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NUMERO 753 A B C. IUEVES 27 DE JUNIO DE 1907. OCHÓ PAGINAS. EDICIÓN i, I J na obra de arte. 7 3 Sn el estudio del notable acuarelista señor Tapiro, en esta corte, hemo tenido ocasión, de ver varias obras de arte dignas del mayor encomio. De ellas reproducimos hoy una; que, como todas las demás, es un cuadro de costumbres marroquíes, admirablemente visto é interpretado. El Sr. Tapiro; residente en Tánger hace muchísimos años, tiene allí un magnífico estudio, PAGINA 6 punto de reunión de los artistas: del mundo crítico que visitan aquella interesante población, y se complacen en la sociedad de sil ilustre colega, que tiene mercado espléndido para sus no menos espléndidas obras, en todo el mundo... meaos en España, Ahora, como hemos dicho, el Sr. Tapiro se encuentra ¡en Madrid. Ninguna ocasión más á propósito: para queel Gobierno adquiera obras suyas y figure en nuestros Museos firma tan valiosa. g ¿Por qué noGompraVd. i elfiSGriíorio árideau, americano C O S M O S í i 4 i- JLV i i que éj solo constituye todo un gabinete de. trabajo? 2 i r s Empleando este mueble, todos vuestros documentos estarán clasi i ficados, y siempre al alcance de la é manOj y así podréis trabajar fácil y cómodaménteGuando tengáis que interrumpir un trabajo, será suficiente que bajéis el rideau ó persiana para cerrar automáticamente todos los departamentos del burean: cajones, casilleros, etc. r V, i 1 de tiempo. 9io más úer empoiúaéa vuestra mesa. TMi? Io más indiscreciones. i Al levantar el rideau encontraréii el trabajo tal como lo dejasteis. E Bureau Cosmos se desmonta instantáneamente, consolóretirar algunos tornillos. Se le traslada con todafacilidad, nües rueda sobrebotas. UNA OBRA DE ARTE CUADRO DE COSTUMBRES MARROQUÍES DEL ILUSTRÉ PINTOR ESPAÑOX Stt. TAPIRO Fot. A B C. INSTALACIONES COMPLETAS DE ESCRITORIOS PRESUPUESTOS GRATIS PÍDANSE DETALLES NUESTROS GRABADOS a banda del 2 de Ingenieros franceses. Visto el grabado que publicamos de la llegada á Barcelana de- la banda de música del 2.0 regimientcde Ingenieros de Francia, nadaes necesario añadir para dar idea del entusiástico recibimiento qué se la dispensó. FABRICA E N N U E V A YOR K La banda militar francesa, que presta servicio de guarnición en JVIontpellier, llegó en el CASAS EN LONDRES Y PARlé tren correo de Francia y la recibieron en la estación, además del cónsul y vicecónsul de su. Nuestro gran álbum ilustrado se envía contra: áo; país y las autoridades, las bandas de los regicéntimos en sellos; (gastos de correo) c mientos de Vergara y Alcántara, números 57 y 58, reunidas en una, y la banda municipal con su bandera, que figuraba al lado de la de la música L Harmonie Ftancaíse, que, no habiendo padido asistir á la recepción, envió su enseña. DIRECCIÓN DE AGENCIAS: BUEN PASTOR, 2 ACCESORIO, SAN SEBASTIAN; La Compañía COSMOS i BIBLIOTECA DE A B C 5 1 222 LAS DOS BARONESAS 223 ¿Xo está sino ligeramente herido. ¡Respóndeme... ¡Respóndeme pronto. ¿Has visto, al doctor... -Xo- -replicó el mudo con un gesto. ¿Y á su madre? -Igual gesto negativo. -En fin, á cualquiera de su casa... ¿Te has informado? -Sí. ¿De quién? Santiago Habert cogió su pizarra y escribió: De una criada. Me dijo que en el momento en que me presentaba, monsieur d Harblay estaba peor, y que su madre acababa de enviar á Chantilly para rogar al Dr. Marais que fuese á toda prisa. A medida que el mudo escribía, Leonida leía por encima de su hombro. ¡Dios mío! -balbució, sintiendo desgarrarse su corazón. ¡Dios mío, si fuese á morir sin verlo yo... sin que hubiese sabido... No acabó la frase y ocultó el rostro entre las manos para no dejar ver su sonrojo. La palabra que iba á pronunciar le causaba vergüenza. Al cabo de un instante prosiguió: -Me parece que me vuelvo loca... hablo del deber... y á cada instante estoy cerca de olvidar el mío... Todo esto es superior á mis fuerzas... Ya no puedo luchar