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MADRlD; MARTES 3o DE JULIO DE 1907. NÚMERO JtlLyk 1 1 lo CÉNTlMOS f íf íf íg CRÓNICA UNÍ VER SAL I L U S T R A D A AÑO NÚM. 786. m) s 2 É P O C A 1 Jl J ORANTINA- M inofensiva é inimitable combatiendo doloi? de cabeza J a q u e c a s r e m á s y n e n i á l g i a s Una dosis, 0, S 5 pesetas. Caja 10 dosis, 2 pts. E las principales farraaeias de España. HinRID FILTROS A. DELEYTO. JEREZ Ifl n U II I y Mgiénico p a r a a g u a elai ifica ores y e s t e r i Mgiénico dp s drea 4 a gau a lizadores, e a pt s 175 c e n t s UTGMSII. IOS d e COCINA. C a f e t e r a s BíneTos m a s t i c a d o r e s Precios b a r a t o s BoteU a THERMOS 11 p e s e t a s M a r i n IS, P l a z a d e H e r r a d o r e s 18. Veráscopo Ciderz vendo ocasión. Magdalena, pl. de 11 á, 6 Y DILCES CAFÉS CON ENVASES DE HOJ ALATA APROPIADOS PARA CONSERVAR SU AROMA Y PODERLOS LLEVAR FUERA LOS CONSUMIDORES QUE NO SE QUIERAN VER PRIVADOS DE TAN EXQUISITO PRODUCTO DEPOSITO: MONTERA, 26 K I N D E L A N EN M A D R I D IMPRESIONES DE K I N D E L A N A noche en Parisiana obsequiaron con un ban quete á Kindelán sus compañeros de arma. Galantemente invitados á esta fiesta íntima, cuyo objeto era sólo, como queda indicado, rendir un homenaje cariñoso al intrépido aeronauta, tuvimos el gusto de estrechar la mano iel intrépido joven, de felicitarle y de oir de sus labios detalles interesantes acerca de sus aventuras á través de los aires y sobre el Mediterráneo. Nada de discursos, nada de conferencia, nada de plática. El que conozca á Kindelán sabe que es la modestia personificada, que no habla si no se le pregunta y que la oíé es para él cosa desconocida. Así, rodeado de amigos y compañeros cariñosos, en la mesa, siguiendo el curso natural de la conversación, entre las bromas de un comensal que pide á la orquesta de ziganos que toque el vals Sobre ¡as olas, el más de circunstancias cuando está presente Kindelán, y entre las interrogaciones del compañero de promoción que recuerda al héroe algún incidente de su vida de Academia que guarda alguna analogía con el último riesgo que acaba de correr en l Mediterráneo, el relato de Kindelán resulta más sugestivo, por lo mismo que todo en él es sencillez y naturalidad. Todo también refleja su temperamento, su manera de ser, en la CIÍHI. r. y, cvld v r ia r. i Ayer visitaba el general Polavícja á la madre de Kindelán para felicitarla, y desi és recordaba, hablando con los que le rodeaban, que el bravo oficial había demostrado ser digno hijo de su padre. líl padre, que en Filipinas hizo brillantísima campaña, también arrostraba el peligro con una serenidad rayana en temeridad. No se cuidaba de la propia defensa, descuidaba las armas, y cuando se le decía que hacía mal en ello, contestaba que no le cabía en la cabeza que nadie pudiese matarle. Bse estoicismo lo ha heredado Kindelán de su padre. De su madre es también legado indudable la fe. Su madre cuenta que en las horas de angustia que ha pasado rogaba á la Virgen del Carmen que salvase á su hijo, sz estaba en peligro, y que si lo estaba, le ayudase á ganar erbarco que se aproximase, barco que seguramente sería inglés, porque los ingleses son en el mar los ángeles tutelares de los náufragos. I a buena madre acertó en sus presentimientos. Un barco inglés salvó á su hijo. El hijo no sabía qué barco le recogería ni por qué meiio se salvaría; pero no dudó de su salvación. I o prueba una infinidad de detalles. Iva noche de su ascensión pasó á las doce por el poblado de Masanasa. Hizo descender el globo y habló con tres labradores, que estaban en un arrozal, para orientarse de su situación. Se brindaron aquéllos