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NUMERO 744- B C. MARTES 18 DE JUNIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 3 1 MADRR 1 D. HUNDIMIENTO DE UN PUENTE E EL MANZANARES. ESTADO EN QUE QUEDÓ EL PUENTfe VERDE, DERRUMBADO ANTEAYER A ULTIMA HORA DE LA TARDE Fot. ABC. A -e EN EL; MAR, POR ÉSGA DE SARDINAS El: vaporéito de máquina, y dentro de él voy yo, improvisado pescador de sardinas; lo tripulan seis hombres, bueñas personas, bien tostados por e! viento de la mar, bien curtidos por el embate de los peligros. l M i I luertof tófí Sale el vapoíreito corriendo, como si tuviera prisa por anegarse en la magnífica soledad del Océano; yáporcito pequeño, armado con la mayor sencillez, s, in mástiles ni aparejos complicados, sólo con una enorme chimenea humeante; uhá, proa que se. hunde en el agua vigorosamente: y un; timón para orientarse. Con tan simple, menaje; este barco, que tiene: apenas ocho; metros de largo por tres de ancho, se dispone, á recorrer el- mar y perderse en el horizonte, iejpsde íá casta, á merced de una súbita borrasca. Como en él: barco: no hay muchas comodidades, los marineros; van. de pie, cruzados los brazos, -chupando- la. colilla, del pitillo. Yo me acomodo en la proa de la navecilla y miro en torno la -bahía qué se queda atrás, la eiudad que se oculta detrás de un monte, las casas campesinas que blanquean entre la verdura de los collados, y las montañas austeras en la lejanía; y el cielo íijnpio, transparente como un cristal azulado, y- el sol, por ultimo; el soberbio sol qué ahora acaba de levantarse por encima delá sierra y que alumbra. todas las cosas con su generosa luz. Ah, condenada tierra, cómo te vas alejando, reduciendo, achicando ante mi mirada... I, a tierra: se empequeñece cuanto más se ensancha el mar, á cada esfu. erzo de este valiente vaporcito, élOcéano se extiende y agranda y ajáppta un aspecto sublime, como el que debe detener el desierto; parece el mar como un nuevo mundo, donde la vida es diferente, dondé no sé- oyen ruidos vanos, donde la vida circula en una forma njás olímpica, grave y potente! Allá, queda atrás la tierra... ¡Miserable, pequeña, jactanciosa, plebeya tierra; cómo se empequeñece á mis miradas! El Océano le tiene guardado un desprecio. de todos los. siglos á esa tierra cargada de cosas inútiles, sembrada de seres envidiosos, llena de podredumbre; el Océano desprecia á la tierra; el Océano, el gran señor del Universo, el que vive la vida triunfal de un dios, matando cuando quiere, acariciando cuando le p i a c e escondiendo en el abismo toda clase de suciedad; siempre limpio, soberbio, inquebrantable, siempre mirando al cielo y ala eternidad. Él vaporcito no se cansa de navegar, y cuanto más lejos navega, más contento hunde su pi; oa en el agua. El mar está llano como un rió; el azul pálido del; cielo se confunde con el azul blanquecino del Océano; el sol asciende en el espacio, y parece huir de la tierra y venirse hacia el mar. Pasan rozando, el agua las gaviotas; graznan, rondan en círculos capri ¿hosos, mojan sus alas, remóntanse, se van. Una vela blanquea allá lejos. Un vapor muy grande viene- de la costa, se acerca triunfálmeñte, lanza negras bocanadas de; ¿umo; aüye 1: en línea- recta, desaparece: en él: Horizonte. Emerge del mar un silencio... Pero este siíenció del mar no pviede explicar- 1 se, sencillamente porqué no tiene semejanza c. pn ningún silencio de la tierra. No es el silencio de los pinares, allá en la hora del mediodía; cuando se aquietan el viento, las hojas y los abejorros; noes el silencio de