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MADRID, SÁBADO 29 DE JUNIO DE 1907. NÚMERO EXTRA MADRID. LA RECEPCIÓN DE AYFR EN PALACIO ABC CRÓNICA UN I VER SAL I L U S T R A D A AÑO IIL NÚM. 755. j 2 ÉPOCA K ft 4 l CP LLEGADA DE LA COMITIVA DEL EMBAJADOR PERSA A LA PLAZA DE LA ARMERÍA EN EL PRESENTE NUM. EXTRAORDINARIO Incluimos el suplemento ilustrado de dieciséis jáginas G E N T E M E N U D A que deben exigir todos nuestros suscripiores y compradores. PRECIO: DIEZ CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA A W 1 -i- i t W- HE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C E N L A HAYA H A B L E M O S D E ESPAÑA Coustituídas las comisiones, repartido el trabajo, los delegados han comenzado sus tareas, aunque con cierta desconfianza, pues repito que son pocos, muy pocos los que vienen á esta Conferencia de la Paz cou la debida preparación. ¿Tienen la culpa ellos? Creo que no. Antes por el contrario, estimo que debe culparse á los Gobiernos que no liau sabido dar á sus representantes instrucciones concretas. Y en tanto, nada práctico se hace. Los coinisionados discursean, anuncian la presentación de proyectos y todo se vuelven reservas, cautelas, restricciones. Se generaliza mucho en esos discursos, se hacen frases bonitas; pero la aspiración concreta, el deseo claro y netamente expresado, eso son cosas que no parecen por ninguna parte. De los delegados italianos pasamos á los alemanes, de éstos á los rusos, de los rusos á los ingleses, á los yanquis, á los japoneses. A nuestras preguntas responden siempre lo misino: que vienen animados de la mejor intención, que los inspira el acendrado deseo de legislar sabia y humanitariamente, y al final de todas estas entrevistas escuchamos idénticas palal) ras en todos: -Hay que esperar... Necesitamos ver cómo surgen los acontecimiento? Todavía no podemos decir nada... Kstos asuntos son muy delicados... En esto están todos de acuerdo: en que h a y que esperar. Y á mí me hacen el efecto de esos murguistas malos que mientras ejecutan una pieza, cada cual va por su lado, sin ponerse de acuerdo más que en el momento de acabar: el calderón final los reúne á todos. entiende en todo lo concerniente á la Convención de Ginebra. Estos delegados español ej; cuentan con la preparación necesaria á fin de poder ilustrar con sus opiniones los debates, y para convencerse de ello basta con escucliarlos un cuarto de hora. No; esta vez uo La enviado España al inevitable personaje que tenemos dispuesto siempre como el tiugüeuto blanco para aplicarle á todo sin que pax- a nada sirva. Y aparte de esta labor, nuestros delegados están realizando otra mucho más importante todavía para el comercio y la industria españoles. La de aproximarse, la de estrechar los lazos que nos unen indisolubles con los representantes de las Repúblicas del Centro del Sur de América. Los plenipotenciarios todos hablan ya de este cambio constante de agasajos entre americanos y españoles, de esta verdadera efusión que existe entre unos y otros. Yo, en un principio, creí que fuera la casualidad la que los uniera, pero después de mi conversación con los delegados, he adquirido la colivicción de que esta conducta obedece á un plan preconcebido y sabiamente trazado, y desde el fondo de mi alma la he aplaudido, porque en América es donde está la fuente de riqueza par nuestro comercio. Oyendo á los deiegados españoles, recordé que en un reciente viaje mío á Portugal, me dijeron que el rey Carlos proyectaba hacer una expedición al Brasil. Y lo que el Brasil es para nuestros vecinos los portugueses, deberían serlo para nosotros las E. epúblicas americanas. Al recordar esto cerré los ojos para mejor soñar despierto y me pareció escuchar las tempestades de aplausos y aciamaciones que nuestro joven Monarca, viajero infatigable, an ancaba á las multitudes en Méjico, en Colombia, en el Ecuador, en la Argentina. E s un sueño, ¿verdad? Pero á qué poca costa realizado. Ya lo veis: el rey Carlos se dispone á hacer su expedición al Brasil en breve, y eso que está bien fresca todavía la herida de los Braganza. Y a llegado la hora del tren, los delegados españoles tienen que ausentarse y... no hemos hablado de la Conferencia. ¿Será que tiene u n interés muy secundario la Conferencia? JOSÉ JUAN CADENAS EL EMBAJADOR PERSA, GENERAL MAHMOUD KHAN (X) Y SU SEQUÍTO EN EL HOTEL p E PARJS, DONDE SE HOSPEDA, Fotf A B C F O T O G R A F Í A O B T E N Í O A DESPUÉS DE LA RECEPCIOIH La Haya, Junio. pjaltábame para cerrar mi serie de informa- timos resucitar. V es que á pesar de nuestro clones, escuchar á la misión española, y de escepticismo, este amor á la tierra que nos vio intento reservé esto para el final, pues ha de nacer existe en nosotros, convenientemente diinteresarnos á todos en España saber cuál va simulado, eso sí, por temor al ridículo, á ese á ser nuestra situación y qué propósitos traen ridículo maldito que tantas cosas bellas nos nuestros delegados á la Conferencia de La impide realizar. El amor a l a patria resucita en nosotros el día que la abandonamos, del misHaya. De algunos meses á esta parte, el nombre de mo modo que ansiamos vivir cuando tenemos