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NUMERO 764 A B C. LUNES 8 DEJULIO DE 1007. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 1 I í -A I I A MADRID. TRASLADO DE LOS RESTOS DEL GENERAL GONZÁLEZ HONTORJA. PASO BE LA FÚNEBRE: COMJT 3. VA POR LA PLAZA DE SANTA CRUZ FRENTE AL MINISTERIO. DE ESTADO ¿eieriá- ftímela! áolo 3 S a; Ijoy- íaeíalegro, desaliento que. infunde una recia lucha, afian- porque nada nie inquieta; fumo, paseo, viajo, tomo. paite eñ conciertos, voy á dirigir mis zan más en su ánimo. tamaña, resolución. Cierto. ha- dicho Mascagni, que últimamen- óperas donde ningún compromiso rñe lo éstof- y... ASCAGNI SE RETIRA I,o s periódicos te me obligué á escribir dos óperas nuevas, la bav o sobre todo, gozo dé excelente salud. italianos dan la Vestilia y la Festa. del grano; pero estos contra- V i tos Si no me atajasen tantas restricciones COm- noticia. 331 mismo autor de Cáválleria rusticana. no tendrán efecto, porque no seme señalólo ha declarado; quizá en un momento de mal- plazo para la composición, y porque, dada la ípondríala Festa del grano. Pero así sería inútil; humor, ha jurado no volver á escribir ni una condición sine quánon de dirigirlas yo; mismo, todo trabajo. Decididamente 110 haré más nota para los teatros de ópera. Las trabas: con los empresarios no. pueden complacerme están- óperas. que tíopieza para representar y dirigir perso- do en pie las exigencias de los directores de. La Prensa italiana, espera á no 1; largo plazo una retractación de sus palabras. nalmente en ellos sus nuevas obras, los con- orquesta. tratos qúe con las; empresas han. firmado los Cuando en mifuero interno adopté esta reCierto que lo ha jurado. ¿No- lo hará perjuró direptóres de orquesta exigiendo que nadie los solución en principio, sentí cierta contrarie- el arte? Fot. A B C. DE LA FRONTERA A los seMorós. ífettfgBatós. dé ppofesitfjí y á. los aficionados que enríen ú la K- ejlacci ín de A S fotografías sobre algún asunto de mterés. y- de palpitante actualidad, se les atoonará EZ PESETAS j op cada prueba Al pie de cada fotografiase indicarfi- ei suaiitor. BIBLIOTECA DE A B O 25O frente con las manos: AS DQS BARONES AS 251 i- íeniaaproximadamente. un gramo de veneno, que échoeniá botella Renovó por segunda vez la operación, volvió á cerrar el frasco, que se; meitiófen el bolsillo, cerró el- papel, lo volvió al fondo de su cartera, desató á Stop, y siguió el camino de Éamorlaye. C; Én el momento en que llegó al chalet, dábanlas tres. I eonida continuaba al lado de su marido, que tenía: la cara encendida, la respiración anhelante y cuya cabeza iba de un lado á otro de la almohada en continua agitación. Áliyer, entíar. á Mr. de: Nervillé, la joven se levantó y fue apresuradamente á su encuentro. Interrumpióse; por algunos, instantes, y luego prosiguió, apretándose la! -Tengo miedo... -fie dijo en voz baja y sorda, designando á Max. v ¿Que teméis, q u e r i d a prima? á: morir. L. -Una desgracia. Acada aspiración parece que se ahoga... Diríase; que va Sin embargor si. no- acertase, erir vez de prolongar lalvida aceleraría la muerte... y quiero que viya. éste hombre á quien; odib... ¡Por alvario, daría ími sangre. ¡Aceptaré... Yo mismo añadiré á: la poción- lo digitalinaylo que él Codex no hubiera. permitido hacer- al. boticario, yo lo- haré... Habré cumplido mi deber de médico y de hombre honrado... Suceda lo qne quiera, mi conciencia estará tranquila. ...i, tuciano se había levantado. Aproximóse al escaparate quei encerraba su. farmacia. particular, lá abrió, cogió un frásqúito medio lleno de un líquido incoloro: y transparente: í 1 -Bsto: debe: dáttne la razónrr- añadió; metiendo elfrascorén uno de sus bol sillos. -El mal cambiará de sitio- y. Mr. dé- Tréves estará salvado. El joven médico volvió á poner los volúmenes éa el estante de su biblioteca