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NUMERO, 758- S- C. -M ARTES 2- DE jU LIO- DE... 907- OGHO PAG 1 Ñ A S EDJGI- QN; -i PAGINA 6 íyi W i: BARCELONA. MANIFESTACIÓN DE HOMENAJEA CLAVÉ ASPECTO DE LA RAMBLA DE CANALETAS AL PASO DE LA COMITIVA, DE LA CUAL FORMABAN PARTE VARÍAS CARROZAS Y NUMEROSAS AGRUPACIONES MUSICALES CON SUS ESTANDARTES Je retirado en la adquisición de su primer mi- cluida en el hogar, cuidando á sus hijos, in- ilustres como Pasteur y Berthelot, por- ejemplo, ventanüóarfeltrios económicos y presen. tand. o- dibújase vigorosa; como- fondade luz, la figura croscopio; Cajal, durante los años de lucha y de traba- se gentil, sonriente y amorosa en todo momen- de la mujer amada, qué rió dudo jamás del éxijo, tuvo el acierto de unirse á una mujer admi- to, contribuye á que no. se extinga el fuego sa- to y que contribuya á. alcanzarlo coa su fidelidad y su abnegación rable, enamorada, que creía en el genio de su grado del investigador Somos algo injustos hacia esas musas de la Bien ha hecho Olóriz al recordar con delicaesposo, que le consoló, que le alentó, que supo prescindir de lujos, y coinodidades para que él áencia, que ejercen verdadera y decisiva in- deza tal influencia en la obra de Cajal. Al oíracudiese á las Sociedades sabias de Alemania; fluencia en l a vida de los hombres de. genio. le, dedicamos todos un respetuoso- homenaje y demostrase las. verdades descnbiertas enhis- 1 ¡Cuántos se han malogrado por interponerse á la dama virtuosa que supo hacer feliz al gran v tología. Hennosoiés. el rasgo histórico, de Isa? j en su camino alguna mala fémin- á vána orgu- S p á ñ p r bel ¿a Católica alentando á Colón y prestándole l l o s a p é r f i d a ó v e n a l! r Y al rendirla el tributo de nuestra profun apoyo material, pero- más sublime, todavía es! r En cámbio, en el resultadódéfinitiTO de; las da sírapátía dediquemos un recuerdo cordial la tenaz ayudade a. -compañera- fiel- que, re- obras inmortales, realizadas: por maestros tan á esas santas mujeres que acompañan al. obre: Fot. Merletti. ro científico en su peregrinación penosa por la vida. Ellas sufren e: i silencio, espían los instantes de dolor moral para disiparlos con sus ingenuas ternuras, acogen la obra de su compañero como un hijo. más por quien velar, trémulas de emoción esperan ansiosas el éxito, cuyas migajas recogen con avidez y agradecimiento; y cuando el fracaso ó la muerte desenlazan prematuramente el sueño: de gloria; íáün viven pensando en. una vida mejor qüej? pasada pára el ser querido y desgraciado. E L D R FAUSTO B 1 B 110 TECA D E A B C 234 gemidos. A LAS DOS BARONESAS 235 Los relámpagos y las detonaciones se sucedían. ¡Estamos perdidos sin remedio! -exclamó el cochero, que hacía, esfuerzos inauditos, tirando de las riendas sin él- menór resultado... Los caballos, que ya nada en el mundo podía dominar, acababan ae lanzarse á la calzada y corrían hacia las barreras que servían de pretil á los es tanques Y se lanzó á la escalera, seguida de la baronesa viada, que exñaíaba sordos Mr. de Treves seguía de pie, y. parecía: ebrio de alegría. Jorge, lívido, se agarraba al carruaje. A pesar de la inminenciadel peligro, y muy. convencido de que era mevitaoleuna desgracia, el cochero no perdía la serenidad. -Sujetaos bien, señores- -díjo; el sacudimiento será terrible. En este mismo momento, los tíaballos chocaron contra la barrera, que cru jió con el golpe, y cayeron. encierra enredados. en sus tirantes. Al mismo tiempo resonó un grito terrible. Max, que. continuaba en pie, acababa dé ser lanzado por encima de la barrera y luchaba con las aguas profundas del. estasgue. Yaílos