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m MADRID. SÁBADO 20 OE JULIO DE 1907. N Ú M E R O EXTRA. io CtHTlNiOS A CRÓNICA UNIVE MZJ SAL I L U S T R A D A AÑO 1! 1 NÚM- 776. g 2. É P O C A M A D R I D EL I N C E N D I O D E AYER T A R D E LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA BARP RA, LLAMADA DE LAS SALESAS, CUYA CÚPULA QUEDO TOTALMENTE DESTRUIDA Fot. Compañy ESTADO EN QUE QUEDO LA CÚPULA DE SANTA BARBARA DESPUÉS DEL INCENDIO Y DERRUMBAMIENTO DEL REMATE DE LA LINTERNA Fot. Goñi. E N E L PRESENTE- NIIM. EXTRAORDINARIO Incluímos el suplemento ilustrado de dieciséis páginas G E N T E M E N U D A que deben exigir todn nuestros suscripiores y compra- PRECIO DIEZ CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA A B C EN PARÍS OREYFUS S E RETIRA El S r Dreyfus DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL -lia pedido el re tiro porque parece que le h a disgustado que no le hayan ascendido. Eso de que Picquart sea ministro de la Guerra, y él, Dreyfus, no avance en la carrera todo lo que ambiciona, le amarga la vida. Y para significar su disgusto de manera ostensible y ruidosa, acaba de pedir el retiro. ¿Hace bien? Dreyfus indudablemente se ha acostumbrado y a á que su nombre ruede por los periódicos y no quiere resignarse á pasar inadvertido y á vivir tranquila y apaciblemente en medio del cariño de los suyos, lejos de las luchas y de las agitaciones de polémicas y discusiones. Cualquiera en el caso de este hombre, y después de haber sufrido tan rudas pruebas y tan espantosos martirios, habría buscado en el olvido, en la vida del hogar, la bien ganada tranquilidad. Cuando se logra escapar milagrosamente de la muerte afrentosa, cuando se consigue la rehabilitación después del tormento, creo yo que no deben quedar ganas de exponerse de nuevo á correr los mismos peligros, porque sólo raras veces la justicia vuelve sobre sus acuerdos y reconoce sus errores Conseguida la rehabilitación que le devolvió íu grado y situación en el Ejército francés, todo el mundo creyó que Dreyfus, u n a vez ííastada la satisfacción inmensa de su triunfo, aojaría transcurrir algunos meses y luego abanñon aria para siempre la carrera militar. No ha sido así. Dreyfus h a pasado sus melores años luchando contra las intrigas prepaíidas contra él; se h a acostumbrado á ver su iioiubre convertido en bandera de escándalo y 1: 0 se resigna á la vida obscura y silenciosa. 9, ucría recuperar en unos cuantos meses lo perdido en los años de destierro; soñaba con llegar á ocupar las más brillantes alturas, él, que tan bajo había descendido. H a hecho mal el condenado de la Isla del Diablo, y temo que todas las simpatías que en e! mundo entero despertó con SU resignación, con su fortaleza para luchar contra la maldad y la sinrazón, las va á perder ahora cuando se conozca el motivo que le impulsa á abandonar el Ejército y se sepa que no es otro que su ambición no satisfecha. Esta actitud del atormentado capitán va á dar una nueva arma á sus enemigos, y parece mentira que Dreyfus y sus partidarios no lo vean claramente, porque en Francia, y a que no en París, quedan todavía gentes tercas que cierran los ojos á lá luz y persisten en creer en la traición. En París se cree, por el contrario, en, el triunfo de la justicia, y aun los más rebeldes, pasados ya los días de excitación y apasionamiento, consideran justa la rehabilitación de Dreyfus. Pero desean no oir hablar más de esto; el solo nombre del capitán evoca tristes y dolorosos recuerdos, mezclados con un poco de remordimiento por el error cometido, error que separó á familias numerosas, que ensangrentó varias veces el suelo de Francia, q ue pudo dar motivo hasta á la caída del régimen... Todo esto es muy desagradable y nadie quiere recordarlo... ¿Por qué se empeña Dreyfus ahora en atizar las brasas apagadas del formidable incendio? Su petición h a recorrido los ministerios y los pasillos de las Cámaras sin que nadie la acogiera con simpatía. N i Clemenceau ni Picquart se h a n atrevido á suscitar u n a nueva discusión, ¿Para qué? Los ánimos están tranquilos, el asunto va siendo olvidado poco á poco, no h a y necesidad de despertar nuevamente los antiguos rencores, Quizá haya habido un amigo generoso, un consejero leal que haya sugerido á Dreyfus la idea del retiro. Pero á este hombre le persigue la desgracia y ni para adoptar esta resolución ha sabido elegir la oportunidad ni el motivo favorables. Porque la solicitud del retiro, después de alcanzada la rehabilitación, y justificando la petición con su deseo de vivir tranquilo é ignorado en medio del amor de los suyos, hubiera sido saludada por todo el mundo con respeto, y para sus más persistentes y encarnizados enemigos constituiría un nuevo motivo de remordimiento, Pero pedir el retiro porque no le conceden un grado al que cree tener derecho, no h a de parecer á nadie bien aconsejada determinación. El mártir, obrando á impulsos del despecho, se empequeñece