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NUMERO 74 S A B C MIÉRCOLES 19 DE JUNIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. -Por mi, no hay inconveniente- -parece que contestó la prendera. -Siéntese usted en una silla y effjere todo cuanto quiera. La señora en cuestión se sentó á la puerta del establecimiento, por la parte de adentro, y esperó. Una hora más tarde llegó V. icenta á, su casa, y al ver á la señora que estaba en la prendería, se marchó dé nuevo. ¿Quién era esta señora? ¿Qué relación puede tener esta señora en el hecho de autos? r K n la verbena? Siguiendo nuestras investigaciones, hemos oído asegurar que la víspera del crimen estuvo Vicenta en un café situado en lugar próximo á la casa del crimen, acompañada de un caballero de barba negra. Momentos antes de retirarse, ella preguntó: ¿Quieres que cenemos? -No- -dícese que contestó ella, -ceñaremos en la verbena. Salieron, y al llegar á la puerta entraron de nuevo para pedir al camarero que les sirviera un verrnouth. El testimonio puede ser de gran importancia porque el c ¿ifé de referencia está próximo á la casa de Vicenta, y es de presumir que los camareros la conocieran. En cuanto se concibió la sospecha de que el asesinato de Vicenta Verdier podía haber sido cometido por algún amante que no fuera el hasta ahora conocido, se dedujo la probabilidad de que la víctima hubiera recibido cartas, tanto por el correo interior como por las agencias de mensajerías. Claro está que el primer conducto, facilísimo de comprobar, poco interés podía ofrecer á las investigaciones policíacas como no fuese el de confirmar que la vida de Vicenta no era tan recatada y tan fiel á la persona que la sostenía, como hacían suponer las declaraciones de la vecindad. Por lo que se refiere á las agencias, el caso es distinto. Lanzados en el camino de las suposiciones, cabía suponer que alguna de estas cartas hubiera sido escrita con contestación pagada. Si esto hubiera ocurrido, ¿quién duda que acaso á estas horas la Policía podía esta camino de una buena pista? Por eso extrañó muchísimo que esta inves tigación tan sencilla y al alcance de cualquiéi profano, no se les hubiera ocurrido á los en cargados del esclarecimiento de este drama. Pero sí se les ha ocurrido; no con la pronti tud que hubiera sido de desear, pero en fin, má vale tarde que nunca. El agente Tafalla, cumpliendo órd nes d sus jefes, realizó esta investigación por la mañana. De resultas de ella quedó demostrado que, en efecto, Vicenta recibía muchas cartas de hünibrí En el reconocimiento practicado en casa dé Vicenta no se ha encontrado el menor indicio de esta correspondencia. ¿Qué haría Vicenta con estas cartas? ¿Las rompía. cómo mujer prudente que quiere verse libré de posibles disgustos? Es lo más prpbable. ¿Las daba á guardar á alguna amiga íntima? Cabe suponerlo. Es de suponer que la condena impuesta no e habrá cumplido sin una escrupulosa revi ¡ión de esas hojas impresas ó litografiadas en ¡olores, donde un sadismo vulgarísimo se desita. Alguua nota marginal, una fecha uhuom) re, torpemente escrito porel reciente afán ca ¡gráfico de Vicenta, pudieran decir más que as infructuosas investigaciones policíacas. De las, cartas que Vicenta recibía, ¿pudo ha- larse alguna entre esas páginas abominables? Razones varias abonan la creencia de que no debía ser Vieenta quien comprase tales libros; del amante oficial no es creíble un regalo semejante; el propio Arnal, en una ocasión, cambió con Vicenta libros de dudoso texto. ¿Quién pudo regalar á la pobre víctima, tres, cuatro de esos libros francamente pornográficos? PAGTN 5 La Voz dé Valencia, órgano de la Liga Católica no defiende esta gestión. I uez especial. El presidente de la Audiencia lia designado al juez del distrito de San Vicente, de esta capital, para que instruya causa en Castellón y depure responsabilidades por los últimos sucesos. UNA MUJER DEGOLLADA CONTINUA EL MISTERIO El día de ayer. diligencias judiciales Sin que las practicadas durante el día de ayer diesen como resultado positivo grandes