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NUMERO- 773 A 8 C. MIÉRCOLES i j DE JULIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. a PAGINA 3 TOLEDO. LOS NUEVOS TENIENTES LA JURA DE BANDERA POR LOS ALUMNOS RECIÉN ASCENDIDOS AL EMPLEO DE TENIENTES, EN EL PATIO DEL ALCÁZAR ¡Afán inútil... La vanidosa ostentación de la fiel. Y él tenía muchos recuerdos de ella para poderla olvidar... En estas condiciones, ¿qué se riqueza, en un recinto que hace pensar en lo hace? Es fatal, irremediable. Se reanúdala misérrimo de la condición h u m a n a lejos de enaltecer u n recuerdo ¡nos invita á cubrirlo de liáson de nuevo. Pero ahora ya los amantes fingen ser tnás supremo desdén. ¿Para q u é esa grandeza? R L DRAMA DE- HOY El era a r t i s t a ella cautos; viven separados, sé citan, y el cariño pensamos, convencidos de la propia y d é l a -obrera. Conociéron- se presenta á sus ojos bajo un aspecto nuevo, ajena pequenez. Y al contrastarla con la huse en alguno de los cafés del Boul Mich se más agradable, más misterioso... Ella es siem- mildad denlas modestas lápidas de duración amaron y un día convinieron en hacer esa di- pre feliz porque no quiere de él nada más que prevista, asoma á nuestros labios u n a sonrisa vina locura que indigna á los hombres forma- amor, y continúa levantándose; temprano para irónica en vez de u n a plegaria... ¡No durará vuestra; gloria, inocentes preles y á- las familias burguesas: se fueron á Vi- ir al taller, y sigue riendo y bromeando, y ganándose sú vida contenta- y Satisfecha... suntuosos, más allá de lo que dure la familia vir juntos. Ella, a. gamine parisién, le dijo que el arte Ayer fue á buscarla él... Iba preocupado, tris- que la recuerda... ¿Qué hicisteis por la humadebía ser aplicado á la vida práctica. Puesto te... ¿Qué le pasaba? Al fin se decidió áverter nidad para aspirar á q u e os t e n g a perpetuaque era pintor y. tenía talento, en vez de dejar- el saco de las Onfesiones... ¡Se casaba! Su fa- mente en la memoria. Vuestro deseo injusto, se crecer, el pelo y las uñas y esperar que lle- milia se empeñaba en que debía entrar de una; es también u n intento pecaminoso de sobornar gara el día. de exponer la obra definitiva en el vez por el camino derecho... Se casaba con una el juicio de la posteridad. Por- fortuna, cumsalón: debía explotar aquel arte de que tan prima suya, un amor de la niñez... La familia pliéndose las únicas leyes j u s t i c i e r a s é incoenamorado estaba, y comenzar á sacarle algún había preparado el encuentro, él había sentido rruptibles, vuestro nombre, igual q u e vuestro dinero; ¿Gomo? Precisamente ella conocía un despertársq en su pecho un sentimiento extra- cuerpo, 1 volverá á la nada, sin que le ampare establecimiento de porcelanas artísticas, don- ño al contemplar á la novia de otros días... Sé ningún privilegio... ¡Que todos se acabaron con la vida... de le facilitarían trabajo. casaba... era preciso terminar para siempre... El se resistió al principio, naturalmente. La obrerita estalló... Algo había oído, algo Me h a inspirado esta pequeña m a r c h a fúneAquello era claudicar, rebajarse... Era preciso sospechaba, pero no lo podía creer... ¡Cómo! bre, que- es, al mismo tiempo, u n a rapsodia filoluchar, resistir los días malos, gustar la bohe- Ella había, sido la que, le animara á arrojar por sófica, cierta noticia que publica u n periódico mia del hambre y el frío... ¡Al fin, Tendrían el la ventana los sueños dé gloria; ella la que le en su sección de curiosidades. Parece ser que triunfo, la gloria, la fortuna! Pero a. gamineno encaminara por el camino derecho; de la vida, el cadáver de un millonario y a n q u i h a sido ense dio por convencida, y el hombre de las mele- y esto lo consiguió á fuerza de cariño- y. de cerrado en u n formidable sarcófago provisto nas largas y las uñas negras penetró en la amor... ¿Y ahora iba otra mujer á arrebatarle de timbres de alarma cuyo valor se eleva á aquello que era su obra? ¡No! Ella podía resig- 10.000 dollars. í tienda de las porcelanas. Como tenía talento hacia preciosidades, y al narse á perderle porque la dejara