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E R O SUELTO CRÓNICA UNÍ V ER SAJL I L U S T R VI A. ANO 11 h NÚML 740. 2 É P O CA te se causó al defenderse de la acometida de su No es exacto. agresor. Si este balcón hubiera estado abierto, el Se quitaron las ropas al cadáver y ei médico huésped de la casa número 14, que oyó los grireconoció todo el cuerpo de la interfecta, sin tos, hubiera visto lo que en- el interior de la ppreciar ninguna otra lesión. habitación ocurría. Y no vio nada, absolutamente nada. e aclaraciones. Tampoco vierpn nada las vecinas de los Acto continuo prestaron declaración ia portera de la casa y la vecina del cuarto inme- cuartos de 1 -calle de Silva, cuyas ventanas dan al tejado. ¡sto es realmente un DQCO exdiato al de Vicenta. Ninguna de las dos aportó un solo dato de traño, pero así es. interés para el esclarecimiento del crimen. Una l i n a perra fiel. y otra afirmaron que Vicenta no recibía más Cuando el teniente Alastúey y los guar- visitas que la de su amante jficial, él caballe- dias penetraron en la alcoba, encontraron al ro que la pagaba el cuarto. í, a última vez que lado c el cadáver, guardándole fielmente, una estuvo á verla fue hace cuatro días. perra Ele presa, la Nena, la única compañera de I, a hermana de Vicenta tampoco aportó nin- la infeliz Vicenta. gún detalle interesante, y lo mismo ocurrió El animalito no, permitió que nadie se acercon un médico, amigo de la víctima, que se cara. Xas pupilas brillantes, rígidas las patas, presentó en la casa al tener casualmente noti- enseñando los dientes, amenazaba con terricia de lo que en ella había ocurrido. bles gruñidos al que osara tocar el cuerpo de su ama p o r los tejados, Fue preciso echarla un lazo para sujetaría y I, a ventana dé la alcoba abierta, la teja en una: habitación, en donde estuvo rota y el hecho de estar la puerta de la calle encerrarlalastimosamente largo rato. cerrada con cerrojo, demostraron al juez, como aullando interesante, y muy digno de tenerse ya se lo habían demostrado antes al teniente enEs muy Alastúey, que el criminal buscó la huida por tancuenta, el hecho de que siendo este animal fiero y tan celoso no defendiera á su dueña el tejado de la calle de Silva. cuando la agredieron, ó por lo menos no laDispuso el juez que la Policía practicase un reconocimiento, pero como era peligroso y di- drase. muchas. personas que, fundadas en este Hay fícil para personas que no están acostumbra- detalle, suponen que la persona que cometió el das á ello, se reclamó el envío inmediato de una brigada de bomberos. El reconocimiento delito era asiduo concurrente de la casa. fue tan detenido orno estéril. Aparte de la teja rabajos del Juzgado. rota, no se encontró la menor: huella, el más A primera hora de la: noche compareció j pequeño indicio que señalara el paso del cri- ante el Juzgado de guardia, constituido en la minal. Casa de Canónigos, él amante oficial de la i m- E s t á es la hora en que no se sabe si éste per- fortunada Vicenta, el cual, según parece, nc manece escondido en alguna guardilla, ó s i l o- aportó ningún nuevo dato al sumario. gró ponerse en salvo, q u e es lo más probable, También declararon los hernianoS de la vícpor la escalera de alguna de las casas contiguas. tima, Paulina, Claudia y Mariano. imitáronse á manifestar que desde hacía n fumista. Por la mañana, momentos antes de la muchos años habían roto toda clase de relacioh o r a del crimen, u n a portera que estaba aso- nes con su hermana á consecuencia de la vida m a d a á u n a ventana de u n a casa d e l a calle desordenada que ésta llevaba, I, a declaración más extensa fue la de la porde Silva vio en e l t e j a d o á u n hombre. En los primeros momentos esta declaración tera, aun caando tampoco aportó nuevos decausó gran interés, pero en