novedades, ni mucho menos las sorpresas que se anunciaron, liubo mucho más movimiento que el día anterior en la Casa de Canónigos. El Juzgado instructor se constituyó á las 4i ez de la mañana. Declararon ante él a l a n o s parientes de la infortunada Vicenta, sin que sus manifestacio nes aportaran nada nuevo al sumario. También compareció un amigo intimo de aquélla, el mismo que dio cuenta al amante de lo que acababa de suceder en la calle- t u descos. Dijo que conocía á la interfecta, y que algunas veces había cenado en con p mía de ésta y de su amante. Por la tarde comparecieron de nuevo Raiael Guerra, Faustina, la hermana de Vicenta, única persona de la familia con quien se trataba, y María Moreno, hermana; de la novia de anión Arnal. El resultado de estas declaraciones tué totalmente infructuoso, pues no señalan pista alguna ni arrojan un ravo de luz entre tanta sombra. Otro tanto podemos decir de las nuevas declaraciones prestadas por la portera de la casa de Arnal y la madre de ésta. C e dice... El cronista, en su aran de satisfacer la natural expectación que este misterioso suceso lia logrado despertar en el público, se ve obligado á recocer todos cuantos rumores llegan á sus oídos, en muchos de los cuales suele á veces estar la clave del suceso más misterioso. Amparados, pues, en el se dice... consignáremos que hasta nosotros lia llegado la especie de que Vicenta Verdier y la esposa del que seguiremos llamando amante oficial, se conocían, y aun habían hablado alguna vez. Se dice, asimismo, que en una de estas entrevistas se desarrolló entre ambas una escena violenta... Que este se dice tiene algunos visos de vero similitud, lo demuestra el hecho de que para lioy, á las ocho de la mañana, están citados á declarar algunos testigos que tal vez puedan comprobarlo. XTueva versión. También hemos oído asegurar, y también sólo á título de información lo consignamos, que hace un año, aproximadamente, se presentó una señora en una prenr ería que hay enfrente á la casa del crimen, con el pretexto de comprar una rinconera. Ajustó el mueble, y al ir á satisfacer su importe, le dijo á la dueña del establecimiento: -Mire usted, señora, yo no necesito la rinconera; pero ya que la he ajustado me quedaré con ella. Lo que yo ruego á usted es que me permita entrar en su tienda para ver si sale tina persona de la casa de enfrente. J ás vale tarde... res y oficiales de Cataluña, bajo cuyo protectorado se celebra aquélla. Teniendo en cuenta esta circunstancia, importa analizar ¡as consecuencias que para la región valenciana pue den derivarse de la Asamblea. Bien está que se conmemore, con valor puramente histórico, un suceso, por más que su trascendencia social no tenga la importancia que á primera vista parece. La guerra de Sucesión, como muy bien dice Llórente, fue más que civil, internacional; más que española, eu ropea Reconocían ya los aliados por Rey de España á Carlos III dé Austria, y aún no habían levantado bandera por él los que habían de ser subditos suyos. Cuando Basset desembarcó fea Denia, el reino de Valencia quedó más sorprendido que regocijado, y si el archiduque sé hizo uzgado especial. dueño de él, debióse no á la exaltación popuNo se coufirtna la noticia que hace días cir- lar, sino á la incapacidad del virrey, marqués culó en los centros judiciales de que la ins- de Villagarcía, y á su rivalidad con el general trucción de este proceso sería encomendada á duque de Canzano. un Juzgado especial. Si Carlos III juró los Fueros, el pueblo, que Por el contrario, se afirma que continuará no se manifestara disgustado por no jurarlos, tramitándolo el juez del Centro. Felipe V, simpatizaba con el Rey austríaco, tal vez más que por nada, por la impresión superficial de ve le en la procesión de la Virgen, de los Desamparados y en las Cacerías de la Albufera. Cierto que el incendio de Játiba es bastante á- íarcar huella indeleble en la memoria délos valencianos. Cierto que formalmente quedaban, diez días después abolidos POR TELÉGRAFO V 1 G 0, 8, UN, los Fueros de Aragón y de Valencia