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NOMBRO 7 A S C. LUNES i. DE JULIO DE 1007. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 3 LOS REYES EN LA GRANJA EL RELEVO DE LA GUARDIA EN EL PATIO DE PALACIO. EN UNO DE LOS BALCONES SE VE A S. M. EL REY (x) PRESENCIANDO LA PARADA DE NUESTRO ENVIADO ESPECIA! vida, se llenan el pecho de condecoraciones y hasta procuran hacer su pacotilla para la vejez. Me permito recomendar este nuevo oficio á nuestros desocupados de la Puerta del Sol. Como yo 110 participo de la admiración que á mis compañeros inspira Carnegie, me miran muy asombrados y hasta se llevan las manos á la cabeza cuando me oyen decir alguna crudeza á propósito del yanqui multimillonario. Hay quien lo achaca á la malevolencia que los Fot. A B C. A. BC EN LA HAYA PROPOSITO DE Ustedes p e r d o n e n pero... no hay más reCARNEG 1 E medio que seguir hablando de Carnegie. Cuando tiene uno la fortuna de coger á un millonario no es prudente soltarle tan pronto. Carnegie ha llenado todo el día de hoy en L, a Haya, y gracias á él no hemos hablado de ia Conferencia, ni de las Comisiones, ni del arbitraje, ni de nada, en fin, más que de su libro de cheques. Le hemos ajustado la cuenta de lo que tiene, de lo que da, dé lo que le queda, y él, en tanto, sonríe y pasea triunfante su panza redonda y su redonda faz. Su Majestad el rey del hierro y del acero ha pasado el día haciendo visitas: ha ido á la sala de los Caballeros y después ha inspeccionado el terreno donde va á. ser erigido. el palacio de la Paz, que él costea. Ivós habitantes de I, a Haya, que sienten una admiración sin límites por el dinero, casi se arrodillan fervorosos leñando pasa Carnegie, y le llaman Príncipe de la Fortuna Aladino del siglo xx Administrador de los fondos del Infinito Divinidad Bienhechora... ¡qué sé yo! Y lo que más alaban al poderoso millonario es el afán con que quiere ilustrar al mundo, derrochando millones en regalar bibliotecas á las Universidades y á los Centros de enseñanza, y mejorando los sueldos de los profesores. Es una especie de vizconde Pablo, empeñado en hacernos virtuosos, como á la Srta. Mimi, llevándonos por el camino de la Gramática. Yo pensaba hoy á solas en lo que se debe reir Carnegie del mundo que le adula y exalta sus sacrificios pecuniarios. Porque le he estado echando la cuenta y resulta que apenas si ha regalado la mitad de sus rentas y hay ya quien asustado le dice: ¡Por Dios! Basta de generosidades, que se va usted á arruinar. Al vender sus derechos sobre la producción del hierro y el acero entregaron á Carnegie 3.000 millones de francos. Se calcula que tiene una renta de 250 francos por minuto y todo lo que ha regalado en el curso de seis ú ocho años se reduce á unos 500 millones de francos ó sea una cuarta parte de sus rentas. Y todavía si lo hubiera repartido bien, sería coga de agradecérselo; pero esta lluvia de millones, no ha servido para combatir la miseria en parte alguna, ni para llevar el consuelo á ningún hogar. Bien es verdad que ésta hubiera sido una caridad anónima, sin ruido, sin redame- No, este dinero ha sido destinado en su- mayor parte á la construcción de fundaciones, de bibliotecas, de edificios que lleven en sus fachadas el nombre del generoso protector que quiere de esta manera pasar á la posteridad inmortalizado en mármoles y bronces. Sin embargo, algo práctico había de resultar de los despilfárros del apóstol de la paz, y lo práctico es que á su costa viven un montón de señores qué no se sabe qué son, qué hacen ni de dónde vienen. Si se les preguntara qué oficio tenían, nos contestarían seguramente: ¿Yo? Pacifista. Y cor- pacifistas viven, viaian, se dan buena españoles debemos sentir hacia los norteamericanos, y me dicen: No diga usted esas cosas de Carnegie... Mire usted que es un hombre todopoderoso... Á uno de éstos tuve que contestarle hoy que he vivido treinta y dos años sin saber una palabra de la existencia de Camegie, y. que fne dispongo á vivir otros treinta y dos de la misma manera. Y es que no cabe duda que rodandopor el mundo aprendemos muchas cosas. pero úna de las que primero saltan á nuestra, vista es esta indudable inferioridad mental dejas razas del. Norte. Sólo con la enseñanza adquirida durante unas horas de estancia en- Londres, Santiago Alba se hallaba hace pocos días en camino ya de rectificar su célebre traducción hay tal superioridad, y estudiándolos, observándolos, penetrando, en su cerebro. es como vemos la diferencia enorme que los separa de estaraza latina nuestra, colocándolos en 1 un grado evidente- de inferioridadintelectilal. Sólo nuestras luchas, nuestras discordias, han sido causa de que, dividiéndonos, nos debilitásemos, mientras que estas razas del Norte, uniéndose cuando ha llegado el momento del peligro, se han hecho fuertes y poderosas. Pero estos hombres no tienen- otra cosa que lá voluntad, carecen del fuego, de la pasión, de la facilidad de comprensión rápida que caracteriza nuestra raza latina. Son tetes carrees, cabezotas muy grandes, irregularmente construidas, como remates de escalera monumental, pero sin nada dentro. Su unión sólo es lo que los da la supremacía en el mundo, y si á los diversos movimientos pan- germanistas y pan- slavistas no se responde con él movimiento pan- latino, concluirán por devorarnos. Todas las habilidades del rey Eduardo á fin de aislar á Alemania, no conseguirán más que una cosa: aumentar el corajede ésta y darle la razón para que un día se desborde sin freno. Y las escuadras de Europa entera, reunidas, nada podrán hacer contra un Imperio que apenas si tiene salida al mar por un agujero, mientras que su situación en el corazón del Continente la permitiría verter en todas direcciones siete millones de 8 1 dados, los mejor armados y, con los japoneses, los más disciplinados del mundo. Si el movimiento pan- latino que comienza á iniciarse ya en ciertos grupos literarios lio se hace rápido, el peligro que nos amenaza será un hecho en plazo más ó menos largo. No hay tal superioridad, lo repito; son rebaños de hombres que se agrupan y hacinan cuando ven venir la tormenta. Fáciles a l a admiración, todo les inspira un respeto supersticioso, y confunden en el mismo sentimiento de fervorosa devoción al general vencedor y al médico de moda, al literato iolletinista y al poderoso millonario. En su respeto, en su encogimiento no se advierte jamás la espontaneidad del entusiasmo sincero, sino el temor á la sabiduría, al poder á la fuerza, al dinero. Corriendo por el mundo es como: se comprende la razón de nuestro pasado esplendor, de nuestro dominio sin límites. Y corriendo por el mundo, colocando la patria á distancia, como se hace cuando contemplamos un buen cuadro, es como mejor advertimos nuestros dede La superioridad de los anglosajones. No; no j J, EL EXCMO. SR. D. FRANCISCO LONO, MINISTRO PE LA GUERRA, FALLECIDO AYER EN ESTA CORTE