seguida quedó com- talles, concretándose á ratificar las manifestaprobado, de modo indudable q u e el sujeto en ciones que prestó por la tarde, áraíz de descucuestión era u n fumista, encargado por. el due- brirse el hecho; esto es, que Vicenta subía alño d é la finca de realizar algunas comcosturas gunas veces á casa acompañada de su amanté, y que no tenía la menor noticia de que tuviera en u n a chimenea. No obstante, se le h a citado á declarar, por otra clase de relaciones. El sereno de la calle de Tudescos, Juan Gonsi puede aportar al sumario al auna manifestazález, declaró que en el tiempo en que Vicenta ción interesante. habita en la casa núms. 13, 15 y 17, sólo cuatro ó cinco veces le había llamado para que abrieuién es el criminal? Se ignora en absoluto. Como sucede siem- se la puerta y que solía venir acompañada de pre en estos casos la fantasía popular inventa un caballero, cuyas señas coinciden con las del historia tras historia. Muchas son las que en la amigo que la sostenía. calle nos h a n referido; pero es lo cierto que de Generalmente venían en coche, y la niayoi n i n g u n a de ellas hemos podido obtener confir- parte de las noches traían la llave de la puerta. mación seria y verídica. El juez Sr. Martínez Marín ha pasado toda Xa más verosímil es la que hace figurar la noche trabajando, en su despacho, en el e como protagonista del drama á u n supuesto clalecimiento del suceso. Ha celebrado una laramante d e Vicenta, u n muchacho j o v e n que ga conferencia con. el comisario general, señoi la visitaba algunas veces y q u é otras la espe- Millán Astray, á quien dio órdenes reservadas je asomáronse inmediatamente al balcón, siendo vitoreados. S. M. el Rey tomó en sus brazos al Príncipe, mostrándolo al público, que repitió eon entusiasmo las aclamaciones. POR TELÉGRAFO Momentos después recibieron SS. MM. álas SAN JLDEFOX 90, 13, Ó T autoridades, que cumplimentaron álos Monarcas, expresándoles su felicitación por el nataI legada de los Reyes. Desde antes de mediodía comenzó á no- licio del Príncipe. Se han adoptado para la llegada muchas tarse animación, con motivo de la próxima lle precauciones que, afortunadamente, han regada de los Reyes. A las tres de la tarde cubrió la carrera el re- sultado innecesarias. gimiento del Rey. SEGOVJA, 1 3 i T Ya á dicha hora estaba todo el trayecto, has ta Palacio, lleno de gente, ávida de conocer al I legada á Segovia. vastago Real y de vitorear á D. Alfonso y á su A la hora señalada llegó el tren regio á esta capital. ¿augusta esposa. En la estación esperaban á los Reyes las auEl- tren llegó á las cuatro y diez. I, as autoridades cumplimentaron en el an- toridades, las corporaciones oficiales y comidén á las personas Reales, y seguidamente Sus siones civiles y militares. Una batería del regimiento de Artillería de Majestades ocuparon el automóvil, organizánsitio y la música de la Academia hizo los hodose el cortejo en esta forma: En la primera berlina- automóvil, el Rey y la nores de ordenanza. Bl inmenso público que llenaba los alredeReina. En el siguiente cocae, ei Príncipe heredero, dores de la estación aclamó á los Reyes. con su aya, la condesa viuda de los L, lan s. Tercer coche, en el que iban el marqués de Viana y los jefes de Palacio. Carruaje con los gobernadores civil y militar. Automóvil con la primera niñera y nodriza l Consejo que los ministros celebraron esta deS. A. mañana á las ocho y media en el ministeAl recibirse el avisó del arribo del tren, comenzaron á repicar las campanas y á surcar el rio de la Guerra duró tees horas. No asistió el Sr. Osma, que se encuentra algo indispuesto, y aire los cohetes. Al pie de la escalera de Palacio hallábase á la salida manifestó el Sr. Maura que los miformado el personal del Real Patrimouio, y á nistros habían tratado