEDAD Ha sido pedida la mano dé la bellísima señorita Carinen Aruéj y Conde, hija. del infeligén- té y conocido empresario del teatro de Apólp, P. Luis Arúej, para eldistjnguido abogado. del Ilustré Colegio de. Murcia D. José Lecea. y Tprtosa. LOS INCENDIOS W -í. V V V i Si ft í i. i, -1 1 V. +1,0. boda se celebrará- en los primeros- días del próximo mes. de Npyietubre Ha salido para Santander la viuda del general San Martín, acompañada de su bellísima sobrina la Srtá. Sara Góniez Zalclívar. Entré las personas de la sociedad madrileña que actualmente veranean- en San Sebastián figuran las siguientes: paques de Santo Mauro, Zaragoza, Noblejas Medina Sidqiiia, Monteagudo, Sotomayor Baena, etc. j etc. Marqueses de Perijaá ¡Viana, Salamanca, Gorbea, Torrelaguna, Miranda de Eb ro, Seoane, Pidal, Miraflofes, Águila Real, Laguna, Kiscal, Pickinan, etc. etc. Condes de Atalaya, Añover de formes, del Puerto de la Unión; Torre del Mayorazgo, de Maluque, Orgaz, Caudilla, Arcéntálés, Egaña, Oliva, Montarcp, etc. etc. Sres. de Barroso, del Rió, C. Gil, Travesédó, Escoriaba, Sóriano, Espinosa de los Monteros, Comas, Franco, Bascaran, Moreno, Lévemele! Milla, García Torres, Xuca dé Teaa, Montero de Espinosa, Mayeas, Alonso Martínez, Agiülar, Zappiuo, Ordóñez, García Al i x, Echagüe, etc. etc. ístá mañana á las ocno. dirá su primera misa en la iglesia del Salivador y San Luis Gonzaga, de esta corte, el nuevo sacerdote de ía Compañía de Jesús, Rdo. P. Miguel de Alarcón, hijo del insigne novelista de este apellido. La Capilla Isidoriana ejecutará, durante la conmovedora ceremonia, algunas obras clásicas de su escogido repertorio. 4 i 4- -v V v- fe 1. t T I na- arpista notable. V- l á Srtá. Emilia Delgado y Pérez Tudela, natural de Madrid, es u n a artista á tal punte notable, que después de haber obtenido en el mismo curso los primeros preinios de arpa, piano y armouía. en el Conservatorio de Madrid, cuando apenas contaba quince años de edad, tomó parte. en el concurso para la plaza de ai pa, vacante, pai a alumnas. extranjeras, en el Conservatorio de París; la gano, siguió sus estudios con la mayor brüiautez, protegida por Si. A: R. la infanta doña Isabfcl, y en el. concurso celebrado e s t e a ñ o en- la Opera, de París: ha obtenido el primer premio, por unanimidad, y además el de Iionor, concedido al primero dé los. primeros premios y consistente e n uña magnífica arpa. I os. incenaios de anoche. B n o t e o lugar de este mismo. número damos noticia. de los dos incendios ocurridos anoche en Madrid, á los cuales se refieren dos de las fotografías reproducidas en está página. A EXPOSICIÓN OE INDUSTRIAS INSTALACIÓN DE LAS LAGAS TISCHEÍ? fr EN TETUAN. RIÍSTOS DEL ALMACÉN DE TRAPOS, Y I. A. DlibTKUlDOS POK bL s CO: ¡IG I a- infanta. Isabel en Valencia. De la detenida visita que la infanta doña ísabel hizo á la. catedral de Valencia es la fotografía que reproducimos hoy en primer término, y en la cual se ve á la augusta dama cuando ai salir del templo era despedida por el obispo auxiliar en funciones de obispo, doc: tor García. NUESTROS GRABADOS íí i. í n joven h e r o i c o Pe la hazaña realizada por el distinguido í joven D. Fernaudo del Vallé, iiijp de iá condesa: de; Lersundi, v en Deva, tienen