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MIIMERO 778 A B C LUNES 2 DE JULIO; DE. 3907, OCHO, PAGINAS. EDICIÓN u k PAGINA 6 qué obedeció el disgusto del cabildo? ¿Paredóle el cuadro de Goya demasiado humano para figurar entre las obras religiosas que poseía? Busquemos las opiniones más autorizadas. Amador de los Ríos, de su visita álasacris- tía de los Cálices, dijo, refiriéndose á los cuadros, qué estaban las Santas Justa y Rufin? de los Polancos (hermanos) y las rio menos apreciables de nuestro célebre contemporáneo D. Francisco de Goya. D. Claudio Bputelón afirmó de las Santas de Goya que eran simplemente dos modelos de muchachas bien. pintadas. González de León emitió el siguiente juicio: Figura las Santas Justa y Rufina por su orden nuevo, que si bien es muy pintoresco, es necesario para conocerlas preguntar qué Santas son, porque no las marca como el estilo seguido hasta ahora. Bellísimo es el cuadro lleno de perfecciones del arte, -hermoso y correcto dibujo, bellos pliegues, perspectiva, mucho ambiente, más relieve en las figuras, mucho empastado, brillante y transparente colorido- y una hermosura divina é ideal én las dos imágenes. Pero no son santas Justa y Rufina, ni por su carácter provincial, pues rio son bellezas andaluzas las que figuran, ni por los accesorios que las dan á conocer en toáoslos cuadros pintados hasta ahora. Guichot, p. or él contrario, cree que las Santas de Goya, que no son ni muy. andaluzas ni muy místicas, tienen todos los elementos locales y tradicionales de su Origen y del martirio que las hizo famosas, según consignó más de trescientos años después San Isidoro de Servilla 171 cuadro de Goyá se diferencia iiotablemen A- te: de cuantos se hau pintado dé las santas Justa y Rufina. Todos los artistas pusieron la Giralda entre las Santas, hasta Murillo, simbolizando la leyenda del terremoto, que nos pinta á las trianeras sosteniendo á la esbelta torre once siglos después de muertas. Goya pinta la Giralda al fondo para manifestar el pueblo en que padecieron el martirio y para condescender con ¡la costumbre de presentar la Giralda á la par de las dos Santas. La tradición supone que las jóvenes vecinas de Triana fueron circunstancialmente martirizadas hacia el año 287 treee antes. dé la Era de los mártires que decretó Diocleciano. Goya representa en su cuadro el origen del suceso y las fiestas de Adonis por los trozos de la Venus Salambpna, que se figuran á los pies de los mártire sj los cuales sostienen sus palmas simbólicas ylas vasijas que delatan su oficio de alfareras. Las pinta descalzas por el viaje de martirio, á Sierra Morena y recuerda el prodir gio del anfiteatro con el león que lame el pie de Rufina. sidad por ediíicios y Museos, buscando algo nuevo que llevar á las páginas del ilustrado extraordinario, escudo de una imprenta que se arruinaba, y cartel de mis andanzas literarias. Aquella tarde recayó la conversación sobre- Goya, entusiasmándose Guichot al decirme que entre las puntas del pincel de D. Francisco y de la pluma de D. Ramón de la Cruz quedaron prendidos los caracteres de una época, aquellos rayos del pueblo español de fines del siglo XVIII y principios del xix, con los defectos de las clases sociales que transitaron sin interrupción desde los años de activo desenvolvimiento renaciente de Fernando VI y Carlos III, á los revueltos y reaccionarios de Carlos IV y Fernando VIL Y en este punto Guichot se exaltaba, llevado por su amor á las ideas liberales, quemas tardé hubieron de cóstarle algunos sinsabores, al pretender enderezar entuertos de convencionalismos