del proyecto sobre emigración, quedando éste aprobadoi su frente el administrador. Dicho proyecto- será leído en seguida en las ifeíe, que vestía uniforme de gentilhombre, -w siguiendo el eremonial de costumbre, hizo la Cortes. También se aprobaron en el Consejo de hoy reverencia al Monarca, poniendo en sus manos varios expedientes. las llaves del Patrimonio. El Sr. González Besada llevó varios proyecTambién formaba en la entrada y la escaietos y decretos relativos á servicios de su dera una sección de Alabarderos. I,o s Reyes, sin despojarse de la ropa de via- partamento. LOS REYES A LA GRANJA D CONSEJO DE MINISTROS E ir CRIMEN MISTERIOSO UNA MUJER DEGOLLADA 1 a casa números 13, 15 y 17 de la calle de Tudescos fue en las primeras horas de la tarde de ayer teatro de uno de esos crímenes que, sin traspasarlos límites de la- vulgaridad, están llamados á dar mucho que hacer á la Policía, salvo que la casualidad venga en su ayuda. A ntecedentes. En la referida casa vivía desde hace tres años aproximadamente, Vicenta Verdier, soltera, de treinta y cinco años, y natural de un pueblo de la provincia de Zaragozas Satisfacía el alquiler del cuarto un caballero, con el cual mantenía relaciones íntimas desde hace diez ó doce años, que la conoció siendo soltero y que en la actualidad, habiendo contraído matrimonio, se limitaba á visitarla de tarde en tarde. Hace cuatro meses despidió á la criada que la servía, y desde entonces vivía completamente sola. I, a vecina del cuarto inmediato la preparaba la comida, y una hermana, única persona dé la familia con quien se trataba y que está casada con un cobrador de la Compañía Madrileña de Electricidad, encargábase de lavarla la ropa y realizar otros pequeños menesteres. A casa de esta hermana solía ir Vicenta casi todas las tardes, de cuatro á cinco, y estaba. con ella hasta las siete, en que regresaba á su domicilio. Si hemos de dar crédito á las manifestaciones de todos los vecinos de la casa, Vicenta llevaba una vida metódica y tranquila. Si se exceptúa al caballero que subvenía á sus necesidades, jamás se vio stibir á la habitación á ningún hombre. Tampoco se notaron nunca en ella preocupaciones ni disgustos. pul crimen. Ayer, á mediodía, la vecina que la prepara la comida, entró en la habitación de Vicenta. Esta, que estaba en aquel momento peinándose, le dijo: Acabo en seguida, uando esté el almuerzo avísame. I a vecina se fue y Vicente quedó de nuevo sola, ocupada en su tocado. Poco después, alrededor de la una los vecinos déla Caiic escacharon gritos de ¡sogorro! ü n zapatero de t) ortal que tiene su tienda enfrente de la casa, salió alarmado ala calle para enterarse d. e. dónde procedían. Un huésped de la casajSiúníero 14, situada enfrente de la del suceso, dijo que provenían del piso tercero. ELbalcón estaba con las persianas cerradas impidiendo ver lo que deni. o ocurría; pero los existíales estaban abi rtos y Ips gritos se oían dagjs sin dejar la menor duda de que de allí partían. interior de la casa podía suceder, y le faltaba él necesario mandamiento judicial para penetrar en el domicilio, rogó á algunas de las personas que se hallaban presentes que actuasen de testigos. Sensible es consignar que ninguna de ellas quiso acceder á pretensión tan justa. El teniente tuvo que aceptar íntegra la responsabilidad del hecho. Con una llave que prestó una vecina se abrió el picaporte; pero la puerta no cedió. El cerrojo debía estar echado. En vista de ello, el cerrajero tuvo que forzarla. la puerta, el teniente y sus acompañantes penetraron en un pasillo de regulares dimensiones, en medio del cual, sobre los baldosines, había un gran eharco de sangre. Siguieron avanzando, y á mano derecha hallaron el comedor. Todo estaba en orden. A la izquierda del comedor? había un gabinete y en el fondo una