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NUMERO 7 te- B Cr MIÉRCOLES JUNIO -DE 1907. OCHO P AGJNAS. ÉDJCION J. PAGINA ó Huye la tarde dorada y triste! La sombra avanza resuelta desde ios rincones de la estaucia, ahora desierta, borrando las 1 severidades de sus lienzos. Ya tan sóio se columbran los marcos bríilantes de los cuadros que los cubren y los anuarios blancos, colmados de libros, que presiden fatuos, como ensoberbecidos de su destino. Y la última línea de luz dela tardeque expira, se refugia, oscilante, en el bronce de un velón enorme, vetusto... Reina un silencio augusto. H a s t a nosotros llega la voz dé D: EXigenio. aconsejadora y proíética: ...Que en estas caprichosas contiendas de justicia, él que menos tiene que perder, es quien, al cabo, resulta ganancioso. EN LOURIZAN A brepaspen layeija f i ecifry negra una puerta g- i gan t e sea. también recia y taruy bien negra. yíisólo qixiebra lá: tristeza de sil aspecto. el oro de unas iniciales coloca- das- en ip alto y que apenas siresultain; distintas por lo raro de su enlace: D. O. M. Viejos y soberbios unos eucaliptus que forman largas filas, -murmuran en la punta de sus. copas hjstorias de misterio. Quedan atrás una, dos, cuatro fuentes. bellaV mente rústicas, -de callado rumor, salpicadas entre la umbría de naranjos, camelias en flor, h e l i o t r o p o s y magnolias. Y el camino de tales lindares concluye al. pie de. la. ipétr. ea esca- p n un Estado. del relera que conduce has gimen, del nuesta el piso, alto del pa- tro, representa necesalacio espléndido réÜa- riamente serio conflicnando antesen la cinto la abstención, en la ta, de u n o s jardines vida p a r í a m e ntaria, cobijados en la somde un partido turnanbra por la rotonda del te de Gobierno. follaje. Cuadrillas de mujeEstas anormales sires cavaría bajo el ein- tuaciones no es lógico parrado: delas ya poqtie se prolonguen lardadas viñas. Las aza- gamente, pero no es das, que el trabajo posible suponer cuan bruñó en l a s puntas, do habrán de tener caen acompasadas con término. ¡Quién sabe, apagado. -ruido, -henen qué forma sera s- ¡diendo la tierra; blanevolución definitiva! da, y ni un cántico ni ADRÍD. La comisión de Córdoba que ha venido á la corte para gestionar la ampliación del proyecto de riegos del Guadalquivir. -No cabe establecer de un decir d i s t r a e n 1. Tal ex ministro D. Antonio Barroso. -i. D. Antonio Pineda, alcalde de Córdoba. -3. í) Manuel González, presidente de la antemanó, en qué grn aquella labor, ruda; do podrán dificultar Diputación. -4. Z) Carlos Carhonell, presidente de la Cámara de Comercio. -5. D. Pedro López Amigo, diputado por la circunscripción. -la v i d a de un Gocomo una- expiación. Marios. en los ...bol- 6. y 7, -D. Pedro Vargas y D. Patricio González de Canales, diputado provincial, que representan los pueblos que beneficiarán los riegos, rodea- bierno. sillos desuehaqueton dos del resto de la comisión, destacándose en el centro, con su traje tipteo, el famoso ex torero íGuerritai La actitud del. par Fot. A B C mugiiénto, el gañán tido liberal no es más que la- s vigila pasa que la defensa decidiq t ll v g a cad p i t- ¡Cuidado, Meco- ¡Toma... ¡Aquí, Meco- nes, seguramente frivolas, trenzadas por aque- da y justa del honor del. régimen. El país ante ellas a cada instante, hostigándolas manY tornándose á, nosotros, murmura soca- llos señorones que, ceremoniosos y cumplidos, habrá. de otorgarle. la razón juzgando- serenasamente: se han puesto en pie á nuestra entrada. mente. -Me dijo el señor que. hoy debíais dar por rrón: Y como tomando en. ello pretexto, uno. tras- -No tenga temor ninguno, que el can no Todo esto, ya dicho en cien ocasiones, nos lo. terminado. ¡A- ver si andades listas! otro, quedamente, se han ido despidiendo, repitió ahora D. Eugenio Montero Ríos. Nadie. osa résporider. t a s espaldas se. encor- muerde. van más sóbrela tierra, y en. el sallar, resigna- Sus ojos brillan más picaros á la sombra de mientras rozaba en. sus labios, ya temblones, Y son razones que VLOÍ abona para no ser el ofrecimiento rendido é incondicional de sus más explícito, su alejamiento, de la corte qtic do sejespuchaq, c. ojic mayor, presura, los gol- -su boínadesteñida... Dijéronños que el Sr. Montero Ríos está eti servicios! no le permite estar al tanto dé las ñüóvás de la pés secos déla azada. -Me- dijo el señor que en esta semana hay casa, y deseando verle, hemos mandado pasar En una galería contigua, encristalada hasta política- -y su creeiicia de que en este estado el, suelQ, dos Hombres utrasos- -pobres marine- de singular excepcipn- por que aquélla atravieque rematar los tres cordones- -añade el ga- recado con nuestro