á agarrarse á la cuerda para facilitarle el descenso, pero Kindelán lo rechazó, agradeciéndolo. Iba á ganar un premio y no á amilanarse por tempestad ni por peligro más ó menos. Echó lastre, ascendió el globo y desapareció hacia la Albufera. Habló con un barquero en el Palmar una hora más tarde, y un golpe de aire le echó hacia el mar. Comprendió el peligro, y tomó las precauciones debidas. A merced del viento iba hacia las Baleares, con una velocidad enorme. Un barco de vela le saludó. Después ocurrió lo ya conocido con el vapor Goya, que destacó un bote é hizo los imposibles para coger el cabo que pendía del María Teresa. Pero el vapor andaba poco y el globo corría mucho. -Pero pudo usted arrojarse ai agua- -le dijimos- -y le hubieran recogido. -Sí; pero me pareciófeo. No debía abandonar el globo. Tenía aún medios de defensa. El viento acabó por alejarle rápidamente hacia Ibiza. Entonces presenció un eclipse de luna. ¿Y qué se le ocurrió á usted ctiando observaba el f enómeno? -interrogamos. -Nada; que mi observatorio era un poco raro y un mucho incómodo. Vino pronto el día y el aeronauta divisó la silueta, de Ibiza. El sol calentó el gas del globo y éste volvió á remontarse, empujándole entonces el viento hacia el Norte. La presencia de unas nubes ocultaron el sol y nuevamente el globo descendió hasta tocar el agua. Entonces arrojó cuanto podía servir de lastre, incluso el uniforme, el ancla y varios aparatos. I, a barquilla flotaba ya sobre el mar, y ema ezó á hacer agua. Entonces Kindelán hizo su íltima ioiktle. Quedóse con solo los calzoncillgs f la camiseta, a la bolsa que formaba una de I ¡as mangas de los calzoncillos sujeta al tobillo, metió la cartera que llevaba con unas 600 pesetas en billetes (de éstos ha recuperado dos de ipo pesetas, uno de 50 y otro de 25; los demás estaban hechos papilla) el reloj y un lápiz, sin duda para tomar notas, como dice el propio Kindelán, sonriendo, al recordar este detalle. El agua había hecho smmergirse casi por completo á la barquilla, dice Kündelán, y ésta no tenía estabilidad. Entonces recordé una teoría de la Academia: la de que la estabilidad de un cuerpo tiene relación con la longitud de su centro de gravedad, y como soy tan alto decidí ponerme de rodillas. Entonces el agua me llegaba al cuello. Me despedí de unos pedazos de pan que aún conservaba. Estaban empapados ya en agua de mar. Recordé que siendo niño solía dar á unos borregos, que eran mi encanto, pan mojado en agua salada y consideré que no era digno compararme con aquellos animalitos, comiendo como ellos pan con agua salada. Kindelán se colocó u n a botella de agua de Mondariz en la espalda, sujeta por la camiseta contra su cuerpo; pero más tarde, cuando tuvo que echarse á nadar, la botella le molestaba y tuvo que abandonar esta impedimenta. La fuerza del sol sobre la cabeza descubierta de Kindelán, ínflnyó indudablemente en su cerebro. El náufrago siente alucinaciones. Se rof í i c n m n n ñ n U lo tr- s i; ¡le r- t- Pruébense hs Chocolates de osM. PP. Benedictinos BODEGAS DE ALMACENADO Y EXPORTACIÓN Los delicadísimos vinos de esta casa, procedentes de los me jores viñedos jerezanos, criados y conservados con asombrosa f escrupnlosa pureza, son aniversalmente conocidos y apreciados. Montadas las bodegas al sumo de perfección con cuantos adelantos se requieren para la mejor vinificación, la pulcritud y esmero que se emplea en todas las operaciones es también moti vo para que sean generalmente visitadas y se consideren come modelo y únicas en Jerez que reúnen tan especiales condiciones. Entre los numerosos y variados tipos de vino, tiene esta casa el excelente T ó n i c o- J e r e z