más... Estoy aniquilada... ¡Luciano d Harblay va tal vez á morir, y yo estoy aquí luchando con horribles temores... y no puedo hacer nada... nada por él! Santiago Habert se adelantó hacia Leonida con las manos juntas. ¡Tú tampoco puedes nada! -dijo ella en tono casi duro. ¡Mensajero de malas nuevas, vete! El mudo miró á l a joven. con dolorosa sorpresa, y enjugando dos gruesas lágrimas, salió. Mad. de Tréves, sola ya, prosiguióla! cabo de algunos minutos: ¡Llegue, pues, el momento terrible que me. anuncian, en que mi vida estará amenazada! ¡QueMax, al; inorir, i me arrastre consigo á la tumba! ¡Así, al menos, descansaré! No puedo esperar... ¿A qué vivir? De pronto el rostro de Leónida cambió de expresión. Süsojos, extraviados y secos- hasta este momento, se humedecieron ¿Por qué le he visto? -balbució. ¿Por qué le he dado toda mi alma... ¿Porqué; ¡Ay de mí! ¡No puede uno prohibirse el amar... Le amo, á pesar jnío. í. pero le amo... ¡y va á morir... Quiso dominar el pensamiento que la avasallaba. -No quiero pensar en ésto- -dijo. fuera de sí. -r ¡No quiero! Saliendo entonces de su cuarto, desatinada, se dirigió á l a habitación P e d r o Lion, q u e fue á abrirle l a puerta, p u s o u n d e d o sobre los labios. -E l señprlbarón está dormido- -dijo e n v o z baja. Leonidaientró d e puntillas. d eM a x l ¿Han hecho preparar el medicamento que le han recetado? -dijo. -Todavía no, señora. V. -Qwt eñganclién ylvayan al inoinento a Chantally con la receta. -Está muy bien, señora. ¡Pedro Líón salió. El sueño de Max duró mucho tiempo. Al fin, el joven despertó precisamente cuarido volvían de Chantilly con el medicamento preparado en la farmacia Godélót La presencia de su mujer pareció causarle una muy viva alegría; sonrió al recibir de su mano la taza llena de bebida. ¿Habéis enviado á pedir noticias del Dr. d Harblay? preguntó en seguida. 1 Leonida se puso como la grana. -No. amigo mío- -respondió, ¿queréis que envíe? Os lo suplico... -Se hará al momento. La joven se separó de su marido, contenta del deseo que éste acabéba de mostrar. -T a l vez las noticias de Luciano fuesen menos: malas que- las traídas por San tiágo. Habert El jardinero fue enviado á Coye. -i. Cuando volvió, Leonida recibió un golpe horrible! ¡Mr. d Harblay se encontraba en úñ estado dé terrible 1- agitación, y el. médico de Ghantilly, instalado junto á su cama hacía una hora, -no- parecía nada tranquilo. -Es inútil qué sepa Max el estado de su querido Dr. d Harblay- -dijo la raronesa viuda; -vale más tranquilizarle... -Tenéis razón, madre mía- -respondió Leoniáa. Mr. de Tréves se sintió algo mejor más tarde, anunció q u e t e n í a sueño. y que esperaba pasar buena noche. -1 i ¡Su madre y su mujer le dejaron para irse á sus respectivas habítaeieaies. Muerta de fatiga y temblando con la fiebre, Leonida se metió en cauia an ees de las diez de la noche. Bajo el peso dé general malestar, se durmió casi en seguida; pero con sueño; agitado y lleno de- pesadillas. De pronto, forcejeando y dando gritos de angustia, despertó brttscajnente, abrió los ojos y se incorporó. Una lamparilla colocada sobre la mesa esparcía por el cuarto su pálida luz. Leonida dirigió en derredor temerosa mirada. i Hubiérase dicho que temía ver salir de la sombra alg- una aparición siniestra. -Acabo de tener un sueño horrible- -balbució temblando. -Luciano, pálido y ensangrentado, me tendía las manos, y yo oía su TOZ que me, decía: Voy á morir... venid... venid... quiero veros una vez más. Una especie de delirio se apoderó de la joven. ¿Me llama y no he de ir... -balbució saltando fuera de la cáma; ¿Le de faré morir así. ¡No... no! Mad. de Tréves hallábase bajo el dominio de una sobreexcitación pasajera, de un acceso de fiebre. ¡No razonaba. La locura se posesionaba de su cerebro. Se vistió apresuradamente, fue á su cuarto- tocador para coger un abrigo, en que se envolvió, y, un sombrero, cuyo espeso velo se echó á la cara.