y matuterías políticas. Alabando á Goya discurríamos, cuando acertamos á pasar por la calle de Gradas, y como viéramos de par en par las puertas de la gran Basílica, dentro dimos con nuestros cuerpos y ¡vive Dios! que hubo de alegrarme aquella inesperada visita al templo metropolitano. No muy recio, paira evitar una insolencia de algún perrero, siguió Alejandro su agradable charlar de artista, para probarme que Goya también hizo obras de asuntos religiosos, no mostrándose muy conforme con la crítica que tachara de ligeras y poco elevadas las concepciones místicas de Goya, argumentando mi amigo que el genio brilla siempre igual en todas sus manifestaciones. Goya produjo sus renombrados Tapices, sus famosos Caprichos, sus Desastres de la guerra, sus célebres y abundantísimos Retratos, sus Cuadros de historia- -relataba Guichot; -pero también pintó el San José de. Calqsanz, de San Antonio de Padua en Madrid, el notable Cristo ¿el Museo nacional, el Prendimiento de la catedral de Toledo, los frescos del Pilar de Zaragoza y de otros templos, y el de las Santas Justa y Rufina, que el curioso puede ver en. un muro de la sacristía de los cálices de la catedral hispalense, lugar donde Guichot encaminó mis pasos para que admirara la obra del gran aragonés; cuadro que se encuentra á la derecha del famoso crucifijo de Martínez Montañés, y rodeado de obras pictóricas, que firman Sánchez de Castro, Juan Núñez, Alejo Fernández, Herrera el viejo, Rodas, el divino Morales, el Greco, Rubens, el Mulato, Murillo y otras atribuidas á Luis de Vargas, Alonso Cano y Van Dyck. Y ello fue pará, mí un descubrimiento, como quizá lo sea para nuichos admiradores del sordo artista, de quien sólo se conserva en Sevilla ¡a citada obra. 4 r EL EX EMPERADOR DE COREA U- YElíNG, CUYA RECIENTE ABDICACIÓN HA DADO LUGÁ. R A SANGRIENTOS DISTURBIOS EN SEÚL Un- elocuente párrafo. de 1 a defensa de los amigos, de Goya, nos dará razón más exacta del efe tíÍ 0 t. cáusado por ¡SantasJusíay- Rufina, Diéér La compQsición pictórica de; un asuntó puramente ideal- -cuyasfiguras únicamente engañan á quien las itürá, hasta querer persira dirle que respiran- -en el que usando Goya de de las facultades que le permite el arte; sin inícurrir en groseros anacronismos de épocas ni de años, reunió en una sola acción y en uñ solo instante de tiempo todos los accidentes que acaecieron en distintos días, sin faltar á la ver- dad del hecho y con más verosimilitud y precisión que Rafael en la tabla de la Virgen de l a P a z se. dice, que habiendo estado Goya tres veces 1 asunto del cuadro, lo dice su inismo título. -en lá capital andaluza yexamiiiadolas, obras Se refiere alas hermanas patronasrde Se- que pintores del siglo. xvry ¿vinhitíetánpaja íofimemoradas en i de Julio, santas, 1 a catedral, se resistió á. JeñWa. r én cbinpar. áeión Justa y Rufina, vírgenes y mártires- que ía con ellos; mas obligado por las instancias de tradición yias ¡superátíeióiieé; han sabidg ha- sus amigos aceptó el cpmproniiso a pesar de cer personajes de la leyenda. Y Guichot nos sus cansadas fuerzas y no queriendo caer en cuenta que pensando el cabildo eclesiástico de defectos históricos, ni anacronismos, estudió, la Sevilla regalar las imágenes de las Patrón as condición y dimensiones del sitio y las actas qué tenía en la capilla de Santiago, deseoso de del martirio de las hermanas, escritas por San que no quedase la iglesia sin altar dedicado á Isidoro. tas Santas, y que la obra fuese hecha por el Se cree que el cuadro fue comenzado en más famoso entonces de los pintores españo- 1816 y