producto único en el mundo como gratísimo reconstituyente para todos los enfermos y eonvalecientes, por delicados que éstos sean. A. nm YTO jmRiBiz B E I. A FBONTEMA denado á s u misma suerte. El compañero era pesimista, pero con muy buen criterio. Si yo desatase las amarras del globo, dice Kindelán que pensaba, quedaría solo con la barquilla, y ésta, con menos peso de arrastre, resistiría más tiempo. Sí, le argüía su invisible y fantástico compañero, eso está bien; pero de todos modos nos ahogaremos. Otras veces le hacía mirar al cielo para mostrarle unos nubarrones lejanos que se le antojaban manadas de fieras que huían con espanto. Y el compañero que forjaba en su imaginación la fiebre, le decía: Hasta esos huyen de nosotros. Por fin tuvo que abandonar el globo y sostenerse á nado. Cerca pasó un pez grande, indudablemente hembra; que llevaba sobre el lomo sus crías. Ya alejado del globo vio acercarse á la barquilla otro pez que parecía un tiburón pequeño y que debió asustarse, porque optó por zambullirse en el agua. -Yo contemplaba el globo cada vez más alej a d o que cabeceaba dando tumbos como el toro bravo que en la Plaza se resiste á rodar... ¿Y qué pensaba usted? -Que era una lástima no tener una máquina fotográfica para haber hecho una placa de aquel morir del María Teresa. En aquel momento, cuando Kindelán llevaba treinta horas sin comer y cuando las fuerzas empezaban á flaquear, vio un barco, el West Point, que destacaba un bote y recogía el globo. Pero á él, á Kindelán, nadie le hacía caso, aunque pedía socorro y estaba á unos 500 metros. -El vapor viró 5 emprendió la marcha sin verme... ¿Entonces qué pensó usted? -Pues ir á Ibiza nadando. (Y esto lo dice Kindelán como quien, perdiendo el tren, se decide á seguir á pie por la vía. Pasa un rato de gran ansiedad. El West Point le ha visto, ¡por fin: Un bote á remo se aproxima, le recoge y le lleva á bordo. El capitán le estrecha la mano, le echa una manta encima y le pone en los labios la boca de una botella de whisky. El trago es largo, eterno; pero el marino inglés no dice nada ni retira la botella. Seguidamente, el capitán llama á dos navieros, maquinista el uno, contramaestre el otro. Fornidos ambos, dos atletas que con los brazos desnudos cogen á Kindelán y le hacen un massage atroz, prolongado, en todo el cuerpo, bajo la dirección del capitán, que se limita á decir de vez en cuando á los dos hombres, señalando una parte del cuerpo: Aquí estáfrío Y las manazas caen sobre el punto señalado y amasan sin piedad. Cuando la operación ha cesado, Kindelán es llevado á otro camarote. Le acuestan sin decirle una palabra y todos los presentes se retiran. Kindelán duerme. Cuando despierta han pasado diez horas. Se levanta, se pone un traje que allí le han dejado á previsión, y cuando sube á cubierta es cuando el capitán del barco le interroga sobre su aventura y le felicita efu- lAuy inglés todo ello, ¿verdad? Y muy hermoso. Cuando Kindelán le da las gracias, el noble marino le dice que no ha hecho más que pagar una deuda, porque él naufragó en alíela y le salvó un barco español. Kindelán desembarcó en Garrucha. El alcalde, los vecinos todos se disputaron el honor de alojarle en su casa. Pudo más la influencia del Sr. Fuentes, rico hacendado de la localidad, que le llevó á su domicilio. -L o primero que tiene usted que hacer- -le dijo al náufrago- -es cambiar de traje. Esos pantalones le están á usted muy cortos. En efecto, Kindelán es muy alto, pero con los pantalones que le habían proporcionado en el West Point parecía que iba de pesca. ¡Y demasiado había pescado! -Y ahora- -agregó el Sr. Fuentes- -pida usted cuanto quiera y necesite. -Lo