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NUMERO 779, ABC. MARTES 3 DE JULIO DE I9 o7- OCHO- PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 aquei austero culto ae nuestros abuelos, se estará desarrollando el huevo culto de ahora, ¡estos malditos tiempos... Y correrán los caballitos llevando sobre su lomo la Fortuna; y sonreirán las mujeres; y por los largos corredores pasarán las colas de los vestidos femeninos, como penachos de pavo real. Hasta mi oído, llega un eco de los violines. ¿Qué página musical están tocando? Qüiero; saber. Eeró ettesté momento una óla: blánca- rompiendo; la; obscuridad de la i noche con su ondulada línea, deja caer sobre la I playa uh rumor. grave, religioso, profundo, y los gemid ós deilosiviolinés huyen y se van, lo mismo que una banda de frivolas aves. Han calladodas vocesTdélí mü ádo. 1 El mundo se ha iplegadó, comovun ilibro que sexierra, y toda su turbia sabiduría toda: su fiebre y toda su polémica, ahora callá, ¡se esconde duerme, dentro del misterio. Solamente pasan ípor el aire sutiles sonidos, un algo... un rio, séíqué... ¿Acaso el. tácito restallido- de unas alas invisibles... ¿Tal vez el susurro, inefable de una palabra ultraterrena... ¿Un fantasma, un sueño, un muerto... ¿Qué es lo que pasa ¿Guál ruido es ese que- séíoye. Vuelve otra ola, rompé á sonar, elrumor decrece, se apaga. Y otra: ola. vuelve y dé este modo volverán las olas, una tras otra, rítmicamente, hasta el Infinito. Estarán sonando toda la Eternidad. Yjoor la noche, singularmente, sonarán más flébiles y pausadas, más suaves, más: profundas, más acariciadoras; Gomo ün arrullo, como un canto de cuna; arrullo y canto para la pobre Tierra, que está cansada del día y de los tormentos, los afanes del día. -j. M. SALÁVERRJA A: B C EN SAM SEBASTIAN RUMOR DE OLAS Bello es el mar cuando JV la luz caliente del mediodía juega en la cresta blanca de las olas y las hace estremecer de alegría, como á monstruos jóvenes; entonces las olas chocan con las peñas y levantan una montaña de espuma alba, ó caen rodando sobre la arena y se deshacen en un murmullo precipitado. Pero ahora, que es de noche, ahora, que el mar se oculta en la tiniebla, ¡cómo suenan las olas, con qué apagado, inefable rumor vienen á morir en la playa, como si también ellas estuviesen cansadas del día y quisieran reposar, dormir! Es noche cerrada. Es la hora profunda en 4 ue las cosas se envuelven bajo la tiniebla, cansadas como están de la fatiga del día; es aquella hora indecible, tan vaga, como un aliento, ó como un anhelo, y al mismo tiempo tan pesada como un cuerpo que se rinde, inerte. La hora más alta de la noche, la hora solicitada por el espíritu. No más ruidos, no más estruendo de lucha, basta ya de brillo y de ambición y de cosas turbias; ahora duerme, todo aquello que pertenece al día, y el mismo corazón desea reposar, y la tierra, de cansada, de harta como está, la tierra duerme ahora, semejante á un cíclope pacífico y laborioso que, se encoge y duerme bajo el amparo maternal de la noche. Solamente velan las olas; las olas están despiertas aún y vienen á la playa á morir, fatíT gadas. Las estoy oyendo: es seguro que soy yo eMnico qué las escucha, en esta hora excepcional, cumbre de la noche, y en este lugar famoso de la Concha. Se han ido los pueriles ruidos de los bañistas, las risas de las mujeres, el escándalo de ios niños revoltosos, y se ha ocultado la vanidad de la muchedumbre. Ahora la Naturaleza vuelve sobre sí misma. Las. olas están sonando... Las oigo sonar, y estaría escucnandolas una eternidad. ¿Qué sublime músico es aquel que puso en las cosas tal melodía, que eternamente están sonando las cosas y nunca fatiga su sonido? Y