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NUMERO 775 A B C VIERNES 19 DE JULIO DE 1907. OCHO PÁGINAS. EDICIÓN 1 PAGINA 6 1 V i. í- F I. t, 1 j. SAN S. -M. LA REINA OÑAA 1 ARIA DE LA REINA MADRE DEL FERROCARRIL PARA DIRIGIRSE AL PALACIO DE MIRAMAR Fot. Frederic. Fuenterrabía, la marquesa viuda de Bogaraya; Al hijo recién nacido de los condes dé Herepara Biarritz, los marqueses de Perijáa y la se- dia Spínola se le ha impuesto en la pila bauHa sido pedida la mano dé la bellísima Se- ñórá y señorita de Díaz, y para San Sebastián tismal él nombre de Alfonso. ñorita doña Clara Mackenni Velasco, nieta dé la condesa- de Bilbao y él conde d e P i e d e iásta. tarde saldrán para San Sebastián los- los condes de Ibeagh, para el primogénito dé Cbnclia. condesd e Válmaseda. la baronesa viuda de Gracia. Reál? D. José MaPara el joven oficial del. Ejército D. Emilio E ¿Valladplid ha contraído matrimonio la nuel Chacón Montoro. Díaz Moíeu, ha sido pedida la mano de la beencantadora jy distinguida Sita. Dolores López Han salido: para Elizondo, lbs marqueses dé; lla señorita dona María de. t Carmeit Espinosa Ordóñez, hermana del redactor de ElNorte. de Castilla D. Francisco, con el joven catedrático lava; Álava; para Solsona, el marques de, Gastrillo; i Veranea én Bayona (Francia) la marquesa de del Instituto dé Jerez de la Frontera, D. Enripara í, a Granja, los marqueses dé laiCoquilla; que Pons. para Francia, la marquesa de Pozo Rubio; para; Güadalcázár. DE SOC 1 EPAD. NUESTROS I os recientes viajes de SS. MM. el Rey y la Reina madre á Valladolid y. San Sebastián, respectivamente, son asunto de nuestros grabados dé hoy. Habiendo dado cuenta detallada en ambas excursiones no es necesario que insistamos en relatar en este; sitio las escenas á que las fotografías. reproducidas en el présente número se refieren. BlBUOTECA DE A B C 282 i, AS DOS BARONESAS 283 ¡Y bien! -dijo e s c a n c i a n d o e lverde licor: -tu p r i m o h am u e r t o y h a sido e n t e r r a d o h a c e seis meses... ¿Cuándo t e casas c o nl a viuda? -Eso vengo á preguntarte- -diio Mr. d e Nerville. L a coja l emiró c o n estupor. i Eso vienes á preguntarme? -repitió. S í ¿Te burlas? -Jamás he hablado más seriamente. Marieta vació su copa, y, después de haber bebido, exclamó: -Amigo, la encuentro fuerte. No el ckartreme, la pregunta. Aún tienes que esperar, legalmente, cuatro meses. ¿Y si un obstáculo, con él! cual no contaba hubiera sobrevenido de repente? t o s obstáculos se suprimen. ¿No has seguido, por lo visto, mis consejos? -tos he seguido punto por punto. He hecho la corte, con anticipación, á ía mujer de tai primo; pero ella se. burló de mí; fingiendo no comprenderme y tomando mib insinuaciones como protestas de buena amistad. -Era preciso atreverse á t o d o -Mi primó no me parecía bástante enfermo para que yo. pudiese obrar con confianza, pues murió en el momento en que menos se pensaba... Además, ¿de qué me hubiera servido el atrevimiento? -Te hubiera servido para hacerte querer. A las hijas de Eva les gustan los audaces... Hablan de ellos perrerías, pero los adoran. -Leonida amaba. ¡AhíjBah! -Exclamó Marieta, bebiendo después de una segunda, una tercfera ebpá: ¡Está bien eso... ¡Una mujer dé tanto rango! ¡Conque amaba! -Y ama