y miró; al, reloj. i -Tranquilizaos. Mr. d Harblay responde de él. Traigo la medicina prepa- rada según la fórmula de nuestro querido dóetor. forge puso sobre la mesa dé noche u n a de las dos botellas q u e había dejado, v intacta, y que, fbien cerrada, te; nía el- sélló de la botica. ¿Hay q u e darle este medicamento ahora mismo? -preguntó. -No; él doctor h a mandado que se l e espere. -r n; este níomento salía Max de su pesáda sbínnolencia. -Tengo sed- -murmuró. Xeo nida se apresuró á presentarle u n a taza dé tisana, q u e él bebió con avidez; después s u cabeza volvió á caer pesadamente sobre la almohada y se cerraron s u s ojos. j ó r g e i l o i á b í a preparado todo para el éxito d e s u monstruoso plan; dejo a la joven sola con s u marido. I n d i c á b a l a s seis. Ivlamaron s u a v e m e n t e á l a- p u e r t a -t ú c i a n o- -l e g r i t ó s u madre, -vén a comer, hijo mi A b r i ó e n s e g u i d a y s i g u i ó á s u m a d r e ai comedor. -H a b í a s prohibido. que t e m o l e s t a s e n y n o m e h e a t r e v i d o á faltar a l a consigna; ¿Ha venido. -alguñoá. buscarme? -Sí, Brigard... Tenía empeño, en hablarte. ¿Había encontrado mi cartera? -preguntó vivamente Iyuciano: ¡í -lío. H a b u s c a d o y hecho buscar por todas p a r t é s y n o há. encontrad nada. A r- r r ¡Es bien raro! -exclamó- el. joven. -Mi nombre estaba; escritoveñlla; priíraerá página: de. la Agenda- ¿Gomo iel. quéla ha encoñtrado: no: nie. ha dado- ¿Contenía cosas muy importantes? -No, no... madre, sino algunas notas de bastante interés para mL: Al decir las últimas palabras, pensaba Luciano en la- declaración que- le había entregado Max deTréves; peró. sobre estoqúería: guardar secreto. v La madre y el hijo estuvieron muy poco tiempo en la mesa. r 1 i Mr. d Harblay tenía prisa de volver áXainorlaye. La noche estaba fresca. Se abrigó y se puso encamino. Pedro Lion, después de descansar algunas horas, ofrecióse de nuevo á reemplazar Mad, de Tréves, á lo cual ésta se había opuesto formalmeñte. i- Hasta mañana- no volvereis á: principiar vuestro servicio, amigo mío- -respondió. -Así lo. hemés convenido con el doctor... Id, pues, á comer y luego podéis volver a acostaros. Mr. -de Nervillecomió solo con la baronesa Germana, y esperaba la llegada del doctor para ir á ocupar durante la noche el sitio de Leonida. En consecuencia de esto, se lasbíz. puesto un traje de casa y zapatillas forradas depiel. A las siete y media llegó Luciano y subió directamente al cuarto de Max En el momento de entrar en el cuarto, Leonida 0 vaviso? absolutamente Úciánód del chalet de ¿amorlaye, se encerró en su gabinete y dio orden de que bajo ningún pretexto se le molestase. Bl doctor h abía dicho á Jorge que iba á hacer una tentativa atrevida, casi íeriieraria; De esta tentativa podía depender la salvación del barón, pero no había que déjar nádaala casualidad. Mr. d Hablay sacó de su biblioteca muchos volúmenes, los colocó sobre su inésa de despacho; aliado de un libro en blanco para tomar notas, se sentó y se puso á hojearlas obras délos maestros déla ciencia que se ocupaban particularmente del modo de tratar la enfermedad de que Mr. de Tréves estaba atacado. Luciano iba de un tónio á otro leyendo, compulsando, estudiando, aglomerando notas sobre notas. En último término consultó el libro, traducido recientemente, de un especialista alemán; Más de tres horas estuvo entregado á sus recopilaciones é investigaciones Al cabo de este tiempo, murmwró, poniendo su mano sobre los libros donde había buscado luz. x -Bstoy autorizado por. estos sabios... Por muy gránde; que sea la: responsabilidad que sobre mí pese, la acepto... Voy á salir délos caminos trillados, y á traspasar lasreglas del Codex... ¿Qué importa? Es preciso obrar pronto y con energía... Todos lo dicen. Pués: obraré... Debo aceptar...