estas olas tan graves, ese rumor tan simétrico, tan continuo, tan sedante, que acaricia él alma, que aplaca la inquietud del corazón, que tranquiliza sin enervar... Es como un chasquido dé hojas secas; es como un eco de invisibles pisadas; es cómo los rezos colectivos en la penumbra de las iglesias, es un rumor inexpresable... Ivas olas rompen nuevamente, sin estrépito, para no turbar el reposo de la pobre tierra que está fatigada y necesita dorinir. Él rumor se me mete en el alma, aligera mi imaginación, rompe las amarras de, mis recuerdos, de mis anhelos y de mis fantasías; sueño con la alta mar, con aquellas noches profundas y aquellos anchos mares que yo vi, que yo urque en otro- tiempo; sueño con la serenidad de la mar abierta; con aquella soledad del Qcéano magnífico, sueño con. los países remotos en que ribe unámáñáhádorada, tropical yjócunda. Como entonces, y con aquella- fe- juvenil, ¡por qué no había de navegar también ahora, dentro de la soledad oceánica, aguardando con emoción la venida del alba y la aparición de los bosques tropicales! Ahora las olas parecen callar... apenas suenan... el rumor decrece, se apaga... Xa noche es ahora más negra todavía, el silencio es total; bajo el influjo de este silencio sublime, me creo fuera del círculo de los acontecimientos, desprendido de la vida, fluctuando en la eternidad como un ser nirváñico. Sin embargo, no estoy solo; ¡en mi rededor brillan unas mil luces que me traen á la realidad de los hechos y Juntamente con los que publicamos en lapa- J gina tercera del presente número, van los artículos que á ellbs se refieren. El que completa, hoy nuestra información gráfica reproduce una de las magníficas grúas eléctricas de IO toneladas de potencia, inauguradas la semana última en el puerto de Alicante. En lo sucesivo y gracias á tan poderosos auxiliares, la carga y descarga de pesos de consideración en los buques podrán realizarse en aquel hermoso puerto con gran facilidad y economía. La inauguración se vernicó á presencia de ¡ingeniero director dé las obras del puerto, señor Montagut y del representante dela casa constructora de las grúas. NUESTROS- A vY GRABADOS LOS DRAMAS DEL ALCOHOLISMO ALICANTE. MEJORAS EN EL PUERTO LA GRÚA ELÉCTRICA DE DIEZ TONELADAS QUE ACABA DE INAUGURARSE Fot. M. Crntos. que me están hablando de cosas diversas. Una vigila la lámpara del faro se estará operando de las luces brilla en la ventana de la cárcel; una oculta correspondencia de gratitud, de la otra es la luz del faro, y las otras, amarillas, simpatía, de deber. La lámpara está brillando pomposas, innumerables, son las luces del Ca- inmutable, como una pupila avizoia que se sino. En la cárcel, á los reflejos de aquella luz asomara al abismo del mar. diminuta, ¿qué alma estará suspirando, qué Pero las otras luces, las del Casino, traen á anhelo estará soñando, qué dolor estará vi- la mente ideas contrarias, juveniles y vaporoviendo entre la negrura del crimen de ayer y sas, ideas de mujeres lindas que bailan entre la incertidumbre del día de mañana... Y bajo nubes de seda, encaje, tul. Son luces de un la lámpara del faro, un hombre taciturno con- amarillo acentuado, grandes luces inmóviles tará los minutos de la noche y estará velando que hacen resplandecer la fachada del Casino para que la luz no se apague, la luz tutelar, y que acentúan las líneas de las dos torres, siguía del navegante; y entre- el piloto que vigi- métricas y agudas como los campaniles de una la junto á la barra del timón, y el torrero que catedral. Dentro de esa catedral, en lugar de POR TELEGKAFO LILLE, 2 0 i 1 N í n horrible drama se ha desarrollado anoche en el populoso barrio de la Cruz Roja. En una casa situada; cerca