España rueda con desusada frecuencia por las la vida amenazada, y que aumenta nuestro Cancillerías. Este y a es buen síntoma, pues de- ai or á la mujer querida cuando conocemos su muestra, por lo menos, que queremos salir del infidelidad: es porque la perdemos. Para hablar de España, pues, para conoc er las aislamiento en que por espacio de tantos años hemos vivido y que tan funesto nos fué. Será impresiones que los delegados españoles traen bueno ó malo lo que nos ocurra en el porve- á la Conferencia, fui á busaarlos en el Hoicl nir, siguiendo los nuevoi rumbos adoptados, des Lides. Volvían de un banquete, habían de pero siquiera habremos variado de postura si vestirse todavía para asistir á dos tés en la misma tarde y luego tenían que cambiar de no mitigado el dolor. Antes de reunirse la Conferencia hablóse ropa para concurrir á otra comida oficial; el mucho de que España se proponía suscitar tiempo que podían concederme era escasísimo. -Pregúntenos usted- -rae dijeron, -Contesaquí la discusión de arduos temas que Inglaterra habría de sugerirla; después, la publica- taremos como en una lección de doctrina. ción de nuestra e 7il cnte en los comienzos de la ¡Ay! Yo no t. é preguntar. Preguntando, sé de Conferencia, ha obligado á las Potencias á con- antemano lo que sobre poco más ó menos me vertir de nuevo los ojos hacia nuestros dele- va á ser contestado. Prefiero trabar conversagados. ¿Creéis que esto nos es desfavorable? ción, pues en el curso de una conversación las palabras brotan espontáneas, y á veces de una No; Q B reclame. Y las naciones, como los artisfrase, el cronista puede sacar deducciones intetas, viven de la reclame. JyUego, no sabéis qué satisfacción tan inten- resantes. Además, la conversación da siempre sa se experimenta cuando, lejos de nuestra pa- cierto carácter de intimidad; habla el político tria, oímos discutir sus actos. Traemos una con mayor franqueza, y el periodista suele oir impresión tan pesimista, tan desconsoladora con frecuencia la frase sacramental: Bueno, Ie u- GSotros mismos, que al ver que se nos dis- pero de esto no hará usted uso... ¿eh? Esto es cute, ue se nos tiene en cuenta, que á un tiem- puramente confidencial. po mismo se nos odia ó se nos halaga, nos sen ¿Qué queréis? También los periodistas tene- mos nuestra pequeña vanidad y nos halaga guardar estos secretillos á los políticos. Durante media hora hemos hablado los delegados españoles y yo, y en esta media hora hemos hablado de todo, quitándonos la palabra de la boca, pasando de un asunto á otro y recorriendo el mundo entero. Y al terminar la conversación advierto que de lo que menos nos hemos ocupado ha sido de la Conferencia. Hemos cambiado impresiones, hemos hecho conjeturas acerca de la postura que adoptarán las distintas Potencias aquí representadas, hemos pasado revista a los acontecimientos todos de actualidad y liemos hablado de España... Y como da la casualidad que en esta ocasión la delegación española está á la altura de nuestro rango, y la vemos solicitada, halagada, ocupando lugar preeminente y demostrando con sus actos y sus palabras que no va á desempeñar el papel de simple comparsa en esta gran comedia de la Paz, sino que viene de buena fe dispuesta á influir en las resoluciones que se adopten; como estos hombres confían en nuestro risorgimenío, ya en cierto modo comenzado, hemos hablado de España, y la hemos presentido grande otra vez, y fuerte y poderosa. ¿Qué hará España en la Conferencia? Ante todo hará honor á sus compromisos marchando de acuerdo con todas las Potencias y sumándose principalmente á aquellas con las cuales está obligada por pactos, tratados ó alientes. Concienzudamente estudiará los proyectos que sean sometidos á las Comisiones de arbitraje, de guerra, de neutralidad y á la que f 7 L CONDE D E LOS ANDES El conde de los A n d e s se pone de pie ante su escaño, un poco emocionado; pertenece á una Comisión; va á contestar a u n discurso terrible del Sr, Salvatella. El conde de los Andes espera un momento; habla ahora por vez primera; es joven; viste sencillamente; aun hablando desde el banco de una Comisión; aun levantándose por vez primera; aun siendo mozo él h a tenido el buen gusto de no enfundarse en su levita. Va á pronunciar un discurso en u n a Cámara legislativa y no le da gran iuiportanoia á esto; en realidad, se puede pronunciar un discurso, se pueden decir excelentes cosas en él, sin ponerse serio, estirado, grave. ANALES DE UN DIPUTADO El conde de los Andes comienza á hablar; la Cámara le observa con simp tía; todos en los pasillos, durante las sesiones, gustamos y estimamos su afabilidad, su discreción, su sencillez. El 3 r. vSalvatella había pronunciado im largo discurso; en él este orador había pedido una porción de cosas verdaderamente radicales: tales eran i l voto de la mujer, las dietas para los diput idos, la elección para las concejalías ile la. s pobres viudas. Todo esto significaba una evolución sorda, pero tremebunda. El conde de los Andes al levantarse á hablai se encentraba con que tenía jue contestar s i estas aspiraciones honda y radicalmente innovadoras del Sr. Salvatella. Todos sabeni j.