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NUMERO 77 A B C. MARTES 16 DE JULIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN r. PAGINA 6 I I I BRUJAS. LA EXPOSICIÓN DEL TOISÓN 0 E ORO VISTA DE LA SALA PRINCIPAL CON LAS ARMADURAS DE GUIDOBALDO II, FELIPE I Y CARLOS V, PERTENECIENTES A ESPAÑA, UNA ARMADURA DE CABALLO ENVIADA. P. OTT EL. MUSE 0. DE. BRUSELAS, Y TAPJCEjS QUE REPRESENTAN LA CONQUISTA DE TÚNEZ de París, con una maquinita de su invención que los ciegos pueden llevar en el bolsillo. El invento contiene una caja de tipos omó los de imprenta, que por un lado muesüan las letras de nuestro alfabeto y por el otro las correspondientes del alfabeto de los ciegos. En la parte superior de la máquina hay una serie de agujeros en que se van colocando los tipos, y así con ellos, mediante una ligera presión hecha sobre papel corriente si se escribe á persona que ve, ó con presión fuerte sobre cartón áque se adapteel alfabeto déBráiHe si ¡lá cárta se dirige á otro ciego, quedan perfectamente y con. relativa rapidez estampados los caracteres, como si de manos de un, tipógrafo hubieran salido. Con esta máquina, los ciegos pueden corregir lo compuesto antes de hacer la impresióni Fot. Trampus. A ESCRITURA DE Hasta ahora las máquinas con que el LOS CIEGOS g- industrial haenjo bía favorecido á los ciegos para que se comunicaran con las personas de vista normal eran por deniás grandes y costosas y con ellas no podían esos desventurados leer ni corregir lo escrito. -Este problema lo ha resuelto el director del hospitalriáeionardelós Qitinze- vingts, Sus principales ventajas están en que son ligeras de peso, no corren riesgo de incendio, y lo de más interés, no exponen á quienes las empleen á los inconvenientes de las tinturas, que tanto dan que hacer y rabiar á los calvos más e x t r a ñ o y íííSCíS 28 Pílíst Fábrica de relojes de L f d b d L. dIUí 3l p r e o í g l ó n j h a t J rasIa curioso este invento de un inglés. Pronto se habrán extendido por el mundo las pelucas de dado su almacén de la calle de la Victoria, 3, ú l a ie Preciados, 10, entresuelo. vidrió Miado. PELUCAS DE VIDRIO No p u e d e ser U BIBLIOTECA DE A B C 274 LAS D O S B A R O N E S A S 275 nada: del- mün. do, puesto que, paráél, la; discrecidn absoluta- formaba parte- del d e b e r profesional. í C e s o d e p r e g u n t a r V 5 r -Esperamos que mi prima se decida á escribirnos- -prosiguió en. forma de conclusión. -Si ella, supiese hasta qué puntó nos aflige 1 su- silenció, segurar menté se; apresuraría á hacerlo; nu stro. cariño hacía ella es muv vivo. -Mr. Anguy se iflclmó; co n aire convencido. -Voy á pagaros el semestre- dijo en seguida. ¿CoDraréisklmismotiemp o p o rv u e s t r a s e ñ o r a t í a? -Sí, señor... Hé aauí su recibos. -Está en regla. El notario abrió. la caja- y contó los billetes de Banco. Jorge los metió en el bolsillo; se despidió- y salió. -Tanta- misterio oculta algo- -murmuraba al; Bajar la. escalera. -Desconfío. Mañana sabré á qué atenerme, pues mañana estaré en Vevey. v, v: LyiII K la una. estaba Jorge. de vuelta en elcñaleí de I amorlaye lia. baronesa Germana le esperaba con impaciencia. -Ál ver. el semblante alterado de su sobrino; se asustó. Has sabido ana mala noticia? -le preguntó vivamente. -P p r lo menos, una noticia