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NUMERO 7 5 9 A B C. MIÉRCOLES 3 DE JULIO QE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 de su próximo fin. Dios quiera que te vea veFernández de Moratín, cuyo precioso episto- j nir á buscarlos para que sea mi gusto complelaño nos da con su biografía fragmentaria to dice á su hijo Javier, el cual se pone en una especie de bosquejo de la de Goya en el camino y llega á Burdeos el 3 de Abril, dando período á que nos referimos. al padre aquella última satisfacción apetecida. De tan inopinado viaje hace Moratín eloSucedía esto en 1828, y en aquel mismo mes, el cuente comentario, diciendo: Llegó, en efecdía 15, después de comer, acometió al insigne to, Goya, sordo, viejo, torpe y débil, y sin saartista el ataque apoplético que le robó la vida ber una palabra de francés, y sin traer un criaal día siguiente, en su casa bordelesa, que era do (que nadie más que él lo necesita) y tan la núm. 39 de los Fosos de la Independencia. contento y tan deseoso de ver mundo. Aquí estuvo tres días; dos de ellos comió con nosHombre que, á pesar de sus años, conservó otros en calidad de joven alumno; le he exhorsu actividad para esos viajes y afanes, no dejó tado á que se vuelva en Septiembre, y no se de trabajar como artista. Moratín lo pondera enlodacine en París y se deje sorprender del en una carta, añadiendo un comentario conciinvierno, que acabaría con él. Lleva una carta so, pero más expresivo de lo que para la crítipara que Arnao vea en dónde acomodarle, y ca de la producción de Goya pudo pensar. Dice tome con él cuantas precauciones se necesitan, que él solo constituye todo un gaasí: Pinta que se las pela, sin querer corregí: que son muchas, y la principal de ellas, á mi jamás nada de lo que pinta. entender, que no salga de casa sino en coche; binete de trabajo? Dicha producción de Goya en Burdeos es inpero no sé si él se prestará á. esta condición. teresantísima. En ella figuran como obras más Empleando este mueble, todos Allá veremos si el tal viaje le deja vivo. Mucho importantes, retratos, que gusta de firmar, hasentiría que le sucediese algún trabajo. vuestros documentos estarán clasiciendo alarde de la avanzada edad á que sus pinceles los trazaron y consignando el nombre Pasó Goya dos meses en París; donde debió ficados, y siempre al alcance de la del retratado. En uno de esos lienzos, fresco y disfrutaren la contemplación de las bellezas luminoso, escribe: D. Santiago Galos, pintado que ya encerraba la capital de Francia; debió mano, y así podréis trabajar fácil y por Goya, de edad de ochenta años, en 1826. fijarse en obras délos pintores franceses de la En otro pone esta dedicatoria: D. Juan de época, David (que había ya muerto) Géricault, cómodamente. Muguiro, por su amigo Goya, los ochenta y Delacroix, Ingres, Vernet, y sin embargo, inCuando tengáis que interrumpir un trabajo, sera suficiente que bajéis un años, en Burdeos, Mayo de á 1827. Retrató, sensible á toda influencia, dio muestra de su singularísima personalidad, pintando dos retra- el rideau ó persiana para cerrar automáticamente todos los departa- asimismo, á Moratín y á D. Manuel Silyela. Cuadro de composición, solamente se registra tos, que firmó y fechó, de D. Joaquín M. a Ferrer la Lechera. Pero, en cambio, son numerosos los y de su mujer doña Manuela Alvarez de Coi- mentos del burean: cajones, casilleros, etc. dibujos y obras análogas, entre los que quiere nas, los cuales pertenecen hoy. el primero al seatribuírsele un retrato al pastel, existente eu ñor conde de Candilla, y el segundo al señor Burdeos mismo. marqués de Baroja, A dos procedimientos que ya había ensaya Vuelve á Burdeos en Septiembre, cómo le do en Madrid se aficionó en Burdeos: la miniahabía aconsejado Moratín, quien al dar cuenta tura y la litografía, cultivando ambas, no por de ello dice se ha instalado en un buen cuarel modo peculiar de ejecución que tales proceto (Tourny, 24) y acomodado con una familia, dimientos piden, sino como había cultivado el doña Leocadia Weis y sus hijos, de los cuales agua fuerte, á su modo, procurando efectos de la joven Rosario, de diecisiete años, ahijada de mancha. Goya, debió ser el objeto de sus cuidados, pues Para las miniaturas, que son muy buscadas, la vemos dedicada á cultivar la pintura. Y cosa empezaba por ahumar la placa de marfil, sobre extraña, no fue Goya, acaso por sus achaques, Al levantar el rideau encontraréis la que dejaba caer una gota de agua, de cuya el maestro de Rosario. Esta, que primeramente mezcla, con el negro de humo, sacaba partido. trabajó en casa de un fabricante de papeles pinel trabajo tal como lo dejasteis. tados, asistía luego á la enseñanza de dibujo Conocidas son las litografías, aunque