y reducin una modesta casita del barrio de Contó dos todos los reinos de España a l a uniformivivían desde hace algún tiempo Manuel dad castellana; pero, ¿acaso la verdadera anuRodríguez, su mujer, María, y tres niños pe- lación de las libertades forales no data délas queños. El mayor, Manuel, tenía diez años, Cortes de Monzón en 1626? Era entonces cuanValentín, cinco, y el chiquitín, Juan, seis do el Rey se negaba á jurar los Fueros y aten meses. día sólo á la petición de subsidios. Era entonMaría es vencedora de frutas, üsta mañana, ces cuando los nobles de Valencia decían que coíno todos los días, marchóse á la ciudad con más blandos al gusto del Rey y de sus minissu banasta de manzanas, dejando á los chiqui- tros, aunque atrepellen sus conveniencias y llos en casa, los dos mayores jugando en la derechos, éste es un mérito más para conseguir lo que suplican Era entonces, en fin, cuándo puerta y el pequeño acostado en la cama. No se sabe cómo, á los pocos momentos de concluyó la autoridad de las Cortes valenciahaber salido se inició en el interior de la casa nas, doblegadas en absoluto á la autoridad un incendio. Al ver las llamas que salían por la Real, como se doblegaron también al reunirse ventana, Manuel, el mayor, se acordó de que otra vez en 1645, su hermanito dormía en la cuna, y sin calcular Pero aun concediendo la trascendencia poel peligro á que se exponía, se arrojó denoda- lítico- social que se quiera al decreto dado en damente en medio del incendio, No volvió á el Buen Retiro á 29 de Julio de 1707, aun consalir. cediendo importancia grande al factor históriCuando terminado el siniestro, que destruyó co para basar en él una concentración de la por completo la casa y los enseres, entraron los vecinos, hallaron entre los escombros, fuertemente abrazados, Jos cadáveres carbonizados PKIM SIJEMPIÍE de los dos hermanitos. El padre se había embarcado ayer para Amém vm. iiniiiniMiaii mr JHffi o m N U M AS BB n rica, como camarero, en un vapor mercante. DOS NIÑOS CARBONIZADOS E l MAKÜUÜS DEL RKAL TtóURO EN EL SENADO FRANCÉS POK TELÉGRAFO PARÍS, 1 8 8 N Descartando El Satiricen, de Petronio, cuya ASAMBLEA REGIONAL mala traducción, mutilada y torpe, lo pone á salvo de la crítica pudibunda, los libros de ViDE VALENCIA centa eran algo más que inmorales, soeces. Lá persecución queá la hora de la venta no APELACIÓN ALA Él día 29 de este mes, por iniciativa de la realizan las autoridades, fue decretada á rajaREALIDAD Sociedad Valencia tabla en el domicilio dé Vicenta por el señor juez. Condenada al fuego quedo, y ya se ha Nova, Se celebrará en dicha ciudad una Asamcumplido la sentencia, la singular biblioteca, blea para conmemorar la abolición de los Fuecuyo catálogo es imposible de hacer, ros. Allí acudirán representaciones partícula- Observaciones atinadas. Dice el Heraldo C u ía sesión celebrada esta tarde por el Se- la Central. Montera, 21, duplicado. nado, ha sido aprobado un proyecto de ley, declasificando las plazas fuertes situadas en la frontera de los Pirineos. Pof reforma en la finca de la Carrera de San Jerónimo, mím. 3, liquidamos hasta fin de mes todas las existencias de nuestra casa éri abanicos, TRIBUNA LIBRE y sombrillas, por traslado al? y 9 de la misma calle. nC. r CHOCOLATE HELADO Especialidad de la casa Tiipiu: i ¡íi! us, so sirve ea DCCf itDhñ L r í l V l M M. González. Montera, 22. A de alhajas, gusto y economía. IIA EMPEZADO L. V FABRICACIÓN de la celebrada B A R A J A IDEOGRAFÍA, precioso é instructivo juguete para niños y adnUos analfabetos. I reeio: 20 ets. una, más 80 céntimos enviada por correo certilicada. DEBUTO 13 XTOS desde 10 barajas. LITO i í AFIA JEREZ AIS A, Jerez de f a Frontera. BIBLIOTECA DE A B C 208 4 JÍA 3- DOS BARONESAS 205 Jorge, cuyo recelo aumeataba con la curiosidad, hizo lo que le decía la joven, y entró. La joven cerró tras él la puerta; le hizo entrar en el cuarto que Ssrvía tíe gabinete á Luciano, y principió la conversación por estas palabras: ¿De manera que no sabéis la noticia? ¿Qué noticia? -preguntó Mr, de Nerviiie, tmgienüo