mediana. -Explícateprbnto. Mr. dé N éfville: contó lo que con sus propios ojos había visto en casa del notarió ¿Mr. Aüguy, y la contestación aüe había dado á Sus respuestas. jl abáronesa opinó como él; i r. -Goní toda seguridad- -exclamó- -este misterio oculta algo que no es abso- totameiite- en nuestro. provecho. El: notario J harecibido órdenes de Leonida, y sé; áéfíetLdeGonellas V T i salta- á. la vista. ¿Qué vas é. hacer? -irme a Siiiza. ¿D e s q u e? Én, tm viaje que habíav hecho años antes por Suiza, le habían mostrado des de lejos la, villa pesfotítaines; Se dirigió hacia aquel lado. Alanda se. decía: r; -No déjafé de encontrar, á alguien que me dé noticias. 1 A diez minutos- de las ¡últimas casas de Vevey, vio una mujer que guardaba cabras al lado del camino. ¿Estoy. muy lejos todavía de la villa Desfontaines, buena- mujer? le. preguntó, deteniéndose. -A un cuarto de hora todo lo más, señor, no, yendo muy. de prisa... Esíalló donde veis- una explan. ada, mna. casita y un gran bosque de pinos... Y con, la mano indicaba la morada. Jorge prosiguió: -L, CL Villa está, habitada, no es verdad? -Sí, señor; hace cuatro ó cinco meses. ¿Pdrjpiién? -T- Ppr. u ía. francesa, una señora viuda, muy guapa. -La baronesa de Tréves: -Eso es... Es el- nombre que he oído decir al jardinero... Contaba que la viuda podríarntiy bien ir á reunirse con su. dif unto marido eu: él cementerio, To. rge. tembló de- píes, á. cabeza. ¿Mad. de Tréves está enferma? -exclamó: palideciendo- ¡Ah! -I, a pobre señora ha estado muy mala. Hace quince días desesperaban de su salvación. r ¿Y a h o r a? -Está mejor. Ha llegado, un médico que, según parece, ha hecho milagros ¿Un médico? -dijo Mr. de Nerville, dominado por instintiva angustia. U. n médico de Par; ís, sí, -señor, ó por lo menos del país de laseñora, á qjiien- ya. conocía. Ha venido aquí expresamente por ella. Mientras la cabrera hablaba, Jorge sentía que su angustia aumentaba hasta -c o n v e r t i r s e e n t e r r o r éste medicó? ¡Un. médico francés! ¡Un médico que conocía ya á Leonida! ¿Quién era 1 1 Un, nombre vino á los labios del primo de Max; pero no le oronun. ció. ¿Sabéis 1 como se llama este doctor? -preguntó. -S por cierto, señor. T To ¿Y v i v é e n l a v i l l a? -Un paso imprudente pociria indisponer á Léonida contra nosotros... No ieb é parecer que la espiamos... -NO cometeré ninguna imprudencia; liaos én mi tacto. ¿Cuándo te vas? -Esta noche, en el expreso de las ocho. Jorge lo hizo como lo había dicho, y al día siguiente, á las cuatro y media llegaba á Vevey. Ño quería presentarse eí la villa sin haber tomado informes indispensables. 1 Eli consecuencia de esto. se instaló provisionalmente en tín hotel, donde dejó su. equipaje, y después salió fumando un cigarro -Sí, señor. No se aparta de k s a Parecen dos. enamorados; como dice el jardinero. ¡Enamorados! Estas. palabras hicieron estremecer á Mr. de Nerville. -Además, de la joven baronesa y del médico, ¿hay mucha gente en la villa? -Hay un mudo que vino. con. la señora... el jardinero, que es viudo, y dos nejos criados que. han estado siempre. un hombre... y. una mujer. Muchas graeias por vuestra complacencia en responderme. -N 0 ha 3 r. de. qué. Jorge siguió su camino apresuradamente. Tenía la frente arrugada v apretados los dientes.