la noche profunda, cuando sale la luna sigilosamente, como un criminal; no es tampoco el silencio de la llanura, cuando se ha segado la. mies y no quedan ni matas ni hombres, ni siquiera aire en los solitarios campos; éste es otra clase de silencio. Es un silencio que no produce angustia, como él de la noche, el de los pinares, el dé la llanura rasa; por el contrario; el silehcio de alta mar infunde en él alma como un íntimo gozo, cómo una impresión sedante y confortadora; es Un silencio augusto que inicia en la mente ideas de eternidad y de- fuerza; sé siente, el ánimo cómo henchido; de: una resignación fatalista; la misma inminencia del peligro hace que el aliña se desprenda de. toda inquietud pueril. No hay asidero, no hay un punto firme alrededor; los pies se mueven en el vacío; va el cuerpo suspendido sobre un abisma, y encima esta él otro abismó del cielo; una racha de viento, uña ola, y el cuerpo se hunde en la eternidad... Ésta misma inminencia del peligro, la visión? transparente y real dé lo Contingente déla vida, hace que el ánimo se llene cómo de uña gozosa resignación fatalista. Entretanto, los hombres, mis compañeros, preparan la faena de lá pesca. Hay que tender las redes, -buscar primero el banco de la sardina, alar abordo los apárejosjtrabajar. Pero la pesca nó aparece, los peces no quieren dejarse coger. ¡Picaro oficio! Ahora que la inacción convida á conversar, me uno con los. hoínbres y fumamos juntos. ¡Buenas personas! Me cuentan cómoes su vida, cómo son sus; azares, y me lo cuentan en ese idioma de nuestros abuelos los itjéros, el laberíntico vascuence. L, a vi la nuestra, amigo mío, es una vida diferente á la de todos los hombresque trabajan sóbrela ierra. En tierra firme ekiste un plan inexorable que consiste en la ley defa siembra y de la recolección; él labrador siembra y cosecha; el comerciante compra. y vende; el obrero construye y termina su. obra; pero, nosotros no sembramos. Nosotros estamos sujetos á la contingencia dé la fatalidad, y así como nuestra vida está entregada al mar de modo; que puede llevársela cuando quiera, nuestro pan sigue el mismo destino. Salimos del puerto, no cuando queremos, sino cuando el mar nos lo permite; echamos las, redes, y cuando las izamos, igual pueden venir llenas que vacías; volvemos al puerto y nos preguntan: ¿qué traéis? Es decir, que nuestro trabajo no tiene inmediata. recompensa; es un, trabajo hecho, al azar, bajo la ¿tirada del destino. Pbr eso lá gente del mar tiene ideas, sentimientos, costumbres completamente distintos de los otros hombres. Til marino no puede confundirse en una. multitud; en seguida se distinguirá por su manera rie andar, de moversey de interpretar las cosas. Vivimos á merced del destino! No participamos, de: lps; prejuicios- del hombre de tierra; el. ahorro no ío xÓñocemos, ni la ruindad de la perseverancia y del egoísmo acumulador; el espíritu; del: labriego es para nosotros una cos. a desprecíablej y como el- mar vive al día; sin cuidarse de lo que hará- mañana, también nosotros vivimos al día, y nos acostamos esta noche con la negligencia del que. ignora. si ma- ñaña podrá comer ó si rñorirá en el agua... En invierno es muy dura nuestra faena. Mientras vosotros estáis en tierra calentándoos al fuego, nosotros andamos aquí entre olas, con mucho frío, con mucho riesgo... En este momento acaba de divisar el. patrón un banco dé sardinas, una brusca maniobra del timón hace virar á la nave, y la: nave corre diligentemente hacia donde; está la pesca y el pan de estos pobres hombres. Y ahora es uandoseíne