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HUMERO 786 A B C. MARTES 3o DE JULIO Db 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 3 t. i íJf j jii ¡I 1 i: í Uifcll ii ííVr. S ¡V MADRID. EN HONOR DE K 1 NDELAN (x) BANQUETE DADO ANOCHE EN PARISIANA AL BRAVO AERONAUTA POR SUS JEFES Y COMPAÑEROS DEL CUERPO DE INGENIEROS DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot- A B C A B C EN PARÍS Sena conveniente que. cuantos escri- bimos de cosas de París, líps ocupásemos un poco menos de refle: jar todo, aq. ueiío que. hace, apetecible la gran dudad y. algp más en señalar los peligros que constantemente amenazan a l a s personas que aquí habitan. Es posible, que entonces autoridades, Prensa y Gobierno, -ante él. temor de; quelas gentes, se resistieran á venir; á vaciar en París el repleto portamonedas, estudiasen los medios oportunos para garantizar debidamente la seguridad personal. Porquela fiera humana anda suelta en Pa rís, entonando á- diario esta canción; de la sangre, que entra en los hogares sembrando la ruina, el pánico y la- desolación. Se comprende que aquí, como en otras partes y aun con más razón que én otras partes, haya crímenes por robar, por vengar afrentas, por resentimientos personales, por disputas, por odios, por amor, por celos... I o que no se comprende es este placer de asesinar á las gentes por capricho, fríamente, sin razón ni ¡motivo, por. la sola satisfacción de matar, por escuchar el canto dé la sangre al correr... No penséis que se trata dé casos aislados. Sucesos cómo el acaecido ayer en la rué de Clisson son en París el pan nuestro de cada día, pues ocurren con frecuencia intranquilizadora. 1 LA CANCIÓN PELA roí! SANGRE el sueño hasta el último, instántely: ap, res; tir! ába- el paso á fiú de; no caer. ehifálta, -Él yerjelps dps cazadores de hombres debieron pénsaír: ¡I p que es éste no se escapa! Eran; ya las tires d la mañana, la rué Clisson estaba desiertay, decididos, cayeron sobre, la víctima elegida, arrancándole la vida á tiros de revólver. ¡Eá! Ya estaba conseguido, lo qué. se habían propuesto. Atravesado en medió de- la. calle quedaba- un hombre muerto; habían sumido á una familia en la rúina, dejaban una inuj. ér desesperada y dos hijitos sin padre y sinp an ¡Ya podían. dormir tranquilos! Y el telefonista y su amigo, satisfechos, retiráronse: á descansar... ¡Pmes esto ocurre en París con irritante frecuencia, y la Prensa, en vez de poner el grito en el cielo, acostumbrada! como está á, este género de sucesos, se limita á dar cuenta de ellos en 50 f líneas. Son cosas banales que apenas merecen el honor de ser referidas al público, crímenes vulgares, repetidísimos, que no tienen nada sensacional, nada que interese á las gentes. Figuraos dos jóvenes de veinte años, telefonista el! uno y i jornalero el otro, que, después de saborear tranquilamente una taza de café, acuerdan. rio marcharse á. sus casas. sin haber asesinado á alguien. Pero así; fríamente... ¿Por qué? Por distraerse; porque no tenían cosa mejor que hacer; porque la cuestión era pasar en algo él rato. -Dispuestos á llevar á cabo sus inocentes propósitos, pónense en acecho en lairue Clisson y tropiezan primero con una infeliz anciana á la que; eligen como víctima, y asestándola una puñalada, comienzan á discjitir éV medio atej or dé rematarla, mientras la desgraciada, en vez de gritar ni pedir auxilio, lejos de defenderse ni hacer resistencia, losdice resignada: -Pódéismátárme sin, miedo: A mi edad no c e tienen ya grándes; desepS; de vivir. i Las, palabras de la infeliz detuvieron elaraia dé los criminales, haciéndoles reflexionar. ¡Cómo! ¿Es decir que casi iban á hacer un favor á aquella mujer? Esto los amargaba el placer salvaje que apetecían... y la perdonaron. Ayudáronla generosos á ponerse en pie y la dejaronmarchar con su buena puñalada, eso sí. Pero por grave que haya sido, no tengáis duda que curará al- fin y alcabo, para que continúe; siof riendo. Después de esta valerosa hazaña las dos fieras continuaron en. acecho, hasta que acertó á pasar un apacible matriinonio que se- retiraba ¡Ah! ¡Si fueran enormidades como las de Soleilland... Entonces veríais á esta Prensa dedicar columnas y aun planas enteras al relato de los hechos, desenterrando episodios, buscando detalles, todos los detalles, hasta los más repugnantes, -y teniendo buen cuidado de mantener en tensión el mayor espacio de tiempo posible el interés del público. Pero se tratade dos individuos que han salido una noche de su casa dispuestos á proporcionarse el placer d e asesinar á cualquiera, cqmo podían haber, decidido ir á pasar ei tiempo en. un cinematógrafo, yesto no tiene importancia. Cuando llegue el momento de juzgarlos, no faltarán, defensores y médicos que afirmen que los dos criminales son. enfermos, irresponsables; que uno tuvo, un tío segundo que murió alcoholizado y loco; y el otro, un, abuelo cleptómano al que le daba por robar todo lo que encontraba á mano, y con año ¡y medio 6 dos años de presídio, 7 quedará el asunto concluido. Pasado este: plazo y libres. de nuevo los. dos hombrés- f ieras, volverán, á entonar muchas veces la canción de: la sangre, esta canción que hace nuevas víctimas todos los días: y- que. aquí ya no impresiona, ni, asusta, ni, coiimüeve a nadie, que, ni. siquiera despierta curiosiaad en las gentes, porque en París es cosa probada que nada llama. la atención, y isi el mismo Sol descendiera una i tarde para dar un KINDELAN EN MADRID paseo por los bulevares, nadie se fijaría en él. EL CAPITÁN DEL MARÍA TERESA (x) AL SALIR DE LA ESTACIÓN DEL MEDIODÍA Por eso he: comenzado diciendo que- sería F o t A B C. conveniente que los que en las cosas de París á su domicilio. Rápidos los asesinos hieren á sinar á alguien y sin poderlo conseguir. L, nos ocupamos para transmitirlas á los diver sos países del mundo, nos fijásemos un poco la esposa; pero, al ver que el marido grita, es- verdad es que es tristecosa! candalosamente, y se dispone defenderse, se Yfúéentotícescüattdo vieron llegar al des- menos en reflejar los. aspectos amables de la sienten acometidos por el temor y huyen, eri venturado obrero qué salía de su casa después gran ciudad y un poco más en señalar esta tanto que el matrimonio se va á curarlos gol- de despedirse de su mujer y sus dos hijos para peligrosa libertad de que aquí disfruta la ñera pes á la primera farmacia que encuentra en encaminarse al trabajo. Salía el pobre hombre humana... el camino. adormilado todavía, con el tiempo justo para José JUAN CADENAS Y nada... Aqtiellqs salvaies decididos á ase- llegar á su obligación ¡es tan dulce aprovechar París, julio.