noticia, ya á tíéiíós téctokés p or: el ex n s jtelégma; b l i ó 3 I i isniiaéníe- riesgo de morir aiiogádpl- la bañista joven í Fernando del Valle no vaciló ycon ¿Sú arrojo y una abnegación merecedora de se Balada. recompensa, que no es dudoso le será otorgada, se echó á s u vez al mar y logró sacar con vida a l a Srta. Calvo y arrebatar á las olas Jos cuerpos de los dos bañeros que habían perecido ahogados. El relato, como el de todas las acciones grandes, está hecho con pocas palabras; para el comentario son ya insuficientes, por lo prodigadas, las que contiene nuestro idioma. f jj Sfiv. 1 S. i v. i.i Ji MM r- -i t l LIÍ im. 1 líiúj artí. liw i 1 1 ón 1. -i- i ic tTisüii- AV. lrJ i C- r i u r o y oiiin i io y a i. u: conocí i 1. r, -nli- ii c i ii t! a AL! E, i: i a J In. cK. L. ui. Iín l a ciiau. L instalnciún, j C t. su l -r. ye- -os q u e Tí 1, V XIOÍL J: i i.i w- j Z- -j. y I d e Ar. iujlicz. fabli M co: i L -Í. k i.i qu- i J- J nbtic; i -i jj; O I iclos Q- V L. oiuo 1! y t- o c m d o i v j bciii) s i. li. VOÜ r ú o s cu ÜÍT y un -i 1 ¡ri. ü s J iib. z, i V- o J 3 C L OI- Í i k I injur, jiUv -l oiiun i- el púbJn Liíanl ¡1 otii- i Iv. iot- n ii c 1 ci j iacf iu r 1 EN EL PASEO DEL OBELISCO. LOS TRABAJOS DE EXTINCIÓN DURANTE LOS MOMENTOS DE MAYOR INTENSIDAD DEL FUEGO Fots. A B C. Al publicarla información de los vinos de Quinto, omitimos decir que su despacho en Madrid se halla en la calle del Desengaño, s. BIBLIOTECA DE A B C 310 LAS DOS BARONESAS 311 -y ¿Me pondrán pronto en libertad? ¿Cómo diablos queréis que yo lo sepa? Primeramente os llevarán á Béanvais y el juez de instrucción os encerrará, ó bien os pondrá en libertad... eso es cuenta suya. ¿Cuándo me llevarán áBeauvais? -Probablemente esta noche. -Gracias. tiaerán a t Dos gruesas lá; rimas corrieron por sus mejillas. -Hubiera querido abrazar á mi madre- -balbució. A esta tímida súplica, el agente de Policía 110 respondió Abrió la portezuela y dijo: -S u b i d V Al: mismo tiempo empujaba áLuciano... V. -Cuando él apetito sé dejé sentir, no tenéis sino golpear en la puerta y os Dos gendarmes subieron al pescante. Elcaballo s a l i ó á t r o t é l a r g o de Beauváis. El ventanillo se cerró. Lucianovolvió á caer sobre su cama. V Estás palabras: El juez de instrucción le causaban terror profundo. Es decir, que iba á comparecercomo el últiüiO; de los ériíhinales délantéde r un magistrado y allí tendría que probar sti inocencia; v. ¿Cómo la probaría, si- la fatal equivocación de qué era víctima en est: e mo: mento se prolongaba? De nuevo torturó la imaginación para adivinar la causa de su prisión, y á fuerza de buscar sin resultado, acabó por preguntarse, si gozaba de su razóft, si verdaderamente estaba preso, y si. no era juguete de pasajeraalucinajsión. Pronto se apoderóide él la fiebre. Ardiente, sédsecó su garganta. Cogió el cántaro y se puspá beber; pero acabó el contenido sin- -apagar -su sed inéxtin guible. A la calma que se había impuesto, sucedió violenta crisis de desesperación, seguida, á sú vez de postración absoluta- Pasaban las horas. -Llegó el crepúsculo y luego la noche. Luciano oyó pasos que se acercaban al sitio donde estaoa encerrado. Un rayo luminoso penetró por debajo de la puerta. i- Abrióse