de, la frontera belga, yivía hace algunas éemanas la familia Ga- saert- Hautclíeete, compúesta- del marido, que había sido corredor de una Compañía de segu ros, domiciliada en Rotterdam y que habían expulsado de dicha Compañía á causa de sus abusos alcohólicos, de su mujer y de siete niños, el mayor de! dieciocho años y el menor. de menos. de un año. Durante la semana pasada, Casaert anduvo de juergay no trajo dinero á: su casa. No se sabe lo que sucedió después, porque el drama no tuyo testigos; peróáe supone qué lá mujer recriminaría á su marido por su con- ducta. BIBLIOTECA D E A B C 290 LAS D O S BARONESAS 291 de Max dé Tréves, que debía ser sometido á la autopsia, y decidió ir en persona al día siguiente al chalet, á fin de proceder al primer interrogatorio En consecuencia de esto, á lá mañana siguiente, el procurador de la Repüblida, en compañía de su secretario, de un juez de paz, de un médico, de dos agentes, etc. se puso en camino para Lamorlaye. Estos señores. llegaron á Chantilly, é iban á salir en el momento en que un iruaje se detenía; en Lamorlaye delante de la puerta del chalet. Eran las once dé lá mañana. Xa baronesa y Jorge de Nerville estaban almorzando. Vinieron á decirles que Mr. Emilio Auguy, el notario, deseaba hablarles. Iva tía y el sobrino cambiaron una rápida mirada. -Haced entrar á, Mr. Auguy- -dijo la baronesa al criado aue salió en se c u i d a r Jt í ¿Qué pasa? murmuró Mad. -Germana. -1,0 ignoro; pero está visita inesperada no presagia nada bueno. Anunciaron al notario. Mad. de Tréves y Jorge se levantaron para recibirle. Querido Mr. Auguy- -le dijo sonriendo la vieja. Tendré la dicha de que vengáis á pedirme de almorzar? El recién llegado tenía el semblante serio, y á pesar de estar acostumbrado 4 las situaciones diñciles, parecía muy eortadc. -No, señora baronesa... -replicó. -No pasaré sino cortos instantes en Lamorlaye... Venís á darme noticias de mi prima? -duo Torge adelantando una silla. Sí, señor. ¡Por fin! -exclamó la baronesa aparentando viva alegría. ¡Vamos á salir de la inquietud. ¿Sabéis dónde está mi querida hija 5 -Lo sé. V. t -i -a 1 i i. A ¿Y vais á decírnoslo? ¿Para qué? Mad; de Tréves sentía necesidad imperiosa de pasar en la soíedadüna paite de su viudez. Ha estado enferma, muy enferma; pero hoy ya está repuesta. Dentro de pocos, días estará de vuelta en Lamorlaye, y vengo con el encargo de decíroslo de parte suya. ¡Ah! Querido Mr. Auguy- -dijo la baronesa con aparente entusiasmo; -vamos á v e r a Leonidá, á quien quiero como si verdaderamente fuese mi hija. Vamos á volver á vivir á su lado, en dulce intimidad. El notario parecía cada vez más cortado. No sin cierta involuntaria tartamudez, repuso: -No es esa la intención de Mad. de Tréves. La voluntad de que soy intérprete no está de acuerdo con vuestros deseos. Jorge palideció. -Explicaos, caballero- -dijo secamente la baronesa. -Voy hacerlo, aunque mi misión sea penosa... La señora baronesa de Treves, de cuyos asuntos estoy encargado, ha resuelto volverse á casar en cuanto pase el término legal... Mad. Germana palideció á su vez. Volverse á casar! -exclamó- ¿Leonida piensa en volve se á casarr -Volverse á casarl- -exclamo ¿Leoñida ¿iensa en volverse ó. casar? ¿n nuevo esposo en la íamilia de su primer marido. Indudablemente, habría en ello algo que chocaría y que es inadmisible. Un otros términos, ¡nos echan de esta casa! dijo la baronesa con voz chillona. Jorge había recibido el golpe sin pestañear. ejarse Comprendió que su tía iba á dejai arrastrar por la cólera. Tuvo miedo de que cometiese alguna imprudencia y se apresuró áioniar la palabra. ¡Sí señora! Y ya comprendéis que no admite lá posibilidad de vivir con