admirablemente la sorpresa. -Una desgracia bien grande. ¡Me asustáis... -La cosa no es para menos. ¿Ha sucedido algo al Dr. Luciano? ¡Ayi- -Explicaos pronto, por favor... ¡Me hacéis morir de inquietud! -Pues bien; esta noche han hallado el cuerpo inanimado de Mr. d Harblay en la tercera calzada de los estanques de la Reine- Blanche. ¿El doctor ha sido víctima de un accidente? ¡No de un accidente, sino de una tentativa de asesinato... Jorge palideció, y tuyo que apoyarse en un mueble para no caer. Las palabras tentativa de asesinato acababan de herirle en medio de? pecho. Tentativa significa un hecho frustrado. ¡Luciano no estaba muerto! ¿lian querido matar al doctor? -exclamó Jorge. -Sí, señor. ¿Y se conoce al asesino? -No, señor; pero se le conocerá... Parece que es un cazador... Un cazadoi furtivo, que ha tomado al pobre Mr. Luciano por un guarda y le ha disparado un tiro. Jorge se había repuesto de su primera emoción y deseaba interrogar á la joven. ¡Qué es lo que tne decís! -dijo con aire consternado. -La verdad. Felizmente, la bala no entró en la cabeza, y no ha producido sino una herida muy larga. No ha faltado mucho para que la herida fuese mortal. -Un fin, ¿el doctor no ha muerto? -continuó Jorge con involuntario temblor. -No, señor, gracias á Dios. ¡Bendita sea su misericordia! Si hubiese muerto, ¡en qué estado estaría su buena y digna madre, á la cual estoy ayudando, v que tiene perdida la cabeza! ¡Se comprende! ¡Pobre mujer! -Por lo menos, ¿hay seguridad de que la herida no es peligrosa? -En cuanto á eso, sí, señor. El médico de Chantilly, que está en este momento al lado del señor doctor, promete que dentro de cinco ó seis días estará curado. El temblor nervioso de Jorge aumentaba. De nuevo pudo dominarlo. ¿Podré ver á Mr. d Harblay de parte del barón de Tréves? -preguntó. -No sé. Voy á ver á la señora, y le diré que estáis aquí. XL 1 V i tLé pareee que me habéis dicno, Brigard, que el doctor venía de Pointarmé- dijo el guarda mayor. -De Pointarmé, donde había hecho una operación- -respondió Brigard. -Por consiguiente, bajaba el camino de la Mesa para tomar la calle de árboles que conduce á la estación. -En efecto, es probable. -Me permito afirmar que es seguro. ¿Dónde tiene la herida? -En la parte superior de la caoeza, al lado izquierdo. La bala ha entrado por aquí y ha rodeado el cráneo. Al decir lo que precede, Brigard se había quitado. el quepis, é indicaba con su dedo en la cabeza el sitio de la herida del doctor. -Mr. d Harblay caminaba, sin duda, con la cabeza baja á causa del viento, 1 cazador debía estar al acecho allí, en frente, con los ojos fijos en el abrevadero, esperando la caza... Eu las malezas es donde debemos principiar unes- tras pesquisas para ver si descubrimos huellas: Dirigiéronse ala calle de árboles, cuya barrera estaba abierta. De cada lado de esta calle, creemos haberlo dicho, se encontraban taludes cubiertos de césped. -Registremos el lado izquierdo- -dijo el guarda mayor. Examinaron la hierba cuidadosamente, á fin de cerciorarse si había la señal de algún pie. Las ramas que se entrecruzaban á la altura de un hombre fueron escudriñadas, asícomo el suelo, -El viento ha barrido las hojas, y la tierra está seca; tendremos trabajomurmuró uno de los guardas. -Veamos hacia la derecha- -prosiguió lacónicamente el guarda lUayor. En el momento de llegar al talud de la derecha se detuvo y áeñaló sitios hollados. -El asesino estaba en estelado- -dijo; -aquí están sus hud. -ss, Los guardas se inclinaron uno después de otro. Santiago Habcrt hizo como ellos. Veíanse en la hierba, mezcladas con musgo, señales perfectamente distintas de tacones. ¡Pardiez: -exclamó Brigard- ¡Es claro... Por aquí ha bajado, y el que bajaba traía zapatos fuertes, zapatos de campesino. El guarda mayor subió por el talud, examinando siempre las huellas, que eran visibles. Una mata de encina que se encontraba bajo el haya grande, tenía ramitas rotas. Detrás del haya había señales de pasos. Las suelas gruesas con clavos habían hasta cierto punto apisonado el musgo.