criados. rodeábahel carruaje. Jorge les mandó que llevasen al barón de Treves á su cuarto. -Querida tía, querida prima, calmaos- -dijo en seguida. -La cosa es más grave en la apariencia que en realidad... Max no está herido... No tardará en v o l v e r e n sí, Y mientras Jorge se dirigía- con las dos señoras al cuarto de su primo, íes contó lo que había pasado Ehcüanto- Mi de Frévesestuyo. en su cama, bien- abrigado recobró el co; nocimiento, pero temblaba con la fiebre y divagaba. -Un médico... -ofdenó Lepnida, -un médico, pronto. -Que vayan á buscar. al Dn d Harblay... -añadió l a baronesa viuda. -Cuan- do sepa lo ocurrido- no dudará en venir, pues ya debe... Que pongan un. ca- rruaje cerrado y salgan al instante. A l o s cinco minutos estaba enganchado un cupé, en el que Jorge, conduci do por Santiago Habert, salió para Coye. Luciano seguía en su gabinete. V Cuando vio á Mr. de Nerville, presintió que algún grave accidente había ocurrido, y preguntó: ¿Qué sucede... Alguna desgracia. ¿No es eso? Y. Jorge contó al doctor lo ocurrido. -r- Mr. de Treves está seguramente bajo el dominio. ue un acceso de locura, ó de un. ataque de fiebre maligna- -murmuró Luciano. -Os esperan en- elchalet- -prosiguió el primo de Max. V- -No: dejaré de ir, créedlo... En cuanto se lo diga á mi madre soy cor. vos. -Id, querido doctor... Luciano salió. Cuando hubo cerrado la puerta, Jorgése dijo por lo bajo: ¡Médico. maldito, por mucho- que hagas, esta vez no l has de! curar... p que agas, le Quiero ¡Quiero que Leonida quede viuda! El joven doctor Subió al cuarto, de su madre. voy á. salir- -dijo. Mad. d Harblay hizo un ademán, de sorpresa. ¡H o y y con este tiempo tempestuoso! -murmuró. -Es necesario... Vienen á buscarme, en carruaje para llevarme ai chalet... (Jn gravé accidente- ha ocurrido- a Mr! de Treves... Mi presencia es indis- pensáble. -Ve, pués, ya, que es necesario... -Madre, haz elfávor de darme mi cartera. ¿Dónde está? -Debe estar en el bolsillo del costado del traje que llevaba l a noche que fui. aerido. oi I a tempestad se había desencadenado por completo. azotaba las aguas hf. Las, rachas- doblaban los árboles, y- la lluvia torrencial az con siniestro ruido. o- ¡Está perdido... exciamó Jorge de Nerville aterrado. A esta exclamación de desaliento, el cochero respondió: -Hay que salvarle. Y bajando, del pescante, donde se había sostenido, se quitó rápidamente la iibrea, y sáltó al estanque. Hábil nadador, en- dos brazadas llegó al cuerpo de Max, que muy débilmente luchabá y 1o llevó hacia la orilla. ¡Pronto, Mr. de Nerville... pronto... una mano... -diio en el moiiaento de Ilegaj 1 V Era imposible dejar de prestar su ayuda al excelente. hombre que la reclamaba. Jorge se lanzó entre los juncos, cogió por los hombros el cuerpo inanimado del barón. Vqueel cochero, levantó por los pies, y los dos leilev aron iiasta el; carruaje, donde lo colocaron. Esto hecho, el cochero levantó los caballos, gravemente lastimados en- el pecho, volvió á subir al pescante, mientras, que Jorge se sentaba junto al cuerpo inanimado de Max, para sostenerlo; los trotones, tan fogosos antes, tomaron al paso, cojeando y con la cabeza baja, el caminó de Lamorlaye, Detrás de las cortinas de una de las ventanas del chalet, la baronesa Germana y Leonida aguardaban la vuelta de los primos. ¡Hasucedido una desgracia! -exclamó Leonida al ver á Max tendido- en los coiines de la victoria desmantelada. Mad. d Harblay menep la cabeza, -Ese traje estaba manchado de polvo y de sangre; yo misma he registrad los bolsillos antes de limpiarlo... La cartera de que me hablas no estaba allí. Luciano palideció