que deseo de su amabilidad- -contestó el oficial- -es un anticipo de 500 pesetas para recompensar á los tripulantes del bote que me recogió en el mar. Y el Sr, Fuentes le dio en el acto dicha cantidad. Después Kindelán fué á un comercio del pueblo á comprarse una gorra. El Sr. Fuentes había pasado aviso á todas las tiendas que si se presentaba el Sr, Kindelán á comprar algo no se lo cobrasen, que todo corría de su cuenta. Y así, colmado de atenciones, salió Kindelán de Garrucha. E n Huercal Overa, en Alcantarilla y (JU cuantos puntos so ha detenido e. Ti su r. A u. l, iiu ii k iA. y Zj óc Igiuüe d; mostraciones de cariño. En la estación de Albacete le saludó un numeroso grupo de preciosas señoritas ¡á las dos de la mañana! Kindelán sale hoy para Valencia. No pensaba ir, porque su modestia es refractaria á manifestaciones como la que seguramente le espera allí. Pero el gobernador de aquella provincia se lo suplicó ayer, aunque no sea más que para evitar una cuestión de orden público porque los valencianos sufrirían una decepción tremenda si se viesen privados d e festejar á su héroe. Y allá va Kindelán con una condición por delante, que ha impuesto ante todo y sobre todo: que se desista de toda suscripción para hacerle un obsequio, como se había anunciado. Nada acepta, aunque todo lo agradece. Si algo se h a recaudado, que sea para los pobres. ¡Fse es Kindelán! ELBANQUETE p o d o lo que ueda expresado anteriormen te se lo oímos anoche á Kindelán en el banquete que le dio la oñcialidad de Ingenieros, de la que es orgullo legítimo el festejado. Quisieron los organizadores asociar á la Prensa á esta fiesta, y honráronse sentándose á la mesa el director del Heraldo de Madrid, Sr. Francos Rodríguez; el Sr. Amado, en representación de El Imparcial y de La Correspondencia Militar; el Sr. Delgado Barreto, de La Correspondencia de España; el Sr. Romero, de El Liberal, y el Sr. Castell, subdirector de A B C Entre los comensales figuraban los generales Gómez Pallete y Ayllón; los coroneles Ripollés y Rodríguez Mourelo; el teniente coronel Vives y otros muchos jefes y oficiales, hasta 92, del brillante cuerpo de Ingenieros. No hubo brindis; pero hubo, en cambio, mucho entusiasmo y mucho cariño hacia Kindelán. Dos compañeros suyos, los capitanes D, Enrique del Castillo y el Sr. del Río, improvisaron unos versos, de los cuales recogimos al oído, por ser los más cortos, los del Sr. Castillo, que son los siguientes: Asombro de valor y sangre fría y bravo entre los bravos aerosteros, eres por tus hazañas y osadía orgullo y prez del Cuerpo de Ingenieros. En nuestras tradiciones persevera tu heroico proceder, justificando que pueden nuestras ínclitas banderas las corbatas lucir de San Fernando. A las doce acabó esta gratísima fíesta, en la que recibimos a t e n c i o n e s merecedoras de nuestro eterno reconocimiento. POR KINDELAN O n t r e los periodistas que anoche asistieron al banquete organizado por los ingenieros militares en honor de Kindelán, surgió la idea de pedir colectivamente al ministro de la Guerra u n a merced para el bravo aeronauta. Y teniendo en cuenta que para u n militar nada hay tan halagador como tener en su hoja de servicios la nota de valor acreditado y considerando que si Kindelán no tiene esa hermosa distinción es porque es muy joven y no ha podido asistir á ningún acto de g- uerra; pero qu en cambio, ha dado indiscutibles pruebas e serenidad y valor, decidieron que fuese aquella petición al ministerio. En efecto, hoy al mediodía visitó al general Primo dé Rivera una comisión compuesta del director del Heraldo de Madrid, Sr. Francos Rodríguez, el redactor á El Liberal, Sr. Romero, y nuestro