ésta, y el agente de Policía apareció con dos gendarmes; uno tenía en la mano esposas y el otro una linterna. Mr; d Harblay miró con sorda cólera á aquellos hombres. Su fisonomía estaba descompuesta; parecía haber envejecido veinte años en algunas horas. -Señor doctor- -le dijo cortésmente el cabo. -Tened la bondad de levantaros; debéis seguirnos... Luciano saltó del catre. -Tended las manos- -ordenó el gendarme que tenía las esposas. El joven médico se estremeció de pies á cabeza. Un sentimiento de horroi e apoderó de él, pero no se sublevó. ¿Para qué, si era el más débil? Tendió Los manos. El contacto glacial del acero hizo correr por sus venas frío mortal. Cerraron las esposas con una cadena. -En marcha- -prosiguió el cabo. -Maquinálnieute, con paso incierto y la cabeza b aja, Mr. d Harblay obedeció y edió apandar. Salieron de la casa- cuartel. El carruaje estaba á la puerta. La calle estaba desierta en todo lo que la vista alcanzaba. J ciano volvió los ojos hacia se casa. Aquélla noche, Luciano d Harblay fue inscripto en el registro de la cárcel Al día siguiente, el juez de paz fue á poner los sellos en l a casa de madame d Harblay. -r- ¿y m i hijo? -exclamó, la pobre mujer. ¿Dónde está mi hijo? -vuestro hijo, señora- -respondió el juez de paz, -ha sido preso ayer en el momento en ue se dirigía aquí. Está en la cárcel de Beauváis. ¡Presb! repitió lá infortunada madre. -Pero, ¿qué h a hechor ¿Pe qué le acusan? -L ¿acusan, señora, de haber cometido el aimen. ae envenenamiento en la. rsona del barón Max de Tréves. En vez de abatirse con este golpe, Mad. d Harblay se irguió. Semejante acusación era. demasiado absurda, según ella, para ser temida. ¡Luciano envenenador! -replicó la anciana señora, con un movimiento de hombros desdeñoso. ¡Los que lo dicen mienten, y los que lo creen, son unos insensatos! ¡No conocen á mi hijo! ¡Ah! Estoy bien tranquila; él se justificará, y toda la vergüenza recaerá sobre los calumniadores. ¡Dios lo quiera, señora! -respondió el juez de paz. ¡Dios lo querrá, caballero! -Lo deseo con todo mi corazón, por vuestro hijo y por vos. El juez encargado de instruir el sumario de Luciano d Harblay se llamaba Ferouillat. 1 asunto era designado con estas palabras, que del tribunal habían pasado al público y á los periódicos: El crimen de Lamorlaye. De sesenta años de edad, sobre poco más ó menos, el juez Feroúülat había eiivejecido en el oficio, unía muy. buen sentido á mucha experiencia, sabía su oficio al, dedillo, sobresalía en desenredar las madejas más embrolladas y las mayores complicaciones. Su único defecto consistía en ser muy obstinado. Tenía en su poder la declaración de los forenses y químicos qué practica- ron la autopsia y analizaron los medicamentos sobrantes. También poseía litó recetas de los dos médicos que habían asistido á Mr. de Tréves. Las recetas del Dr. Marais, de Chantilly, no le parecían ofrecer particularidad interesante, pero las de Luciano d Harblay llamaban seria- mente su atención. Habíanle entregado, además, algunas noticias reservadas sobre la vida del doctor d Harblay, sobre Mad. Leonida de Tréves, sobre el difunto barón Maz, y algunas notas incidente 1 Relacionadas con la báronesa Germaua y su sobrino Jorge de Nerville.