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NUMERÓ 743 C N HONOR D e ECHEGARAY A B C LUNES 17 DE JUNIO DE 2907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 C e r r ó l á sesión el ministro de Instrucción pública, imponiendo. á nuestro sabio eximio la primera níe dalia de oro del pre mió Echegaray y pronunciaüdo con esté motivo un breve discurso, coronamiento de este solemne testi- monio de justicia rendido á la prodigiosa labor del infantigable hombre de ciencia, honor de nuestro país y de nuestro tiempo. Instituido por laReal Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales- un preiñio al mérito científico, con el nombre ilustre ñe Echegaray, p a r a qiie cada tres años sé otorgue- á. quien den- tro ó íuera de la nación se haya distinguido en grado eminente por sus trabajos en las materias que son objeto de estudio de dicha Academia, I A REFORMA c er tarde se celebró en la misma con toda solemnidad la adjudicación de la primera uestión previa. medalla de oro. Comprendo que al ¿Quién podía recipáfej y sobre todo á birla mejor, en primer los partidos, interesan término, -que él propio otros proyectos de ley, Schégaray, á cuyos coetáneos del de reoí talentos y pluma, tanganización de la Mato deben- las ciencias rina, m á s q u e éste; físicas y exactas? Así, pero éste merece atenel acto de ayer fue ción por su trascencumplido homenaje á dencia en la vida insu inteligencia y. á su ternacional, por su labor. importancia financie A él na concurrido ra y porque én su esta Academia, en pleno, pecié es sin género de con representación de duda, más perfecto que; las demás doctas Cor- sus hermanos geme- póráeipnes. IPS. Empezaré dicién La. sesión comenzó do q u e p o r primera á las cuatro y inedia. vez el Parlamento esEl salón estaba literalpañol va á examinar mente lleno. En el púun plan de reforma blico- veíase á muchas militar con pies y car señoras. Ocupó la pre- bezá, lo cual no es desidencia, por su cargo cir que el plan sea perde ministra d e I n s fecto, ni mucho menos trucción publica y en único posible; pero anrepresentación del tes de hacer la crítica. MADRID. EN LA REAL ACAD EMJA DE CIENCIAS en otros tres artículos) Gobierno, el Sr. RodríSOLEMNE SESIÓN VERIFICADA AYER TARDE, BAJO LA PRESIDENCIA DEL MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA de sus tres partes consguez San Pedro, que SR. RODRÍGUEZ SAMPEDRO (i) PARA ENTREGAR AL PRESIDENTE DE LA CORPORACIÓN, SR. ECHEGARAY (2) titutivas (política naen breyesirasesexpli- LA PRIMERA MEDALLA DE ORO, DEL PREMIO DÉ SU NOMBRE val, organización de eó el objeto dé la sesión Fot. A B C servicos para asegurai é hizo láritual presentación del sabio agasajado. En nombre de la esta política, presupuesto de armamentos- y Academia, elfSr. Rodríguez Carracido, en dis servicios) he: de dedicar el presente á cantar curso entusiasta que hubo de- leer, marcó á una de esas victorias que tan a menudo rae grandes irásgos la personalidad compleja de lisonjearían como publicista si no me amargar Echegaray, tantas veces. admirada: por la plusen como patriota. ralidad de sus aptitudes, destacando del fpndo f uañdo. á fines de Marzo se crea la Junta de de. su oración los merecimientos del propagan la defensa nacional, renunciando á caridista, científico y evocando el recuerdo de aqiie- ñosos plácemes, tuye el disgusto de decir, que Ha manifestación nacional; con que se le rindió la tal Junta- rii se. parecía al organismo director tributo, á raiz de. haberle concedido laAcadede la política militar nááóaal- que con insis- 1 mia- de e e j p T í f p tencia