anuncio. ñán aLpásar de nuevo, y, deteniéndose, parece Distraemos las impaciencias, que se rebelan ros- -aguardan resignados, mirándose torva- sa, no es lo más serio y conveniente aventurar doctrinas y opiniones. señalarxónisu imiráda. el límite de la extensa en un breve tiempo que transcurre de espera, mente. Y al tiempo de reparar en ellos, D. EugeTiene propósito inquebrantable de descanfinca, dónde, reverbera, al. sol, de la tarde, la con el curioseo del amplio zaguán donde hacenio se; ha excusado por unos momentos bre- sar de las preocupaciones de la política eñ tomos antesala. coraza del mar... El ilustre canonista nos recibe en su despa- ves para poder atenderles. Son dos hermanos do estetiempo que largamente habi- á de per- Con el yugo humilde, -que, sólo; alzan para á quienes va a servir, en caridad, de consultor manecer en su amable retiro. No quiere otros mordisquear en los bardales del sendero, cru- cho con amable llaneza. Sotire la taima azul, orillada de- negro, que y de arbitro, en unos derechos mezquinos que cuidados que las minucias de la vida envizan al. paso, lentas y pausadas, cinco vacas diable que ahora rlleva: una vida patriarcal 1 y bermejas. Un perro negro y perdiguero, que cuelga de sus hombros, se destaca su barba encarnizados pleitean. Tras la mesa, de trabajo, repleta de cartas, campesina- las va en zaga, se adelanta ladrador á nuestro blanca. Cuando penetramos en la vasta, pieza, se periódicos, libros, y regajocj: un sillón abacial y encuentro. Le aquieta, amenazante, la v ozdel ISIDRO BUCETA zagal, que guíalas bestias, un zagal muy mozo, oye el murmullo de voces que se. aquietan, mu- antiguó, extendiendo sus largos brazos, parece Junio, 1907 de mirar travieso y picaresco. sitar leve que pone término alas conversacio- ofrendar al regazo cómodo de su asiento. BIBLIOTECA DE A B C 218 LAS D O S BARONESAS 219 -Querida prima- -pregantó Jorge á I, eonida, ¿queréis concederme un ínstánte; deaudiencia? ¿Tenéisque hablarme? -Sí. -Bien, venid á mí habitación. I i í 1 i 7 J o r g e l as i g u i ó 5 -T- D S u 3 i s o n o m í a e x p r e s a b a t u r b a c i ó n t -Séntaps- dijo Mád. de Tréves, despuésde haber cerrado la puerta del saloncito que; precedía á su cuarto. -Y ahora, ¿qué; hay? -añadió con inquietud. -Parecéis como dominado de srán turbación. ¿No me ha, dicho el médico la verdad- toda? 4 í 1 ¡t ri ft i t i f- r Jr f l ti í Mr. de Nefville, aprovechando la ocasión de caminar hacia su objeto, por los tortuosos, caminos que había preparado, supo aumentar todavía más la i expresión de vacilación marcada en su rostro. Lo temo- -murmuró, 1 ¿Está Max peor de lo que se cree? -Sí. ¿De. q u é e n f e r m e d a d? i A. j, prima querida; para el Drv Marais, como para mí, la eníermedad PR la mis, ma! i; ñ X sí -A i r 5 j i 1 i í V Léoñida se inmutó. ¿Qué decís? -exclamó. -Digo lo que pienso y tengo la seguridad de expresar al mismo tiempo el ensami. ento. del- Dr. Marais. Su fisonomía ablaba por él ¡mientras respondía á vuestras, preguntas, ó pormejor decir, mientras no respondía. ¡Me amedrentáis! i- ¡Mi deber es deciros toda la verdad, tal cual es, por muy doloroso que os sea oirla... Así. ospagaré mi deuda de. agradecimiento... Así os daré la- prueba irrecusable de mi profundo, de mi ardiente afecto hacia vos. -Primo. -T- murmuró la joven á quien sorprendía el acento de Mr. de Ner, T i l l e v El doctor Moráis se despidió de Mad. de Tréves... -He aquí la fórmula de una poción que mandaréis á buscar en la farmacia Qodeiot, calle Grande, de. Gha. ntílly. -Voy á enviar á Chantilly... ¿Estapoción debe ser tomada en una sola vez, ó á regulares intervalos? -En una sola vez, señora; una hora antes de la comida de la tardé... El doctor Marais se despidió- de Mad. de Tréves, que le acompañó con Mr. de Nerville hasta: 1 a puei ta del chalet ¡Oh, por Dios! -prosiguió Jorge, -no me interrumpáis... Dejad que mi co... razón se desborde. Á este, cariño sin límites, á esta ternura ínfínita, ardiente y respetuosa á la vez, deberéis, quizá, la tranquilidad deLporvenír, la dicha y... ¿quién sabe... la. vida. Leonida miraba con terror al que hablaba así. ¿Tenéis completa confianza en Mr. d Harblay? -prosiguió. Completa, sí. ¿No s e o s ha ocurrido nunca que Luciano d Harblay, con la mejor buena tg. del mundo se había engañado con respecto á Max, y. creyendo curar un mal incurable, no hacía más que contenerlo? -Leonida meneó la cabeza. ¿Cóino se me había de ocurrir eso? -prosiguió. -Yo no dudo del doctor, v doctor me ha asegurado veinte, veces que Max estaba curado. -r ¿Sí se engañase? A ¡Es imposible! -Nada es imposible, sobre todo, el error... Yo aseguro que el Dr. Luciano d Hafblay ha cometido un error...