compañero Sr. Castelí exponiendo al ministro el deseo de la Prensa. El general acogió cariñosamente á los comisionados y les dijo que participaba de sus en tusiasmos y de su admiración por Kindelán, hallándose dispuesto á hacer lo que se le pedía si había medios legales para ello. En el acto llamó al subsecretario, general Martínez Sierra, para ver los precedentes que existieran sobre casos semejantes y lo que la ley militar establece. Por desgracia, ni esta ni aquellos se prestan á realizar el deseo de los periódicos. Se ha concedido la nota de valor reconocido á militares por hechos que no han efectuado en el campo de batalla, pero que fueron realizados en actos del servicio militar. El de Kindelán no ha sido un acto de servicio y por eso no puede incluirse dicha nota en su hoja de servicios, ¡Anomalías de la letra de ía ley! No puede dudarse q ue Kindelán ha acre atado su valor hasta lo inverosímil. Sin embargo, la inexorable Ordenanza no puede recon ocerle militarmente como mérito para su carrera ese valor indiscutible. El ministro, en compensados, CÜÍÍcederá al ihistre oficia) I3 -i IÍ del Mérifo 1 JÍ Í 1: Í O- -S -Igual cruz se confiere al capitán del West- Point que salvó á Kindelán. A 3 -er se extendieron las órdenes, y las insignias y el título se los entregará personalmente Kindelán, en nombre del Gobierno, al capitán del barco inglés. También se concederá un distintivo especial á la sección de aerostación del Cuerpo de Ingenieros: Como detalle y coincidencia consignaremos que, según oímos ayer en el ministerio de la Guerra, en la primera propuesta de ascensos á generales de brigada figurará el coronel de Ingenieros Kindelán, tío del ya famoso aeronauta, que figura entre los primeros de su pro- moción y cuyos méritos extraordinarios le dar derecho perfecto al ascenso. POR TELEFONO ESPERANDO A KINDELAN YALENOA 2 9 J O Hs I a noticia de que en el correo del miércoles llegará á esta población el capitán KiU delán h a producido un entusiasmo enorme. Prepárasele un recibimiento grandioso. Kindelán ha telegrafiado suplicando que la suscripción popular que se ha abierto para regalarle u n globo se destine á un fin benéfico. t 0 0 x EL MITIN DE ANOCHE p r n el Centro republicano de la calle de Pon tejos se celebró anoche una reunión para conmemorar el aniversario de la promulgacióa de la ley Mendizábal. Hablaron los oradores Calahorra y del Río y resumió los discursos Violeta Al final, algunos pretendieron ir en miinifestación á la estatua de Mendizábal. Los demás se opusieron, y después de u n a acalorada discusión triunfó el criterio de los últimos, y la sesión quedó terminada sin más incidentes. MADRID AL DJA ü u é día el de ayer para recordar la famosa frase de digan lo que quieran los termómetros Dirían lo que dijesen. A Madrid le dijeron, con elocuencia abrasadora, que ha llegado la hora del tuesten Por la mañana llegó Kíndeíán, el héroe üel día, haciéndole sus amigos y adniiradores un recibimiento cariñoso y digno de él. Su heroísmo se puso nuevamente á prueba en Madrid, donde la máquina fotográfica y el carnet reporteril le asediaron tanto como los elementos en el Mediterráneo. Por la noche, el intrépido militar fué agása j a d o por sus compañeros de armas con una fiesta en Parisiana, donde Kindelán recibió homenaje de admiración y de cariño. ¡Se cerraron las Cortes! Otra novedad deJ día. Se aprobó todo, ¡no se había de aprobar! y se dio suelta á senadores y diputados como á palomas de un palomar. E l Gobierno se quedó tan á sus anchas. Y el país también. La nota triste fué la desgracia ocurrida en la estación de las Delicias, donde un pobre hombre pereció carbonizado entre llamas, que