y pesadez venía yo defendiendo Sé Í ÍK labra y fpor escrito, flf SBíH tía pa? á náHá. Mí académico, sji -eis ííitu... sintético, sü influencia afirmación se ha confirmado antes de lo que en el medio ambiente, la, umiieación. de sus yo mismo esperaba, pues para preparar una ideas, la orientación de sus hipótesis, todo ello completa, tránsfo. r, mación de nuestra potencia lo ha tocado como; en- expresivo. apuntamiento militar naval, ni, el Gobierno, solemnemente en sü discurso el S. r; -Carrácido. representado enla. flamante Junta, ha señalado Los aplausos con que. le. acogió aquella se- rumbo internacional á- la política naval, ni los le. cta concurrencia fueron ovación ruidosa al Estados Mayores Centrales se han puesto. de levantarse á hablar Behégaray, ipara -agradeacuerdo para que fuerzas de mar y. tierra concer en su modestia los elogios, recoger sólo con currieran á un fin común, y unas y otras, su. noble orgullo eí díctado, de trabajador; estimar jetas sintéticamente y en buen reparto de cuola distinción de la Academia, responder c on tas, álos imperativos financieros del Estado. frasésafectuoSas al concurso del Gobierno á tal Mal podría ser eso cuando no hay óvgauo para acto y ponderar la. importancia de la vulgarila función, y el proyecto del general! FerranANVERSO Y REVERSO DE LA MEDALLA ENTREGADA AL SR. ECHEGARAY zación científica. BIBÜOTECA DE A B M a d d a r b l a y f i j ó i l o s o j o s e n- é l 198 LAS DOS BARPNESAS 199 ¡NP, HP, ríol eamo, no quiero amarle! t -Nos retiramos- -dijp él guarda. Después cayó en una especie de postración dolorosa que no era ni sueño ni insomnio, -Con todo m i corazón os d o y gracias, Mr. Brigard, á vos y á Mr. Santiago Habert, p o r lo q u e habéis hechiD: por, mi, hijo. Sobre todo, no. olvidéis d e man- darme u n médico de. Chahtíllyylo. mis pronto posible. r No h a y cuidado quefto plyid. e; i o s dos- hombres se; retiraron dejando. sola; á l a madre con el hijo. A ia p u e r t a s e separaron. -Os espero á las seis de l a m a ñ a n a en casa del g u a r d a mayor- dijo Brigard al m u d o apretándole la- mano, Santiago hizo seña de q u é alíí s e encontraría; después, subiendo a l carrillp guió la y e g u a por el; camino d é X a m o r l a y e mientras q u e Brigard volvía á t o m a r el d e los estanques. ¿Qué hacer? -se: préguntaba Santiago- Habert. ¿Debo advertir a m a d a m e I, eonida á mi. llegada al ¿Es mejor callarse? N o sabiendo áqué, pártid o dar- preferencia, era g r a n d e s u indecisión E n fin, resolvió que, en todo caso, np hablairía antes de haber visto, en compañía, de Brigard, aVguarda mayor, en Chantilly. Daban l a s a o s d e la mañana cuan do ab tíala verja del chalet- W e v ó l a y e g u a á la. ctiadra, y se o c u p o a toda- prísa en hacer, desaparecer ios- haces. de paja manchados 1 d e sangre, sobre IPS cuales, sin duda alguna, h u biera pedido e x p l i c a c i ó n e l jardinero. H e c h o esto, s e fué; á su cuarto, y se acostó en s u cama j vestido como estaba. A u n q u e rendido d e cansancio, -le fiíé imposible- conciliar el sueño. Se. levantó á las cinco, y á las seis en p u n t o llegaba á la puerta del g u a r d a m a y o r d e la selva. de Chantilly. Allí encontró á Brigard, que acababa de enviar u n médico á Coye, y q u e epataba el accidente de: la noche- é. -varios d e s u s compañeros, reunidos p a r a l a orden d e i a m a ñ a n a A l salir del cuarto d e s u marido, r Iveonida h a b í a vuelto a l suyo Allí, despojándose, p o r fíñ, ¿e l a car. eta- que le cubría el rostro, desde p o r l a mañana, dio libre curso á