de, amar en Este muerto previsor, temeroso de que su cabo de unos cuantos meses ganaba un sueldo un espóntáneoimpulso del corazón... También cuerpo excite la. codicia de cualquier arbitrista á ella podía sucedería cansarse un día de él y salta- tumbas, no fue en vida u n g r a n d e homenvidiable. Quiso arrancar ala obreritadel taller; pero ella se opuso, negándose á obedecer- á la fuerza- no deben vivir dos seres uñidos. bre, a u n q u e tuviera u n a g r a n fortuna. Y stín, por le. Los dos sabían trabajar; pues así podrían Pero ¡que otra mujer viniera ahora á arreba- lo tanto, injustificados sus temores de u n rapmostrarse orgullosos él uno del otro. Salían tarle aquello que ella sé. había. sabido ganar y. to postumo que resultaría u n fracaso p a r a sus juntos por la mañana, reuníanse al mediodía merecer... autores. -Disculpa y h a s t a elogio puede merepara comer en un restaurani, se despedían y Y apareció la gamine; fiera, implacable... Rá- cer la exaltación fanática que abre un sepulvolvían á trabajarhastá el anochecer. Los do- ida sacó un revólver y disparó dos tiros sobré cro para repartirse las Sagradas reliquias de mingos se marchaban al campo. Ella era di- 1... Cuando la policía acudió, lá obrerita, llo- u n héroe, de u n mártir ó de un- apóstol; pero chosa. El acabó por aficionarse á aquella vida rando, besaba frenética las manos del amante ese desbordamiento e n u n a t u m b a vulgar, y olvidó la gloria, los sueños de arte, la obra; que le decía: aunque millonaria, y a no merece sino la aplicélebre, todo... cación del Código. jYo te perdono! ¡Yo te perdono! Y se cortó el pelo... Se cortó el pelo, se adeE s de presumir que tal profanación habrá Y luego, dirigiéndose á 1lo s agentes: centó convenientemente, y como era buen ¡Que no prendan á esa mujer... ¡Me he heri- temido el muerto ó s u familia, si. leemos con mozo, bien educado y listo, se transformó en do yo! ¡Me he herido yo! calma y con lógica. ineditamos la noticia de las poco tiempo. Sus gustos eran finos, era delica- Y mientras conducían al herido al hospital, sepulcrales precauciones. No; se dan, por. desdo en la conversación y escogido en süs mane- ella, desesperada y loca, sufría el castigo criíeí gracia, en n u e s t r o tiempo ni héroes, ni mártiras... Ella continuaba siendo la gamine despre- y espantoso... de no merecer ser castigada... res, ni apóstoles, y no es posible, -por. lo tanto, ocupada y alegre. Le quería- ¡oh, eso, sí! le que los hombres apasionados se procuren u n JOSÉ JUAN CADENAS quería entrañablemente; -pero que no la harecuerdo bendito que; les sirva de talismán para París, Julio. blasen de corregir su manera de hablar, ni sus sus dolores y vicisitudes... P e r o sí hay, en camgestos, ni sus ademanes... bio, abundancia de gentes o p u l e n t a s s u y a s Aquí comenzó el drama que hoy ha tenido grandes acciones constan en los Bancos y en su término fatal. Cuanto más se refinaban los las Sociedades mercantiles. Y algunas de ellas gustos de él, mayor exageración ponía ella en suelen tener el capricho de q u e se las entierre sus chistes; si él intentaba corregirla, ella reíacon sus mejores ropas, con tal ó cual alhaja se, y si no hacía caso de sus lecciones, en cam- T esagradables son l a s vanidades humanas, valiosísima q u e fue símbolo, en su. historia, de bio ponía empeño en quererle más. Estas mu- T a u n q u e s e a precisa su existencia para u n a fecha g r a t a de u n a felicidad inextinguijeres son así. -amenizar y entretener la vida; pero el intento ble... H e aquí las reliquias perseguidas y busr Al mismo tiempo, él se reconcilió con su fa- de conservarlas después de la muerte, resulta cadas por esos fúnebres trabajadores, cuyo sólo milia, pues ésta, al verle abandonar los pro- mueho más desagradable todavía. recuerdo hizo pensar al millonario yanqui en yectos artísticos y transformarse en hombre Un deseó ambicioso de inmortalidad terre- la defensa. práctico, le devolvió la estimación que le reti- na late en el fondo de esas vanidades de ultra- Cierto que la última morada está bien defenrara. Quiso atraerle de nuevo; díjole que