considerablemente, pues comenzar inspirando la Verdad en marcha y concluir tomándose una rabieta porque n le hacen coronel, es de una ridiculez insigne. ¡Desventurado Zola! ¡Con cuánta ira temblaría hoy la mano que escribió las páginas admirables del Yo acuso... JOSÉ JUAN CADENAS París, Julio. FUEGO EN LAS SALESAS Eos bomberos, como siempre, trabajaron cpr verdadero heroísmo y luchando con la escaise? de agua, pues por ser aquélla la hora señalads para el riego de los paseos de Recoletos, no ha bía presión suficiente en las inmediaciones de las Salesas, Ya se había extendido el fuego á toda, la cúpula cuando apareció en los tejados la primer manga, y ya desde entonces no cesaron en su labor arriesgada los bomberos. Otras mangas, en el interior del templo, erat empleadas en apagar los maderos hechos ascuas que caían de lo alto. I A CRUZ Y LA BOLA F u é u n momento de- -honda emoción aquel en que cayeron la bola metálica y la cruz que remataban la cúpula. Los bomberos trabajaban heroicamente y resistiendo de cerca la temperatura de lainmer. sa hoguera dirigían el agua de la monga aumentada por la bomba de vapor hacia la cúpu la por la parte del frente de la iglesia. Aquc; lado de la cúpula debía lógicamente resistir más el derrumbamiento de la linterna. Así fué, en efecto; á las cinco y media se vio que la esfera y la cruz se inclinaban hacia l.i izquierda del observador que mirase el templo por su fachada principal; es decir, hacia la calle del General Castaños El cable del pararrayos que, trepando por la cúpula por el lado opuesto, esto es, por el de la derecha, remataba en la cruz, sirvió un momento de tirante que contuvo la caída del reñíate. Pero no fué más que un momento. Al fin, esfera y cruz se inclinaron y cayeron haci. la calle del General Castaños. Un grito de horror de la muchedumbre e oyó en los alrededores de las Salesas. La cruz había quedado pendiente del cal l e del pararrayos sobre u n muro del cuadrado de piedra que sirve de base á la cúpula. La bola cayó rebotando y arrastrando mate rial en llamas sobre los tejados de la iglesia del edificio destinado á dependencias del T n bunal Supremo. Como estos restos incendiados podían propa gar el fuego á dichos tejados, los bomberos di rigieron sus esfuerzos á arrojar aquéllos á l í calle. Momentos después y previo aviso de arrib para que no hubiese nadie en la calle, caí. desde el tejado, embujada por los bomberos, ID esfera de hierro abollada y ennegrecida. El es trépito fué grande, pero no tanto como creía mucha gente, que se había imaginado aquella bola de hierro macizo, sin considerar, dadas la grandes dimensiones de la bola, que no íc; Q R I G E N DEL SINIESTRO O c u p á b a n s e hace d í a s en reparar la techumbre de cinc de la cúpula de la iglesia de Santa Bárbara varios hojalatero que hoy estaban soldando las planchas de metal y se valían para ello de una lámpara- soplete de las que usan los de su oficio. Por algún descuido ó por otra causa no bien explicada todavía, parece que el líquido contenido en la lámpara se inflamó produciendo la explosión del recipiente. El alcohol en llamas prendió en las maderas viejísimas y resecas de la techumbre y en pocos momentos adquirió el incendio una intensidad formidable. Los obreros causantes del siniestro, asustadísimos, sólo pensaron en ponerse en salvo y huyeron del peligro bajando por las escalas de hierro que tiene la torre en su parte exterior. p L PRIMER AVISO Un chico que pasaA- a pQj. la a, lle vio las llamas en lo alto y avisó en seguida á los guardias de servicio en el Juzgado. Estos, comprobado lo que el muchacho les había dicho, dieron aviso por teléfono al servicio de incendios y al coadjutor de la iglesia, D. Aurelio Martín Argos, pues el cura párroco no se encontraba entonces, en el templo. El fuego se había apoderado en tanto del templete que corona la cúpula y que desaparecía entre enormes llamas y nubes de humo. Tales eran unas y otras, que se distinguían perfectamente desde puntos muy distantes y sembraron la alarma por todo Madrid. Muy poco tiempo después de iniciado el siniestro, los alrededores de la iglesia de las Salesas estaban totalmente invadidos por numerosísima multitud. El espectáculo que ofrecía el incendio era extraño por demás. Sobre la cúpula, y en la base del templete, un círculo de llamas subía hasta la cruz y el pararrayos que señalaban el punto más alto del edificio. T R A B A J O S D E S A L V A- Inmediatamen- MENTÓ Y EXTINCIÓN AeMloUfí iglesia, para evitar que las ascuas- que comenzaban á caer de lo alto de la cúpula pudieran propagar el fuego en el interior del edificio. Entretanto llegó el servicio de incendios. Fué el primero en presentarse el bombero número 147, que conducía un carrete de mangajes. Poco después llegó todo el personal con el material de extinción, incluso las bombas de vapor, y comenzaron los trabajos, extendiéndose el mangaje sobre las paredes que hacen frente al Palacio- de Justicia,