s u s lágrimas. ¡Conque es verdad! -murmuraba la jqven. ¡El dinero. es eLsoJo rey, ei solo señor del, m u n d b J C o n dinero acabo de comprar el corazón de m i suegra y. el amor d e Max, sí, suamor... I,o he comprendido e n el temblor d e s u voz. I h e leído en l a expresión de sus miradas... s í n o m e a m a todavía, m u y cerca está d e a m a r m e E n l a actualidad. sólo m e inspira desdén é indiferencia... y es elimomento q u e elige p a r a traerme a casa á Luciano d Harblay, á quien quería arrojar d e m i pensárniento. -y á, quien d e aquí en adelante veré sin cesar... Vanamente acepto todos- lps sacrificios, sufro, todas las penas; u n a voluntad q u e n o es la mía, e n s á n c h a l a herida qiie yo: t r a t a b a d e cicatrizar. Tengo miedo al porvenir, miedo á Max, á m í misma, á todo. ¡Qué vida l a mía! ¡Es p a r a volverse loca! I, eonida cogió entre s u s d o s manos s u ardiente cabeza, llena d e l p e n s a raieiito d e Luciano Harblay, y luchando contra l a evidencia, balbució: U- n. pocp antes de las. doce, todavía np dormía. Le pareció vagamente sentir pasos- en el corredor que daba servicio á s u cuarto. I, e importarja poco, y este ligero ruido n o la preocupó u n solo instante. E r a J o r g e de Nérville q u e volvía á s u cuarto. El? asesino al e n t r a b e n el parque, había ido en aerechura al pabellón d e tiro, colocado el rifle en el armero, y sobxé l a mesa los cartuchos q u e le q u e daban. E n seguida había vuelto, á s u cuarto. Su lámpara ardía á media luz. Subió la mecha para obtenerla m á s viva, se dejó ¡caer en u n a silla y e n j u g ó su frente mojada de sudor. Durante m á s d e cinco minutos permaneció inmóvil y: con los ojos cerrados. Al cabo de éste tiempo hizo u n movimiento brusco, sacó d e s u bolsillo l a Agenda, robada sobre el cuerpp. de Luciano d Iíarblay, y la abrió. Además del pequeño libio- que servíá para inscribirlas visitas, diarias, el. primer compartimiento de la cartera contenía varias cartas. Jorge. las examinó. sucesivamente. Ñ o tenían n i n g ú n interés para. él. N o era eso l o q u e buscaba. Visitó el s e g u n d o compartimiento, y esta v e z s e estremeció a l v e r e n e l á a guio de u n a hoja de papel de cartas, doblada en cuatro, en el sentido d e s u longitudjlas iniciales de s u primo, u n a M y u n a T, con u n a diadema de barón. Cogió esta hoja, la desdobló con. precipitación febril, y l e y ó L, a expresión del estupor más prpfundo- se pintó en su m i r a d a ¿Es pasible? -murmuró... Y leyó. por segunda- vez. i! H e aquí lo q u e su primo h a b í a escrito: Atacadp de u n m a l incurable, cóndénacío. á: la más: horrible, muerte, ppngo yo mismo, fin, á- una existencia qué, es u n suplicio, por las a n g u s t i a s y l o s t e rrores que. me d o m i n a n d í a y rioche, y firmo esta declaración p a r a evitar q u e se acuse a u n inpeente y M A X D E T R O V E S r C h a l e t d eI a m o r l a y e -He aquí el secreto que quería saber... -prosiguió Jorge. -Max duda de- sá curaeión... Tiembla ante la idea; de que- la, rabia, se: declare de na. momento á otrol Quiere que el Dr. Luciano d? Harblay esté á. suiláído sin: eeskr dispuestp á- macarle al primer síntoma de, hidrofobia, pues- ahora ama a. eoriida, y, temé por ella... ¿v -tas palabras pronunciadas, por é l cuando yo- estab; á en el quiosco, y que mt parecían enigmáticas, ahora se. me hacen clarascomo la luz... ¡Y bien, cuando el acceso de rabia se presente, el doctor no estará allí; pero antes de eso, habré decidido á mi prima á una separación necesaria... Luciano d Harblay.