abunque tenía el pintor Antonio Lacour. Goya iba á dan poco, y de cuya colección más importante, El Bureau Cosmos se desmonta instantáneamente, la Tauromaquia, hizo el estampador Gaulón un? buscarla, y al ver los dibujos de los alumnos decía: ¡No es eso! ¡No es eso! Sin duda renetirada de 300 ejemplares, sin éxito. con sólo reinar algunos tornillos. gaba de los derroteros de puro formulismo acaPero lo que el público no conoce es la cuSe le traslada con todafacilidad, pues rueda ¡obre bolasriosa serie de dibujos, algunos de los cuales démico de la enseñanza. A pesar de esto, Rosario adelantaba, según Goya. por las dotes naposee en Madrid el distinguido pintor y críturales que para la pintura tenía. Deseoso de tico D. Aureliano deBeruete. Destinaba estos INSTALACIONES COMPLETAS abrirla horizontes y de dedicarla á la miniatudibujos Goya á formar otro álbum de comDÉ ESCRITORIOS posiciones, como la de los Caprichos, según se ra, escribé al Sr. Ferrer pidiéndole protección (que no obtuvo) para la joven, de quien dice desprende de las cartas á su amigo Ferrer, PRESUPUESTOS GRATIS era un fenómeno, pues no había en el mundo hablándole de esto y délas litografías. Pero nó PÍDANSE DETALLES quien hiciese lo que ella á su edad. Error fue son composiciones fantásticas y caricatufescás éste de Goya, pues Rosario Weis no consiguió como aquéllos, sino impresiones de lo que ve: FABRICA EN N U E V A YORK producir más que cuadros de uua pintura fría un domesticador de serpientes y cocodrilos; CASAS EN LONDRES Y PARÍS unos patinadores, dibujo de un carácter muy y sin efecto, según Lafond. japonés por cierto, sin que pueda atribuirse á El turbulento aragonés vive inquieto allá, debiendo estar tranquilo y dichoso. Moratín Nuestro gran álbum ilustrado se envía- contra 20 influencia extraña. Suplicio francés, escribe al pie de una escena de la guillotina. advierte que entre su amigo el artista y su céntimos en, sellos (gastos de. correo) doña Leocadia no existe la mayor armonía Mr. Lafond ha tenido el acierto de reproducir que ella, con su acostumbrada intrepidez, recon su artículo varias de las citadas obras, en niega á ratos, y á ratos se divierte qué él, á las que, como se observa justamente, se ye que pesar de sus setenta y nueve Pascuas floridas para nada influyó eM Goya el medio en que y sás alifafes, nijsabe lo que espera ni lo que quiso ver ni dejarse le anublasen ¿UEN- PASTOR, 2 ACCESORIO, SAN SEBASTIAN pintaba; no del Gárona y coii er ó intacta la quiere dice le exh a á- qüé yeest é quieto las brumas Bastafel cumplimiento ole. sil licencia qúele visión de las riberas del Tajo y. del Ebío, so gustan la ciudad, el campo, el 5- clima, los cobre las que nunca se detiene una nube dice mestibles, la independencia y la tranquilidad cia se muda á casa mejor, con luces de Norte y Burdeos, pero ésta vez la familia fue previsora Lafond. de que disfruta que desde que está allá no Mediodía, y su poco de jardín (Croix- Blan- é hizo que- le acompañase el nieto Mariano, de Sin duda por descuido, entre los grabados Ka tenido ninguno de los males que le inco- che, io, hc y 34) La licencia qué trajo habíale quien niño había hecho su abuelo el hermoso aparecen los frescos de la cúpula del Pilar de modaban aquí; y, sin embargo, á veces Se le sido- prorrbgada. Vi éne- á Madrid para scslici- retrato que posee. el señor marqués de Alcañi- Zaragoza, pero no la decorada por Goya, sino póne- en lá cabeza que en Madrid- tiene mucho táríaíilirmtada, ola; jubilación. Realizasuíviaje ces. Ese nieto es el que encabeza aquella pos- la que á mediados del siglo xix lo fue por don que hacer, y si le dejaran se pondría en cami- en Mayo de iSáfij- yendo sólo y malcontento de trera carta del artista que en nuestro citado Bernardirio Montañés. La Gazette des Beaux no sobre una muía zaina, con su montera, su los franceses Fernando VII le recibe benévo- Museo Nacional se halla expuesta con sus di- Arts debe subsanar esta errata, publicando los capote, sus estribos de nogal, su bota y sus al- lo, le concede io; que desea. y- hace que D. Vi- bujos, y en la que al través de la ternura del frescos de Goya, que darán hagar á un nuevo forjas ceáte: López le haga el retrato que se conserva padre y la tribulación del enfermo, parece ad- artículo de Mr. Lafond. Al cabo de un año de permanencia en Frán- en el Müséto- del Prado. -Vuelve: á su casita r de vertirse el presentimiento que á Goya asaltaba JOSÉ RAMÓN MÉLIDA ¿Porqué no compra Vd: el escritorio árideau, americano C O S M O S 1 Hi i Tío más pérdidas de tiempo. Tío más úer empoítiada tiuesfra mese. 7lo más indiscreciones. La Compañía COSMOS) BIBLIOTECA DE A B- C 238 LAS DOS BARONESAS 239 Dejemos que la enfermedad del barón Max siga