que al entregarse de, la obra el cabildo les, encargó á Goya el cuadro para el altar que eclesiástico sevillano no fue muy del agrado está bajo el arco del muro frontero á la entrada de éste, ni del de los fieles, cuando los amigos de la sacristía de los cálices. que tenía en Madrid publicaron en 1817 el foEn la Bibioteca Colombina se guarda un fo- lleto anónimo antes citado, y en cuyo texto se ileto anónimo, de cuatro hojas, editado en la hace la génesis de la obra, defendiendo la forTmprenta Real y Mayor por el año de 1817, con ma ingeniosa, inesperada y extraordinaria con que el título Anéá sis de un cuadro que pintó D. Fran- el gran Go 3 a presentara la invención de su cisco Goya, para la catedral de Sevilla, en el que cuadro Ahora bien; examinando el cuadro de Goya, i se nota lá escasez de caracteres místicos én los las- Santas. Realmente- -corno decía; Guichot- -nó es un cuadro denunció ja religiosa. Mi excelente amigo dló en gn iprecipsp, juicio que pude afranearie pa íél 1 extraordinario de mis cavilaciones, éste atinado parecer: Sintió Goya las santas Justa y Rufina como! hermanas vírgenes, robustas jóvenes, mujeres vivas; sus aptitudes, su pensamiento mismo, le impedían sentirlas de otro modo; pintándolas como las sintió hizo una creación real; pintándolas como no las sintió hubiera hecho una obra falsa, porque vírgenes- místicas. y mártires convencionales no tenía en su cerebro, Cuando la exclaustración general el notable como tampoco las tuvo en absoluto Manilo- al crucifijo de Martínez Montañés, del Monaste- pintar las suyas rio de la Cartuja de Sevilla, pasó, en 1836, al altar de la sacristía de los Cálices, substituyenY el que quiera de ello saber más, vava do á la obra de Goya, que fue colocada donde j Sevilla y pregunte. hubimos de verla la tarde de nuestro paseo. 1 EUGENIO SEDAÑO BIBLIOTECA DE A B C 286 LAS SOS BARONESAS 28? Este se retorcía en una crisis de horribles sufrimientos y hacía instiles esfuerzos, por respirar. Se ahogaba; inyectábanse sus ojos, su rostro se ponía amoratado. -Se muere... -balbució con voz ahogada Marieta. ¿Cómo podríamos aliviarle? -No lo sé, no soy médico; pero este hombre me parece en muy mal estado. -Yo le he visto ya en este estado dos ó tres veces. -Con más motivo... Tanto va el cántaro á la fuente... Jorge no terminó. Una bocanada de sangre salió de la boca de Julio Cordíer. Otra segunda convulsión estremeció el cuerpo, que volvió á caer sobre la camay se ptiso ntádo O estertor había cesado. -F 4 pobre diablo ha muerto- -dijo Mr. de Nerville sin tratar de ocultar su alegría. Marieta se echó á llorar y ocultó el rostro entre sus manos. ¿Quehacer? -preguntó al cabo de un instante. -Nada absolutamente, sino marcharnos bien pronto... y tú vas a volverte á tu casa, y como es por lo menos inútil que se sepa que tenías tú las, llaves de la botica, vas á fingir que ignoras completamente lo que ha pasado esta noche... Mañana por la mañana vendrá el chico á buscar las llaves: y él te. dará la noticia. ¿Abandonar así á este desgraciado Julio? -exclamó la joven. -No lo resucitarás... Acá. entre los dos, no debes sentirlo mucho... Vaínos, ven. Y Jorge se llevó á la coja trastornada. Una vez en la habitación, se dejó caer en una silla y rompió á llorar. ¡Qué desgracia! -repetía. ¡Qué desgracia! -jBah! -replicó el primo de Max. -No es tan. grande la desgracia... JEstp debía concluir así... Lo habías previsto... Me lo decías hace media tora... Con: suélate, pues. ¿Me dejas? -dijo Marieta levantando la cabeza. -És tarde; me. vuelvo al chalet. v ¿Has visto lo que querías? ¿Y esta