alcoba. En esta alcoba, tendida á los pies de la cama, la cabeza hacia el lecho, estaba Vicenta, degollada. En el gabinete había signos evidentes de lucha. Un macetero caído por el suelo y rotó; algún mueble fuera de su sitio. Un armario de luna, colocado en un ángulo de la habitación, tenía las llaves de la cerradura ensangrentadas. Dentro, en un cajón, habían quedado marcadas las huellas sangrientas de unos dedos. Unos estuches de alhajas estaban abiertos y también con manchas de sangre. Xa víctima vestía una falda bajera, delantal y corsé. Oprimía con su mano derecha una pequeña imagen de plata de la Virgen del Pilar, de la que, indudablemente se apoderó en sus: últimos momentos. 11 criminal. Se recorrió la casa. EÍ autor del crimen no se encontraba en ella, Todas las habitaciones estaban en orden, cerradas las ventanas, Únicamente la de una alcoba interior, próxima á la cocina, se encontraba, abierta de par en par. Esta ventana da al tejado de una casa vecina de la calle de Silva. Por esta ventana debió huir el asesino. Algunos detalles observados, á primera vista, lo confirmaron; la distancia, un metro escaso; una teja rota en el arranque de la línea. Al tejado ae esta casa dan los ventanales de varias guardillas. En la cocina, sobré el fogón, había una cacerola de barro con agua enroiecida y un paño ensangrentado. p l Juzgado. Confirmadas las sospechas de que se trataba de un delito, se avisó de nuevo al Juzgado de guardia, esta vez ya dándole detalles concretos. Inmediatamente se constituyó el juez señor Martínez Marín, el escribano habilitado don IYUÍS Rubio y el alguacil Barrios. Poco después llegaron el delegado- del distrito, Sr. Caro, el fiscal de la Audiencia, señor Mena, y, más tarde, el comisario general, se- ñor MillánAstray. Por primera providencia, el juez dispuso que un médico de la Casa de Socorro reconociera el cadáver. Practicó el reconocimiento el Sr, I eyda, quien aprecióiuna herida- en el cuello de te- rribles proporciones, que secciona casi la tráJ quea. Además, Vicenta tenía dos cortaduras en la palma de lamauo derecha, iddbl Q En la casa. Franqueada E raba en la puerta. Xa portera y las vecinas de la casa niegan en absoluto esta versión. Ya lo dijimos antes. S e g ú n ellas, Vicenta n o recibía más visitas que las de su amigo y protector. Xa portera j u r a y perjura q u e ayer m a ñ a n a no vio subir á nadie. Xa vecina que la sirve el almuerzo afirma que cuando á mediodía entró en la casa, Vicenta estaba sola, peinándose. Qué el criminal és u n hombre sereno esposa indudable. Nadie que n o posea gran Serenidad y enorme s a n g r e fría es capaz de gastar tiempo en registrar cajones, abrir estuches y lavarse las manos, sobre todo, después de u n a lucha en la que h u b o ruidos, en la que, la víctima dio gritos d e socorro q u e podían ser oídos, como lo fueron, por vecinos y transeúntes. Que el criminal lo temió así lo demuestra el hecho de que n o salió por la puerta, sino por la vent a n a del tejado. El salto que debió d a r es u n salto difícij y arriesgado para quien n o esté acostumbrado á andar tejas arriba, p o r q u e el tejado n o está situado perpendicularmente debajo d e la ventana, sino a u n lado, y es necesario saber guardar el equilibrio. En vista de eIJo, eí zapatero y algunos transeúntes qué atraídos por la curiosidad se detuvieron, corrieron, uaos á avisar á la portera y ouos a aai cuenia de i.o que sucedía á la Comisaría del distrito ida en la travesía de Morí ana, á pocos u áe la casa. Inmediatamente él teniente de Seguridad Sr. Alastúey. acompañado de los guardias números 37 y 59 y del alcalde de barrio Sr. Pérez Chozas, que casualmente pasaba por allí, se encaminaron á la asa. I, a puerta estaba cerrada, lílaniaiun, y conio ya había ocurrido antes con la portera, nadie