aque- tumba. Las gentes q u e pudieron comprar con dida de todo allanamiento, p o r el respeto justo lla mujer con quien vivía no era una mujer de su dinero los goces 1 y l a s v e n t u r a s del mundo, y piadoso. que todas las almas- rectas sienten su clase, que no podía convenirle, que era vul- piensan también que la; fortuna puede servir- con sincera intensidad; mas h a y seres tan migar, de gustos groseros... La familia logró el las para perpetuar su nombre. Y sé costean al- serables de. condición ó de fortuna, que traspativos monumentos sepulcrales, mausoleos es- san los linderos de la muerte paira buscar en objeto que se proponía. Y los amantes se separaron. Sí; se separaron, -pléndidos grandiosos panteones... creyendo los campos de la otra v i d a lo que p a r a ésta nepero no creáis que por muchos días, no. Ella que contra la dureza de la piedra y el talento cesitan. Castigúelos, más que. el Código nuesno podía querer á nadie y continuó siéndole del artista se estrellarán las a g u a s del olvido. tra maldición y nuestra repulsa. Y ya bien casDE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. Garcés y Vera. tigados, pensemos que en su execrable acción h a y u n a leve sombra de justicia y u n a ligera enseñanza exprimida de la economía política... Ellos castigan, á su vez, el orgullo h u m a n o qtíe quiere mostrarse hasta cuando el hombre yace debajo de la tierra; esa vanidad. terrible q u e se asoma al cuerpo cuando éste v a á perderse en l a n a d a de que procede; ese deseo de profanar la pureza de la tumba son los vestigios de las impurezas de la vida... Y ellos también defienden u n a p a r t e de la riqueza universal que Va á perderse p a r a siempre, arrancándola de unas manos verdaderamente muertas para ponerla otra vez en circulación y en ejercicio. Seguramente impedirá este triste trabajo la precaución del opulento americano. Pero no por ello evitará l a fatal l a b o r q u e sobre su cuerpo y sus pompas h a de ejercerse á pesar de todas las previsiones. N a d i e se acercará al cadáver Nadie! sino los gusanos consabidos que destruirán el cuerpo, sus galas y los timbres d e alarma que no sirvieron para avisar á los g u a r d i a n e s de su presencia. ¡Oh vanidad de ultratumba... ¡La más triste y la más pobre de todas las vanidades! ANTONIO PALOMERO ANALES DE UNDTPUTAJDO PROBLEMA Un problema muy grave se ha presena pese t t tado estos días en el Parlamento; ya otras veces se: ha presentado; es cosa que surge periódicamente y que merece dos palabras. Se trata de saber cuándo está abierta la sesión. Todos sabemos cuándo están abiertos una puerta, un armario, una carta. y hasta una botella. Lo que resulta- muy difícil es averiguar, en qué momento se halla abierta una sesión. Las sesiones parlamentarias se apartan por este solo hecho de lá lógica vulgar. El art. 109 del reglamento de la Cámara popular dice lo siguiente: Para- abrir la sesión deben hallarse presentes 70 diputados por lo menos Algunos señores han pedido estastardes al abrirse la sesión que se contase el número de diputados presentes, para ver si se hallaban reunidos los 70 indispensables. -De la elección del momento en q ueestos señores pedían el recuento ha surgido la duda, el conflicto. Apenas el presidente de la. Cámara decía: Ábrese la sesión los diputados deseosos del recuento pedían éste. Sin embargo, ¿era esto legal, conforme al reglamento? Evidentemente el punto no está claro. Otro artículo del reglamento, el 107, dice que el presidente abrirá la sesión con esta fórmula: Ábrese la sesión Pero á esto se contesta que tales palabrasson una fórmula sin trascendencia; el hecho real y positivo que abre la sesión no lo constituye estas palabras, sino algo que haya dé realizarse en la sesión. Este algo es la lectura que los secretarios hacen al comenzar la sesión del acta de la anterior. ¿Cpnio puede haber sesión y. por lo tanto abrirse- -se d i c e si no hay una realidad, un contenido, si no existe la propia substancia de la sesión? Son atendibles estas razones; mas por otra parte, ¿de qué manera conciliarias con las pa- f VANIDAD DE ULTRATUMBA