prueba que buscabas, que creías hallar e el registro? Todavía no la tengo... Jorge dio un apretón dé manos á su antigua querida, cuyas láe- riinas comenzaban á secarse, y tomó el camino de Lamorlaye. Era cerca de media noche cuando entró por la pequeña puerta del parque. Ninguna luz brillaba en la fachada. Silencio absoluto reinaba por todas jartes. Jorge tomó tina luz, entró en ste cuarto, descolgó las llaves, abrió la habi ración de Max, y entró sin recelo, cual si no hubiese envenenado á su desgra ciado primo. El cuarto mortuorio estaba húmedo y frío. J Mr. de Nerville creyó sentir como un manto de hielo pesar sobre sus hombros. 1. Levantó la luz y dirigió una mirada en torno suyo. Sobre una consola estaban los frascos, las botellas, la tetera, la lamparilla que habían servido durante la enfermedad del barón. Jorge se acercó á esta mesa é inspeccionó las botellas. Cogió una, la que tenía el número 1.249, y la metió en el bolsillo. En seguida hizo correr por su encaje el cajón de la consola. En este cajón se encontraban diez ó doce recetas firmadas por Luciano d Harblay, menos dos ó tres que lo estaban por el Dr. Marais. Mr ¿de Nerville las cogió todas y salió de la habitación, qué volvió á cerrar sih ruido. Mr. de Nerville entró en su cuarto. Desde la muerte del barón Max de Tréves, las persianas de las n ¿bítaciones que ocupara durante su vida, estaban cerradas. t Nadie había entrado en la habitación fúnebre. I as llaves estaban en un cuadro adhoc, colocado en un cu. uto contigao al vestíbulo del primer piso. Colgó las llaves en el cuadritp, subió á su cuarto, colocó en un muéblela botellitay las recetas, y s e dijo: -Mañana me ocuparé de eso; esta noche me rinde el cansancio; es necesario, dormir. Al d í a siguiente, ó m á s bien aquel mismo día, puesto q u e se acostaba después de las doce de la noche, se levantó temprano, s e encerró, sacó las recetas y el frasquito, y l o puso todo sóbrela mesa. -Principiemos por el; medicamento- -se dijo destapando el frasco. -Es necésaríd esté, correcta: la inscripción hecha por Julio Cordier, de cuyo silencio estoy seguro... La muerte de este hombre me conviene... Llega á buen tiempo y pone todos los triunfos en mis manos... Vamos, mi estrella brilla... Tal vez se ácordaránt nuestros lectores, que del frasquito habían sido retiradas cuatro cucharadas; una, administrada al enfermo por el Dr. d Harblay, y las otras tres arrojadas, á la ceniza de lá chimenea por el mismo Jorge para que quedase, demostrado que las prescripciones del doctor se habían cum- lxdpi plxdp Mr. de Nerville sacódel fondo deun mueble un paquetito dé ocho dobleces, que contenía el polvo de estricnina robado por él en casa de Luciano d Harblay ydel cual había mezclado una parte, en el bosque de Chantilly, á la segunda poción: preparada por Julio Cordier y bebida por Max. -La receta dice dos gramos- murmuró abriendo el paquete. -Es preciso deducir los decigramos puestos en la farmacia, y lo que, se supone haber sido bebido. Seamos listos. Jorge pesó en una balancita determinada cantidad de polvos blancos, y los introdujo en el frasco, que agitó después de haber cerrado. pobló entonces el papel, que todavía contenía estricnina, lo volvió á colocar en el mismo sitio de donde lo había tomado, se fue á la mesa y examinó el rótulo del frasco. -Las cifras del número de orden están bastante mal hechas; no me Será difícil imitarías en la receta que tengo que escribir... Probemos al momento. Cogió una pluma, un pliego de papel, trazó el número 1.279, ¡y depués comparó lascifras, alas del, rótiuo, y se dijo-