ocurre; á. mí pensar en la. complicación de los hilos que unen entre sí- á los humanos, en. la ignorancia con que vivimos los unos de los otros, en la injusticia del premio. La mitad- de los hombres ignoramos cómo vive la otra mitad, y una infinidad de heroísmos quedan obscuros y en el silencio. Para que unos coman, están otros porfiando con la muerte, retándola cara á cara. Cada una de las satisfacciones con qué embellecemos nuestra vida, ¡qué caüdalde sacrificios y de afanes encierra! Al agarrar; él tenedor, ¿pensamos siquiera un instante en el trabajo que han empleado unos; hermanos nuestros para que podamos nosotros córner pulcramente; pensamos én lá mina obssura, la fundición, el taller, los barcos comerciantes, los impuestos, los soldados en las fronteras, las escuadras en las costas? Cuándo co ¡memos ese humilde pan, ¿tenemos en cuéntala solicitud. del labrador, la escarcha, el sol, el pe- drisco, la: vida solitaria y pobre? -Y; en ese pes 7 cado que ahí, sobre el mantel, nos. ofrece su ¡carne blanca, ¡qué horrible tragedia se esconde, una tragedia, de noches temerosas, -de lluvia, viento, rayos, olas implacables, Nuestra vida social es una red inmensa tejida con hilos de. llanto, de energía, de valor. Cada uno de es un hilo que: se une á ptro hilo, y entre todos formamos esta redad- mirable de lá humanidad. Xa reciprocidad es el espíritu invisible que mueve los hilos. Ycada. uno aporta su heroísmo; el de tinos es brillante, el de otros humilde, el de algunos fecundo y generoso, el de los otros. pequeño y, ruin; pero la red sigue tejiéndose eternamente y el destino: la lanza en el mar del infinito, y recogemos... ¿qué? de un. clima más agradable- del; que- en Madrid se disñuta! 7 ¡Este Madrid es horrible! -Aquí no hay quien no sucumba en cuanto el calor aprieta, y de su poder abusa. -Yo me bebo ai día siete litros de 1 horchata de chulas. -Yo duermo con el botijo; él es mi esperanza única para ver si me: refresco, y no lo consigo nunca. -Por eso me marcho de este v Madrid; que el cielo confundí huyendo, de sus calores y á gozar de la frescura. conque ¿os brindan las playas cantábrica ó andaluza. ¡Qué playas las del Cantábrico ¡Y qiié puertos los de Asturias! ¡Qué San Sebastián de míf; álmá! ¡Y qúé Eilbáo! ¡Y qué Coruñíi! -Pues ¿y Alicant ant Valéncis J -Nada. ¿Y Cataluña? ¡Sí, allí el calor no se siente! ¿Y Galicia? ¡Si. apenas se suda! -Y luego, es tan saludable aquéllo, qué allí no hay ni una enfermedad. ¡Ay, si aquello es la gloria! ¡Sin disputa! E s o sí, cuándo algún día hace el calor dé. las suyas, e n S á n Sebastián. r, qué á, su rigor no sucumba, porque es mucho más pesad que un discurso dé Abarzuzá. r- rPorqwe ¡mire, usted que. aprieta -Cpino que si usted ine apura le, diré que allí hace, mucho más calor que aquí. -Sin d u d a -N o h a y n a d i e! COPLAS DEL MARTES. V 1 DE ACTUALIDAD -De manera que la marcha... ¿Muy pronto, doña Canuta, porque eV calor de la corte no hay cristiano que lo sufra. ¡Ay, qué envidia tengo átodo los que se dan á la fuga apenas llega el verano, y se van por ahí en busca -Esto es lo malo que tiene San Sebastián, -5 (las pulgas, pues fá sabe usted, señora, que: el maldito insecto abunda en la, playa de la Concha de. una manera que asusta ¿Y Valencia? -Si no fuera porque allí dan calenturas y el calor es asfixiante, Valencia no me disgusta. ¿Y Alicante? -Me entusiasma. y pasamos quince días, ¡qué días, doña Canuta! ¡Qué animación, qué bullicio y además, qué baratura! ¡Ayl Pero, hija, los mosquitos daban á diario una música A l l í e s t u v e c o n m i laucas,