contestó. El Sr. Alastúey, en vista de ello, ordenó que Se llamara á un cerrajero y que se avisara al Juzgado áe guardia. Gomo ei Sr. Alastúey ignoraba lo que en el p l móvil. No hay que decir que, ignorándose quién es el asesino, menos se ha de saber qué móvil le ha impulsado. Xos estuches ensangrentados y vacíos, hacen sospechar que fuera el robo; pero, en cambio, por otros detalles, bien puede admitirse que éste no fue el verdadero objeto, sino una idea posterior á la de la realización del crimen. I, a posición de Vicenta, á juzgar por el menaje de la casa, por la vida que llevaba, por sus gastos ordinarios, era relativamente modesta. No es de creer que sus recursos pudieran excitar la codicia de nadie, por lo menos de un profesional. Se ha supuesto por alguien que el asesino entró por la ventana del tejado. No es de creer porque si la salida por ella es, como ya hemos dicho, arriesgada, la entrada es peligrosísima. Y si entró por la puerta es que era persona conocida. En este caso, digan lo que quieran la portera y los vecinos, hay que creer en que además del amante oficial alguien más disfrutaba los favores de Vicenta. Y que este alguien bien jdía ser alguno de esos miserables que viven costa de las mujeres fáciles, y que pegan y matan cuando ellas no: satisfacen sus exigencias. Pera repetimos que todo esto no son más que suposiciones. xradié lo vio. Díjose en los primeros momentos que cuando Vicenta pidió socorro el balcón del gabinete estoba abierto. r p l día de hoy. Hasta la hora de cerrar esta edición, siguen las cosas en el mismo estado. Esta maña na, á las once, volvieron á conferenciar el juez y el comisario general de Policía. Este ha adoptado algunas disposiciones, encomendando st desempeño á aquellos de sus subordinados que le inspiran más confianza. p i Juzgado instructor; Esta mañana, á las d oce, se ha hecho car go de la causa el juez del iCentro, Sr. Cruz, que inmediatamente comenzó á estudiar todo lo actuado, disponiendo la jpráctica de algunas diligencias, de cuyo resultado se espera alguns. luz que ilumine el misterio en que hasta ahora aparece, envuelto este sangriento drama. l a portera. Parece comprobado qu 5 Vicenta tenía mu ch, a intimidad con la portera, y, sin embargo ¡ésta, al declarar ante el Juzgado, ha sido muy parca en palabras. Cuando ell Juzgado la estrechaba con atinadas preguntas, Apolonia rom pió en amargo llanto, limitándose á decir: ¡No sé nada! ¡No sé nadai; Nonos equivocamos al vílticinar que este crimen había de dar mucho que hacer y. qut pensar á la Policía, y los hecb ios parecen comprobarlo. I, a portera, hasta ahora, no Í sabe nada; el sereno sólo ha dicho generalidades; doña Matilde; que por sus relaciones cotí Vicenta, debía estar enterada de muchas cosas! tampoco aportó al sumario dato alguno de imterés, -y de las declaraciones de todos los veci; nos de la casa, que son muchos, ni uno solo proporciona indicio alguno que pueda servir d. s punto departida para nuevas investigacione s. 1,0 que no parece natural es que habiendo huido el asesino por los tejados, pues por Ja puerta está comprobado que no pudo salir, no haya sido visto por nadie, siende precisamente la hora en que, todas las ventanas de la casa estaban abiertas. I J n a diligencia. Es posible que hoy se practique una interesante diligencia, que consistiril en dsjar en el tejado á la perra de que era dueña! a víctima del crimen, por si por rastro se puede averiguar por dónde escapó el crimina? I J n anónimo. Hemos oído asegurar que no hace mucho tiempo recibió el protector de Vicenta Tin anónimo, en el que se le decía que ella le engañaba. Xa. Policía trata de averiguar quién es elatttor dé aquel documento, por si este detalle pudiera suministrar alguna pista que íuese la cía ve de este aguato, EHHJQIPfÁ n i nryriüc es