todavía... A los quince días de la muerte dé mi primo pretextó un viaje y dejó el chalet. ¿P a r a ir en busca de su amante? ¡Es fuerte la prima... Mucho más fuerte que tú, que no te has apresurada al. principio de la yiüdez. ¡Qúé quieres... Creía en la pena deXeonida! -i- ¿Yi en su virtud? -S t x -C l a r o -jDe ella ó de su fortuna? -De ella tanto como de sus millones, o más quizá... -Entonces, la marcha que tienes que seguir es muy sencilla. Comienza, p 0 r matar al amante de la bella viuda, en seguida ía consolarás... y la tendrá si no es de grado... será por fuerza... Siempre es fácil hacer caer á una mujer en un lazo. Jorge se había quedado taciturno. ¡Matar á sü amante! ¿De qué maner TTTpreguntó. ¿Qué dase de hombre es? -dijo Marieta en vez de responder. -Un hombre bien nacido s ¿Qué hace? -Es médico. Marieta se, estremeció. ¿El medico que asistía á Mr. de Tréves? -exclamó. -SI ¿El Dr. d Harblay, entonces? J o r g e s e acordó del verdadero culto q u e profesaba l a j o v e n á la persona de Luciano, y replicó: -No... Como el Dr. d H a r b l a y había sido herido y tenía q u e guardarse de salir d u r a n t e mucho tiempo, fue preciso acudir á otro médico d e París. -Es cierto, y a m e acuerdo... H a b í a n tirado u n tiro al doctor creyendo tirar á un g u a r d a y t u v o q u e suspender s u s v i s i t a s al chalet... H o y mismo m e han iicho q u e está m u y enfermo y s e h a visto obligado á buscar, en climas suaves, u n a curación dudosa. E s o e s -Y bien, querido, es fácil buscar una querella de alemán á ese médico de París, provocarlo y batirse con él... Tú eres fuerte á la pistola lo mismo que al sable; esas gentes no saben manejar sino la lanceta y el bisturí... Lo matarás como un conejo. -Convenido; pero paira una querella (aunque sea una querella de alemán) se necesita un pretexto, bueno ó malo... -Tendrás uno magnífico. ¿Cuál? ¡Oh! ¡Sencillez de la edad de oro! En fin, por muy virtuosa que la señora pareciese, era menester seguirla y no apartarse de ella un paso. -Lo prohibía. ¡Y tú obedecías, papanatas! ¡Ah! ¡ah! ¡ah! ¡Mucho me voy a reír de ti! Y después de haberse bebido la cuarta copa de chártreuse, la Ardilla xo: siguió: ¿Qué es lo que vas á hacer? -Lo que tú nie aconsejes; pues un consejo es lo que vengo a pedirte... Tu menas prometido. este consejo en el hotel de la Campana de Oro, enMontSTesin, en cambio de un servicio que de mí solicitabas. Yo he cumplido mi promesa; á tí te toca ahora cumplir la- tuya. Síg: ues enamorado de Mad. de Tréves? -Este médico habrá hablado algo indiscretamente de su amor por Mad. di frévesy de su felicidad... Tú le darás de bofetones... Te batirás por. el. honor de tu prima... Será. caballeresco y soberbio... La. misma Leonida tendrá que agradecértelo... ¿Eh? ¿Qué dices dé eso? Me parece que esto es bueno... Espero que me felicites... Marieta hablaba con vehemencia, no interrumpiéndose de vez en cuando? ino para beber una copa de chártreuse. Sus ojos brillaban como gusanos deluz. Su lengua volvíase muy torpe. Tienes mucha imaginación, hija mía- -replicó fríamente Jorge- -y te felicito; pero el medio que me propones es impracticable. ¿Y por qué? -Porque nadie se bate con un envenenador. La coja miró asustada á Mr. de Nerville. ¡Un envenenadori- -repitió.