su curso, y róguenios i nuestros lectores que nos acompañen á Chantilly, a! almacén que; Marieta Muntel acababa de comprar a l a viuda Pareúr. La ex cocotte, convertida en comercianta, y nada ducharse había- visto obligada á tomar una criada, que la acompañaba desde las nueve déla mañana y se marchaba después de haber cerrado la tienda. Además, Marieta había tomado como aprendiza de modista una chicuela de catorce años, que la ayudaba mucho. De manos hábiles, y no habiendo olvidado su primer oficio, Marieta puso de muestra media dopena de sombreros hechos por ella. Tenían buena apariencia y el chic parisién, muy apreciado en provincias. El éxito fue grande y la Ardilla consiguió muchas parroquianas. El papel y los periódicos se vendían como el pan. Las novelas viejas y nuevas se alquilaban admirablemente. En una palabra, el comercio prosperaba desde la instalación de Marieta, y, sin embargo, ella no estaba contenta al principio. ¿Porqué? Sencillamente porque había contado más de lo que era justo con sus gustos campestres y sus aptitudes comerciales para impedir que el aburrimiento se apoderase de ella. En realidad, echaba de menos la vida de París. Ahora bien: la vida de París, que hasta entonces había conocido y practicado, era, si no el amor, por ló menos la galantería, con sus intrigas, sus penas y sus placeres. Marieta, habiendo encenagado su corazón, se creía hastiada. No lo estaba, y pronto se apercibió de que no podía olvidarse dé sus conquistas y de sus caprichos de otros tiempos. Rara vez se presentaba la ocasión en Chantilly de echar miradas tiernas á jóvenes simpáticos. Sin embargo, algunos iban á su casa á comprar periódicos ó papel de cartas; pero eran empleados en las caballerizas de las carreras, palafreneros, iockeys y grooms, que Marieta, acostumbrada á tratar con gente más aristocrática, miraba con una indiferencia cercana al desdén. Ciertamente, sabía muy bien que, á pesar de su cara bonita y de sus grandes ojos provocativos, su deformidad la quitaba el derecho de mostrarse descontentadiza. Ya no soñaba ai con perfectos caballeros ni con aventureros amables, dos tipos que esta clase de mujeres aman con igual ternura. Un día fijó su elección. Puso sus ojos en Julio Cordier, un parisiense de agradable apariencia, que había entrado como ayudante de farmacia en casa de su vecino Mr. Godelot. Un simple pasadizo separaba la botica de la tienda de Marieta. El boticario Godelot, obligado á salir de Chantilly por algún tiempo, había dejado á su ayudante por único dueño de la casa. Ll U emos dicho que Julio Cordier era un muchacho muy instruido y muy inte ligeñte, pero vividor de baja ralea y conciencia elástica, perezoso, júga r dor, bebedor y libertino. La vida de pueblo, á la cual se resignaba por motivos que sabemos, no le gustaba más que á- Marieta Muntel, y buscaba todos los medios posibles para distraerse. Dueño de su tiempo desde el instante en que se cerraba la botica, pasaba las noches en el café mirando cómo se jugaba, pero sin jugar, muy á pesar suyo, porque su bolsa estaba, muy flaca. El trabajo diario de botica le dejaba mucho tiempo libre, que no sabía cómo emplear. En una palabra, se aburría horrorosamente. Una mañana se detuvo un cochecillo á la puerta del gabinete de lectura de la viuda Pareur. Marieta bajo de este cochecillo. Iba á tomar posesión de su establecimiento. Julio Cordier estaba a la puerta de su botica viendo pasar los transeúntes. ¡He ahí una guapa chica! -se dijo. ¡Un verdadero Grevin... ¡Lástima que ande con muletas... A pesar dé esta reflexión, se informó de lo que podía ser su vecina. Mad. Daval, la digna propietaria del Hotel de la Campana de Oro, en Montgresin, había charlado un poco. Pronto supo, el aspirante á boticario que Marieta Muntel era una cocotte de París, obligada á renunciar á la vida galante á consecuencia de un grave accidente; La voz pública añadía que debía tener algún dinero. ¡Tómá, toma! -se áijo. julio Cordier. -No sería mala jugau t en este país deJobbsiaproximárse á ésta chica... Muletas aparte, es muy guapa, y si como dicen, tiene buena bolsa, esto sería un golpe muy chic. Desde este momento el joven, en vez de enviar á comprar el periódico, iba él mismo. Parisiense hasta los tuétanos, era gracioso y oportuno. Hizo reir á Marieta, que á los ocho días se moría por él. Julio Cordier no fue cruel. Marieta cesó de aburrirse. Su amigo comía con ella casi todos los días. Julio Cordier la- dominaba por completo; ella no sabía negarle nada; lo eacontraba ultra perfecto, y sólo le reprochaba su demasiada afición al vino blanco y, sobre todo, al ajenjo. ¡Bahf- -respondía él, riéndose. -Ya te acostumbrarás. ¡Es tan agradable estar un pono alegré! Todo se ve de color de rosa...